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Misterios y Enigmas
Blog de masallaesoteric

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03 de Septiembre, 2010 · General

MISTERIOS DE EGIPTO


MISTERIOS DE EGIPTO :

PIRAMIDES Y LA MALDICION-PIRAMIDES,PARA QUE LAS HICIERON ?-EL OSCURO ORIGEN EXTRATERRESTRE DE LOS EGIPCIOS-UN SABIO DEL DESIERTO DE SAHARA-LA PIRÁMIDE DE KEOPS: UN CAMINO HACIA EL FUTURO 
UN FRANCES DESCUBRE COMO SE HIZO LA PIRAMIDE-LA SUPUESTA LEYENDA DE OSIRIS-LA GRAN PIRAMIDE,PARA QUE SE HIZO ?-EL VERDADERO OSIRIS Y LA ATLANTIDA,SEGUN A SALMUS-EGIPTO,LA ESFINGE Y EL 2012 
EGIPTO, UNA COLONIA ATLANTE ?-HORUS...UN HOMBRE ENTRE LOS DIOSES ALIENS-SIRIO,LA ESTRELLA MESIANICA-SAKKARA,DIOSES Y PIRAMIDES-QUE REPRESENTA LA ESFINGE ?-PRUEBAN RELACION ENTRE ORION Y LAS PIRAMIDES-QUE SECRETOS OCULTAN LAS PIRAMIDES ?-DESCUBREN  3 PUERTAS SECRETAS EN KEOPS-LOS SECRETOS DE LA TUMBA PERDIDA-COMO ERA LA INICIACION EN LA PIRAMIDE-OTRA ESFINGE MAS ? 
MAS MISTERIOS DE LA ESFINGE-LA MATEMATICA IMPOSIBLE DE LA PIRAMIDE-EL ENCUBRIMIENTO DE LOS ARQUEOLOGOS-HALLAN SARCOFAGO INTACTO EN EGIPTO-ESPECIAL POR TOMAS DORESTE,EXCLUSIVO (MISTERIOS DE EGIPTO) 

PIRAMIDES Y LA MALDICION :

Las Pirámides, Enigmas del antiguo Egipto

 Las Cámaras secretas 
 Información de las Piramides 
 La Maldición de Tutankamon

 Pese a las ganas y a los adelantos tecnológicos, ha sido imposible saber lo que esconde en su interior. La más grande de las tres pirámides de la Meseta de Giza, la Gran Pirámide, es la única de las siete maravillas del mundo que aún se mantiene en pie.

Los intentos por encontrar lo que oculta la Pirámide de Keops comenzaron hace casi una década. En 1993, un arqueólogo alemán envió un robot con una cámara de fibra óptica. Sin embargo, el cuento no fue nada de fácil. Después de recorrer 60 metros, éste se encontró con una puerta de piedra caliza que le impedía el paso.

El último intento

Hace algunos días, una nueva misión robótica trataría de encontrar la famosa "cámara de la reina", al interior de la pirámide.

Esta vez el trabajo recaía en el "Pyramid Rover". Se trata de un robot dotado de una cámara de fibra óptica y un taladro, que hizo un recorrido de 65 metros por un túnel en la pirámide.

Sin embargo, el taladro abrió un orificio en la puerta de piedra caliza del compartimiento, y la cámara de fibra óptica reveló ...¡la existencia de una nueva puerta de piedra que no había sido vista en más de 4.000 años!.

Así que tendremos que seguir esperando. En todo caso, los expertos estudiarán a fondo las nuevas imágenes para preparar una nueva expedición. Y con todo esto, los constructores de la pirámide más grande de la Meseta de Giza deben estar en sus tumbas muertos de la risa porque, después de millones de años, no hay nadie que haya podido develar sus más íntimos secretos.

Los enigmas de la Gran Pirámide de Keops

Esta tremenda construcción, que originalmente superó los 146 metros de altura (algo así como al equivalente a un edificio de 40 pisos), fue levantada en tiempos del faraón Keops, de la IV Dinastía, hacia el 2500 a.C. Pero es difícil pensar que en ese tiempo se haya podido llevar a cabo una construcción de este tipo.

Y es que sin brújula, ruedas, grúas ni máquinas, es casi incomprensible pensar que un grupo de hombres haya podido mover casi dos millones de bloques de entre 2,5 y 60 toneladas y orientar sus cuatro paredes conforme a los cuatro puntos cardinales con tal precisión.

 Unos creen que ésta, junto a las otras dos pirámides, servían como tumbas; otros, como templo. Y si bien, tampoco hay consenso en este punto, lo cierto es que las tres grandes pirámides de la meseta de Giza están distribuidas sobre el desierto de manera idéntica a como estaban las tres estrellas del "cinturón" de la constelación de Orión, esto según el ingeniero angloegipcio Robert Bauval.

Estudios de este ingeniero revelaron que para los antiguos egipcios Orión era el equivalente celestial del dios Osiris, y su "cinturón" era lo que los egipcios llamaban el Duat, una especie de "puerta" por la que el alma del faraón debía pasar para llegar al Amenti, al más allá. ¿Serían las pirámides la puerta del faraón?

Pero persiste un tema. ¿De dónde sacaban los egipcios tantos conocimientos astronómicos y matemáticos?. No podemos olvidar que el perímetro de la pirámide dividido entre el doble de su altura equivale a 3,1416... ¡el famoso número PI!. Pero, según nos enseñaron en el colegio, éste fue descubierto mucho después por los griegos... entonces, ¿cómo?.

El último enigma de la Gran Pirámide saltó en 1993 cuando un pequeño robot llamado UPUAUT diseñado por científicos alemanes para explorar un angosto pasadizo de 20 x 20 cms. que atraviesa todo el monumento desde la llamada "cámara de la reina", descubrió algo sorprendente. Una puerta con sendos pomos de cobre derretidos por el tiempo parecía impedir el paso a una cámara secreta. De confirmarse las sospechas, y dado que 60 metros de galería minúscula separan esa cámara de la "de la reina", esa habitación sería el único recinto intacto que podría existir en la pirámide. Qué contiene, para qué se diseñó y cuándo se abrirá esa portezuela es algo que decidirán un día de estos las autoridades egipcias. Ojalá sea pronto.

Información sobre las Pirámides

1. Introducción

Las pirámides de Egipto construidas hace mas de 4 000 años, son la maravilla más antigua y la única que se conserva. Sirvieron como tumba a los faraones egipcios, cuyos cuerpos momificados se rodeaban de tesoros y objetos personales. Erguidas sobre la arena del desierto, las pirámides de Egipto, esbeltas majestuosas, son algo más que un templo y una tumba. Ante ellas, y especialmente a la Gran Pirámide, se tiene la impresión de hallarse en presencia de un monumento que guarda en sus entrañas secretos trascendentales muy estrechamente relacionados con su estructura.

Como en Babilonia y en América, en Egipto las pirámides  eran templos erigidos a la gloria de un dios, templos para complejos rituales de muerte y de nacimiento, y al tiempo monumentos al conocimiento de un pueblo mucho menos ignorantes de lo que los historiadores creían. Hasta los arqueólogos más irracionalmente racionalistas se han rendido a la evidencia : en sus medidas esta reflejado el conocimiento matemático y astronómico de una ciencia incomprensible hace seis o siete mil años atrás.

Estamos, pues, frente a algo más que una tumba. En esa montaña formada por dos millones seiscientos mil bloques de piedra, acarreados y ensamblados quien sabe como, con un volumen total de más de dos millones y medio de metros cúbicos y un peso superior a los siete millones de toneladas, la Gran Pirámide es un templo religioso y científico y tal vez, sea también una tumba

2. Arte en las Pirámides de Egipto

Cuando Napoleón, viajó a Egipto, llegó a Gizeh, a las tres grandes pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, que adornan la llanura, impresionó mucho al viajero, que era admirador de todas las manifestaciones de poder de los antiguos reyes.

Napoleón entregó a una serie de cálculos matemáticos sobre la cantidad de piedra empleada en aquellos edificios. Según él la piedra usada bastaría para cercar a Francia con un muro de tres metros de altura y unos 40 centímetros de grosor. El matemático Monje, que acompañaba a Napoleón, confirmó estos cálculos. Hoy se piensa que sólo la gran pirámide de Keops está formada por unos 2.300.000 bloques de piedra, que pesarán una media de dos toneladas y media cada uno. Claro que ésta es la mayor de las pirámides con 146,59 metros de altura, y en cierto modo marca el máximo desarrollo en la construcción de este tipo de tumbas, tanto por su tamaño como por la envergadura de los medios empleados en su erección.

Razón de sus construcciones

La pirámide fue pensada para tumba inviolable del soberano, destinada a la eterna preservación de su cuerpo, incorrupto por embalsamamiento, y de su ajuar funerario. Sólo de este modo se posibilitaba la residencia del alma en el cuerpo y su supervivencia en el mundo del más allá. Para proteger el cuerpo y el ajuar de eventuales saqueadores se multiplicaban las dificultades de acceso a la cámara, interponiendo toneladas de piedra, disponiendo puertas falsas, corredores ciegos, cámaras dobles, etc. Todo ello fue inútil: los saqueadores siempre consiguieron su objetivo y ya en la antigüedad las pirámides fueron violadas y robadas y pasaron a ser lo que son hoy, el símbolo de Egipto de su arte teocrático y de su sistema político. A pesar de los grandes progresos que ha experimentado la egiptología, particularmente en lo que va de siglo, es todavía mucho lo que se ignora acerca de cómo era construida una pirámide.

Para asegurar la vida en el más allá, el cuerpo del difunto debía ser conservado y habían de ser satisfechas las necesidades materiales que tuvo cuando vivía. Esta idea fue dominante y condicionó de modo decisivo la vida en todos los períodos del antiguo Egipto. Ya en la época predinástica se hacía lo posible por preservar adecuadamente el cadáver. Entonces se enterraba en hoyos rectangulares excavados en la arena, en los que a veces se disponían unas paredes de madera o de barro prensado. Junto al cadáver se disponían utensilios, armas y alimentos. Cerrada la tumba, ésta se cubría con un túmulo de arena y relleno.

Con el tiempo solía ocurrir que la arena era desplazada por el viento, desaparecía el túmulo y finalmente el cadáver quedaba expuesto a los elementos y se perdía. Para evitar este peligro, ya en la era dinástica las personas de elevada posición y los reyes se hacían construir encima del túmulo de arena, una estructura de adobe y ladrillo. La "mastaba", que debía imitar en su aspecto a las viviendas que el difunto habitó cuando vivía. Los reyes de la III Dinastía empezaron a usar la piedra para sus monumentos funerarios, pero su empleo no se generalizó en las tumbas de nobles y dignatarios hasta la IV Dinastía.

3. Tipos de Pirámides

La pirámide escalonada

La primera tumba de piedra jamás construida se atribuye a Imhotep, el arquitecto de Zóser. El nombre de este arquitecto se encontró al pie de una estatua del faraón, cerca de la tumba. Los logros de Imhotep eran legendarios ya en la antigüedad.

No se construyó aisladamente, sino formando parte de un conjunto de edificios y patios de piedra relacionados con diversas ceremonias funerarias dedicadas al faraón. El núcleo del monumento consiste en una estructura sólida a modo de caja alargada cuyo interior está formado por bloques de piedra traída de las proximidades y el exterior de caliza fina procedente de las canteras de Tura, más lejanas. En la parte norte se había empezado a construir un templo funerario, pero antes de que se concluyera se decidió extender la pirámide por sus fachadas norte y oeste. Finalmente una última ampliación de la pirámide afectó a sus cuatro lados. Se completaron los seis peldaños y el conjunto se revistió con piedra caliza de Tura. La parte subterránea de este conjunto consistía en un pozo profundo que daba acceso a un complicado laberinto de corredores y cámaras de diversos tamaños.

Las pirámides clásicas

Está claro que la pirámide tal como hoy la entendemos, monumento de base cuadrada y lados en rampa hacia la cumbre, deriva de la pirámide escalonada. Afortunadamente se puede conocer esa transición gracias al estudio de los restos de una pirámide parcialmente destruida en Meidum. Esta pirámide estaba formada por un núcleo compuesto de varias capas de mampostería que disminuían en altura desde el centro hacia los lados y se apoyaban sobre un cuerpo central formando un ángulo de 75 grados.

Parece ser que este mismo método fue empleado por los constructores de las pirámides de la V dinastía. No es absolutamente seguro, sin embargo, que las tres pirámides de Gizeh se construyeran siguiendo este sistema. Como norma general, la tumba real debía estar situada al oeste del Nilo, lugar de la puesta del sol, y por encima del nivel del río, para evitar que las inundaciones periódicas afectaran al monumento. 
  
 

Por otra parte no podía construirse muy lejos del río, ya que las piedras se transportaban desde las canteras por vía fluvial. Lo ideal era que además no se encontrara demasiado retirada de algún núcleo urbano. Una vez elegido el lugar, había que preparar el terreno limpiándolo de toda la arena superficial hasta dar con la roca viva, donde debían afirmarse los cimientos. Esta roca se nivelaba por medio de un complejo procedimiento. A veces, sin embargo, se dejaba una prominencia en el centro y se aprovechaba en la construcción de la futura pirámide.

Por último se aseguraban de que los cuatro lados del monumento estuviesen orientados hacia las cuatro puntos cardinales. La orientación de la pirámide debió hacerse con ayuda de varios cuerpos celestes, puesto que los egipcios desconocían la brújula. El faraón marcaba la línea de los cuatro lados una vez observada la posición de las estrellas. En esta observación le ayudaba un sacerdote en representación del dios Thoth.

La piedra para el revestimiento exterior de la pirámide se obtiene de las canteras de Tura en la orilla este del Nilo, cerca de las colinas de Mugattan. Las herramientas usadas para este trabajo consistían en excelentes útiles de cobre, entre ellos sierras capaces de cortar cualquier tipo de piedra caliza. Más problemático es pensar como podrían extraer piedras duras como el granito. Algunos opinan que la utilización de granitos fue tardía y que, al principio, los egipcios se contentaron con aprovechar los bloques sueltos de superficie. El número de trabajadores necesarios para construir una pirámide debió ser necesariamente enorme.

Herodoto afirma que en la pirámide de Keops trabajaron sin descanso cien mil hombres en turnos de tres meses durante veinte años. Cuando los bloques salían de la cantera había que transportarlos al lugar de la construcción. A pesar de que algunos alcanzaban las doscientas toneladas, el transporte fluvial no presentaría demasiados problemas. Aprovecharían la época de las inundaciones para, en pesadas balsas, arrastrar estos materiales hasta la orilla más próxima al monumento en construcción. Después se transportarían por tierra a base de trineos sobre los que el bloque se afirmaría con ayuda de cuerdas. Los trineos se deslizarían sobre pistas preparadas al efecto en las que iban colocándose rodillos. La construcción del exterior de la pirámide es algo que aún pertenece al dominio de lo especulativo.

Una explicación plausible sería la de la construcción de sólo una rampa de abastecimiento que cubriría un lado de la pirámide. Los otros tres estarían tapados por terraplenes de pendiente más pronunciada. A medida que la pirámide ganaba altura, la rampa crecía igualmente y se alargaba para corresponder al estrechamiento de la pirámide de modo que se evitase todo riesgo de desmoronamiento. Los tres lados de la pirámide que no tenían rampa estaban provistos de terraplenes con la anchura suficiente en la cumbre como para permitir el paso de hombres y materiales. Pero como estos terraplenes no se usaban para elevar piedras, que era la función de la rampa, su gradiente en la superficie externa tendría la máxima inclinación compatible con la firmeza.

Vigas de madera, algunas de las cuales han sido encontradas por los arqueólogos, se colocaban sobre la superficie de la rampa y de los terraplenes para ofrecer una base firme a los trineos de transporte. La pirámide iría creciendo laboriosamente y estrechándose progresivamente hasta que ya sólo hiciese falta un único bloque, con forma precisamente de pirámide para completarla en su cúspide, esta última piedra se tallaba en granito.

Cámaras y pasadizos

Queda por tratar el problema de cómo se incorporarían a la obra los corredores y habitaciones que se encuentran en el interior de las pirámides. Parece ser que, como éstos ocupan una parte mínima del edificio, se construirían con independencia de éstos. Posiblemente, rampas subsidiarias se elevarían y desmantelarían rápidamente según las necesidades, de modo que los bloques prefabricados correspondientes a pasadizos y cámaras pudiesen elevarse al nivel requerido, más alto que el resto de la construcción de relleno. De ese modo, los obreros empeñados en esta obra habrían tenido tiempo de acabarla antes de que los estratos de mampostería de la pirámide alcanzasen su nivel. Terminada la pirámide vendría el trabajo de labrar las caras exteriores que habían quedado ocultas por rampa y terraplenes. Todavía quedarían algunos trabajos menores que realizar en los alrededores de la pirámide donde se disponían un templo mortuorio, el corredor de la avenida y otras obras adyacentes.

4. Método de construcción

Las pirámides, monumento de la fuerza y la inteligencia humana, han motivado en todo tiempo la admiración y curiosidad de los hombres. Erigida en la meseta de Gizeh, durante el antiguo imperio egipcio, la pirámide del faraón Keops o Gran Pirámide como se la denomina representa la obra maestra de los constructores.

Es sumamente vasta la problemática que comprende los métodos constructivos utilizados para la realización de esta obra, y la explicación de los motivos que determinan su distribución interior tan característica.

Me referiré en este artículo a dos temas que han concitado la atención de los arqueólogos, desde Bourchardt hasta nuestros días, a saber :

a) Método utilizado para la elevación de bloques.

b) Finalidad con que fue construida la Gran Galería.

Tradicionalmente, ambas temáticas han sido analizadas en forma separada, llegándose al agotamiento de los elementos de juicio existentes en ambas áreas. Realizaré una breve descripción a título informativo de las opiniones científicas existentes para luego formular un enfoque diferente de la temática cuya originalidad radica en considerar que ambos temas están relacionados.

* Según Lauer, durante el segundo plan, la cámara intermedia era la destinada a cumplir la función de cámara funeraria y la galería estaba construida como un corredor sin salida, en el cual se almacenaban los bloques de granito que obstruían todo el corredor ascendente.

Finalmente los constructores habrían desechado esta idea, construyendo la cámara superior y la antecámara con su sistema de bloqueado.

Este sistema de bloqueado, le ofrecía suficiente seguridad a la cámara superior como para que los constructores entendieran innecesario el bloqueado de todo el corredor ascendente, reduciéndolo a tres bloques. El resto de los bloques de granito fueron utilizados en la construcción de la cámara superior, y para trasladarlos de la galería a esta cámara, construyeron un andamiaje semejante al formulado por Bourchardt, que permite explicar los distintos detalles existentes en la galería.

Técnicas de elevación de bloques

Los bloques que componen la pirámide del faraón Keops, tienen un peso promedio de 2500 kg. a excepción de las enormes losas que conforman el techo de la cámara de granito y sus cámaras de descarga, las cuales están ubicadas próximas al centro del edificio hasta una altitud estimada en 68 metros.

Solo un medio estaba al alcance de los antiguos egipcios para elevar estas grandes losas, la rampa construida en ladrillo y tierra. Vestigios de rampas encontradas en exploraciones arqueológicas, hacen que la teoría de las rampas rectas formulada por Bourchardt y perfeccionada por Lauer fueran aceptadas unánimemente en su momento. Sin embargo la utilización de rampas rectas, se torna sumamente trabajosa, cuando se consideran alturas como las alcanzadas en esta pirámide, al ser necesario acumular un volumen de material en la rampa, que solo puede ser comparado con el de la propia pirámide.

La rampa en forma de espiral, permite subsanar esta deficiencia y ha tenido buena aceptación en los medios científicos, si bien no se han encontrado evidencias arqueológicas que confirmen su utilización.

Uno de los arqueólogos que más aportes ha realizado al esclarecimiento de este tema , J. F. Lauer, sugirió una variante a su modelo de rampa recta. El considera la superposición de rampas con pendientes progresivamente más acentuadas, que tienen en cuenta la disminución de altura media de las hiladas de piedra a medida que nos acercamos a la cúspide y el hecho de que las enormes losas no se encuentran más en ésta pirámide por encima de los 68 metros de altitud, esas superposiciones de rampas permiten, además, limitar su longitud desde el pie e la pirámide a 300 metros. Este sistema ofrece la enorme ventaja de presentar un gran ancho de vía de la rampa en los niveles inferiores de la pirámide que ofrecen muy vastas superficies para construir.

5. Método Propuesto.

Uno de los objetivos claramente perseguidos por los constructores de pirámides, es la búsqueda de mayor altitud en sus edificaciones. En la pirámide de Keops, se alcanzó la altura máxima lograda de aproximadamente 147 metros, superando ampliamente a las pirámides del Grupo Dahchurt que las precedieron (Pirámide del Sur y del Norte, con 103 y 92 metros de altura ).

Para obtener este importante incremento de la altura, los constructores debieron resolver deficiencias estructurales, evidenciadas en Meidun y la Pirámide del Sur y dificultades crecientes para elevar los bloques a alturas significativamente mayores.

Probablemente la evolución constructiva experimentada, fuera acompañada por modificaciones en las técnicas utilizadas para elevar los bloques, superando así las dificultades que los métodos empleados en las construcciones anteriores les presentaban.

Coincidiendo con ese incremento de la altitud obtenida, la pirámide de Keops, presenta en su distribución interior, una construcción que no tiene precedentes, "la Gran Galería".

Consideremos que ambos fenómenos estén relacionados, es decir, el incremento sensible de la altitud se obtiene a partir de la aplicación de un método para elevar los bloques, que requiere la existencia de una rampa interior con las características de la Gran Galería.

Para instrumentar prácticamente esta idea, adoptaremos como hipótesis que la galería fue utilizada como rampa interior sobre la cual se deslizará un contrapeso.

Con el objeto de ilustrar la aplicación práctica del método que se propone, imaginemos que el edificio ha sido construido hasta una altura de 100 metros, la superficie superior del mismo es una plataforma cuadrada pronta a recibir la hilada siguiente de bloques. En el interior del edificio, la galería oficiando como rampa se encuentra dividida por una plataforma construida en madera y montada en las ranuras existentes a la altura de la tercera disminución de los muros laterales, debajo de la cual un contrapeso cargado con pequeñas piedras se desliza sobre guías de madera fijas a las banquetas.

Los agujeros existentes a intervalos regulares permiten la fijación de las guías a las banquetas, mediante tarugos de madera, y los bloques engastados en las paredes, actuando como topes, cumplen la función de detener el contrapeso en posiciones intermedias.

Un conducto vertical, conecta la pared sur de la galería con la superficie superior del edificio, a través del cual es trasmitido mediante cuerdas y apoyos fijos lubricados, el esfuerzo generado durante el deslizamiento del contrapeso, el cual será utilizado para elevar los bloques en el exterior.

Elevado el bloque, el contrapeso se encuentra en el final de su recorrido donde es descargado.

Un equipo de hombres, desde la plataforma construida en la galería, realiza por medio de cuerdas el esfuerzo de subir el contrapeso descargado, a su posición inicial, en la parte alta de la galería.

Una vez cargado nuevamente el contrapeso, se está en condiciones de elevar un nuevo bloque.

Como puede apreciarse, los distintos detalles y características que presenta la galería, de dificultosa interpretación , aparecen explicados con la función que le hemos adjudicado.

Esta nueva forma de visualizar la problemática, tiene como principal virtud, su demostración. En efecto, en la descripción del método propuesto para elevar los bloques, asumí la existencia de un conducto vertical que conectando la pared sur de la galería con la plataforma en construcción, permitía trasmitir al exterior el esfuerzo generado durante el deslizamiento del contrapeso. Imaginemos ahora que la construcción del edificio ha sido finalizada incluida la colocación del revestimiento, se presenta entonces la tarea de obstruir el conducto vertical. Si adoptamos como hipótesis que dicho conducto existió y fue obstruido con pequeños bloques, necesariamente deben existir evidencias de la obstrucción en la traba superior del edificio.

Herodoto, que representa la tradición corriente de Egipto en su época, declara en lo referente a la construcción del monumento de Keops:

"Esta pirámide fue construida de la siguiente manera: se colocaron al principio una serie de gradas que algunos llaman crossai y otros bomides.

Después de haberle dado para empezar, esta primer forma, se procedió a subir las piedras restantes, por medio de máquinas construidas de trozos cortos de madera; desde el suelo las subían a la primera plataforma; cuando la piedra había llegado allí, era colocada en otra máquina instalada sobre esta primera plataforma; y pasaba a otra grúa , pues había tantas máquinas como plataformas. O quizás solo había una máquina, fácil de transportar, que trasladaban de un piso a otro, después de haber retirado la piedra, indicamos los dos procedimientos, según las dos versiones que hemos oído.

Lo primero que hicieron fue llegar al vértice de la pirámide, después pasaron a las partes que quedaban inmediatamente debajo, y por fin, dieron el último toque a los pisos próximos al suelo y al pie mismo del edificio."

Hasta el presente no se han aportado pruebas en apoyo a las declaraciones de Herodoto en su conjunto.

La pirámide de Kefren es posterior a la pirámide de Keops y presenta una altura ligeramente inferior, resulta lógico pensar que fue construida en forma análoga, de lo cual se deduce que dicha pirámide debería presentar una distribución similar a la estudiada, como ha sido sugerido por distintos arqueólogos.

En lo referente a los bloques tapón, se admite como válido que se encontraban depositados en la Gran Galería desde la cual fueron deslizados para colocarlos como un tapón en el corredor ascendente.

Aún aceptando que fuera posible deslizar estos bloques en un corredor de 39 metros de largo con la misma sección, el deslizamiento de estos bloques , que presentan una superficie irregular sobre una piedra mas blanda como la que se utilizó para construir este corredor, debería haber dejado evidencias notorias de su paso por el mismo.

Si suponemos que el corredor ascendente tenía antes del bloqueado una sección mayor que la actual, todo parece tener mas sentido, y podemos concluir en que primero se colocaron los bloques de granito y luego se redujo la sección del corredor. Si el corredor ascendente presentaba antes del bloqueado un ancho como el de la Gran Galería, lo cual es probable, si tenemos en cuenta que es una prolongación de la misma, podrían haberse depositado los bloques en el corredor y dejar libre para el paso, el mismo ancho que tiene el corredor actualmente.

Una inspección del corredor ascendente y de la pared norte de la galería permitiría determinar si esto fue efectivamente así.

Resumiendo, la utilización de un contrapeso interior durante la construcción del edificio, habría facilitado la elevación de los bloques, permitiendo alcanzar las alturas obtenidas.

Su empleo es complementario al uso de las rampas y explica sin mayores conjeturas la función que cumplió la Gran Galería y sus particularidades.

Su contemplación sobrecoge el animo. Erguidas sobre la arena del desierto, las pirámides de Egipto, esbeltas majestuosas, son algo más que un templo y una tumba. Ante ellas, y especialmente a la Gran Pirámide, se tiene la impresión de hallarse en presencia de un monumento que guarda en sus entrañas secretos trascendentales muy estrechamente relacionados con su estructura. Esas figuras geométricas perfectas poseen un poder que podemos definir como mágico, pero que en realidad debe ser tan natural como las fuerzas cósmicas que intervinieren en sus efectos. Los constructores de las pirámides lo sabían, y nosotros debemos intentar saberlo también. 
 

Misterios Egipcios:

La Maldición de Tutankamon

En la década del veinte, la arqueología festejó un éxito:

Su gran aporte a las investigaciones egiptológicas producido luego de descubrir en el Valle de los Reyes, la tumba intacta de un ignoto faraón muerto y momificado hacía unos tres mil años. Pero poco duró la algarabía. El hallazgo también sumo otros datos que hicieron virar a los científicos hacía el mundo de lo oculto: quien ingresaba a la cámara sepulcral o estaba de algún modo relacionado con las momias, moría misteriosamente. En los seis años posteriores al descubrimiento, 35 era el número de muertos y hoy, aun con las más sólidas teorías científicas, parece que la maldición de las momias ha ganado la batalla.

Cuando el arqueólogo ingles Howard Carter abrió la cámara sepulcral de Tutankamon a las 5 de la tarde del viernes 17 de febrero de 1923, entre los tributos de oro y las vajillas repletas de semillas que rodeaban el sarcófago, la comitiva de científicos descubrió una poco reluciente estela de barro con una sentencia en caracteres jeroglíficos: "La muerte golpeara a quien perturbe al sueño del faraón".

La maldición del Rey-Dios

Con buen criterio se presume que la mayoría de las tumbas de los reyes dinásticos del antiguo Egipto contenían advertencias de esta naturaleza. Asimismo, se sabe que casi todos los sepulcros se convirtieron en cámaras vacías de momias, estelas, vajillas de semillas y naturalmente, objetos preciosos. Por esa razón fundamental no se sabrá nunca que terribles consecuencias padecieron los que desoyeron las advertencias de los sumos sacerdotes.

Todo lo que el siglo XX podía conocer en su primera década se basaba en leyendas, en narraciones de boca en boca que contaban los padecimientos de tal o cual saqueador de tumbas, o en maldiciones que acompañaban a un objeto determinado hallado en una cámara funeraria, al lado de una momia. Efectivamente, las cosas se desarrollaron de esa manera ambigua, hasta esa tarde de viernes en que Carter y su séquito de arqueólogos y funcionarios penetraron en la tumba donde Tutankamon había descansado lejos del mundo de los vivos durante 3.259 años.

Unos meses antes cuando Carter descubrió el pasillo en cuyo extremo se encontraba el recinto del faraón, los habitantes del desierto se alarmaron. Por esos días una cobra (animal protector de los sacerdotes egipcios) se había comido al canario de Carter y lo que para el no paso de ser una tristeza, para los herederos de las antiguas civilizaciones del Nilo, era un anuncio de futuras catástrofes.

Unas semanas después del ingreso a la cámara mortuoria, cuando el mundo de la arqueología celebraba el triunfo de uno de los suyos, el ambiente del ocultismo se disponía a comenzar una década tan brillante como el oro de la mascarilla del legendario Rey-dios. Lord Carnarvon, dandy ingles, amante de la buena vida y las aventuras, socio capitalista de Carter en sus andanzas egipcias, muere en un hospital de El Cairo. Uno de los primeros en ingresar a la tumba de Tutankamon, fue picado por un mosquito en la cara; se le formo una herida infecciosa; entro en la suerte de coma febril y a los trece días murió para horrorizar a los egipcios que auguraban las maldiciones del faraón. Antes de expirar Carnarvon le informo a su hermana que Tutankamon lo había llamado y que iba a reunirse con él. En ese mismo momento, en Inglaterra, el perro del filántropo moría fulminado por un infarto.

Nace la leyenda

La muerte de Lord Carnarvon desato en el mundo entero una comprensible fiebre por lo oculto: espiritistas de todas las latitudes informaron sobre "comunicaciones " de sacerdotes del antiguo Egipto portadores de mensajes terribles; la maldición del faraón se convirtió en tema central durante muchos años, e incluso la literatura y el cine se apropiaron del asunto para darle un carácter aun mas sensacionalista. Sin embargo, no faltaron motivos para que la leyenda se incrementara.

El arqueólogo Arthur Mace, del grupo de Carter, muere inexplicablemente luego de un coma profundo en el mismo hotel en el que Carnarvon (según su ultimo anuncio) fue al encuentro de Tutankamon. Joel Woolf, amigo del filántropo ingles y poseedor de las primeras fotos tomadas en la cámara mortuoria, muere por causas no definidas, lo mismo que Richard Bethell, secretario de Carter.

En la larga y aterradora lista de muertos por la presunta maldición de la momia, hay que destacar a la hermana de Lord Carnarvon, Aubrey Herbert, que se suicido en Londres; la esposa del filántropo, Almina, que murió repentinamente luego de visitar la tumba; el doctor Archibald Reid, quien había sido encargado de sacar las radiografías de la momia y falleció fulminado cuando nadie lo esperaba; Lee Stack y George Gould, muertos ambos luego de visitar la cámara mortuoria; y varios directores de museos, médicos, arqueólogos y gente ligada a los primeros hombres que ingresaron a la tumba del Valle de los Reyes. Para ser exactos, a seis años del descubrimiento ya sumaban 35 las personas muertas en forma misteriosa que tenían en común una sola cosa: la momia de Tutankamon.

Sin embargo, como ya fue señalado, este faraón fallecido adolescente, que no hubiera merecido una línea en los tratados de historia de no ser porque tuvo la suerte de que su tumba se encontrara intacta, no fue el único en hacer sentir sus maldiciones.

En 1879 había sido descubierta la momia del sacerdote Khapah Amon con la siguiente amenaza: "La cobra que esta sobre mi cabeza se vengara con llamas de fuego de quien perturbe mi cuerpo. El intruso será atacado por bestias salvajes, su cuerpo no tendrá tumba y sus huesos serán lavados por la lluvia". Al poco tiempo un ingles (Lord Harring) fue aplastado por un elefante, su cuerpo abandonado y su carne y sus huesos dispersados por intensas lluvias. Se trataba del coleccionista que había comprado la momia de Khapah Amon.

Algo similar paso con la leyenda del Titanic, uno de los capítulos mas negros de la historia de la navegación. Se sabe que murieron mas de un millar de personas y se han hecho numerosas especulaciones acerca del motivo por el cual se hundió un transatlántico considerado el mas seguro del mundo. Lo que se conoce poco es que uno de los pasajeros ahogados, Lord Canterville, llevaba en el barco, cerca del puente de mando, la momia de una pitonisa que actuó durante el reinado de Amenofis IV. La misma tenia un brazalete con la siguiente leyenda: "Despierta de tu postración y el rayo de tus ojos aniquilara a todos aquellos que quisieron adueñarse de ti".

Posibles Causas

Sean del orden mágico o meramente científico, lo cierto es que no son pocas las muertes extrañas vinculadas al descubrimiento de la tumba de Tutankamon y otras momias. Como es natural, el origen de estas muertes fue investigado por quienes no se conforman con la explicación mágica. De esta forma se habló de venenos de contacto cuyas propiedades tóxicas no caducan; de gases tóxicos producidos por la descomposición y el encierro; de hongos tóxicos depositados en las tumbas por sumos sacerdotes ( El British Medical Journal arriesgo la teoría de que Lord Carnarvon murió al tocar en una vajilla un hongo patógeno llamado histoplasma capsulatum ).

Para agotar el arsenal científico, hace unos años el científico nuclear Bulgarini opino que los egipcios ya conocían la energía atómica y que en ese marco cabía la posibilidad que hubieran utilizado uranio radiactivo para proteger a los reyes de los profanadores.

Hace ya muchos años que no se habla de la maldición de las momias. Los incrédulos, al parecer, habían ganado la batalla ya que cualquier episodio reciente vinculado a objetos "malditos" seguidos de muerte, son rápidamente archivados. Lo real es que las teorías basadas en venenos y gases radioactivos, bien pueden explicar algunas de las muertes, no así los casos de accidentes o suicidios, aunque sean producidos por sugestión.

La casualidad, se sabe, no existe; pero una suma de ellas siempre es algo mas que una simple casualidad.



PIRAMIDES,PARA QUE LAS HICIERON ? :

¿Por Qué Levantaron Los Egipcios Las Pirámides?

De todos los monumentos de piedra conocidos en el mundo, son las pirámides los que han causado desde siempre mayor admiración e interés, en especial la atribuida al faraón Keops, que suele recibir el nombre de Gran Pirámide. Pero así como se han dedicado a estas construcciones elogios de toda clase, tampoco han faltado los personajes, de todos los tiempos, que han querido ver en ellas un ejemplo de la vanidad de los hombres.

 Opiniones Muy Discutibles, Llegadas Del Pasado 
 

La Gran Pirámide de Keops. Todos los historiadores, arqueólogos y egiptolólogos, entre otros, se han hecho la misma pregunta: ¿Por qué levantarón los egipcios las pirámides y con qué finalidad?. ¿Acaso no fueron ellos quien las construyeron, y simplemente se dedicaron a decorarlas con sus relieves y jeroglíficos?

En los inicios de la era cristiana, el romano Plinio el Viejo, ese mismo imprudente sabio que se aproximó demasiado al Vesubio en erupción y no vivió para contar su temeraria experiencia, decía que las pirámides fueron loca ostentación de unos reyes vanidosos, sin caer en la cuenta de que faraones poderosos como Ramsés II o Amenofis III, bajo cuyo reinado surgieron las estatuas de veinte metros de Abu-Simbel y los colosos de Mennón, que debieron ser tan vanidosos o más que los otros, jamás tuvieron su pirámide personal.

Otro sabio que se metió con las pirámides fue el historiador Flavio Josefo (37-95 d.C.), quien escribió obras tan importantes como Antigüedades judaicas y Las guerras de los judíos y que, al aludir en algún momento de su existencia a las presuntas tumbas faraónicas, declaró que eran construcciones tan gigantescas como inútiles.

¿Conocía Flavio Josefo -quien era judío, como el lector habrá adivinado al instante- cuál fue la verdadera utilidad de las pirámides? ¿Creía que sirvieron de tumba a los faraones, como se viene repitiendo desde hace cientos y miles de años, o tenían otra utilidad? Para los judíos, la palabra pirámide procedía de otra de origen hebreo que quería decir trigo, y la aplicaban a los enormes graneros de piedra utilizados por José para conservar las cosechas y lucirse ante el faraón en los años de hambre.

Pero Flavio Josefo no era ningún tonto. Sabía muy bien que las pirámides eran muy anteriores al arribo de José a Egipto y que jamás pudieron ser depósitos de granos, por esta sencilla razón: penetrar los hombres cargados con costales de trigo, que debían pesar lo suyo, a través de los angostos pasajes, sin aire casi para respirar, hasta llegar a una sala de reducidas dimensiones, ¿acaso no debió parecer al historiador judío la tarea más absurda del mundo, además que debió ser un trabajo de los mil diablos?

No hay duda de que Flavio Josefo no sintió jamás gran aprecio por las monumentales pirámides ni por nada que oliese a egipcio. Después de todo era judío. Pero los griegos no opinaban igual. Cuando Herodoto se presentó ante la Gran Pirámide quedó maravillado, tanto que creyó con los ojos cerrados las exageraciones que le contaron los sacerdotes egipcios. Los romanos pusieron también los ojos cuadrados al contemplar las pirámides, así como los viajeros árabes y otros visitantes de Oriente llegados a Egipto a partir del triunfo de Alá. Estaban seguros de que sólo unos magos pudieron levantar aquellos monumentos increíbles.

También los turistas europeos de la Edad Media que se aproximaron a las pirámides abrieron la boca de asombro, pero eran tan pocos ellos y tan incultos los europeos de aquellos tiempos que nadie creyó en sus frases de elogio. Hubo que esperar el arribo del ejército napoleónico, en julio de 1798, a los ocultistas que les siguieron y a los egiptólogos que arribaron pisándoles los talones, para que se comenzara a dudar de cuanto dijeron Plinio, Flavio Josefo y los demás.

Algo debían poseer las pirámides, además de su innegable majestuosidad, se dijeron, para entusiasmar a quienes las contemplaban. Y comenzaron a estudiarlas con ahinco, para averiguar para qué sirvieron. Y así se ha seguido hasta la fecha. 
 

Lo Primero Era Conocer Su Etimología 
 

Dios Ra: dios creador y personificación del Sol. Suele aparecer como un hombre con cabeza de halcón o de toro y también tocado por el disco solar.

La toponimia es la ciencia de descubrir el sentido de una palabra, casi siempre lugar geográfico, a partir del nombre que tiene en la actualidad y comparándolo con el que tuvo en otros tiempos.

Esto quiso hacerse con el origen de la palabra pirámide, sin saber si era de origen egipcio, judío, griego o muy anterior, perteneciente tal vez a una lengua que ya no existe. Por culpa de este desconocimiento se ha querido dar varios significados a la palabra.

Recuérdese que una misma palabra cambia al pasar de un pueblo a otro que lo domina. Cuando a Herodoto le dijeron que la Gran Pirámide fue construida por el faraón Khufu, se le hizo sencillo darle el nombre de Keops, porque resultaba más familiar a sus oídos. De igual manera, cuando los españoles escucharon en Tenochtitlan el nombre considerado bárbaro por ellos de Huichilipochtli, consideraron que resultaría más grato si lo llamaban Huichilobos.

Algunos autores han querido ver la relación 3.1416 en el nombre de la pirámide, recordando que la suma de los cuatro lados de la base dividida por la mitad de la altura es aproximadamente igual a pi. La siguiente partícula, que es ra, coincide según ellos con el Ra, o dios solar, tan respetado por los egipcios, y vienen así a confirmar que la Gran Pirámide fue un templo dedicado al culto solar, entre otras cosas.

¿Es ésta la versión más apegada a la verdad? No, exclaman otros autores, convencidos de que esta palabra se inicia con el término griego pyr, que significa fuego. Surgen entonces dos alternativas: una, que la pirámide tiene forma de llama, explicación que se antoja ridícula para quienes pretenden aproximarse a la verdad. Declaran éstos que el fuego de la pirámide no está en su forma, sino que ese fuego arde en su interior. Y en apoyo de sus palabras dicen que los griegos habían oído hablar de ciertas propiedades de las pirámides, sin saber exactamente en qué consistían, y que por esta razón les dieron este nombre, sin comprobar si procedían correctamente. 
 

El Francés Que Descubrió Un Misterioso Poder 
 

Se han realizado experimentos con modelos a escala de la Gran Pirámide de Keops, introduciendo alimentos en su interior, los cuales se secaron rápidamente en vez de pudrirse. También se ha experiemntado con cuchillas de afeitar gastadas, las cuales volvieron a estar afiladas tras permanecer dentro de la pirámide.

Los libros que se ocupan de describir a la majestuosa Gran Pirámide jamás se molestan en aludir a la visita que cierto francés llamado Antonio Bovis le hizo a comienzos del presente siglo, mucho menos al descubrimiento que realizó en la llamada Cámara del Rey, del cual obtendría muy jugosos beneficios económicos medio siglo después un ingeniero checoslovaco cuyo nombre era Karol Drbal.

Este monsieur Bovis recorrió la Gran Pirámide de un extremo al otro, se internó por los largos corredores, anduvo por la Gran Galería y llegó finalmente a la Cámara del Rey. Y entonces se encontró con algo que lo dejó intrigado. En el suelo de piedra de la cámara estaban tirados los cuerpos sin vida de ratas, insectos y de algún gato que entró por error donde no debía y murió de pánico y de hambre, al no encontrar la salida.

Pero lo más extraordinario del hallazgo era que todos los animales estaban completa y absolutamente deshidratados, convertidos en auténticas momias. ¿Era el aire seco del desierto, que con gran dificultad alcanzaba hasta el interior de la pirámide, el culpable del curioso fenómeno? ¿Se debía a una desconocida propiedad de la construcción, que sería bueno investigar?

Bovis regresó a su patria y fabricó un modelo a escala de la Gran Pirámide , de madera, y la orientó de acuerdo con el eje magnético del planeta, como había leído que se encuentra la construcción. A continuación fue en busca del primer voluntario para realizar una prueba. Quiso la mala . suerte que pasara un gato cerca, que fue sacrificado en aras de la ciencia e introducido en el interior de la pirámide casera, sobre una pequeña plataforma situada a dos tercios de la punta superior. Y se dispuso a esperar. ¿Se pudriría el gato? ¿Le sucedería lo mismo que a los animales hallados en la Gran Pirámide egipcia?

Sucedió entonces algo que parecía desafiar a las leyes biológicas, a las leyes físicas y hasta a las del sentido común: a pesar de que monsieur Bovis vivía en una población húmeda y fría, tan diferente de la atmósfera seca del desierto egipcio, el gato se convirtió en cosa de días en una momia perfecta. ¡La pirámide a escala funcionaba!

Envió el científico aficionado un informe a los periódicos y a la Academia de Ciencias de París, contando lo sucedido, muy ufano por el descubrimiento que acababa de realizar. Pero, al igual que sucede cada vez que un ser humano tiene una idea brillante o inventa algo que se sale de lo cotidiano, los científicos y los periodistas tildaron a Bovis de loco y estúpido y le aconsejaron dejar estas cosas a quienes sí sabían de ellas. Así que monsieur Bovis, que no deseaba enojarse, tiró la pirámide de juguete a la basura, con todo y la inocente momia gatuna, y decidió olvidarse del asusnto. Y el asunto quedó durmiendo el sueño de los justos hasta el año 1949. 
 

Comienzan A Mercantilizarse Las Pirámides

Nueve años antes, los norteamericanos Veme L. Cameron y Ralph Bergstresser habían realizado experiencias con piramiditas e incluso escribieron un libro que nadie compró, pero el checo Karol Drbal leyó en 1949 alguna referencia a la pirámide del francés y quiso repetir la curiosa experiencia. No le importaba el qué dirán si a cambio de esto lograba divertirse con el aparatito. Pero no se limitó a introducir animalitos muertos en el modelo que fabricó.

Hizo la prueba con un dedo lastimado, para ver qué sucedÍa, repitió el experimento, con hojas de plantas, huevos frescos, pedazos de carne y fruta. Y también, quién sabe por qué razón, repitió la experiencia con hojas de afeitar usadas.

Obtuvo resultados increíbles. Que secasen las heridas del cuerpo o que se momificasen los animales muertos, era algo que había esperado, pero ¿cómo era posible explicar lo que sucedió con las hojas de acero?

Construyó la primera pirámide en serio, que tituló Pirámide afiladora de hojas de afeitar, y fue a presentarla en la oficina de patentes. Se rieron de él. No se desalentó y siguió insistiendo, hasta que en 1959 accedió a realizar con la pirámide una experiencia el jefe de la oficina y quedó tan convencido que dieron al invento el número de patente 91.304.

Drbal se puso a fabricar pirámides a escala, de 15 centímetros de altura, pero de diferentes materiales -madera, cartón o plástico-, hasta que finalmente utilizó la espuma de poliestireno.

Comenzó a ganar dinero con los objetos curalotodo, que no tardaron en ponerse de moda en Europa y muy pronto cruzaron el mar para enseñar a los norteamericanos lo que debe hacerse cuando se corta alguien un dedo o en otras ocasiones igualmente importantes. Entre otras cosas, se descubrió que las pirámides de juguete arreglaba los relojes descompuestos y devolvía el vigor perdido a los importantes.

Por su parte, los ocultistas añadieron otra propiedad de la pirámide: se escribe un deseo en un papel, se introduce en la pirámide encontrándose orientada de norte a sur, y no tardará en ser concedido el deseo.

¿En Qué Consiste El Secreto De La Energía Piramidal ? 
 

El poder de la pirámide puede ser concentrado dentro de un marco de forma apropiada, según afirman algunos.

Los fabricantes de hojas de afeitar aconsejan no pasar un trapo, ni siquiera limpio, por el filo, sino lavar la hoja bajo un simple chorro de agua. Esto es debido a la estructura cristalina del filo. Una acción brusca puede eliminar los cristales y dejar inservible la hoja.

Los cristales son como seres vivientes, puesto que crecen y se reproducen por sí solos. Algunos cristales, como los del cuarzo, poseen la propiedad de emitir débiles corrientes eléctricas al ser estrujados, como si fuera una protesta contra el mal trato. En cuanto a la hoja de afeitar, desaparece una buena parte de sus cristales al ser usada. En teoría, hay razones para suponer que al paso del tiempo estos cristales llegarán a reponerse, si la hoja no se oxida antes. Pero sucede que al colocar la hoja en el interior de la pirámide, por pequeña que sea, el fenómeno se acelera. ¿Cómo explicar este aparente milagro?

Sabemos que el Sol envía sus rayos luminosos en todas direcciones y que al chocar contra objetos como la Luna , esa luz del sol se polariza y comienza a vibrar en una sola dirección. Esta luz polarizada es susceptible de destruir el filo de una hoja de afeitar expuesta a la luz de la luna, pero no explica el efecto contrario, tal como se produce dentro de la pirámide. ¿Acaso la Gran Pirámide y sus imitaciones de bolsillo actúan como lentes capaces de recoger la energía cósmica, o como catalizadores que aceleran el crecimiento de los cristales?

Otro checo que deseaba también descubrir una propiedad maravillosa y enriquecerse al mismo tiempo, un tal Robert Pavlita, desarrolló poco más tarde el llamado generador psicotrónico, una máquina supuestamente capaz de almacenar energía originada en la mente humana. Cuando una persona se concentra en algunos puntos del generador, atrae éste energía no magnética y se mueven entonces los pequeños motores que funcionan en el vacío, además de purificarse el agua contaminada y acelerar las plantas su crecimiento. Este señor Pavlita afirma que su máquina puede leer la mente, controlar los pensamientos, predecir el futuro y comunicarse con entidades de otros planos de la existencia.

Lo más curioso de esta máquina psicotrónica es que no la inventó Pavlita. Confiesa que halló el principio en viejos manuscritos que existen en la Biblioteca de Praga: tratados de magia negra basada en una tecnología ocultista desarrollada por una civilización anterior a la egipcia y a la sumeria.

Quién sabe si el invento de este segundo checo pueda tomarse en serio, pero es indudable que el hallazgo de Drbal está inspirado en misteriosas fuerzas que el ser humano todavía desconoce. 
 

¿Existía Un Secreto Para Liberar La Energía ? 
 

Planos de las pirámides de Kefrén y Mikherinos. Se pueden apreciar las distintas cámaras y corredores que poseen estas dos pirámides de la Meseta de Gizeh.

¿Engendra la geometría tan especial de la pirámide un campo magnético en su interior, en combinación con las fuerzas telúricas? La verdad es que se ignora cómo opera este fenómeno, que tal vez conocían los antiguos egipcios. ¿Descubrieron esta fuerza accidentalmente y decidieron utilizarla en su provecho? ¿Existió una raza supercivilizada que conocía el secreto de la energía piramidal y se lo enseñó a sus discípulos, los sacerdotes egipcios?

La ciencia comienza a cambiar. Algunos sabios de mente más abierta se apartan ya del dogma absurdo que los ha mantenido sumergidos en el fácil conformismo y comienzan a interesarse en los misterios que acompañan al hombre. Están estudiando las características físicas y geométricas de las pirámides en general, seguros de que ocultan grandes cosas. Hacen caso omiso de lo tradicional y de las leyes establecidas y buscan una función física posible de la forma piramidal.

Están ahora seguros de que, por su forma terminada en punta, las pirámides acumulan la energía cósmica, las vibraciones magnéticas y las ondas energéticas desconocidas. Es decir, que las pirámides actúan como condensadores, como cristales polarizados de aumento de ciertas manifestaciones de la energía. Aceleran la velocidad y la intensidad de las ondas telúricas procedentes de las capas freáticas sobre las cuales levantaron los antiguos estas construcciones, creando en su interior un vacío biológico que es capaz de provocar cambios en la materia orgánica.

No hay duda de que si los egipcios, los mayas, chinos, olmecas, babilónicos y toltecas construyeron las pirámides cerca del agua o sobre mantos acuíferos, era porque conocían el secreto de la liberación de inmensas cantidades de energía. Conocían también las alteraciones del campo magnético terrestre y su intensidad, y por esta razón acondicionaron las pirámides en lugares donde, según habían descubierto, era más intensa la influencia cósmica. Y estos lugares se encuentran en una angosta faja, a la altura del Trópico de Cáncer.

La Tierra está sometida a una interacción electromagnética y radiactiva con los otros planetas de nuestro sistema solar, que influyen decisivamente en la vida orgánica. El campo magnético intercepta a las radiaciones cósmicas, y las partículas procedentes del cosmos describen trayectorias que se orientan de acuerdo con las líneas del campo magnético. Esto tampoco lo ignoraban los egipcios -o sus maestros-, quienes consideraban además que el Sol tiene mucho que ver con este fenómeno. Con justa razón lo consideraban sagrado. Y sabían igualmente los egipcios que las manchas y las tormentas solares influyen en los seres humanos y en la vida que los rodea.

Lástima que estos fenómenos fuesen olvidados a partir de la caída de Roma, cuando se abatieron sobre el mundo las tinieblas de la Edad Media y sólo algunos sabios solitarios, como los alquimistas, siguieron estudiándolos, gracias en parte a los viejos documentos que lograron rescatar.

Fue la intervención de Antonio Bovis la que impulsaría más tarde el estudio de las pirámides. Se han comenzado a estudiar las propiedades de las pirámides y que influyen no sólo en la materia, sino también en la mente. Los enfermos atendidos en salas de forma piramidal mejoran antes, tanto del cuerpo como del espíritu. 
 

¿Resucitarán Algún Día Los Faraones? 
 

Momia del faraón Ramses III. Los sacerdotes egipcios momificaban a los difuntos con la intención de que algún día resucitarían.

Los sacerdotes de las primeras dinastías egipcias anteriores a los conocidas no eran ajenos a las propiedades de las pirámides. Las utilizaron en beneficio de los faraones muertos, para que se conservasen eternamente, convertidos en momias deshidratadas, como si fuesen ciruelas pasas o carne seca, que recobran parte de sus propiedades al humedecerse.

¿Con qué objeto realizaban los sacerdotes esta cuidadosa operación, que dejaba al faraón listo para desafiar al tiempo? ¿Pensaban acaso que los faraones resucitarían algún día, o estaban seguros de que así sucedería?

A cualquiera de nosotros nos parecerá esta posibilidad sumamente aventurada, por no decir absurda, y sin embargo aceptamos en la actualidad los beneficios de la criogenia. En algunos países de América y de Europa existen sociedades criogénicas, que se dedican a conservar a muy baja temperatura los cadáveres de seres que murieron con la esperanza de ser resucitados en el futuro, cuando se descubra el remedio para el mal incurable que los condujo, irremediablemente a la tumba.

Científicos soviéticos han logrado congelar durante un corto tiempo vísceras de animales que volvieron más tarde a la vida. De igual manera se utiliza el frío para conservar el esperma de los sementales y aplicarlo en la fecundación artificial. En consecuencia, no hay por qué no aceptar la posibilidad de que algún día pueda realizarse la misma operación con un cuerpo humano entero.

Tal vez para este fin sirvieron las pirámides. Parece tema para una novela de ciencia ficción y sin embargo los científicos han contemplado el problema con mucha atención. En 1951, la bióloga soviética Olga Lepichinskaya había afirmado ya que las células del organismo pueden ser reconstruidas, en teoría. Más tarde, el Dr. Elof Carlsson, de la Universidad de California, añadiría que, también en teoría, es posible reconstruir una momia, aunque haya permanecido muerta durante miles de años.

Para ello, sería preciso retirar un gen del tejido modificado y obtener del mismo las moléculas de ADN necesarias para reestablecer el código genético del individuo en cuestión. Se extraería a continuación el núcleo de una célula fértil de un ser humano cualquiera, que sería sustituida por el núcleo obtenido a partir del tejido momificado. La operación parece una locura, por supuesto, pero los biólogos estiman que podrá realizarse antes de que haya transcurrido un siglo más.

¿Era por esta razón, entre otras, que los maestros de los primeros egipcios les aconsejaron levantar enormes edificios de piedra, de forma piramidal? 
 

¿Por Qué Dejaron De Pronto De Construir Pirámides? 
 

En estos vasos canopos los sacerdotes introducían las vísceras de los difuntos antes de momificarlos. Había cuatro vasos canopos distintos, donde cada uno de ellos albergaba un órgano distinto. Es decir el de cabeza de hombre contenía el hígado, el de cabeza de mono los pulmones, el de cabeza de chacal el estómago y el de halcón los intestinos.

En algún momento de la historia, los egipcios dejaron de construir pirámides. ¿Sería porque perdieron el conocimiento exacto de sus propiedades maravillosas? Debió existir un faraón que tenía una idea muy vaga de las ventajas que proporcionaban estos edificios, y aunque deseaba levantar una pirámide para seguir con la tradición, llegó a la conclusión de que no disponía de los medios suficientes.

Hicieron cálculos sus ministros y sus sacerdotes y cayeron en la cuenta de que harían falta docenas de miles de hombres en la construcción, que no habría suficiente trigo en todo el país para alimentarlos, que ni siquiera habría espacio vital para que los obreros pudiesen moverse, que la tarea llegaría a su fin muchos años después, cuando el faraón no pudiese gozar ya de las muchas ventajas atribuidas a la pirámide. La verdad es que había olvidado la técnica de construir pirámides.

Se le ocurrió mucho más sencillo. Los sacerdotes se dedicaron a sacar las vísceras de los difuntos faraones, por la nariz o por una pequeña incisión practicada en el vientre, que guardaban muy cuidadosamente en unos recipientes. En cuanto al cuerpo, pensaron que lo mejor sería envolverlo en vendas previamente impregnadas de aceites y esencias. El clima se ocuparía de lo demás. Nada se perdería de los faraones, y el día que fuesen a resucitar no tenían más que ir en busca de las vísceras que les quitaron, que dejaron al alcance de su mano los sacerdotes.

En lo que a las construcciones se refiere, los sacerdotes les concedían unas virtudes mágicas, que no sabían en qué consistían. Así que aconsejaron a los arquitectos seguir levantando pirámides. Pero serían unas pirámides distintas.

En el Valle de los Reyes, lugar escogido por los faraones de las siguientes dinastías para ubicar sus tumbas, que eran todas subterráneas, existe una pirámide muy singular, recortada en lo alto de un cerro imponente que domina el paisaje.

Otro tipo de pirámide, más estilizada y más elegante, pero acerca de cuyas virtudes conservadoras nada se ha dicho, porque posiblemente no existan, es el obelisco, que apareció en las tumbas y en algunos templos. 



 EL OSCURO ORIGEN EXTRATERRESTRE DE LOS EGIPCIOS :

Según la tradición egipcia los primeros reyes de Egipto no fueron hombres, sino dioses. Al principio de los tiempos, cuando los dioses descendieron sobre la Tierra, la encontraron cubierta por el fango y el agua. El principal de los dioses, al que los egipcios denominaron "Dios del Cielo y de la Tierra", Ptah, fue el encargado de realizar grandes obras hidráulicas y de canalización, que lograron ganar terreno a las aguas.

Ptah ubicó su residencia en la Isla Elefantina, cerca de la actual Asuán, y desde allí controló las crecidas del Río Nilo, asentando las bases para la civilización.

Después de 9.000 años de reinado, el Dios Ptah cedió el gobierno de Egipto a su hijo Ra, que al igual que su padre llegó a la Tierra en una barca celestial. El reinado de Ra duró 1.000 años, y le continuaron en el trono cinco dioses más, Shu (700 años), Geb (500 años), Osiris (450 años), Seth (350 años) y Horus (300 años).

El Dios Ptah

Esta Primera Dinastía de Dioses-Reyes rigió en un "Tiempo Primero" o "Zep-Tepi", el antiguo Egipto durante 12.300 años, sucediéndole una segunda dinastía con el Dios Thot a la cabeza que alcanzó una duración de 13.870 años. Posteriormente a estos dos periodos, el poder fue cedido a gobernantes semidivinos, mitad hombre mitad dioses, durante 3.650 años en los que se sucedieron, uno tras otro, treinta reyes.

En total fueron 17.520 años de poder y control de los dioses y semidioses, que finalizaron en un oscuro periodo de caos y anarquía, del que no existe la más mínima referencia, y que duró 350 años. Es en este momento cuando aparece la Primera Dinastía de gobernantes humanos, en la figura del faraón Narmer, primer gobernante reconocido oficialmente por la egiptología, pues el resto de lo anteriormente expuesto pertenece al mundo de la mitología y la fantasía.

Es imposible, aseguran tajantemente los expertos, que, antes de la aparición de la I Dinastía o Periodo Tinita (3.100 a.C.-2.700 a.C.), pudieran existir durante un tiempo tan prolongado semejante número de gobernantes, eso sin mencionar su origen divino y extremada longevidad.

Pero los egipcios estaban muy seguros de sus orígenes y de su historia. El tiempo era algo que controlaban muy bien los antiguos egipcios, precisamente gracias a sus dioses, quienes, según ellos, les enseñaron a dividir el año (renpet) en doce meses (abed), de treinta días cada uno y divididos en tres semanas (mellu) de diez días cada una. Este calendario alcanzaba 360 días, y era complementado con cinco días especiales (jeriu-renpet).

El año estaba formado por tres estaciones que venían claramente determinadas por el Río Nilo. La Primera Estación era la de la crecida del río (ajet), de mediados de junio a mediados de octubre. La seguía la Estación de la Germinación (peret) que finalizaba a mediados de febrero. Por último la Estación de la Cosecha (shemu).

Existían otros tipos de calendario, pero todos seguían una minuciosa y escrupulosa exactitud, transmitida generación tras generación. Con total seguridad, si un antiguo egipcio escuchara hoy en día que la cronología de los Dioses-Reyes que gobernaron Egipto mucho antes de Narmer, no es más que una fantasía, se llevaría un gran disgusto y un no menor enfado.

Hace 2.500 años, Heródoto escribía en su "Libro II de la Historia" que, en su visita a Egipto, los sacerdotes de tebas le habían mostrado personalmente 341 estatuas, cada una de las cuales correspondía a una generación de sumos sacerdotes desde 11.340 años atrás en el tiempo. Le dijeron que las figuras representaban a hombres, pero que antes de esos hombres en Egipto reinaron los dioses, que habían convivido con los seres humanos. De todo ello guardaban datos muy precisos, ya que siempre, desde el principio de los tiempos, ésa había sido su misión.

Un grupo de dioses viaja a bordo de una embarcación

Otro historiador griego, Diodoro, que visitó Egipto en el Siglo I d.C., también habló y aprendió de los sacerdotes egipcios sobre su historia y tradición. Al igual que Heródoto pudo escuchar de boca de los sacerdotes que los humanos reinaban en el Valle del Nilo desde hacía poco menos de 5.000 años. Uno de los primeros cronistas de la Iglesia Cristiana, Eusebio, logró recoger numerosas crónicas que hacían el mismo tipo de referencias que Heródoto y Diodoro. Pero tal vez ninguno como Manetón, sumo sacerdote y escribano egipcio, supiese acaparar en sus textos la increíble historia de Egipto.

Manetón fue contemporáneo del General de Alejandro Magno Ptolomeo, fundador de la Dinastía Ptolomeica (304-282 a.C.). Vivió en la Ciudad de Sebennitos y fue Gran Sacerdote en el Templo de Heliópolis, donde escribió los Tres Volúmenes de su Historia de Egipto, cuyos originales han desaparecido, y que conocemos en gran medida gracias al historiador griego Julio Africano, que recopiló numerosos fragmentos de su obra.

Manetón o Manetho (verdad de Thot), relataba en esta obra que los dioses reinaron sobre Egipto durante 13.900 años, y los semidioses que les continuaron otros 11.000 años más. Gracias a su clase sacerdotal, pudo acceder a numerosa información restringida que había sido recogida durante cientos y cientos de años. Según sus fuentes el primer Rey de Egipto fue Hefestos, quien inventó el fuego, le siguieron Cronos, Osiris, Tifón y Horus. Después, los "Shemsu-Hor" o seguidores de Horus, de origen semidivino, gobernaron durante 1.255 años. Les continuaron otros reyes por un periodo de 1.817 años.

Distintos investigadores aseguran ver en estos dibujos (tumba de Ramsés VI, Valle de los Reyes)

seres con escafandras provenientes de las estrellas, tal y como aseguraban las antiguas tradiciones egipcias.

Otro periodo más de 1.790 años formado por treinta reyes que gobernaron en Menfis y 350 años más de otros diez soberanos que reinaron en Tanis. En total, sólo el reinado de los semidioses hasta la aparición de los reyes de la Epoca Dinástica Temprana, alcanzó 5.813 años, una auténtica patada a la historia y a la cronología establecida por la moderna egiptología.

Este mismo problema ha aparecido con las Listas de Reyes Sumerios, aparecidas en distintos textos como el W-B/144 ó W-B/62, donde se establecen fantásticos gobiernos de los dioses que se remontan a docenas de miles de años antes de lo establecido por la arqueología oficial.

En esta antiquísima tabla mesopotámica existente en el Museo Británico, y en caracteres cuneiformes, aparece según el investigador Zecharia Sitchin el mapa de la ruta seguida por los dioses para llegar a nuestro planeta a través del Sistema Solar.

Aunque tal vez el caso más conocido por todos nosotros sea el de los Patriarcas Bíblicos, auténticas "máquinas de hacer años", como los míticos Adán, Set, Enós, Cainán, Mahaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noe, Sem, Arfaxad, etc, etc. La edad alcanzada por cualquiera de ellos, haría estremecer los presupuestos destinados a jubilaciones de la Seguridad Social.

A pesar del innegable esfuerzo de la arqueología por establecer una cronología "lógica" de los antiguos reinos e imperios, el prejuicio a la hora de establecer la existencia física de los dioses que todas las culturas establecen como los fundadores de la civilización en la Tierra, hacen imposible profundizar en una verdadera historia que continúa oculta a todos nosotros.

La cada vez más reconocida antigüedad de algunos de los monumentos que nos han llegado, como es el caso de la Esfinge de Giza y de la cual tratamos en otro de los apartados de este temario de Egipto Oculto, han hecho posible que algunos investigadores hayan reconsiderado el revisar las cronologías dogmáticas a lo largo de los dos últimos siglos. Por desgracia los máximos responsables continúan aferrados a una serie de intereses y al mantenimiento de un estatus que tratan de defender a toda costa.



UN SABIO DEL DESIERTO DE SAHARA :

POR MANUEL CARBALLAL :

Misterios del Sahara

Pocos occidentales han tenido el privilegio de ser recibidos en audiencia por 
Oulol Moma, cheij (o sheik) de Atar. Este hombre santo, considerado una 
autoridad en el mundo islámico, es venerado por miles de musulmanes. Antes que a 
ANO/CERO, había recibido en audiencia a los reyes de España, Don Juan Carlos y 
Doña Sofia, quienes solicitaron audiencia para conocerlo en ocasión de una 
visita a Mauritania.

También Hassan II, el anterior monarca de Marruecos, fue recibido por el cheij, 
tras esperar durante un día a que acabase sus oraciones para atenderlo. Tuvo 
mucha suerte, puesto que el de Mauritania debió aguardar dos días enteros. El 
cheij no se deja impresionar por las coronas. Su trato con titulares de tronos, 
presidentes o jeques del petróleo es el mismo que dispensa a camelleros, 
pescadores o mendigos. La tarde anterior a nuestra entrevista con el cheij, el 
comandante Enrique Amau compañero de aventuras en mis tres viajes a esta región 
desde 1997 -me había pedido una tarjeta para entregársela a su secretario. Él se 
la facilitaría al "hombre santo" quien, a pesar de no saber castellano, 
"percibiría" si era conveniente recibirme o no. Por la mañana, Enrique, Miguel 
Ángel -un médico español voluntario en Mauritania que llevaba años esperando 
esta oportunidad-, y yo, nos dirigimos al palacete del cheij, en las afueras de 
Atar. Entramos por la parte trasera, ya que la puerta principal estaba llena de 
devotos que hacían guardia con la esperanza de verlo. En el Sahara, los 
seguidores de un santón llegan a utilizar puñados de la arena que éste ha pisado 
para aplicarlos directamente sobre sus heridas, convencidos de los poderes 
milagrosos que adquiere el suelo tocado por un elegido de Alá.

Atravesamos los establos, rodeados de ovejas, camellos y vacas. En tan 
pintoresco escenario, tuvimos nuestro primer encuentro con el cheij. Aparentaba 
entre 65 y 75 años. Vestía completamente de blanco, salvo sus calcetines color 
crema y las sandalias marrones. Su piel oscura, quemada por el sol del desierto, 
contrastaba con una enorme sonrisa y la profundidad de su mirada, aquejada por 
unas incipientes cataratas que conferian mayor misterio a sus ojos. 
Inmediatamente, Miguel Ángel le ofreció la posibilidad de acompañarnos al 
hospital para hacerle una revisión ocular. Sin dejar de sonreír ni un instante, 
aquel hombre nos respondió que no era necesario, ya que él no nos contemplaba 
con los ojos del cuerpo, sino con los del espíritu. En el desierto del Sahara, 
tanto los cheijs como los marabús (curanderos-hechiceros) y otros muchos 
personajes del mundo mágico musulmán, mantienen que el espíritu posee otros ojos 
y oídos con los que percibir el mundo invisible. Algunos, como el cheij de Atar, 
presuntamente tienen el don de "ver" el alma de sus visitantes, pero otros 
utilizan sistemas de adivinación cuyo origen se pierde en la noche de los 
tiempos.

En varios pueblos y ciudades del Sahara, a un lado y al otro de la fronte-ra 
mauritano-marroquí, hemos podido ver y fotografiar a hechiceros y curanderos que 
emplean distintas técnicas de predicción. Algunos de estos sistemas mánticos 
fueron en su día exportados desde África al Nuevo Mundo con el esclavismo. 
Todavía perviven en Cuba, República Dominicana o Haití, utilizados por santeros, 
paleros o houngáns del vudú. Para comprender la brujería y la magia en el Sahara 
es muy importante subrayar este sincretismo entre el Islam y el animismo 
tradicional, cuya memoria pervive entre las dunas del desierto.

Como en el resto de países del Magreb, en esta región conviven dos formas de 
entender la fe musulmana. Por un lado están los saberes ortodoxos de los que 
deriva la teología y el derecho; por otro, las creencias populares. En estas 
últimas, nos encontramos con las prácticas rituales y mágicas, los tabúes 
alimenticios, el mal de ojo y otros fenómenos atribuidos a los espíritus, que 
explican la difusión de amuletos específicos como antídoto contra los males o 
con función protectora. Por ejemplo, para obtener seguridad se utiliza un cuadro 
con nueve cifras mágicas, cuya suma equivale al nombre de Dios. Si se trata de 
favorecer el desarrollo de la inteligencia de los alumnos se inscriben cuadrados 
mágicos en sus pizarras. Si se desea que el entendimiento presida la convivencia 
entre quienes habitan una tienda, se coloca otro cuadrado de este tipo en la 
jaima (tienda de campaña típica de los beduinos). Para obtener seguridad y 
atraer al amado las mujeres utilizan la alenha, una tintura con la que se tatúan 
caracteres más mágicos que estéticos en el cuerpo. Además, los marabús se valen 
de todo tipo de talismanes confeccionados con semillas, huesos animales, conchas 
marinas, etc. Dichos objetos son "cargados" mediante rituales secretos que, con 
frecuencia, combinan fórmulas del Africa Central y oraciones de El Corán. En las 
costas de Nuadhibou nos encontramos con uno de esos extraordinarios personajes. 
 

Tradiciones mágicas preislámicas

A Nuadhibou llegamos desde Nuakchott utilizando una ruta conocida como 
"autopista del Atlántico". Ésta consiste en una franja de arena que se extiende 
a través de casi 200 km de litoral. Para cruzar dicha "autopista" nuestros 
vehículos debían ponerse en marcha al salir el sol, cuando comienza a bajar la 
marea, ya que de lo contrario la subida de las aguas nos sorprendería antes de 
alcanzar nuestro destino. Las dunas del Sahara mueren justo en la playa, 
convirtiéndola en una trampa para los rezagados. 
Cuando llegamos a la exótica Noadhibou nos entrevistamos con Mohamed Datta. A él 
acuden los nativos que buscan una solución para sus problemas. Este marabú 
senegalés no sólo utiliza las hojas del libro sagrado del Islam como elemento 
mágico de sanación, como hacen otros curanderos en el Sahara, sino todos los 
conocimientos heredados de la tradición preislámica. Sin embargo, para un 
europeo judeocristiano resulta difícil comprender las pautas éticas que rigen 
los actos de hombres como él.

"Mi abuelo era un famoso marabú conocido en toda la región -nos explica a través 
de nuestro traductor-. Viajaba por todo el Sahara con su camello, su fusil y su 
esclavo. Su nombre era Ken Kou. Y tanto servidor como señor tenían un compromiso 
de por vida. A cambio de su trabajo, mi abuelo le daba techo y comida y cuidaba 
de él. No se trata de una esclavitud tal y como vosotros la entendéis". 
"Mi abuelo me enseñó -prosiguió Dattaque un cheij o un marabú, o cualquier 
hombre que quiera dedicar su vida a Alá, debe tener sus necesidades humanas 
satisfechas. Porque si tiene hambre, estará pensando en su estómago y no en Alá. 
Por eso debe comer bien antes de orar. De la misma forma, un hombre que esté 
cansado no podrá centrar su mente en Alá. Por ello, debe dormir bien, descansar, 
y así estará en disposición de concentrarse en sus oraciones. De igual modo, un 
hombre excitado sexualmente no puede pensar en Alá. Su mente se dispersa por el 
deseo. Por esa razón, el hombre debe tener una o varias esposas que le ayuden a 
pacificar su deseo". 
Esta particular concepción sobre lo moral y lo inmoral, sobre el bien y el mal, 
es extrapolable a la concepción sobrenatural del Islam sahariano. 
 

Ángeles y demonios

Chinguétti, situada en la frontera mauritano-marroquí, fue una de las Ciudades 
Sagradas del Islam. Según nos aseguró el alcalde de esta población, de allí 
salieron algunos de los guerreros que lucharon con Mahoma para recuperar la 
santa ciudad de La Meca, tras su exilio en Medina. Al llegar nos alojamos en una 
antigua fortaleza abandonada por los franceses. Actualmente ha sido reconvertida 
en hotel por el alcalde de Chinguetti, quien vive la mitad del año en Las Palmas 
de Oran Canaria y el resto en la villa que gobierna.

En esta localidad visitamos un depósito de libros que constituye un auténtico 
tesoro bibliográfico. Esas joyas de valor incalculable se encuentran en una 
especie de casa-museo. El encargado de cuidarlo heredó la misma función que 
antes habían cumplido su padre y su abuelo. Nos mostró algunas de aquellas 
maravillas: biografías de Mahoma y ejemplares de El Corán de más de 1.000 años 
de antiguedad, piezas de artesanía religiosa, objetos rituales, etc. 
Entre esos textos hallamos las primeras referencias de la literatura islámica a 
unos duendes llamados djinns (genios) o "los invisibles". Walt Disney y sus 
dibujos animados nos han transmitido una imagen amable de los míticos genios que 
pueblan los relatos árabes de Las mil y una noches. Sin embargo, su apariencia 
cordial difiere de la creencia popular que tiene la cultura islámica sobre estas 
legendarias criaturas. 
Según dichas tradiciones, los djinns son una especie de criaturas invisi-bles, 
capaces de interferir, para bien o para mal, en nuestras vidas. Algo simi-lar a 
los ángeles, diablos y demás criaturas sobrenaturales del cristianismo. El Corán 
se refiere en varias de sus suras (capítulos), sobre todo en el 72, a estos 
enigmáticos seres dotados de extraordinarios poderes. 
AÑO/CERO tuvo la oportunidad de recoger en el Sahara, como antes habíamos hecho 
en otros países islámicos, relatos absolutamente extraordinarios sobre la 
intervención de los djinns en la vida de los mortales: desarrollando en ellos 
poderes sobrenaturales, curando enfermedades terminales, protegiendo o 
arreba-tando la vida a sus enemigos.

Cuando el almuecín llama a la oración desde el minarete de alguna mezquita, 
mezclando su voz con el sonido de la ghembá (guitarra tradicional de tres 
cuerdas), y nos dejamos envolver por los aromas de pimienta, azafrán, dátiles y 
menta que se disputan el aire en la plaza de cualquier pueblo del Sahara, 
podemos empezar a comprender lo que suponen los genios en la vida de 
los nómadas: representan una esperanza y un temor ancestral que, durante 
generaciones, sirvió para mantener el respeto a las tradiciones y el orden 
social. 
Resulta sobrecogedor escuchar, de los labios de los niños más pequeños relatos 
de sus encuentros con unos djinns que son idénticos a los "ángeles de la guarda" 
de los niños europeos. A esos espíritus del desierto se atribuye la autoría de 
todo tipo de prodigios, incluidos algunos enigmas arqueológicos de difícil 
explicación, como las denominados moscas y boomerangs.

Durante los años 60 y 70 los pilotos de combate que sobrevolaban el Sahara 
español descubrieron extrañas formaciones existentes en estos territorios. Las 
bautizaron con estos curiosos nombres debido a su forma, trazando los primeros 
planos de su situación. Juan José Benítez, que describió estas "pistas de Nazca 
del Sahara" en su libro Mis enigmas favoritos, afirma que "las dimensiones de 
las moscas en ningún caso sobrepasan los 50 metros, mientras que los boomerangs 
alcanzan 1,5 km de longitud. En las fotografías tomadas desde los aviones se 
observa una zona central oscura y casi triangular de la que parten líneas 
estre-chas y muy largas. Inexplicablemente, todos los boomerangs se hallan 
orientados hacia el oeste. En cambio, las moscas no guardan un orden aparente". 
Desgraciadamente, la situación de conflicto bélico permanente que sufren esas 
regiones del Sahara hace imposible su exploración. Por esta razón, nada sabemos 
sobre el origen de esos dibujos, hechos presuntamente para ser vistos desde el 
aire. Algunos autores sugieren que tales formaciones podrían estar relacionadas 
con la mitología nómada del Sahara, que habla de reinos perdidos y extraños 
dioses tutelares llegados de las estrellas. Leyendas como la del origen de los 
misteriosos "hombres azules del desierto" -los tuareg-, descendientes de la 
princesa Tin Hanin y de su hermana Takanat. Una tradición -posiblemente adoptada 
por los tuareg de los colonizadores franceses- dice que éstas eran las últimas 
reinas de los atlantes. Los defensores de esta teoría sahariana argumentan que 
hace miles de años este desierto era un inmenso vergel, con una importante red 
fluvial llena de lagos, alguno de los cuales fue tan grande como el Mar Caspio. 
Tal vez los boomerangs y moscas del Sahara sean uno de los últimos legados de 
aquella civilización.

Todo es posible. La magia impregna la cultura del desierto y nada sabemos de su 
remoto pasado. En todo caso, es cierto que en estos parajes lo excepcional se 
convierte en cotidiano. Cuando visitamos el palacio del cheij de Atar, había-mos 
sido agasajados con leche fermentada de camella, dátiles con mantequilla y 
keríy. Compartía viandas con nosotros un caudillo que había acudido a Atar para 
presentar sus respetos al cheij. Los tuareg todavía sienten muy cercana la 
presencia de los djinns y describen con naturalidad las misteriosas luces que 
algunas noches atraviesan los cielos del Sahara y que cualquier europeo 
calificaría como OVNIs. Sin embargo, esas esferas luminosas son un fenómeno más 
complejo para ellos. Además de estar relacionadas con los "genios invisibles", 
también pueden ser consideradas como "el espíritu luminoso" de algunos santones, 
brujos o marabús.

Personajes carismáticos como el cheij de Atar son objeto de todo tipo de 
leyendas. En su caso, esa mitología está directamente relacionada con su 
asce-tismo. A pesar de ser un hombre inmensamente rico, duerme sobre una 
esterilla extendida sobre una capa de arena del desierto, en una de las torres 
de su palacio. Su extrema delgadez es fruto de su parca alimentación y su 
inquietante don de clarividencia, acaso debido a un estricto entrenamiento 
psíquico, desarma al visitante más escéptico, como tuvimos ocasión de comprobar.

Antes de despedirnos, y sin perder la sonrisa en ningún momento, nos invitó a 
tomar cordero. "Esta mañana desayunasteis huevos y pescado, y os vendrá bien 
comer ahora un poco de carne...", nos dijo con tranquilidad y sin dar ninguna 
importancia a nuestro asombro, dado que él no podía saber lo que habíamos 
desayunado aquella mañana, a solas y en otra ciudad. 
Cuando finalmente abandonamos el Palacio del cheij, seguíamos sin explicarnos 
cómo lo había adivinado. Tal vez, como sugirió Miguel Ángel -nuestro óptico-, 
seamos nosotros los que necesitemos revisar nuestros ojos... pero los ojos del 
espíritu. 



LA PIRÁMIDE DE KEOPS: UN CAMINO HACIA EL FUTURO

No existe monumento milenario más grande en nuestro planeta. Sus 230 metros del lado cuadrado de su base, por los 147 metros de su altura, se han construido a base de apilar casi 2.500.000 bloques de piedra cuyo peso unitario oscila entre las 2,5 y las 72 Tm. 
Durante los dos últimos siglos, multitud de arqueólogos han intentado explicarse cómo y porqué se construyó. La única conclusión que todos han aceptado es que no se trata de un templo funerario: no se ha encontrado nunca ninguna momia en las pirámides del Nilo.

Quienes la construyeron tenían unos conocimientos astronómicos, geométricos y matemáticos muy superiores a la civilización existente en aquella época. Su construcción se desarrolló en la IV dinastía, mientras que descubrimientos tan elementales como la invención de la rueda o utilización del hierro no se conocieron hasta las Dinastías XI Y XVII. 
Perfectamente alineada con el polo magnético terrestre, sus dimensiones revelan el conocimiento de la distancia perihélica al Sol, el diámetro y el peso de La Tierra, la superficie terrestre…y los conductos "de aireación" de la cámara del Rey enfocan a las estrellas Isis y Osiris de la Constelación de Orión. Todas sus dimensiones están basadas en los números Pi y Fi (el Número de Oro), que se repiten constantemente. 
Es más, su emplazamiento no está buscado al azar. La meseta de Gizeh donde está emplazada, es el punto que divide a La Tierra en dos partes iguales en cuanto a superficies emergidas y sumergidas. Es el Meridiano de equilibrio del planeta, el llamado meridiano de Webel. Por otro lado, hoy se conoce gracias a los análisis del profesor Davidovits, que las piedras contienen restos orgánicos en su interior (pelos, uñas, burbujas de aire), lo que demuestra que fueron fabricadas mediante moldes y una composición donde los dos elementos básicos fueron la arena y el agua. El desierto y el Nilo les aseguraron ambas materias primas en abundancia. Nunca se utilizó un rodillo para su transporte.

El mensaje de esta auténtica "Biblia de piedra" no ha sido fácil de descubrir. Ha sido necesario que la evolución de nuestra civilización, a finales del siglo XX,  nos diera los conocimientos necesarios para interpretar los códigos criptográficos que lo ocultan. 
Hace pocos años, el Premio Nobel de Química, Linus Pawling, desveló que su estructura revela la misma forma que la molécula del agua, y que una formación cristalográfica semejante sólo está representada en la naturaleza por el carbono puro, el diamante. Carbono y agua, los dos elementos fundamentales de la vida. Otros van más lejos, afirmando que sus 204 hiladas de piedra coinciden con el número de huesos del esqueleto humano. Pero ha sido el ingeniero norteamericano Christoffer Dunn, en su obra "Las nuevas tecnologías de Egipto", quién después de 21 años de investigación contrastada con numerosos físicos, ha revelado el gran enigma de su construcción. 
La Gran Pirámide de Keops (G.P.) no es un monumento levantado sólo para dar testimonio de la existencia de una cultura sumamente avanzada en el pasado. Su propósito básico era la producción de energía eléctrica… fue la mayor y más perfecta central energética que ha existido en el Mundo. A partir de la energía mecánica (vibratoria) de La Tierra, lograron amplificarla mediante resonadores en La Gran Galería, dirigiéndola a través de filtros hacia La Cámara del Rey. Esta cámara recubierta por granito con una pureza en cuarzo superior al 55 % de contenido, y con cinco cámaras superiores llamadas erróneamente "de descarga" (con 42 vigas de granito de 72 Tm, cada una), transformaban, dado el efecto "piezoeléctrico" del cuarzo, la energía mecánica en eléctrica.

No satisfechos únicamente con este primer efecto, produjeron químicamente grandes cantidades de hidrógeno en la cámara de la Reina. Cuando la energía eléctrica del cuarzo interactuaba con los átomos de Hidrogeno en la Cámara del Rey, se producía una emisión de microondas a través de uno de los conductos de "aireación". La Tierra es un planeta todavía joven que produce una gran cantidad de energía mecánica que normalmente se descarga bruscamente a través de las placas tectónicas, provocando los clásicos terremotos. La G.P. fue construida aprovechando esta energía gratuita y no contaminante. Y aquí está el mensaje de futuro más claro para la Humanidad, en un mundo que precisa fuentes de energía con urgencia para sobrevivir, y que además sean baratas de coste y no produzcan desequilibrios en el Orden Natural. Una energía que podemos conseguir a través del hidrógeno (superabundante dado que se puede producir por electrólisis del agua) y la energía mecánica de La Tierra. La demostración práctica del poder de captación de la energía mecánica por parte de la G.P. es fácil. Sólo basta con construirse en casa una pirámide de cartón, en la que el perímetro de la base dividido por el doble de la altura sea igual a Pi, orientar una de sus caras al norte magnético, y observaremos un fenómeno curioso: todo lo que contenga en su interior queda automáticamente deshidratado. Todo tipo de alimentos queda momificado, sin ningún signo de descomposición. Las hojas de afeitar pueden durar, meses y meses, sin perder su afilado, ya que se evita la oxidación del metal. A medida que se van desentrañando unos misterios, se nos van apareciendo nuevas incógnitas.

Las pirámides proliferaron en todo el mundo. ¿Fueron un método para descargar la energía interna del planeta, evitando los movimientos sísmicos que provocaron la desaparición de La Atlántida?. ¿Supuso intentar garantizar la existencia de una nueva civilización, frenando las fuerzas de la Naturaleza?. Si fuera así, se podrían evitar cientos de miles de muertes cada año, y la existencia de millones de personas sin hogar. Las medidas interiores del sarcófago existente en la Cámara del Rey de la G.P. coinciden exactamente con las medidas exteriores del Arca de la Alianza. Desde hace décadas se sospecha que el Arca era sencillamente una pila atómica, dado el poder destructor mencionado en el Antiguo Testamento. ¿Supone este factor que la G.P. era utilizada para recargar el Arca de la Alianza, cuando se precisaba?.¿Y con qué fines?. Poco a poco, se irán obteniendo respuestas a estas cuestiones. Sólo es cuestión de tiempo, hasta que alguna organización gubernamental o no, decida experimentar con este modelo de producción de energía. Desgraciadamente, la G.P. ya no sirve. En algún momento de su historia padeció una sobrecarga y estalló, como lo demuestran las enormes grietas encontradas en la Cámara del Rey. Por otro lado, su captación de energía mecánica dependía de su revestimiento exterior de granito. Antiguamente, 8 metros de espesor de mampostería cubrían las actuales piedras visibles, y la G.P. estaba totalmente placada de losas de granito pulimentadas y encajadas con precisión milimétrica.. Un "piramidón" en su cúpula remataba su estructura, y todo esto ha desaparecido, fruto de los años de rapiña y de la necesidad de materiales que implicó la edificación de la cercana ciudad de El Cairo.

La lección es clara: Sólo hay que aprender a leer el pasado, para conocer cual es nuestro camino en el futuro.

Sócrates



UN FRANCES DESCUBRE COMO SE HIZO LA PIRAMIDE :

(OTRO GENIO MAS... Y VAN...)

Un arquitecto francés cree haber descubierto el enigma de las pirámides

Publicado 2007-03-30

Londres. (efe).- un arquitecto francés cree haber descubierto uno de los mayores misterios de la antigüedad: la construcción de las pirámides egipcias sin ayuda de instrumentos de hierro, poleas o ruedas.

jean-pierre houdin, que ha dedicado ocho años a investigar el tema, cree que la pirámide de gizeh, destinada a tumba del faraón o keops, se construyó desde dentro hacia afuera.

su teoría, que expondrá mañana en una conferencia en parís, pero que hoy adelanta en declaraciones al diario 'the independent', es que los egipcios subieron los bloques que sirvieron para su construcción por una rampa interna que formaba un túnel en espiral en el interior de la estructura de su pared externa.

el arquitecto, que cree que ese túnel deben existir hoy, ha logrado hacer con ayuda de software desarrollado por la compañía dasault systemes una simulación tridimensional de cómo se fueron amontonando los grandes bloques de granito y piedra caliza.

houdin cree haber incluso resuelto el misterio de la cámara del rey: el porqué de sus cinco techos de granito en lugar de uno y el modo en que se levantaron los enormes bloques hasta esa altura. el primero en intentar explicarse el sistema de construcción de la pirámide de keops fue el griego heródoto, que viajó a egipto hacia el año 450 antes de cristo y que supuso que miles de esclavos llevaron hasta el lugar los bloques de piedra, luego izados de un escalón de la pirámide al siguiente con ayuda de máquinas.

los ingenieros mecánicos de hoy consideran, sin embargo, poco probable que se lograra esa proeza con la limitada tecnología disponible, sobre todo si se tiene en cuenta que algunos de los bloques de granito de la cámara del rey pesan sesenta toneladas.

otra teoría es la de que se construyó una rampa exterior gigante para llevar las piedras hasta el punto más alto de la pirámide, pero una rampa de ese tipo tendría que tener una inclinación no superior a un 7 o un 8 por ciento, lo que significa que tendría que haber tenido más de 1.6 kilómetros de longitud.

otra sugerencia, señala 'the independent', es que pudo tratarse de una rampa que ascendía enroscada a la pirámide conforme ésta iba ganando altura, pero la rampa se habría desplomado de no haber estado firmemente anclada a la pirámide y no hay rastro alguno de puntos de amarre.

tampoco lo hay de las enormes cantidades de material de desecho que debieron de quedar tras la construcción, y la explicación de houdin es que ese material se quedó dentro de la pirámide al no haberse eliminado la rampa en espiral construida en el interior de la pirámide y sólo a unos metros de su pared exterior.

"mi teoría es que la construcción supuso dos desafíos: el primero consistió en construir el volumen de la propia pirámide y el segundo, construir la cámara del rey".

según esa teoría, para la primera fase, hasta una altura de 43 metros, se utilizó una rampa externa tradicional, y sólo una vez completada ésta, se pasó a la siguiente, para la que se construyó la rampa interna en forma de espiral.

era un túnel abierto a distintas alturas por las cuatro esquinas de la pirámide de forma que pudieran entrar por ellos los bloques de piedra, explica houdin.

según sus cálculos, con una inclinación del 7 por ciento, una rampa de ese tipo tendría una longitud de 1.6 kilómetros desde su base hasta cerca de la cúspide de la pirámide, y los bloques de piedra eran subidos por ella por equipos de ocho o diez hombres.

una vez terminado el grueso de la pirámide, se taparon las esquinas, pero los túneles de la rampa siguieron utilizándose. la prueba más importante a favor de la existencia de una red interna de túneles en espiral se deriva de un test de microgravedad llevado a cabo en 1986, en el que científicos franceses detectaron una anomalía: una estructura menos densa en forma de espiral dentro de la pirámide.

en cuanto a la tarea de levantar los bloques de granito de 60 toneladas hasta el techo de la cámara del rey, houdin cree que se hizo con un sistema de contrapesos atados con cuerdas a aquéllos.

conforme un equipo de trescientas personas tiraban de los contrapesos, subían los pesados bloques de piedra, sostiene houdin, según el cual el motivo de los cinco falsos techos por encima de la cámara del rey era el de impedir un exceso de peso sobre el arco.



LA SUPUESTA LEYENDA DE OSIRIS : 
 

La leyenda de Osiris, así como las ceremonias que derivaron de ella, revisten una gran importancia. No sólo fueron el alma de la religión egipcia durante miles de años, sino que constituyen la fuente de inspiración para variedad de versiones y dramas similares que aparecieron por todo el mundo mediterráneo más adelante. Paradójicamente, no existe un texto egipcio que contenga la relación completa e la leyenda de Osiris. Existen fragmentos grabados en estelas o anotaciones en papiros incompletos, pero es a los griegos, sobre todo a Plutarco, a quienes debemos el conocimiento de una versión completa de la "historia" de Osiris. Algunos estudiosos opinan que este silencio de los textos egipcios en torno a una figura tan importante en su mundo, se debe a que su culto estaba asociado a una doctrina esotérica transmitida en secreto y vedada por tanto de ser transcrita en los textos oficiales. 
 

Osiris "dios venerable, grande y bienhechor, príncipe de la eternidad" como lo llama un himno, fue generado en la misma forma que las otras deidades, pero está especialmente cerca de los hombres, es su maestro: su mito, sus misterios, su culto, guían la religión de todo Egipto durante miles de años. Es sagrado, es santo, no se puede aludir directamente a su persona. Heródoto mismo rehusará hablar explícitamente de Aquél.

La leyenda que presentamos a continuación es una versión simplificada para beneficio del lector no técnico, y está basada sobre todo en los autores griegos, aunque también considera las fuentes egipcias, incluso la inscripción del templo de Edfú. Después de haberla revisado, pasaremos al análisis de la misma de acuerdo al sistema propuesto.

LEYENDA DE OSIRIS

Nuit, la diosa del cielo y Sibú, el dios de la tierra, tuvieron cinco hijos: Osiris, Harneris, Seth, Isis y Neftis. El primero de sus hijos fue Osiris. Tenía un hermoso rostro de piel mate y oscura; era muy alto. Ra, el dios del Sol, su bisabuelo, mando lo llevasen a su corte y lo hizo educar tal y como conviene a un heredero del trono. Osiris creció aún más y más tarde se casó con Isis, su hermana y cuando llegó a ser rey, ella le ayudó activamente en todas sus empresas.

En aquellos tiempos los egipcios eran todavía semi salvajes. Osiris les enseño a conocer las plantas que podían servirles como alimento, así como la forma de labrar los campos. Isis, a su vez, los curó y atendió en sus necesidades. Les enseñó a vivir en familia e inventó el arte de tejer. Osiris les enseñó así mismo el respeto debido a los dioses y el culto que debía rendírseles. Mandó a construir bellísimos templos y finalmente edificó grandes ciudades. Y aún hizo algo más por los hombres. Acompañado por Toth, el Seños de la Voz, les entregó eso tan maravilloso que es la escritura. Osiris quiso ser también un gran conquistador, pero se adueño de los pueblos con dulzura y persuasión. Partió a través de toda el Asia y de toda a Tierra. Desde entonces lo llamaron el Ser Bueno, Unnefem: el que se consagra ala salvación de los hombres. Pero estaba destinado a perecer a causa de la ingratitud y el espíritu del mal. A su lado vivía su hermano: el impío, el violento Seth. Era el tercer hijo de Nuit y tenía la tez blanca y los cabellos rojos, tal como tienen la pelambre algunos asnos (por eso los asnos le han sido consagrados). Era muy violento de carácter, receloso, malvado.

Al regreso de Osiris, tuvieron lugar en Menfis grandes regocijos para festejar al viajero. Seth aprovechó esta ocasión para apoderarse del trono. Cual si fuera un buen hermano, invitó a Osiris a un gran banquete que ofreció en su honor, al que asistieron los oficiales adictos y cómplices de Seth. Mediante un ardid, logró que Osiris se introdujera en un cofre de madera especialmente preparado. En ese momento los traidores sellaron el cofre y lo arrojaron al Nilo. Isis presa de gran aflicción buscó durante mucho tiempo, sin descansar jamás, el cofre de su amado. Por fin lo encontró en Biblos, Siria. Entonces Isis se refugió en Buto, la ciudad que la vio nacer. Allí trajo al mundo a Horus y allí lo amamantó y allí creció. Sin embargo Seth, cazando a la luz de la luna descubrió el cofre en el lugar apartado donde Isis lo había colocado. Al instante descuartizó el cuerpo de su hermano en trozos que dispersó al azar. La desgraciada Isis, al enterarse de la nueva fechoría, volvió a emprender su doloroso peregrinaje en busca de los restos del cuerpo de Osiris. Poco a poco consiguió recuperarlos.

Cuando al fin recuperó aquellos pobres deshechos, la diosa Isis llamó a Neftis, su hermana, a Horus, su hijo querido, a Toth, el Ibis, y a Anubis, el chacal. Arregló los restos de Osiris, los embalsamó y los transformó en una momia imperecedera. Mediante ritos y fórmulas mágicas consiguieron la resurrección de Osiris. Después de haber resucitado, Osiris habitó en los islotes arenosos del Nilo, sin envejecer jamás. Más tarde se marcho, cruzó los mares, hasta que al fin se elevo a los cielos, allí en la Vía Láctea. El Sol y la Luna lo iluminan con sus rayos. Osiris no murió del todo en la Tierra. El hijo de Osiris nació después de la muerte de su padre, Isis lo trajo al mundo en los pantanos del lago Burlos.

Allí lo crió en soledad, sin que nadie supiera donde estaba, para protegerlo de las asechanzas y los ataques de Seth, el malvado. Algunas veces el niño, transformado en halcón, se alimentaba sirviéndose del pico. Horus continuó creciendo, aprendió a leer en los libros y estudiaba los papiros. Horus se consagró por completo a la tarea de vengar a su padre. Reunió a su alrededor a los egipcios que habían permanecido fieles a Osiris y sin pérdida de tiempo se lanzaron contra los conjurados de Seth. Estos, sorprendidos por el ataque, se metamorfosearon en gacelas, cocodrilos, serpientes, en fin, todos los animales impuros adictos a Seth.

La guerra no terminaba nunca; el combate continuaba sin que nadie resultara vencedor. Entonces los dioses hicieron comparecer a los dos rivales ante el tribunal y ambos aceptaron como árbitro a Toth, quien falló a favor de Horus. Sin embargo, esto no puso fin a la lucha. Horus y sus seguidores continuaron combatiendo contra Seth y sus cómplices, los horribles monstruos. Una de las batallas está relatada a lo largo de los muros del templo de Edfú. Seth escapaba siempre, pero por fin sus compañeros lo abandonaron y huyeron. Horus salió en su persecución y acabó con todos ellos. Desde entonces Horus fue el dueño legítimo de la tierra de Egipto. A pesar de todo, Seth no ha muerto, a cada hora del día, se reemprende el combate entre los seguidores de Horus, dios de la luz y los servidores de Seth, dios de las tinieblas. Y cada vez que el Sol triunfa sobre las tinieblas y sobre las nubes tormentosas, los hombres celebran la victoria del valiente Horus sobre el odioso Seth, el de las astucias inagotables.

Transposición psicológica

Algunos autores han querido ver en el mito de Osiris simplemente la lucha entre dos clanes, el de Osiris y el de Seth, ubicados al norte y al sur de Egipto respectivamente. Otros sostienen que se ha demostrado que existe un Egipto mitológico con sus ciudades y santuarios, una nación celeste que no tiene ningún vínculo con el Egipto geográfico terrestre. Se encuentran estas geografías "místicas" en todas las tradiciones esotéricas y Egipto no es la excepción. La "Jerusalem Celestial de San Juan es un ejemplo. Independientemente de que haya tenido o no una filiación histórica, analizaremos desde el punto de vista psicológico la historia en cuestión. Para el efecto procederemos primeramente a reducirla a sus componentes fundamentales y luego a subrayar los aspectos más importantes del desarrollo de la acción. 
 

ELEMENTOS DE REPRESENTACIÓN PSÍQUICA

Los elementos de representación psíquica para la explicación de esta leyenda son los siguientes:

OSIRIS "Dios venerable, grande y bienhechor". Civilizador y Maestro, heredero del Sol, fuente de sabidurías, generosidad y poder. Es el verdadero Ser en el hombre.

SETH Junto a sus "demonios rojos" es el ego pluralizado. El traidor que usurpa el trono de Egipto, nuestra propia tierra psíquica, que por derecho le corresponde a Osiris.

HORUS La esencia o conciencia libre, no prisionera del "Yo", fortalecida por las potencias superiores. Pequeña y desvalida al principio, debe crecer y robustecerse para enfrentarse al enemigo. Su carácter espiritual, así como su potencialidad para "ascender a los Cielos", es inherente a su condición de Halcón. Horus es el dios con cabeza de Halcón, el ave del Sol. El ave simboliza al espíritu. El espíritu santo cristiano bajo la figura de una paloma, el águila azteca, el cóndor inca o el pájaro de fuego indostán nos conducen al cielo infinito.

ISIS La Madre Divina, siempre virgen. "Dios como madre es amor": del auténtico amor nace y se nutre nuestra conciencia; sus fuerzas consiguen reintegrar los valores perdidos y dan el vigor e impulso para la lucha que se corona con la resurrección del Ser en el hombre.

ANUBIS La justicia divina, la ley en nosotros: el verdadero sentimiento de lo correcto y lo incorrecto.

THOTH El señor del Verbo y del buen juicio.

ACCIÓN

Para facilitar la comprensión y el desarrollo de la acción en el mito, la hemos dividido en tres puntos, a saber:

1) Seth, el impío, con el auxilio de sus cómplices, asesina al noble Osiris, rey de Egipto y usurpa el trono del país. El ego y los yoes "viva personificación de los defectos que nos caracterizan", fraccionan la conciencia y obstruyen la expresión del Ser, adueñándose de casi todos nuestros procesos psicológicos.

2) Horus, el poderoso hijo de Osiris, reúne a aquellos que permanecen fieles a su padre, se enfrenta a los ejércitos de Seth y logra vengar a su padre, acabando finalmente con el traidor. La esencia, asistida por las fuerzas superiores, debe luchar sin desmayar contra “los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos” y erradicarlos de nuestra psiquis.

3) Osiris, nuestra verdadera naturaleza, el Ser, resucita glorioso de entre los muertos. Después de la muerte de los yoes que tienen encadenada nuestra conciencia, ésta, libre y resplandeciente, poderosa, puede retornar a su perdido origen cósmico.

Este es el esquema general que las fuentes egipcias nos revelan en sus escenificaciones sagradas, núcleo de su religión. Un antiguo y precioso registro de este culto data aproximadamente del año 1869 a.C. y procede de la ciudad de Abydos. El dios al salir del templo caía bajo los golpes de Seth; se simulaban alrededor de su cuerpo los lamentos fúnebres, se le enterraba según los ritos; después Seth era vencido por Horus, y Osiris, a quien era dad la vida, volvía a entrar en su templo tras haber triunfado de la muerte” La terrible muerte de Osiris a manos del traidor Seth era ampliamente conocida, y el pueblo compartía el dolor de Isis, la que en paciente y doloroso peregrinaje buscaba los restos de su amado esposo. Muchos himnos que aún se conservan se componen de los lamentos de la desdichada Isis y aquellos lugares que la tradición decía, había recorrido en su tortuosa búsqueda, lo mismo que los sitios donde se creían recogió los pedazos de Osiris, fueron convertidos en santuarios o lugares sagrados. Mientras tanto el infame Seth y sus ejércitos usurpaban impunemente el poder en Egipto, así como los procesos psíquicos negativos reinan en nuestra vida, dominan nuestro espacio psicológico. Entonces aparece Horus, la esperanza, el Ave del Sol, la conciencia solar. Reúne a sus seguidores y asistido por los dioses inicia la larga y terrible lucha contra las huestes del violento Seth. Guerra interior que parece interminable pero que termina cuando por fin Seth es vencida y sus ejércitos dispersados y exterminados. Una vez plasmado el mito en el ritual, la enseñanza que los devotos egipcios recibían era radical: Seth, el ego, debía ser decapitado y sobre su cadáver resucitaría, poderoso, Osiris, el Ser. Así nos lo muestra el famosos texto litúrgico conocido como "El Papiro Dramático de Rameseum" (1800 a.C.). Este invaluable documento es una especie de guión o libreto para una representación teatral de índole religiosa, basada en el mito de Osiris y Seth.

Tomado de gnosishoy.com



LA GRAN PIRAMIDE,PARA QUE SE HIZO ?

de "3a Vía - Pagina de Paleoastronáutica" 
 

Si hasta ahora no nos ha quedado nada claro el cuándo, cómo y quién construyó la Gran Pirámide, el tratar de hablar de para qué uso se destinó, resulta totalmente gratuito por faltarnos las referencias suficientes que nos puedan dar alguna pista medianamente fiable. Existe una larga lista de posibles aplicaciones, aunque la que prevalece, como no podía ser de otra manera, es la de su utilización como monumento funerario o como teoría más atrevida entre los círculos oficiales, la de

Para investigadores como Pedro Guirao, la Gran Pirámide fue diseñada según los principios de la Geometría Hermética de Hermes-Toth. Constaría de una parte energética positiva y de otra negativa para facilitar la comunicación entre nuestra dimensión y otras. 
 

estar destinada a ritos y celebraciones religiosas de carácter especial. 
  
 

A nosotros particularmente se nos antoja un tanto difícil y extraño, el paso de una pomposa comitiva de sacerdotes medio arrastras por los tortuosos pasajes y galerías que recorren la Gran Pirámide, pasillos de un metro de ancho y poco más de altura, no resultan los más apropiados para ningún tipo de rito o celebración. 
  
 

Incluso el paso del difunto faraón por estos exiguos corredores se aproxima más a una película de los hermanos Marx que a cualquier ceremonia que podamos imaginarnos, pongamos por ejemplo, en el grandioso Templo de Karnak.

Con la técnica y perfección demostrada por los arquitectos egipcios, ¿qué más les hubiera dado hacer las galerías de mayor tamaño, más acordes con la grandeza de su faraón o de los dioses a los que adoraban?. 
  
 

Nada de lo realizado en la Gran Pirámide parece escapar a un diseño premeditado por parte de sus constructores. Alineaciones y medidas parecen estar milimétricamente dispuestas, obedeciendo a un plan maestro totalmente desconocido para nosotros. 
  
 

Si los antiguos egipcios eran capaces de mover moles de 800 toneladas, ¿qué dificultad habrían tenido en hacer pasajes más holgados y solemnes para el paso de sus comitivas funerarias o religiosas?. ¿Por qué la Gran Galería tiene una altura desproporcionada respecto al resto de los pasajes?. 
  
  
 

Y LOS MUERTOS, ¿DÓNDE ESTÁN? 
 

Esta pregunta nos la tenemos que plantear por la sencilla razón de que jamás se ha encontrado ningún difunto en el interior de una Pirámide. La solución a esta incógnita ha sido siempre resuelta culpando a los ladrones de tumbas, que no sólo robaban las joyas y demás riquezas, sino que extraían el cadáver para ultrajar su memoria.

Esta teoría no deja de tener gran parte de lógica. Son muchos los años transcurridos para haber dado la oportunidad a diferentes generaciones de ladrones y saqueadores de barrer con todas las riquezas depositadas en el interior de tumbas y pirámides. Ahora bien, como toda teoría tiene un pero. 
  
 

Al igual que ha habido tumbas que han sido descubiertas intactas, sin señal alguna de saqueo, como sería el famoso caso de la Tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes, también han aparecido pirámides en las mismas condiciones de inviolabilidad.

Para otros investigadores, como es el caso de Alan F. Alford, la Gran Pirámide no es más que un gigantesco generador energético a modo de central nuclear. 
  
 

SEKHEMJET, OTRA PIEZA QUE NO ENCAJA 
  
 

Sekhemjet, fue uno de los últimos faraones de la III Dinastía, que siguiendo la moda impuesta por Zoser, hizo construir su pirámide en la necrópolis de Sakkara, allá por el año 2.600 a.C. Se desconoce exactamente si llegó a finalizar la estructura completa de la pirámide o bien si ésta fue reutilizada posteriormente por sus sucesores, sirviendo sus bloques para nuevas construcciones. 
  
 

El caso es que la cámara funeraria subterránea quedó en el más completo de los olvidos durante miles de años hasta que 
  
 

Sarcófago de Sekhemjet

en 1.951, el arqueólogo Zakaria Goneim descubrió entre los cascotes de la pirámide, la puerta de entrada. Para poder acceder a la cámara funeraria, fueron necesarios casi tres años de limpiezas de escombros acumulados en el corredor de bajada, lo que nos dará una idea de la dificultad que hubieran encontrado posibles ladrones. 
  
 

La flor y nata de la egiptología, política, medios de comunicación y curiosos, se dieron cita el día 8 de marzo de 1.954, para poder ver por fin el cadáver de un faraón en el interior de una pirámide, la prueba definitiva con la que callar de una vez por todas a aquellos "intrusos" y "alucinados", que habían osado poner en duda las afirmaciones de la egiptología oficial. 
  
 

El mismísimo señor Ministro de Cultura de Egipto, tuvo el honor de dar el último mazazo sobre el muro que daba acceso a la cámara funeraria, donde se encontró un imponente sarcófago de alabastro rodeado de joyas y otros restos del ajuar funerario, y un sorprendente ramo de flores, que aún marchitas por el paso de miles de años, yacían sobre la parte superior del féretro. 
  
 

El perfecto estado del sarcófago, realizado en un sola pieza de un gran grosor, con una puerta corredera, provoco retrasar la operación de apertura de éste, hasta el 26 de julio. Este retraso aumentó más el interés entre los medios de comunicación y la opinión pública, que siguieron expectantes el gran acontecimiento.

En el día señalado, los más modernos equipos de conservación para recibir a tan importante invitado de 4.600 años de antigüedad, se quedaron mudos de sorpresa cuando el propio Zakaria Goneim, tras introducir su cabeza en el interior del sarcófago, aseguraba desconsolado que, no había nada ni nadie en el interior del féretro. Posteriores análisis químicos reafirmaron categóricamente la total ausencia de restos orgánicos. Entonces..., ¿dónde estaba el muerto?.

Y de nuevo volvemos al terreno de la especulación (¿cuántas veces van ya?), al tratar de averiguar el verdadero uso de las pirámides, y más concretamente el de la Gran Pirámide.

A menudo se asegura (no deja de ser una huida hacia adelante) que las pirámides sólo eran las tumbas de las almas de los difuntos faraones, y que sus cuerpos eran depositados en otro lugar. Parece que el sentido pragmático de los antiguos egipcios era totalmente nulo, y que el sustento diario les venía regalado del cielo, porque sino, no se entiende una tumba de 2.500.000 de bloques de piedra, y la ruina de un estado y toda una dinastía real como una y otra vez nos aseguran que sucedió con la locura de Keops y compañía. 
  
 

CONCLUSIONES 
 

Tumba, templo, biblioteca en clave del saber humano, reactor nuclear, baliza para naves espaciales, generador de energías desconocidas o simple montón de piedras producto de la locura del hombre, la Gran Pirámide, sea cual sea su función o funciones sigue constituyendo uno de los enigmas de mayor envergadura al que el hombre se puede enfrentar. Lo es ahora y lo fue también en tiempos de Heródoto, Diodoro de Sicilia o Napoleón.

Su inmensa figura recortada por el cielo de la meseta de Giza, desafía la lógica humana y se burla siglo tras siglo de todas las conclusiones precipitadas de aquellos que tratan de amoldar sus formas e historia a su conveniencia, conocimientos y prejuicios de cada época.

Y nosotros..., ¿no nos mojamos?, ¿no damos nuestra opinión?, ¿preferimos seguir criticando a diestro y siniestro sin aventurarnos a formalizar una teoría como el que más?.

Sólo podemos asegurar:

Que existen suficientes indicios que señalan a la Gran Pirámide, como la primera y más antigua pirámide de Egipto.

Que Keops no fue su constructor, por lo que su datación en la IV Dinastía es totalmente errónea.

Que su diseño, al igual que otros monumentos asociados al Antiguo Imperio, nada tienen que ver con el resto de los existentes en Egipto, y que denuncian el uso de unos conocimientos y una tecnología, que nos llevan a sospechar cualquiera de los tres siguientes puntos, y que son parte de la filosofía de organizaciones como la Ancient Astronaut Society, fundada a mediados de los años setenta por Gene M. Phillips:

A-. Existió en la antigüedad una civilización totalmente desconocida para nosotros, con un alto desarrollo cultural y tecnológico. 
B-. Hace miles de años, la Tierra fue visitada por alguna civilización exterior a nuestro planeta. Su paso dejo huella en distintas civilizaciones antiguas en forma de tecnología y conocimientos que fueron involucionando progresivamente, tras la marcha de estos visitantes. 
C-. La combinación de ambos puntos anteriores.

El uso y la utilización de la Gran Pirámide, vendrían pues determinados por las necesidades de esta civilización desconocida y que nuestra lógica, factor determinante para la creación de nuestros parámetros técnicos y culturales de enjuiciamiento, no son capaces de asimilar.

Creemos pues, que sólo una revisión en toda regla de nuestra historia y de sus enclaves arqueológicos más importantes, serían capaces de arrojar algo de luz a nuestro pasado, y por qué no, también a nuestro futuro.

Sabemos que por infinidad de lastres religiosos, políticos, económicos y demás intereses que nuestra sociedad mantiene, hoy por hoy, cualquier tentativa revisionista, no deja de ser más que una utopía. 
 

TRES CLASES HAY DE IGNORANCIA: 
  
 

NO SABER LO QUE DEBIERA SABERSE,

SABER MAL LO QUE SE SABE,

Y SABER LO QUE NO DEBIERA DE SABERSE.



  EL VERDADERO OSIRIS Y LA ATLANTIDA,SEGUN A SALMUS :

EL GRAN CATACLISMO

EL ORIGEN REAL DE OSIRIS Y ATLANTIDA SEGUN ALBERT SALMUS Y ELZODIACO DE DENDERAH REVELADO

Rara vez he leído con tanto asombro un libro. No me permitió relajarme; Slosman, en verdad sabe cómo captar nuestra atención. Desde el comienzo no se advierte al lector que esto no es una novela sino una historia real, una que pasó realmente. Fue una ardua tarea decodificar los jeroglíficos que describen los últimos años de la Atlántida. Gracias a sus enormes esfuerzos, ahora esta-mos familiarizados con los secretos de una civilización que se esfumó en un día, en un gigantesco cataclismo. En un minuto le ofreceré un breve resumen de Le Grand Cataclysme. Es chocante y se aplica directamente a nosotros. Más adelante comprenderá por qué, pero primero debe saber que el conocimiento de los atlantes sobre el movimiento de las estrellas y la posición de los planetas era muy superior al nuestro. Es de suma importancia que sepamos esto por-que nos conduce a develar sus secretos. Vea usted, ellos percibieron el fin de la Atlántida con sus conocimientos sobre astronomía. El día que la Atlántida se hundió bajo las aguas, un 27 de julio de 9792 a.C, Orion, Venus y algunas pocas estrellas y planetas más ocuparon algunas "posiciones codificadas". Los sumos sacerdotes que escaparon del cataclismo se llevaron los conocimientos con ellos y los guardaron en el laberinto (el Círculo de Oro) en Egipto. Y allí precisamente se elaboró el plan maestro para advertir a la humanidad sobre el próximo cataclismo. Esta historia increíblemente asombrosa debe ser conoci-da en el mundo entero, porque en el año 2012 las estrellas estarán exactamen-te en la misma posición que en el año en el cual la Atlántida se hundió.

 Osiris

La historia de Osiris (Orion) empieza en el año 10.000 a.C. L'An-Nu, el sumo sacerdote de Aha-Men-Ptah, reunió al consejo. Tenía noticias alarman-tes, pues con "cálculos matemáticos de las configuraciones estelares", estaba en condiciones de calcular la fecha del fin de su mundo. Esto se basaba en los

sucesos del cataclismo anterior, ocurrido el 21 de febrero de 21.312 a.C, cuando la Atlántida fue destruida en parte (la Tierra giró 72 grados en el zodíaco). Su mensaje fue sumamente doloroso y duro: "Hermanos, estamos hoy reunidos aquí para hablar de los aterradores acontecimientos que sufrirán nuestros bisnietos. Sin dudarlo, debemos organizar un éxodo de nuestro pueblo hacia otras regiones y esto representa un enorme esfuerzo durante mucho tiempo". Pudo oírse un murmullo y luego una ola de protestas, pero el alto prelado era inexorable: "No me baso en las sagradas escrituras sino en combinaciones matemáticas que pueden ser comprendidas por cualquiera que lo elija. Todo movimiento de las estrellas y los planetas se produce en armonía, siguiendo las leyes de Dios. Lo que sabemos con seguridad es que las 'combinaciones matemáticas celestiales' tienen influencia sobre todos los organismos de la Tierra, por medio de las configuraciones que representan. Eso, por una parte. Segundo, los cálculos de mis predecesores y de los científicos de nuestra 'Do-ble casa de la vida' de Septa-Rerep establecen que una catástrofe de descono-cidas proporciones nos aguarda. Durante la anterior, el Norte de nuestro país se convirtió en un enorme iceberg y fueron destruidas otras partes del mundo. Esta vez, nuestro país entero desaparecerá. He recalculado lo que nuestros científicos estimaron tantas veces con anterioridad, y lo único que podemos decir es que nuestro país desaparecerá por completo bajo las aguas. No queda-rá nada, y si no se toma ninguna medida no habrá nadie que pueda contar la historia de nuestra patria, porque pertenecerá al reino de los muertos".

La mayoría de los oyentes permanecían en silencio, pues estaban impre-sionados por lo que acababan de oír. Uno de los miembros más ancianos inter-pretó la conmoción general: "¡No dudo del poder de sus palabras! Es lógico que si aceptamos este gran cataclismo como algo que sucederá con certeza, aquí debemos discutir el éxodo con calma. Pero esto significa la construcción de cientos de miles de barcos, sin mencionar toda la comida que se necesita para millones de personas. Se requiere la intervención de varias generaciones de preparativos". 
L'An-Nu volvió a hablar: "La ley celestial determina la armonía de los cie-los y el movimiento matemático de la Tierra a lo largo del tiempo. Sobre la base de esto, 'aquellos que saben de números', podrán determinar la fecha exacta y la ley causante de la catástrofe. Se producirá el 27 de julio de 9792 a.C, dentro de 208 años y será inevitable. Por lo tanto, apresúrense, honorables miembros del consejo, a tomar las medidas necesarias para que dentro de dos siglos

todos puedan abandonar estas tierras e iniciar una segunda patria. Los prime-ros signos de lo que nos aguarda ya son visibles en el horizonte, donde el Sol está más rojizo a su salida. Aquí concluyo mi argumento, el Este tendrá color rojo, tan rojo como nuestra sangre, porque nuestro imperio pertenecerá a los muertos". 
Esto produjo el efecto deseado. A partir de ese día, empezaron a tomar las medidas precautorias necesarias para llevar a cabo un éxodo sin fallas. 
Los años transcurrieron. En 9842 a.C. nació el primer hijo del rey Geb y la reina Nut. Era un varón y su madre le puso el nombre de la constelación que dominaba el cielo meridional, es decir, Osiris u Orion. Estaba predestinado a convertirse en el gobernante 589° de Aha-Men-Ptah. (Posteriormente, Aha-Men-Ptah fue llamada Atlántida, por los filósofos griegos.) En 9841 a.C. nació su hermano Seth y un año más tarde, sus hermanas mellizas Isis y Nepthys. Todos amaban a las dos niñas, pero Seth se comportaba como un pequeño tirano. Envidiaba el éxito de sus hermanas y estaba sumamente enojado por no ser el heredero del trono. A Isis le gustaba reír y a menudo se la veía en compañía de Osiris. El rey Geb observó una estrecha relación entre los dos y decidió que se casaran. En presencia de una gran audiencia, el matrimonio fue solemnizado. Seth estuvo ausente, dado que estaba furioso cuando se enteró del casamiento. En un rapto de ira, se marchó luego de amenazar con vengar-se y cometer fratricidio.

De la unión entre Isis y Osiris nació Horus. Mientras tanto, Seth se dedicó a reunir un ejército cada vez más grande. Muchos de sus rebeldes se irritaron al tener que realizar las medidas coercitivas que les infligían para el cataclismo venidero, rehusándose a seguir participando de las tareas por algo en lo que ellos no creían. En esos tiempos difíciles, Osiris se convirtió en el nuevo gober-nante, a los treinta y dos años de edad. Era 9805 a.C, y faltaban trece años para la fecha del cataclismo. Osiris, inmediatamente tomó medidas para ase-gurarse la fidelidad de los otros estados del país. Formó un ejército que no sólo tendría que conquistar a los rebeldes, sino también proteger los puertos y los depósitos de almacenaje. Miles de botes se guardaron, luego de haberse dado cuenta de que muchos de ellos se habían ido y ahora servían como madera para hacer fuego. Una profunda reorganización tuvo lugar para que pudiera lograrse una tranquila evacuación de aquellos que permaneciesen leales. 
El resto de la tierra era un caos causado por Seth. Hubo una increíble cantidad de material a utilizarse en el éxodo que se tornó inútil, se demolió, se 
rompió o fue robado. Seth ejerció una dictadura criminal y provocó el terror, demostrándolo cuando envió de regreso a dos embajadores del palacio, decapi-tados, en sus ataúdes. Su mensaje era claro: "No voy a negociar".

Sólo quedaban tres años. Horus tenía 24 años cuando su tío incorporó su séptimo estado y ordenó la inmediata destrucción de 4.000 "Mandjits". Estos barcos a prueba de hundimientos, ¡deberían asegurar la supervivencia de 30.000 personas de esa provincia! Luego de este insensato aniquilamiento hubo un impasse por unos tres años. Un par de semanas antes del cataclismo, Seth intensificó su ataque vigorosamente. En la noche del 26 de julio pudo hacerse con la capital, por sorpresa. Sin duda, todos estaban preocupados por el cata-clismo venidero que interfería con las medidas que debían adoptarse para la defensa. 
El resultado fue desastroso. Hubo saqueos y asesinatos; sólo el palacio real no fue tomado. Seth discutió con sus capitanes la estrategia necesaria, pero decidió no atacar porque sus tropas estaban demasiado ebrias y en este estado no iban a hallarse en condiciones de conquistar las tropas de élite, que se encontraban bajo el mando de Horus. La oposición también supo que Seth no tomó prisioneros y que ellos iban a luchar con todo su vigor por sus vidas. Entonces pensó en una treta. Envió un mensajero al palacio para ofrecer una rendición honorable, con la condición de que Osiris en persona viniera a fir-marla. A pesar de las advertencias de Geb, Nut e Isis, el rey decidió ir. Dejó la defensa en manos de su hijo Horus. Lo escoltaron seis hombres y un oficial. Osiris condujo hasta el lugar del encuentro, pasando por las ruinas en llamas de su capital. Antes de que pudieran reaccionar, las lanzas penetraron los corazones y las cabezas de sus escoltas y los hombres fueron brutalmente asesinados. El rey apenas había sido herido y fue conducido a una habitación donde Seth, con sus oficiales comandantes, lo aguardaban con impaciencia. Convencido de su triunfo, Seth miró a su hermano con arrogancia, en tanto que este sólo lo observaba con profunda tristeza. Entonces, una ira irracional lo invadió. Tomó la espada de uno de sus capitanes y la clavó en el cuerpo de su hermano; ni un sonido se oyó de los labios de Osiris. Luego, le ordenó a sus capitanes que hicieran lo propio. Osiris murió sin emitir un solo sonido. Seth miró a su alrededor, notó que allí había una piel de toro y arrojó el cuerpo aún tibio sobre ella, atando las dos partes que la constituían. Después, ordenó a sus capitanes que arrojaran el "paquete" al mar. Los peces carnívoros y los cangrejos se darían un festín con él.

 En el palacio, Nepthys, que tenía el don de la videncia, vislumbró los trá-gicos acontecimientos. Luego de comunicárselos a Horus, este decidió lanzar un contraataque. En muy poco tiempo reunió a dos mil hombres, les explicó lo ocurrido y les informó qué se esperaba de ellos. Con sus corazones llenos de enojo, comenzaron el ataque, matando instantáneamente a cada rebelde que encontraron a su paso. Pronto arribaron al lugar donde habían asesinado al padre de Horus. Eran espectadores de una escena apocalíptica: estaba lleno de cuerpos a los cuales se les había dado muerte de una manera bestial, pero Osiris no estaba allí. Horus continuó con la reconquista y pronto recibió re-fuerzos de los habitantes y de las otras brigadas. Justo antes del atardecer, la capital fue liberada, ¡pero completamente destruida!

Osiris retomó su lugar a la diestra de Dios, lo cual indica que la Tierra se dará vuelta. 
En el momento en que el Sol debía elevarse sobre el horizonte, no sucedió nada. 
Era el 27 de julio de 9792 a.C. y ese sería el último día de la Atlántida. Apareció un ocaso irreal, sin sol ni cielo; una bruma rojiza, sofocante, de difu-sa claridad a causa de su espesor, fue tendiéndose como un manto parejo que no sólo absorbió todos los sonidos sino también la luz del Sol. La respiración se hizo difícil debido al profundo olor a muerte que dominaba la atmósfera. En todo el continente, la gente comprendió que lo inevitable estaba por desenca-denarse. El instinto de supervivencia afligió a todos con un intenso temor del drama que estaba por venir. No hay palabras para expresar el pánico que se desató. En los anales está registrado en detalle y puede comprenderse el pandemónium descripto, al pensar en el temible panorama que la gente debía enfrentar. La mañana transcurrió sin que nadie estuviera en condiciones de precisar la hora, porque el Sol permaneció invisible detrás de la sofocante niebla, que se tornó color rojo sangre.

Horus comprendió que este era el fin de su país. También se dio cuenta de que si la desesperanza de su pueblo era así de enorme, mucho peor iba a resultar con los rebeldes. Entonces, decidió aprovechar esta situación y ases-tar un golpe definitivo a las tropas de su tío. Brevemente, explicó esto a sus comandantes, quienes se entusiasmaron mucho con la idea. Les prometió a los soldados que podrían irse a tiempo con sus familias. El asfixiante silencio de la bruma estaba enloqueciendo a las tropas y, debido al olor insoportable y a este rojizo fenómeno, casi perdieron la razón. Como consecuencia, se produ-jo un violento encuentro con el enemigo, algo que pareció casi un sueño, pues la borrosa bruma aún impedía una clara visión.

Entonces, la furia celestial se hizo conocer en su omnipresencia; suaves terremotos pusieron fin a la batalla. Nadie pudo ganar porque todos iban a perecer. Muchos fueron arrojados al suelo con sus cuerpos temblorosos a cau-sa de las siniestras oscilaciones. Esto se prolongó con igual intensidad, mien-tras la bruma impenetrable parecía aclararse.   ' 
En el palacio, Geb asumió el mando nuevamente. El monarca anterior no tenía otra alternativa, pues su hijo estaba muerto y Horus aún no había toma-do su juramento. Basándose en las leyes reales, decidió iniciar de inmediato el éxodo general. Debieron abandonarlo todo, sin ninguna esperanza de recupe-rarlo. Primero se envió la orden al puerto para poder empezar con las acciones y medidas planificadas y evitar, en lo posible, el pánico. Los soldados reales estaban todos allí para facilitar la partida del pueblo que estaba a punto de huir. 
En el puerto real había miles de "Mandjits", cuya característica principal era que no podían hundirse. Estaban rigurosamente protegidos y a bordo te-nían equipos completos de supervivencia, como por ejemplo, botellas de agua, tortas de cebada, cereales, etc. Se había practicado la evacuación hacía tiempo y esta había funcionado sin fallas. En un breve lapso, cientos de miles de personas se embarcaron. A su vez, comenzó la evacuación de la familia real y de los sumos sacerdotes. Todos se dirigieron a los botes que ya habían sido 
designados con anterioridad. Para estas personas, las medidas que se habían tomado hacía años, ahora estaban rindiendo sus frutos. El sumo sacerdote, con calma, impartió sus órdenes, las cuales fueron acatadas al pie de la letra. Un gran contingente de seguidores pusieron los tesoros a salvo; nadie tenía la menor idea del alcance de la catástrofe, aunque todos se imaginaban lo peor.

A ciento sesenta kilómetros, los antiguos volcanes que tenían más de mil años de antigüedad se reactivaron. Con un enorme poder arrojaron rocas, tierra y polvo al aire, y la bruma volvió a tornarse espesa. Una lluvia de piedras más pequeñas y pedazos de toda índole cayeron sobre la capital y el puerto; como consecuencia de ello muchas personas fueron heridas o murieron. En medio del pánico que sobrevino, perdieron el autocontrol y comenzaron una verdadera carrera hacia el puerto. Todos arrojaron lo que llevaban consigo, para poder escapar más rápido. Cualquier indicio de pensamiento humano fue reemplazado por un puro instinto animal de supervivencia. Los soldados fue-ron atropellados por esta estampida de personas. La turba saltó a los barcos de papiro que estaban recubiertos con resina y betún para impermeabilizarlos y hacerlos indestructibles. El terror causado por los horribles e inimaginables acontecimientos hizo que la gente olvidara toda noción de seguridad. En lugar de subir a bordo en un número no mayor a diez por barco, luchaban por subir en los primeros Mandjits a su alcance. Cientos de barcos se hundieron junto con sus pasajeros ni bien zarparon, o incluso antes de hacerlo. Miles de des-afortunados murieron en el puerto, el cual ya no iba a subsistir por mucho tiempo más. 
Desde lejos se podía oír los volcanes otra vez, que arrojaban lava al aire. El resto de la aterrorizada población que permaneció en tierra, pereció en un torrente de fuego. Cientos de miles de litros de un infernal fuego líquido, halla-ron su camino en los pueblos y las ciudades, destruyendo y cubriéndolo todo a su paso.

En medio de este terrorífico curso de los acontecimientos, Nepthys e Isis buscaban el cuerpo de Osiris. Nepthys condujo a su hermana a través de la bruma de la invisibilidad. De los soldados que los acompañaban sólo quedaron tres. Dado que la "vidente" tenía grandes dificultades para concentrarse en el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo envuelto en el cuero del toro, la búsqueda se hacía muy difícil. El pánico omnipresente y los miles de cadáve-res complicaban su tarea. Al parecer, eran los únicos que aún permanecían vivos en este inmenso cementerio, donde las aves, otros animales y las perso- 
ñas habían muerto. ¿Valía la pena seguir buscando, si de todos modos iban a morir? 
Eso era exactamente lo que se preguntaba Seth. Luego de los primeros temblores, la parte principal de sus brigadas partió; los que se habían reído incrédulos ante el profetizado final de su mundo, se apresuraban a escapar de su desobediencia a las leyes de Dios, aunque para muchos ya era demasiado tarde. Seth se dio cuenta de que esta rebelión contra las leyes celestiales ha-bía, incluso, acelerado el proceso inevitable. Se quedó solo, estupefacto y sin comprender qué había sido de su honor y su reino perdidos.

Horus les dio a los hombres restantes la libertad de partir en orden y decidió quedarse a la zaga y buscar a su tío, para matarlo en venganza por su padre. Ahora había dos hombres en el bosque, cuyas cabezas estaban atibo-rradas con los trágicos sucesos, sabiendo ambos que uno debería matar al otro a ñn de sobrevivir. 
Una vez más, la furia celestial se desató. El tumulto en el puerto ahora estaba en su punto máximo. Cientos de miles se empujaban en la densa niebla para poder abordar alguna nave. No había soldado que pudiera cumplir con su deber en esta masa de gente que se atrepellaba camino a la muerte. Las prime-ras filas simplemente fueron echadas al agua. En ese momento, los rebeldes que aún quedaban llegaron al puerto. Con una despiadada violencia se abrie-ron paso hacia los botes. Todo el que se interponía en su camino era arrojado al agua o asesinado, luego de lo cual, los soldados se arremolinaron frente a los barcos. Pero a causa de su miedo, cometieron los mismos errores que aque-llos que los habían precedido, pues sobrecargaron los botes con demasiados hombres. En cuestión de segundos se hundieron y los ahogados se unían a las pilas de cuerpos flotantes. Otros se dirigieron al puerto real donde se llevaba a cabo el éxodo con toda calma, pero con gran apuro. Los rebeldes provocaron un gran derramamiento de sangre y enfilaron hacia el mar en barcos hurta-dos. Afortunadamente, el sumo sacerdote y su familia, junto con otras naves que también transportaban a sacerdotes, ya habían partido. Debido a la densa niebla, no les era posible ver u oír nada acerca de este criminal episodio en el último día de su reinado. 
Mientras tanto, los comandantes se acercaban unos a otros sin que se dieran cuenta. La niebla los hacía invisibles e inaudibles entre sí. Seth miró a su alrededor cuando una ráfaga de viento rasgó la niebla; entonces vio a Horus, que estaba meditando a unos veinte metros de distancia. Lluno de odio y sufri- 
miento, con el deseo de matar al hijo de su hermano, dio un paso adelante. Otra vez la Tierra temblaba y se expandía una temeraria sinfonía, cuya fantasmal imagen era pesada y siniestra. La lava volvía a correr, continuando su destructivo trabajo. Los árboles se quebraban como si sólo fuesen pequeñas ramas y luego ardían en llamas. El fuego rugiente mataba todo lo que encontraba a su paso, tanto vegetal como animal. Nada podía escapar a eso. Un desagradable olor acompañaba todo ese panorama. Seth, quien en ese momento se encontraba sólo a tres pasos de su sobrino, cayó presa del miedo; un pánico irracional se apoderó de él y atacó sin pensar. Su grito se perdió en el ruido atronador del bosque envuelto en llamas, cuando su espada rozó el hombro de Horus; con otro golpe le pegó a la cara de su sobrino. Horus estrechó sus manos frente a su rostro y pronto estas comenzaron a sangrar. Seth estaba seguro de su vic-toria y se escapó, tratando de huir del torrente de lava que se aproximaba. Aunque Horus aún estuviera vivo, con seguridad iba a morir en ese torrente de fuego fantasmal. Unas enormes nubes ardientes provenían de la lava, la cual serpenteaba emitiendo monstruosos silbidos. Cada vez se acercaba más al hijo de Osiris quien, solo y muy herido, había quedado a merced de los cielos. Había perdido su ojo derecho y el otro estaba lleno de sangre, tenía una rodilla destrozada y un hombro roto, pero aún estaba vivo, aunque no podía ver ni moverse. Sabía que el infierno se cernía sobre él y tenía la esperanza de que Isis y el resto de su familia hubieran podido escapar a tiempo. El arroyo hir-viente llegó a los árboles cercanos y los destruyó en apenas unos segundos. Un profundo suspiro se escapó de sus pulmones y sintió el intenso calor que en breve lo iría a quemar hasta convertirlo en cenizas. 
Entonces se produjo el milagro. Horus yacía sobre un afloramiento de granito, dado que la lava no podría pasar por allí; más bien sólo podría rodearlo, dejándolo a salvo por algún tiempo. 
En la costa, por fin Nepthys tuvo éxito. Divisó una pequeña bahía con una enorme higuera. Allí, en una rama que se encontraba sobre el agua debería estar colgado el cuero que guardaba el cuerpo de Osiris. Se comprobó que esto era cierto. Isis suspiró con alivio, pues al final, su demora en abandonar esta tierra había tenido su recompensa. Las dos hermanas, con cuidado tomaron el cuero y los soldados lo colocaron en uno de los pequeños Mandjits que había por ahí abandonados. Al cabo de un corto intercambio de ideas, la reina le ordenó a su hermana que se uniese a su familia junto con los soldados. Isis se fue sola en busca de su hijo, quien era el heredero legal del reino que ahora se 
había perdido y llegó al palacio real donde Geb y Nut se disponían a partir. Habían estado aguardando las noticias de su hijo y nieto, desesperadamente. Confrontados con la resoluta decisión de Isis de buscar a su hijo, Geb impartió sus últimas órdenes. Sin más demora, Nut y los restantes jefes debían irse, siendo su lugar de destino, allí donde terminaba el parque y empezaba el ca-nal. Dos fuertes galeras que eran lo suficientemente resistentes como para navegar por los mares más bravios los aguardaban. Un nuevo país iba a nece-sitar una nueva madre, señora de un nuevo cielo, la cual, en ausencia de Osiris y Horus, debía enseñarles a los sobrevivientes cómo vivir en su segunda patria. Su nombre sería Ath-Ka-Ptah, cuyo significado literal era "Segunda Alma de Dios", el cual luego sería cambiado fonéticamente por los griegos por Ae-Guy-Ptos (o Egipto, en castellano).

Nut, a quien no le había gustado tener que dejar a su amado, fue arrastra-da por los incontrolables elementos. Una enorme explosión en el centro de la capital sacudió a los sobrevivientes, impeliéndolos hacia el caos. Geb, que ha-bía decidido acompañar a su hija, se apoderó de varios caballos para poder moverse lo más rápido posible. En cuanto vio todo ese daño y caos, dudaba de que Horus aún estuviera con vida. Pero Isis no quería oír hablar de abandonar la búsqueda. Con confianza lo alentó a continuar, aunque no era una tarea fácil en medio de la niebla. De repente y de la nada, empezó a aclarar y por primera vez hubo luz ese día. La actividad volcánica en la distancia, habiendo lanzado miles de toneladas de lava, se detuvo y un silencio sobrenatural los rodeó. ¡Esto tendría que ayudarlos a encontrar a Horus! Pero ¿dónde buscar-lo? Isis extendió sus brazos hacia el cielo y rezó: "¡Oh, Ptah-Hotep, rey de los cielos, abre tus esclusas y deten el fuego; salva al hijo de tu hijo! Ordena que este día del gran cataclismo no se convierta en el día del gran luto. Oh, Ptah-Hotep, rey de la tierra, ordena que el gran arroyo abra todas sus reservas!" 
Seis mil años después, esta plegaria está cincelada en todas las tumbas del valle de los reyes de Luxor, y también en Dendera. Y en los anales del libro The Four Times [Las cuatro veces] se lee: "La plegaria de Isis fue respondida y una lluvia rojiza se esparció sobre la tierra, como si la sangre de los muertos se hubiera desparramado sobre la tierra rasgada". Al cabo de algunas horas, la lava se había enfriado y para Isis y Geb era difícil trepar por ella. La reina, desesperada por la tristeza, no sabía qué camino elegir en este desolado paisa-je. Como su padre, estaba completamente mojada y exhausta, y apenas podía moverse Ljor entre las rocas endurecidas. Entonces, Isis vio el cuerpo que esta- 
ba buscando... ¡y parecía moverse! Lágrimas de alegría brotaron de sus ojos. Horus pensó que estaba alucinando, pues no podía ser que su madre estuviera tan cerca. Pero una mano lo tocó y una voz amorosa le habló: "Ya no tengas miedo hijo mío, Dios me mostró el camino para llegar a ti y salvarte".

Isis, en su mano, juntó un poco de agua que brotaba de la roca y lavó la sangre del ojo que Horus no se había lastimado, entonces él pudo ver a su madre y también lloró de alegría. Trató de pararse, pero se hubiera caído pesa-damente si su abuelo no lo hubiera sostenido, a raíz de su rodilla destrozada. Con la ayuda de Isis, lo tomaron por los hombros y muy despacio lo llevaron hacia los caballos que aguardaban pacientemente. Allí, Geb habló con una voz que no admitía réplica alguna: "Isis, debes irte de inmediato, Osiris escondió un Mandjit bajo un techo en el Lago Sagrado. Apresúrense los dos para llegar allí y vayanse lo más rápido posible al mar abierto. Hay sólo un par de remos a bordo y les resultará fácil partir. Yo soy prácticamente un peso muerto para ir con ustedes; además, aún debo arreglar algunos asuntos en el palacio. No piensen en mí, ¡es una orden! Sólo piensa en tu hijo. Ahora, vayanse". 
"¡Pero, padre!" 
"¡Vayanse, es una orden!"

Era imposible oponerse a su decisión e Isis se fue, con su otro caballo detrás de ella. Durante la travesía le habló a su hijo de manera alentadora. Ella sabía que el sufrimiento debía ser insoportable y trataba de hacerle olvidar el dolor por un momento. Llegaron al barco sin ninguna dificultad. Isis se sentó en el lugar de los remos y comenzó a remar con vigor hacia el estrecho, donde probablemente podría cambiar por un barco más grande y Horus podría ser cuidado por otros sobrevivientes. Luego de haber pasado el canal grande y el pequeño, se produjo el primer choque sísmico verdadero. La tierra fue arrojada hacia los cielos, mientras una intensa luz destellante atravesó el cielo antes de desaparecer en las aguas, en dantescas llamas saltarinas. Horus no se dio cuen-ta de ninguna de estas convulsiones de la tierra, pues estaba inconsciente. 
Durante ese día -día que aparentemente nunca llegaba a su fin (27 de julio)-, el destino de Aha-Men-Ptah quedó sellado. En el extremo meridional del continente que se hundía, flotaban los Mandjits considerados como impo-sibles de hundirse y ahora había llegado el momento de probar su reputación. En Occidente, el cielo aún brillaba con un color púrpura, a causa de los acon-tecimientos producidos por el cataclismo. Pero ¿en verdad era el Oeste? Se avecinaba una tormenta, en tanto olas de varios metros de altura se estrella- 
 ban contra los Mandjits. El agua entraba por los huecos de las embarcaciones haciendo difícil que estas se mantuvieran derechas. Luego de un período rela-tivamente tranquilo, la violencia volvió a desatarse. Esta vez fue un ciclón y algunos de los barcos de papiro se hicieron trizas. En estas enormes masas de agua, los capitanes sobrevivientes de los barcos trataron de luchar contra el terror de la naturaleza. Aún no habían sobrepasado el límite de lo imposible. En el cielo púrpura que ahora estaba tranquilo, de repente vieron salir el Sol con movimientos abruptos y lo observaron con angustia. Se aferraron a las barandas de los barcos para cerciorarse de que todavía estaban a bordo. Unos minutos más tarde, el Sol volvió a desaparecer y sobrevino la noche. Para su asombro, las estrellas también adoptaron ese ritmo rápido; luego la Luna apa-reció y se movió con tal velocidad por el cielo que parecía que iba a chocar con la flota. La noche entera sobrevino en menos de una hora. Nadie sabía qué estaba sucediendo, nadie podía decir si este día sería seguido por otro o no. El

Esta es una de las ilustraciones fundamentales, escritas en las paredes de los templos egipcios. Muestra el escape de Osiris, Horus e Isis. A la izquierda está la inundación y a la derecha, los Mandjits casi destruidos. En el medio la reina Nut. Ella los protege.

 horizonte se mantuvo color carmín, con una claridad sobrenatural, fantasmal y enigmática. Todos pensaban que su final había llegado, como así también había llegado el fin del mundo, por obra de titánicos terremotos. Todo se había ido, excepto la bruma. 
En el horizonte la calma reinaba otra vez. Un chorro de piedras incandes-centes fue arrojado en la lejanía y el mar turbulento se encendió. Mientras caía una lluvia de fuego, los sobrevivientes se dieron cuenta de que habían presen-ciado las últimas convulsiones de Aha-Men-Ptah. Para muchas personas era demasiado duro de creer, pues por generaciones y generaciones su tierra ha-bía sido el centro del mundo y ahora se caía a pedazos, mezclándose con las aguas que se elevaban, abandonándolos. Los que tenían buena vista pudieron ver a través de una niebla púrpura que las últimas montañas habían desapa-recido bajo las aguas. ¡Nada había quedado! ¡Nada!

Este hundimiento elevó el nivel de las aguas. Una ola gigantesca, de doce metros de altura y varios kilómetros de ancho se aproximó envolvente hacia ellos, destruyéndolo todo a su paso. Cientos de personas fueron arrojadas al mar pero, afortunadamente, muchos se habían atado a los mástiles, con las sogas que colgaban de las velas. Isis y Horus estaban atados sujetos en su barco per-dido, igual que Nepthys y Nut y sus compañeros. ¡Y Seth también! Él se las había ingeniado para escapar y ahora buscaba a los "Hijos de la Rebelión". 
Mientras tanto, Horus empezó a diseñar estrategias tratando de olvidar su insoportable dolor. No iría a salvarse permaneciendo en su barco; a fin de sobrevivir, debía elegir un lugar de destino donde pudiera desembarcar sin peligro. Se preguntaba cómo podría suceder todo esto. Del "Maestro de las Combinaciones Matemáticas Celestiales" había aprendido que la Tierra era una esfera, igual que la Luna y el Sol. La observación, seguida por minuciosos cálculos de figuras geométricas formadas por los planetas y los cuerpos celes-tiales, habían revelado una única ley universal, la cual condujo a este gran cataclismo. Pero la Tierra iba a seguir existiendo, aunque fuera .destruida en su mayor parte por los acontecimientos. Esto era algo esperanzados 
De repente, Horus se dio cuenta de que los Mandjits no se mantendrían a flote. Habían sido tratados con betún y este ya se estaba derritiendo a causa del calor. Pronto comenzarían a tener filtraciones y desaparecerían en las pro-fundidades. Después de este descubrimiento, volvió a dormirse y llenarse de sueños. Se preguntaba por qué los sacerdotes apuntaban a la falta de creencia como la causa principal del cataclismo. ¿Acaso su Creador no sentía ninguna 
 piedad por ellos? Él tendría que empezar todo de nuevo para poder compren-derlo. Un grito de su madre lo devolvió a la realidad. Abrió el ojo que le queda-ba, que por cierto tenía severas heridas, y a través de la bruma preguntó: "¿Hay algún problema con los Mandjits, madre?" 
"No, es el día, el cual aparentemente está comenzando por el lado correc-to". 
"¿Por el lado correcto? ¡Eso es imposible! Eso sería posible sólo si estuvié-ramos en la dirección equivocada".

"Por cierto que es el Este, Horus, porque hay tierra visible en el Oeste". 
El nuevo acertijo dejó a Horus perplejo; ya era hora de encontrar una solución para todos estos acontecimientos apocalípticos. Un clamor angustio-so provenía de todos los barcos cuando vieron este inexplicable movimiento del Sol. Todos estaban aterrorizados. Pero el día transcurrió con el Sol del lado equivocado, sin que nada sucediera y la paz fue restituida. Isis se cambió la ropa y fue reconocida por su pueblo. Cuando estuvieron cerca, ella habló con voz estentórea: "Les hablo a todos, si están dispuestos a vivir en paz con Dios, quien los creó a su imagen, entonces una segunda patria los aguarda: Ath-Ka-Ptah. Allí, los rayos de un segundo Sol se encargarán de nuestra resurrección". 
En otro barco, Nepthys pensaba. En la proa se encontraba el cuerpo de su querido hermano, envuelto a salvo en el cuero del toro. De repente ella "vio" ¡a una persona muerta!, algo que no tenía cómo explicar... 
Entonces se llenó de regocijo; comprendió que un milagro se había produ-cido. Frente a ella, Osiris apareció en el cielo estrellado. ¡Él, que había nacido como un Dios y asociado con esta constelación, renacía en el cielo! Su Padre, para hacerles saber de su omnipresencia en toda circunstancia, ¡le dio vida otra vez a su Hijo! 
Nepthys no sabía por qué, pero de pronto se sintió llena de confianza en sí misma. 
Aquí la historia de los muertos de la Atlántida llega a su fin. Todos los hechos estarían entretejidos más adelante en la religión egipcia.

La constelación de Orion -nombre con el cual Osiris fue designado-, hallará su imagen en la Tierra en las tres pirámides de Giza. El hecho de que Orion (Osiris) volvió a "despertar" en el cielo estrellado, se convertirá en la fuerza conductora que sustenta la religión estelar egipcia. Todos los posterio-res faraones que fueron sucesores quisieron "renacer" en la bóveda de estre-llas, como lo había hecho su ilustre predecesor. Por eso, las pirámides están

Osiris, Amo de las Dos Tierras: Aha-Men-Ptah y Ath-Ka-Ptah. 
construidas a semejanza de las estrellas; la culminación del ciclo real de nacer de nuevo. En esencia, una religión basada en estrellas se generó a partir de la creencia de que los reyes muertos se convertirían en almas estelares. ¡Esta religión iba a durar más de 9.000 años! 
Los faraones se consideraron a sí mismos como los seguidores de Horus reencarnado, el Viviente. Cuando murieran, renacerían a fin de poder elevarse a las estrellas. Todos los funerales tuvieron lugar en la margen occidental del Nilo, donde la comarca de las pirámides simbolizaba el área que rodeaba a Orion en las "orillas" de la Vía Láctea. El traslado de los cuerpos muertos a la °rilla opuesta del Nilo era un simbólico pasaje ritual del alma hacia el otro lado del Nilo celestial (la Vía Láctea), donde se encontraba el paraíso celestial y 
donde Osiris empuñó el cetro. Ahora todos pueden comprender por qué: Orion (Osiris) fue el primer rey-Dios que resucitó, ¡por eso el monumento erigido en su nombre es la mayor obra "arqueoastronómica" de la resurrección que ja-más haya existido! 
Los puntos cardinales en esta brújula eran importantes en este ritual, pues el Sur marcaba el comienzo del ciclo, el Oeste el inicio de la muerte sim-bólica en el momento en que la estrella desaparecía en el horizonte; el Este simbolizaba el renacimiento de la estrella. Todo esto es una reminiscencia de los acontecimientos del día del "Gran Cataclismo". Aparte de eso, hay centena-res de cosas que podrían simbolizar la religión y los hechos interconectados. Por ejemplo, en Heracleópolis, se ofrendaba un toro por día para que tomaran su cuero; en el templo de Dendera, el cuero del toro simbolizaba la mayor santidad. El ojo perdido de Horus puede hallarse en el pecho de todos los faraones, etc. En Egipto, también es posible encontrar "arcas" de la Atlántida.

 LOS MANDJITS DE LA ATLÁNTIDA

Del capítulo anterior sabemos que los sobrevivientes de la catástrofe tu-vieron que agradecer por sus vidas a los Mandjits, que tenían fama de perma-necer siempre a flote. Naturalmente, sus descendientes iban a incluir este gozoso suceso en su religión. El descubrimiento de embarcaciones en medio del desierto, sólo representó una fuente de problemas insuperables e inexpli-cables para los egiptólogos. En mayo de 1954, el arqueólogo Kamal-el-Mallakh halló un pozo en el lado sur de la Gran Pirámide, de 31,5 metros de largo y 23,5 metros de profundidad. Dos metros debajo de eso, encontró bloques de piedra caliza, algunos de los cuales pesaban más de quince toneladas. Debajo de este techo de piedra se encontró un bote de cedro, desarmado. 
Tardaron catorce años en reconstruirlo, pero el resultado valió la pena, pues resultó ser una nave de 43 metros de longitud, del mismo tamaño que tenían las que eran usadas por los vikingos para cruzar el Atlántico. El hallazgo provocó muchos interrogantes entre los egiptólogos. Si este barco había sido construido por armadores que tenían conocimiento de navegación en el mar abierto, entonces ¿quiénes eran ellos? Según la historia ortodoxa, los egipcios fueron nómadas durante algunos siglos antes de la construcción. ¿Dónde habrían podido ad-quirir los conocimientos en el desierto para construir embarcaciones para na-vegar en el mar? Por cierto, podría decirse que los faraones sólo los usaban en los rituales, pero aun así, ¿de dónde obtuvieron el diseño? Preguntas, pregun-tas y más preguntas. Por supuesto, ya sabemos que la única respuesta lógica es que provenía de sus antepasados, los cuales usaron embarcaciones simila-res para escapar de su país. En 1991 el misterio fue aun mayor para los egiptólogos. En Abydos existe uno de los edificios más antiguos de Egipto, el Osireion. Según el profesor Naville, quien descubrió la estructura en 1914, este enorme edificio fue un gran depósito de agua que se llenaba cuando subía el rio Nilo. El templo cercano de Seti estaba dedicado a Osiris. Los textos de la 
pirámide dicen lo siguiente sobre el tema: "Tú has muerto, pero vivirás de nuevo. Ve al lago y sigue por el canal a Abydos".

Una vez más, vemos aquí la conexión con los acontecimientos que habían sucedido casi doce mil años antes. Osiris (Orion) se encontraba en una bahía y fue transportado por el mar. Luego, él "despertó" en el cielo. Si echamos una cuidadosa mirada al mapa estelar, veremos que la Vía Láctea se encuentra situada próxima a la constelación de Orion. En Egipto se asociaba al Nilo con la Vía Láctea (o el mar de estrellas), por lo tanto, la historia es correcta en todos sus detalles. Una reconstrucción de estos datos nos ofrece la siguiente histo-ria. Orion, que está en la pirámide, debe ir al lago y desde allí, al Nilo en dirección a Abydos. Naturalmente, esto sólo puede hacerse por barco. Y ¿qué encontramos a un kilómetros hacia el Noroeste de Osireion? Exactamente doce grandes barcos. ¿Por qué doce? Es probable que haya una conexión con el zodíaco. En la publicación The Guardian, del 21 de diciembre de 1991, leemos lo siguiente al respecto: "Una flota de barcos reales de hace cinco mil años fue hallada a 31 kilómetros del Nilo. Los expertos dicen que los barcos, que pue-den variar en longitud de 15 a 18 metros, son los primeros barcos reales de Egipto y los más antiguos que se hayan encontrado". Ocultas en sus sepultu-ras de ladrillos, las embarcaciones probablemente fueron colocadas primero sobre la arena del desierto. La capa de tiza blanca alrededor de los sepulcros permitía que, bajo el Sol, se advirtiera su brillo desde lejos. Los investigadores también convinieron en que los barcos pudieron soportar las peores condicio-nes climáticas en el mar. Sin embargo, eran 500 años más antiguos que el barco de la pirámide. Otro sorprendente misterio fue que los mismos barcos se hallan representados en pinturas murales que son 1.500 años más antiguas. Los egiptólogos aún no logran resolverlo. Pero nosotros sí que lo sabemos, pues los atlantes eran una nación con muchas habilidades como navegantes que hasta trazaron un mapa perfecto de la Tierra. Sabían todo acerca del mo-vimiento de las estrellas y los planetas, y este conocimiento era necesario para que sus marineros pudieran navegar hacia otros países. En su libro The Paíh ofthe Pole [La senda del Polo], el profesor Charles Hapgood escribe:

Todo investigador serio debe conseguir un gran mapa moderno de la Antártida, ya sea el que produjo National Geographic Society o el que pre-paró American Geographic Sociely, que es más elaborado y más moderno. En ese gran mapa debe seguir la costa, comparándola con el mapa de 
Oronteus Finaeus y esta tabla. Estoy seguro de que llegará a la conclusión de que la concordancia entre los mapas antiguos y modernos está com-pletamente más allá de toda probabilidad de coincidencia. Como un comen-tario final sobre esta extraordinaria evidencia, diré que aunque está com-probado que este mapa ya existía en 1531, no hubiera sido posible dibujar uno con semejante precisión en los tiempos modernos, hasta la invención del cronógrafo en el reino de Jorge III, alrededor del año 1780. Este instru-mento primero hizo posible la determinación exacta de la longitud. Conclu-sión: el mapa es una evidencia de una adelantada civilización perdida. 
Con este conocimiento y gracias a los Mandjits, los atlantes pudieron es-capar al cataclismo; a ellos les deben sus vidas. Por eso el éxodo a través del mar seguía repercutiendo miles de años más tarde. A causa de esto, mucho después se construyeron enormes barcos de piedra y con las mismas exactas proporciones; algunos fueron descubiertos en Abusir y Saqqara, en el camino a Giza, con sus proas apuntando hacia el Oeste.

El barco en Abusir mide cerca de 30 metros y es un verdadero monumen-to. El nombre que había sido cincelado en él en jeroglíficos es lo suficientemen-te claro: "Padre de Osiris". en otras palabras, ¡Dios! Este Mandjit fue construi-do por orden de Ni-Osiris-Ra, faraón de la quinta dinastía, cuyo nombre signi-fica, "Descendiente de Osiris y del Sol". La orientación del barco es Oeste-Este, con la proa apuntando hacia el Oeste, donde el Sol actualmente "está tranqui-lo". La amarra, al igual que sus otras partes, habían desaparecido, pero el barco conservaba su excelente estructura. El notable casco de la embarcación, capaz de soportar los mares más bravios, muestra una ingeniosa disposición de líneas, igual que los Mandjits de papiro. 
El barco de piedra de Abusir. por lo tanto, es tan importante como los de madera. Entonces, desde aquí hago un llamado urgente a los egiptólogos para que se ocupen del alto valor simbólico de todos estos barcos. 
Cuando uno tiene una de estas embarcaciones delante de sí y conoce la historia del éxodo, entonces soñar despierto es casi inevitable. El inolvidable espectáculo de los miles de Mandjits dirigiéndose al mar durante el cataclismo, pronto aparecerá en su mente. Sin estos navios, Egipto nunca hubiera existido como lo conocemos hoy. Sin ellos, Isis, Horus, Nepthys, el sumo sacerdote y su familia e innumerables personas, no hubieran podido escapar. Dado que la civilización actual se basa completamente en la egipcia, sólo seríamos una 
 Réplica de un pequeño Mandjit. 
cultura primitiva, ni siquiera cercana a la presente.

Sólo quiero dejar aclarado lo importantes que estos Mandjits fueron. Su existencia hizo posible que se nos revelaran los secretos de la Atlántida, siendo primordial en esto, el hecho de que los sacerdotes pudieron predecir el día del cataclismo con ayuda de las "Combinaciones Matemáticas Celestiales". Este día se está acercando a pasos agigantados. Como sucedió antes, tendremos que construir una flota de modernos Mandjits para sobrevivir a la catástrofe. La conciencia de esto hará despertar a los egiptólogos, confiriendo a dichas embarcaciones su merecido lugar en la historia. De hecho, todos los historia-dores deberían proceder así. Después de todo, yo inicié y terminé el primer capítulo, señalando que justo a posteriori del último derrumbe -en el cual la Atlántida se destruyó-, la agricultura apareció en diversas llanuras elevadas, en el mundo. El botánico ruso Nikolai Vavilov se ha dedicado a un profundo estudio sobre esto, habiendo ubicado ocho centros agrarios diferentes, donde se usaron los mismos semilleros. La pregunta que yo formulé (¿cómo hicieron los atlantes para escapar con las semillas, si su país fue destruido en un día?), aquí está resuelta definitivamente: ellos sabían de antemano que esto iba a suceder, entonces construyeron barcos y se encargaron de repoblar el mundo. Por esa razón hay tantas personas en esta tierra en la actualidad y estamos enfrentando el mayor cataclismo de todos los tiempos. Aún queda la pregunta última y esencial: ¿cómo hicieron para saber que esto sucedería? Y esto nos conduce a la próxima sección.



EGIPTO,LA ESFINGE Y EL 2012 :

LOS BARCOS HALLADOS EN EGIPTO,EN PARTES MAS ANTIGUAS INDICAN QUE SON RELIQUIAS CON LAS QUE ABANDONARON ATLANTIDA HACIA EGIPTO Y LA ESFINGE ES MONUMENTO QUE CONTIENE LAS CLAVES DEL PROXIMO VUELCO ASTRONOMICO POLAR EN LA TIERRA,LA GRAN PIRAMIDE ES UN MEDIDOR QUEPERMITE HACER CALCULOS Y ANOTAR MEDICIONES ASTRONOMICAS-ASTROLOGICAS DE LA PROXIMA REVOLUCION SOLAR,EL SOL TIENE LATIDOS CADA 11 AÑOS,CON CAMBIOS CLIMATICOS QUE EXPLICAN LAS OLAS DE FRIO,PERIODICAS,LOS CAMBIOS SOLARES TIENEN GRANDES EXPLOSIONES O REVOLUCIONES CADA 1200 AÑOS,3600 AÑOS Y CADA 12000 AÑOS CON UNA INVERSION POLAR QUE CAMBIA LA INCLINACION DEL EJE Y LA DIRECCION DE SALIDA DEL SOL Y AUN LA POSICION DE LOS CONTINENTES,SE COMPROBO QUE LA ACTIVIDAD DEL SOL INFLUYE DE FORMA DECISIVA EN EL MOVIMIENTO TECTONICO Y VOLCANICO,DIAS ANTES O DESPUES DE ESTOS CICLOS SOLARES SE REGISTRAN EXTRAÑOS FENOMENOS,TERREMOTOS O CATASTROFES.

LA COINCIDENCIA DEL HOROSCOPO CALDEO,LAS PROFECIAS MAYAS Y AUN LA 3ERA PROFECIA DE FATIMA DA LA FECHA DE 21 DICIEMBRE DE 2012 COMO DEL PROXIMO Y FATIDICO VUELCO POLAR,UNA TORMENTA SOLAR Y UN CAMBIO DEL CAMPO ELECTROMAGNETICO QUE SE ANTICIPA,NO POR LA DEMOSTRADA FARSA DEL EFECTO INVERNADERO,SINO POR INCREMENTO DE ELECTROMAGNETISMO,LA VIBRACION SCHUMANN Y ENERGIAS SUTILES,SE MUEVEN Y AHORA QUE LLEGAMOS A UN CICLO TECNOLOGICO DE 2000 AÑOS,PODEMOS COMPRENDER QUE PASO Y PORQUE CATASTROFES Y QUIENES ERAN LOS DIOSES Y QUE EVENTO JUSTIFICA POR SU IMPORTANCIA CONSTRUCCIONES MEGALITICAS,PIRAMIDES,ORIENTACION AL ESTE,HACIA ORION Y ALDEBARAN,LA IMPORTANCIA DEL QUERUBIN DE TAURO Y LA FECHA DEL 2012 QUE LAS SAGAS DEL APOCALIPSIS Y DE MITOLOGIA ESCANDINAVA LLAMA RAGNAROK,LA LUCHA ENTRE LAS FUERZAS OSCURAS DEL EJE NEGATIVO DEL DRAGON Y EL CULTO DRACONIANO DELTYPHON SETH,EL INVIERNO QUE AFECTA AL HIJO DEL SOL,HORUS,EN SU PERIPLO Y MADUREZ,PAAR VENGAR LA MUERTE DE SU PADRE,EL EGREGOR HUMANIDAD,QUE SALE DEL BESTIALISMO-MATERIALISMO COLECTIVO.

ESTA NOCHE POLAR QUE SE ACERCA,ALUMBRA UNA NUEVA LUZ,LA CONCIENCIA INDIVIDUAL QUE SE SUMERGE Y CONECTA EN LA CONCIENCIA UNIVERSAL,LA OSCURIDAD EN LA QUE EL NUEVO DIOS-HOMBRE NACERA...

LOS TEXTOS SON EL SOFTWARE Y LOS MONUMENTOS SON EL HARDWARE...

LOS TEXTOS SAGRADOS ESCONDEN CODIGOS DE COMPRENSION Y LIBERACION DE LEYES DEL DESTINO Y LA CREACION,QUE AYUDAN A EVOLUCIONAR Y DEBEN ROMPERSE Y USARSE PARA SALVAR LA TIERRA Y NUESTRA RAZA...

CADA 25920 SE PRODUCE UN VUELCO DE LADO POLAR,EL OESTE SE VUELVE ESTE,A LOS 25776 AÑOS COMIENZAN LAS CATASFROFES,VERDADEROS DOLORES DE PARTO DE UN CAMBIO,QUE DEBEN SER ATENDIDOS...

EL ZODIACO Y SUS ERAS,NO SON REGULARES,CADA CATASTROFE AJUSTA DE ALGUN MODO LA DISTORSION,LAS CATASTROFES SON AJUSTES ?,Y EL OTRO TEMA IMPORTANTE Y RELACIONADO ES LA INFLUENCIA DEL ZODIACO Y LOS CAMBIOS SOBRE LA CONCIENCIA INDIVIDUAL Y COLECTIVA Y AL REVES,LA ACCION DE MEDITACION SOBRE EL CLIMA Y EVENTOS RELACIONADOS INFLUIRIA Y PERMITIRIA CAMBIARLOS,LA FUNCION DE LOS MISTICOS E INICIADOS,SERIA EQUILIBRAR EL FLUJO ENERGETICO Y DISTORSIONES PREVIAS AL CICLO DE 25776 A 25920,DE HECHO ESTE NUMERO ERA CONOCIDO POR PITAGORAS Y ES LA ECUACION BASICA DEL UNIVERSO Y LA VIDA.

EL MATERALISMO Y ANCLAJE INDUSTRIAL CONTAMINANTE MORALMENTEY CLIMATICAMENTE,HACE LENTA LA TIERRA Y PRODUCE EL RETRASO Y EL AJUSTE O LAS CATASTROFES PARA COMPENSAR.LOS INICIADOS PUEDEN COMPENSAR ESTO AL INFLUIR CON SU CONCIENCIA,COMO DIAPASON O PIEDRA FILOSOFAL SOBRE EL RITMO UNIVERSAL Y LOS PROFETAS VEN ESTA LEY Y RITMO Y PREDICEN QUE VA A PASAR Y COMO AJUSTARLO,ESTA ES LA LUCHA CELESTE,EL AJUSTE DEL ALMA AL BIEN Y LA LUZ O AL CAOS DEL INVIERNO.



EGIPTO, UNA COLONIA ATLANTE ? :

Cada vez se duda menos de la existencia de la Atlántida (para mas información ver nuestra Sección "La Atlántida") y de su fulminante desaparición tras un tremendo cataclismo. Según las investigaciones recogidas en este artículo, buena parte de los atlántes que se salvaron llegaron a la costa de Marruecos y desde allí se dirigieron a Egipto llevando consigo el recuerdo de su civilización, sus conocimientos y creencias, y dejando abundantes muestras de su paso. Ahora, puede hablarse de un Egipto Atlante, cuya historia y trascendencia merece la pena considerar.

En 1976, Albert Slosman, profesor de matemáticas, doctor en análisis informático y participante en los programas de la NASA para el lanzamiento de los Pioneer sobre Júpiter y Saturno en 1973, 1974 y 1975, publicó en París un libro titulado "El gran cataclismo". En este libro sensacional se relata con todo lujo de detalles un acontecimiento ocurrido hace 12.500 años: el hundimiento de la Atlántida descrito por Platón en Timeo y Critias. 
 

La resonancia del libro de Slosman fue escasa ya que pasó por ser un libro más sobre el tema Atlante (más de 12.000 títulos a lo largo de la Historia) con unas hipótesis curiosas ignoradas por los científicos oficiales. 
  
 

Dos años más tarde salió a la luz "Los supervivientes de la Atlántida", donde se describe la gran migración de los Atlantes desde el continente hundido hasta Egipto con arreglo a una nueva lectura de los textos jeroglíficos, que culminó con la publicación en 1979 de "El libro del más allá de la vida", más conocido como el "Libro de los muertos". 
 

EL ASOMBROSO ZODIACO DE DÉNDERA 
 

Es muy probable que Albert Slosman acabe siendo reconocido como uno de los más grandes Egiptólogos de todos los tiempos, aunque hasta 1972, año en que pasó cuatro meses en Egipto, no se dio cuenta, de que se le habían abierto unos horizontes absolutamente fantásticos sobre la antigüedad Egipcia. 
 

De todos los lugares fascinantes de Egipto, Déndera fue el que más le apasionó, por ello se centró en el estudio de su famoso Zodíaco, que fue encontrado por casualidad o CAUSALIDAD durante la campaña Egipcia de Napoleón. Cuando el ejército del sur, al mando del general Desaix, iba en persecución del ejército Mameluco, tanto hombres como animales estaban agotados y el general ordenó un alto para descansar en las arenas del desierto y descargar los camellos. 
  
 

Bajo el peso de una caja de municiones se abrió un hueco en el suelo y ésta se hundió en él. Los soldados se asomaron por el agujero y descubrieron que la caja había caído dentro de una sala casi llena de arena, a la que no tardaron en bajar. 
  
 

El ejército iba acompañado por una veintena de sabios que entraron tras los soldados y se encontraron con que el techo de aquella cámara era un maravilloso mapa celeste. Acababan de descubrir en el fastuoso templo de Déndera, medio enterrado entre las arenas, su asombroso Zodiaco. 
  
  
 

El primer dibujo que se hizo de él, para enviárselo a Napoleón, que estaba en El Cairo, lo realizó el vizconde Deno, que pasó bastantes días y noches en difíciles condiciones de comodidad y de iluminación para reproducirlo. El resultado, no obstante, fue espléndido, casi fotográfico. Más de veinte años después, en 1822, llegaba el planisferio al Museo lmperial de París (Futuro Museo del Louvre) desatando encendidas polémicas entre los sabios.

UNA LOSA DE 60 TONELADAS 
  
 

Las dimensiones originales de la losa en la que se había esculpido el Zodíaco eran de 3,60 metros de largo Por 2,40 de ancho y un grosor de 90 centímetros, lo que significaba un peso entre 55 y 60 toneladas. Para aligerar el peso, M. Lelorrain, el héroe encargado de desmontarlo y transportarlo a Francia, decidió cortar dos series de líneas en zigzag, que tenía la piedra en su parte más larga, con el fin de cuadrarla. 
  
 

Con esto eliminó el jeroglífico que representaba el gran cataclismo, ya que en la lectura de los jeroglíficos el agua se representa con una línea quebrada; el plural de las aguas son dos líneas; con tres la crecida del Nilo y el diluvio con cinco líneas quebradas. Como el Zodíaco de Déndera está rodeado de ocho líneas, nos encontramos con un Superdiluvio, de ahí la idea de llamarlo "El gran cataclismo". 
  
 

La campaña de Napoleón en Egipto, puso de moda en Europa todo lo Egipcio y la llegada de la losa esculpida con el Zodíaco produjo una profunda perturbación en las academias de sabios. Durante un periodo de diez años se publicaron 432 estudios entre San Petersburgo, Berlín, Londres y París, los cuales serían comentados en gran parte por Slosman en sus libros. 
  
 

Hubo tres clanes de grandes sabios en pugna constante. El clan de Cuvier y Monge afirmaba que los relieves y las pinturas del templo eran Griegos y que habían sido datados en el siglo II AC y en consecuencia, no tenían nada de Egipcio. Eran bellas pinturas y nada más. 
  
 

El equipo de Jean François Champollion decía: "Ustedes no tienen todo en cuenta". Si estas doce constelaciones están sobre el Zodíaco en relación con Sirio, Orión y los planetas, su emplazamiento se establece con referencia a las estaciones Egipcias y no a las Griegas, es decir que la antigüedad hay que datarla en dos mil años antes de Cristo y no en doscientos. 
  
 

Un tercer clan, el de los astrónomos de Charles Dupuis, replicaba:

"Todos ustedes están en un error, porque todas las constelaciones están conducidas por la de Leo, que está sobre una barca. En esa época el Sol estaba en la constelación de Leo, por tanto, es el cielo de hace doce mil años, no dos mil ni doscientos".

En escena apareció un cuarto y potente clan representado por el Arzobispo de París, que amenazó con la excomunión a quienes mantuvieran tales tesis. No hay que olvidar que esto tenía lugar en 1.820 y según la Iglesia (el Vaticano), la creación del mundo había tenido lugar cuatro mil años antes de Cristo; Adán, el primer hombre, había aparecido cinco mil años atrás y la Tierra no tenía una antigüedad superior a seis mil años. 
  
 

Así pues, hace sólo ciento setenta y cinco anos que los sabios conocían que el mundo existía desde hacía más de seis mil años pero no podían decirlo por el riesgo que corrían. La tradición estaba establecida y nadie se atrevía a cuestionarla. 
  
 

Hasta 1.956 la Comisión Bíblica no solicitó un restablecimiento de la verdadera cronología de esta parte del Antiguo Testamento. Sin embargo, en 1.995 todavía se siguen datando los monumentos Egipcios en función de la decisión del Arzobispo de Paris, Monseñor Affre. 
  
 

El año actual corresponde, en cambio, al 5.756 del calendario judío, que arranca, según una tradición, desde la creación del mundo y según otra, de la salida de Abram (que después fue Abraham, hijo de Thera, de Ur). Es curioso que Ur signifique Luz y que el padre de Abraham se llamara como la isla que algunos han asociado a la Atlántida o a una colonia Atlante. 
 

Según afirma Slosman, es posible hablar de sus descubrimientos sobre Déndera porque se dispone de escritos desde cuatro mil, hasta mil años antes de Cristo, en los que se habla de Déndera y sus reconstrucciones, así como lo que entre los años 1.840 y 1.870 opinaron Mariette, Máspero, etcétera. Su mérito ha sido ratificar sus descubrimientos e ir más lejos. 
  
 

El templo de Déndera, es el templo de la Dama del Cielo y todos los fundamentos de la Astronomía y de la Astrología parten de allí, y así fue a lo largo de sus reconstrucciones, ya que la que actualmente contemplamos es la sexta reconstrucción sobre los únicos cimientos originales, que se remontan a los arquitectos Sucesores de Horus, que fueron los primeros supervivientes llegados a las orillas del Nilo, tras el cataclismo Atlante. 
  
 

Existe un papiro del escriba del faraón Keops a quien se atribuye la construcción de la Gran Pirámide (aunque probablemente sea muy anterior) que se conserva en el Museo de El Cairo, en el que se precisa que, por orden de Khufu (Keops), el Templo de la Dama del Cielo de Déndera será reconstruido por tercera vez, sobre el mismo emplazamiento y según los planos establecidos por los sucesores de Horus, sobre pieles de gacela y salvaguardados en los archivos del Rey. 
 

LOS ARGUMENTOS DE LA FONÉTICA 
  
 

Otro aspecto fundamental de las investigaciones de Slosman se refiere a la fonética. El punto de partida es el capítulo XVII del Libro de los Muertos, porque a través de él se llega a la Atlántida. En ese libro se habla del Más Allá, pero en este caso se trata del nombre de un país que fue sumergido por la cólera de Dios. 
  
 

Ese país se llamaba AHA MEN PTAH (Amenta para los Griegos; Amenti, en castellano), el Reino de los muertos, pero que en su traducción exacta quiere decir: Primer corazón o corazón primogénito de Ptah. (Según multitud de textos Ptah es el Dios Único, el Dios Eterno, el Todopoderoso). 
 

El hilo conductor que enhebra Déndera y el gran cataclismo, es ese capítulo XVII, que establece la situación desde los ancestros, y los ancestros son los Faraones, porque Faraón es de nuevo una palabra Griega, que en jeroglífico es PHER AON, PER AHA, lo que significa:

Descendiente del Primogénito y el primogénito es Osiris.

Toda la trama se explica a lo largo de un extenso texto en el que se cuenta, que los primogénitos se encontraban en ese otro país, AHA MEN PTAH, que fue engullido por el Mar. Los supervivientes establecieron ATH KA PTAH, que significa Segundo corazón de Ptah, cuya fonetización Griega es Egyptos. Si según apuntan todos estos datos, hubo un enorme cataclismo que sumergió todo un continente, éste tuvo que ser la Atlántida. 
  
 

Los textos de Platón hablan de ello claramente. Él mismo dijo que fue Solón quién le inspiró. Timeo y Critias, y Solón que vivió siete años en Egipto y aprendió con los sacerdotes de Sais, todo lo referente al continente sumergido, así como en los jeroglíficos, que leía y comprendía.

EL GRAN CATACLISMO QUE SUMERGIÓ LA ATLÁNTIDA 
  
 

Es preciso tener en cuenta que cataclismos de esta magnitud se han repetido con cierta periodicidad, y remito al lector al magnifico estudio realizado por Juan Bonet, magnífico investigador, que en su libro: El vuelco de la Tierra, editado por la Universidad de Navarra, describe los cuatro vuelcos habidos ya en nuestro planeta y apunta además la posibilidad de un próximo quinto vuelco (vuelcos de aproximadamente 180º grados) con el consiguiente cataclismo. 
  
 

Todos los vuelcos habidos son asociables a los diversos relatos de diluvios de las distintas leyendas y tradiciones, que siendo muchos pueden reducirse a cuatro, coincidentes en sus características con los cuatro vuelcos mencionados. Precisamente el último, que coincidió con el final de la última Glaciación (el que originó tal final), fue el que hundió la Atlántida, recogido en la epopeya de Gilgamés y en el diluvio bíblico de Noé. 
 

A este respecto Slosman cuenta, que los sacerdotes que estaban al corriente de lo que iba a ocurrir, habían hecho construir decenas de miles de embarcaciones insumergibles, que llamaban Mancgit y no sólo sirvieron para salvar a una parte de la población, sino que fueron utilizadas también por sus descendientes. Son esas Barcas Sagradas que se encuentran por todas partes, en las que se habían salvado Osiris, Isis y Horus. 
 

Cuando la Tierra volcó girando 180º sobre el eje, el movimiento aparente del Sol primero se detuvo y luego el cielo pareció desplomarse. A continuación, el Sol retrocedió en su curso para ponerse por donde había salido, todo ello en un tiempo brevísimo. Después, acompañado de gigantescos terremotos se produjo la gran inmersión y la desaparición del Sol. 
 

Los supervivientes escaparon en todas direcciones, pero una buena parte de ellos se dirigieron hacia lo que había sido hasta entonces, la Tierra de Poniente, que es precisamente lo que significa la palabra MOGHREB, la costa de Marruecos. Desde allí se dirigieron en un largo éxodo hasta el Nilo.
 

LA TEOLOGÍA ORIGINAL DEL MUNDO 
 

El mencionado capítulo XVII del Libro de los muertos recoge, en realidad, la Teología original del mundo de la cual todas han derivado. Una teología sorprendente porque es absolutamente monoteísta e idéntica al Dios de Abraham y de Moisés. Según Slosman, el Antiguo Testamento no es sino una copia de esta Teología original, en la que se olvida demasiado fácilmente que Moisés era Príncipe de Egipto y por tanto, que había sido elevado a Gran Sacerdote porque estaba destinado a ostentar el cetro. 
 

A esto es preciso agregar algo sumamente importante: El resultado de la cuidadosa, documentada y exhaustiva investigación realizada por el escritor Egipcio Ahmed Osman, que concluye que ese Príncipe, de madre Judía, la Reina Tiyi, hija del Visir Susa (el José bíblico) y padre Egipcio, el Rey Amenofis III, fue el Rey Amenofis IV, al que se conoce más como: Akenaton, o el Rey Hereje, porque restablece el culto a un Dios único, Atón y Akenaton es precisamente Moisés.

Para situar adecuadamente esta cuestión es preciso hacer una digresión. El nombre Moshe, Moisés, no significa Salvado de las Aguas, como suele interpretarse sino Nacido de las Aguas, ya que las Aguas, representan siempre la esencia de la vida. Además el mundo de las aguas, simboliza el mundo emocional, lo cual se asocia al amor, entre su padre Egipcio y su madre Judía, de la que él nace, lo que automáticamente lo convierte en Judío indiscutible, porque para el Judaísmo son Judíos los hijos de vientre Judío. (La madre siempre es evidente, pero el padre sólo es presumible). 
 

Este nombre tiene una connotación de suma importancia ya que lo relaciona con los nacidos de las aguas del cataclismo, los primogénitos, descendientes del primogénito (Osiris) y sucesores de Horus en ATH KHA PTAH, en el Segundo Corazón de Ptah. En consecuencia, el nombre Moisés, sirve como pista clara para relacionarlo con su origen regio indicando que no es un príncipe cualquiera. 
  
 

Como tal, además de prepararse para manejar el mundo material, es preparado para manejar el mundo espiritual, ya que el Faraón es Sumo Sacerdote. Y así aprendió, de la primera letra hasta la última, todo el monoteísmo original Egipcio, tal como se enseñaba precisamente en Déndera. 
 

EL HORIZONTE DE ATON 
 

Por otra parte Akenaton no establece, sino que restablece el monoteísmo original con Ptah, el Único, que es lo mismo que representa ATON, y una vez hecho esto, traslada su capital a un lugar del desierto, en el que las montañas forman un arco cuya cuerda es el Nilo y al cual da el nombre de El horizonte de Aton, Akenaton, conocido actualmente como Tell el Amarna.

Pero hace algo más. Traza sobre el territorio Egipcio un gigantesco círculo, de cientos de kilómetros de diámetro, que marca con doce estelas, y en ellas escribe: Estos son los límites de mi Reino. Estos límites son muy inferiores al Imperio real, formado por el Alto y el Bajo Egipto, pero sólo aparentemente porque las estelas representan las doce puertas del Zodíaco, lo que convierte en Reino suyo lo que está Más Allá, el Universo Entero. 
 

Akenaton, según los Egiptólogos, es derribado por una revuelta sacerdotal y probablemente asesinado, aunque ni su tumba ni su momia se han encontrado nunca, y su nombre fue borrado de los monumentos; sin embargo hay una estela de El Amarna, en la que figura que simplemente desapareció. 
  
 

Moisés también desaparece de Egipto y reaparece cuarenta años más tarde, para llevarse a un pueblo prácticamente limpio de religión, los Habiru, más Egipcios que Judíos, como queda muy claro si se lee con atención el principio del Éxodo, a los que conocía bien y a los que transmitió todo el monoteísmo Egipcio y cuanto había aprendido allí, unido a las experiencias y los conocimientos que había adquirido durante cuarenta años con Jetro, sacerdote de Madián, que llegará a ser su suegro.

EL VALOR DE LOS JEROGLÍFICOS 
  
 

Lo que pocos conocen es que en 1.812 Champollion publicó en Grenoble un libro titulado De la Escritura de los Antiguos Egipcios, en el cual afirma, que la escritura jeroglífica en modo alguno es alfabética, pues representa cosas, no sonidos, y lo mismo afirma de la escritura Hierática a la que considera como Una Taquigrafía Jeroglífica. 
  
 

El propio Champollion lo hizo desaparecer de las librerías con el pretexto de que podía lesionar a las personas piadosas, porque hacía remontar las dinastías Faraónicas al año 5.285 antes de Cristo, es decir, antes del nacimiento oficial de Adán.

Clemente de Alejandría, Padre de la Iglesia del Siglo III, en su Stromatas hace un estudio muy próximo a la realidad de lo que son y representan los diferentes tipos de escritura Egipcia, y el propio Aristóteles, en el Tratado de Filosofía según los Egipcios, se refiere a los jeroglíficos, que es más que probable que conociera perfectamente en su dimensión de lengua sagrada porque escribe:

Los Egipcios, habiendo conocido las formas espirituales, se expresaban por una doctrina intelectual superior a los métodos humanos. Grababan estos conceptos sublimes por medio de figuras, tornando las piedras de los muros de sus templos. Las usaban tanto para todas las ciencias, como para todas las artes, con el fin de indicar que el espíritu inmaterial lo había creado todo a partir de los modelos particulares de cada ser.

Y Slosman añade: En todos los tiempos estos jeroglíficos fueron objeto de una consideración respetuosa, porque estas imágenes no podían ser más que portadoras de un mensaje celeste: El de la Ciencia Divina. Su significación simbólica sólo podía ser, sin duda, mística e iniciática. Esto significa, sobre todo, que los jeroglíficos tienen una base ideográfica, altamente espiritual, y que por esta razón la mayoría de los signos no eran comprensibles para el pueblo. 
  
 

Es decir, que existía un lenguaje popular que se leía en alta voz y que por consiguiente era hablado. Fue llamado más tarde lenguaje Demótico. Por tanto, se ha de suponer que el jeroglífico no era más que un lenguaje escrito destinado a la conservación de la Tradición Original. (Jeroglíficos Multimedia)
  
 

De hecho, los conflictos en los que se sumergieron los sabios al aplicar a los textos el método de Champollion, fueron enormes, porque además de ser totalmente diferentes las interpretaciones entre unos y otros, generalmente los resultados son incomprensibles. Los griegos llamaron a los jeroglíficos Lengua Sagrada. Podemos entender, que es así, porque los primeros datan de Menes, y cuando los volvemos a encontrar 4.000 años más tarde sobre la Piedra de Rosetta, los signos son absolutamente idénticos. 
  
 

En 4.000 años no se ha cambiado ninguno. Sin embargo, había dos lenguas habladas, el Demótico y el Hierático, que en 500 ó 600 años sufrieron cambios enormes, hasta el extremo de que al cabo de 1.000 años, ya no se comprendían. 
  
 

Existen cinco diccionarios principales sobre jeroglíficos: Suizo, Belga, dos Franceses y uno Inglés, y en todos ellos no hay dos palabras que sean comparables: Nadie traduce, sino que cada uno interpreta a su manera las imágenes que ve. Los jeroglíficos son iconografías diversas: Pájaros, Animales, Hombres, Mujeres, pero que constituyen una lengua comprensible, real, original, tradicional. 
 

Y si este planteamiento entra en colisión con lo tradicional. ¡Qué se le va a hacer! ¿Qué se le va a hacer?.

Pues, sí se puede hacer: Volver a la humildad de la ciencia carente de Dogmatismos. Abrirse a la verdadera ciencia, que en sí misma, estará siempre abierta a todas las posibilidades. Acaso sea el momento en este tiempo cambiante de conocer el legado, el mensaje, las instrucciones de nuestros antepasados. 
 

EL GRAN CATACLISMO FINAL 
 

Este dibujo aparece en los principales templos Egipcios y su importancia radica en que permite leer sin la aportación de ningún texto escrito la totalidad de la escena primordial del Gran Cataclismo, origen del hundimiento de AHA MEN PTAH, el Edén desaparecido. La triada divina estaba a la cabeza de los evadidos, que se han convertido en supervivientes de la Atlántida, originando gracias a Hor (Horus) una dinastía de Faraones o hijos de Dios. 
  
  
 

En primer lugar, se encuentra Nut, la reina virgen, madre de Usir (Osiris). Por haber enviado al mundo al primogénito de Dios, sube al cielo desde donde protege a los hermanos menores. Por esto, se identifica a la reina Nut, con la Vía Láctea. Aquí se la ve con el cuerpo constelado de estrellas, formando un puente entre Oriente y Occidente como El Gran Río Celeste. 
  
 

Desde el oeste, lugar donde tuvo lugar la terrible catástrofe, el mar ha sumergido toda la tierra del inmenso continente y sobre su superficie sólo quedan las Mandjit, embarcaciones insumergibles concebidas para asegurar la supervivencia. 
 

Sobre la barca de la izquierda se encuentra Osiris, con la cabeza vendada. La mitad trasera de un león esta apoyada sobre las vendas, representando el desorden. El trastorno y la ruina que se ha producido durante el paso del Sol, en la constelación de Leo en movimiento retrógrado. Al lado de Osiris está su hijo Horus, representado por el halcón y portador del Sol. Porque, de su supervivencia depende el renacimiento de los evadidos. 
  
 

Como ha sido gravemente herido y apenas tiene un hilo de vida, la Cruz Ansata, Ank, está ensangrentada, lo cual no ocurre con la que lleva Iset (Isis), la madre de Hor y esposa de Usir. Ella lleva sobre la cabeza el alma de los escapados, simbolizada por una pluma verde de avestruz. La Mandjit de la derecha, ha superado las dificultades con la ayuda de un velamen de fortuna. Ha llegado a Oriente, a TA MANA, el lugar del ocaso.



HORUS...UN HOMBRE ENTRE LOS DIOSES ALIENS :

LA MEMORIA PERDIDA

La leyenda de Horus, crónica de la guerra de los dioses y los hombres

Según la tradición egipcia, los primeros reyes no fueron hombres sino dioses. 
 

CARLOS E. CASERO

España

paleoastronautica.com

Parece contradictorio que, para una investigación seria y rigurosa, la paleoastronáutica recurra a “beber” de fuentes tales como son los mitos y las leyendas. La razón de ello no es otra que el propio significado de estos términos, pues según la Real Academia de la Lengua Española un mito es…: “fábula, ficción alegórica, especialmente en materia religiosa. Relato o noticia que desfigura lo que realmente es una cosa, y le da apariencia de ser más valiosa o más atractiva”. Y otro tanto nos sucede con leyenda…: “relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos”. 
  
 

Si bien hay mucho de cierto en estas definiciones, muy curioso nos parece y más aún cuando han transcurrido muchos siglos de un suceso, determinar qué es   un “dato histórico verdadero”, a sabiendas de que la historia, salvo muy raras excepciones, la escribe las culturas y pueblos vencedores, añadiendo y quitando a su interés todo aquello que beneficie su memoria. Por otro lado también es cierto que existen arquetipos predeterminados en la concepción del mundo por parte de los pueblos antiguos, pero no es menos cierto tampoco que una lectura como muchos definen “entre líneas” de estos mitos y leyendas, muchas veces de transmisión oral, son una riquísima fuente de información. Prueba de ello, por poner un solo ejemplo, ha sido la localización de antiquísimas ciudades o reinos perdidos, donde hoy podemos visitar sus ruinas arqueológicas gracias a la existencia de estas fábulas o míticos relatos. ¿Quién no conoce la  historia de Einrich Schliemann y la búsqueda de la ciudad de Troya? 
  
 

Entre estas leyendas que a duras penas han logrado sobrevivir al paso de los siglos, siempre me llamó mucho la atención aquella que hace referencia a uno de los dioses más famosos del panteón egipcio, Horus, el dios halcón, pero también según estas mismas leyendas, gobernante de Egipto en un tiempo muy lejano, en el que antes de los hombres gobernaron los dioses. 
  
 

Hace 2.500 años, Heródoto escribía en su "Libro II de la Historia" que, en su visita a Egipto, los sacerdotes de Tebas le habían mostrado personalmente 341 estatuas, cada una de las cuales correspondía a una generación de sumos sacerdotes desde 11.340 años atrás en el tiempo. Le dijeron que las figuras representaban a hombres, pero que antes de esos hombres en Egipto reinaron los dioses, que habían convivido con los seres humanos. De todo ello guardaban datos muy precisos, ya que siempre, desde el principio de los tiempos, esa había sido su misión. 
  
 

Otro historiador griego, Diodoro, que visitó Egipto en el Siglo I d. C., también habló y aprendió de los sacerdotes egipcios sobre su historia y tradición. Al igual que Heródoto pudo escuchar de boca de los sacerdotes que los humanos reinaban en el Valle del Nilo desde hacía poco menos de 5.000 años. Uno de los primeros cronistas de la Iglesia Cristiana, Eusebio, logró recoger numerosas crónicas que hacían el mismo tipo de referencias que Heródoto y Diodoro. Pero tal vez ninguno como Manetón, sumo sacerdote y escribano egipcio, supiese acaparar en sus textos la increíble historia de Egipto. 
  
 

Manetón fue contemporáneo del General de Alejandro Magno, Ptolomeo, fundador de la Dinastía Ptolomeica (304-282 a. C.). Vivió en la Ciudad de Sebennitos y fue Gran Sacerdote en el Templo de Heliópolis, donde escribió los Tres Volúmenes de su Historia de Egipto, cuyos originales han desaparecido, y que conocemos en gran medida gracias al historiador griego Julio Africano, que recopiló numerosos fragmentos de su obra. 
  
 

Manetón o Manetho (verdad de Thot), relataba en esta obra que los dioses reinaron sobre Egipto durante 13.900 años, y los semidioses que les continuaron otros 11.000 años más. Gracias a su clase sacerdotal, pudo acceder a numerosa información restringida que había sido recogida durante cientos y cientos de años. Según sus fuentes el primer Rey de Egipto fue Hefestos, quien inventó el fuego, le siguieron Cronos, Osiris, Tifón y Horus. Después, los "Shemsu-Hor" o seguidores de Horus, de origen semidivino, gobernaron durante 1.255 años. Les continuaron otros reyes por un periodo de 1.817 años. Otro periodo más de 1.790 años formado por treinta reyes que gobernaron en Menfis y 350 años más de otros diez soberanos que reinaron en Tanis. En total, sólo el reinado de los semidioses hasta la aparición de los reyes de la Época Dinástica Temprana, alcanzó 5.813 años, una auténtica patada a la historia y a la cronología establecida por la moderna egiptología.

 Este mismo problema ha aparecido con las Listas de Reyes Sumerios, aparecidas en distintas tablillas con textos cuneiformes, como el W-B/144 ó W-B/62, donde se establecen fantásticos gobiernos de los dioses que se remontan a docenas de miles de años antes de lo establecido por la arqueología oficial. Aunque tal vez el caso más conocido por todos nosotros sea el de los Patriarcas Bíblicos, auténticas "máquinas de hacer años", como los míticos Adán, Set, Enós, Cainán, Mahaleel, Jared, Enoc, Matusalén, Lamec, Noé, Sem, Arfaxad, etc, etc. La edad alcanzada por cualquiera de ellos, haría estremecer los presupuestos destinados a las pensiones por jubilación de la Seguridad Social. 
 

A pesar del innegable esfuerzo de la arqueología por establecer una cronología "lógica" de los antiguos reinos e imperios, el prejuicio a la hora de establecer la existencia física de los dioses que todas las culturas establecen como los fundadores de la civilización en la Tierra, hacen imposible profundizar en una verdadera historia que continúa oculta a todos nosotros. 
  
 

Antecedentes 
  
 

Esta leyenda arranca mucho antes del nacimiento de Horus. Se podría decir que su inicio se gesta cuando los dioses y hermanos Geb (Dios de la Tierra) y Nut (Diosa del Cielo) cedieron el gobierno de Egipto a sus cuatro hijos, los Dioses Osiris y Seth, y las Diosas Isis y Neftis. 
  
 

Era costumbre la unión entre hermanos y hermanas para poder aspirar a una mejor línea de sucesión al trono. Independientemente, no estaban mal vistas las relaciones amorosas fuera de estos matrimonios de conveniencia, pero para presentar un heredero al trono la primera regla era que el hijo nacido fuera de la esposa legítima, y si ésta no podía concebir, el primer hijo nacido de cualquiera de las concubinas o amantes. Pero un dato muy importante a tener en cuenta era que, si en cualquier momento, aun habiendo nacido el primogénito heredero, nacía un hijo del rey con su propia hermana, éste sustituía automáticamente al primero en la sucesión legítima a la corona de Egipto. 
  
 

En el reparto de territorios que Geb y Nut hicieron entre sus hijos, el menos satisfecho fue Seth, por lo que comenzó a enemistarse con su hermano Osiris, su gran rival en el trono de Egipto. De estos cuatro hermanos, sólo Seth y Neftis eran hijos naturales de Geb, pues Nut concibió a Osiris con su abuelo Ra, y a Isis con el Dios Thot. 
 

La sucesión al trono como se puede ver se complicó aun más al contraer matrimonio Osiris con Isis, y Seth con Neftis. Si bien Seth era el primogénito y heredero legítimo de su padre Geb, Osiris reclamó la corona porque su padre era el gran Ra, quien gobernó con anterioridad a Geb, y no solo eso, de su unión con Isis nacería un futuro heredero que bloquearía toda posibilidad a la descendencia de Seth, quien empezó a urdir una venganza contra su hermano Osiris para arrebatarle el trono de Egipto. 
  
 

La muerte de Osiris 
  
 

Coincidiendo con la visita de la Reina Aso de Etiopía, el Dios Seth preparó una gran fiesta de bienvenida en su palacio, invitando al resto de los dioses, incluido su odiado hermano Osiris. Para esta ocasión mandó preparar a sus mejores artesanos un gran cofre recubierto de piedras preciosas de gran valor con las medidas exactas en su interior de su hermano Osiris. Una vez terminado el banquete y los agasajos de honor a la Reina Aso, hizo sacar el espléndido cofre a la vista de todos los invitados, proponiendo un juego para amenizar a todos los presentes. Como si del cuento de la Cenicienta se tratase, prometió regalar el magnífico cofre a aquel que pudiera introducirse en él sin ningún tipo de dificultad que impidiera su posterior cierre. Uno detrás de otro, y alegres por la música y el buen vino, fueron intentándolo todos los invitados sin resultado. Cuando le llegó el turno a Osiris, rápidamente Seth ordenó cerrar la tapa con clavos, procediendo a su sellado derramando plomo derretido por encima del cofre. Seguidamente mandó arrojar el cofre al mar. Con este golpe de mano, Seth se hizo con el Trono de Egipto, sin que los demás dioses reaccionaran y convencidos de la muerte de Osiris. 
 

Osiris en el centro junto a su esposa y hermana la diosa Isis (derecha). De su unión nacería Horus (izquierda). 
  
 

Sólo su esposa y hermana, la Diosa Isis, comenzó a buscar el cofre, al que localizó junto a la costa de la Ciudad de Biblos, en el actual Líbano. Tras ocultarlo en un lugar que ella creía seguro, comenzó los preparativos para resucitar a su fallecido marido. Pero Seth se enteró de los planes de Isis y logró encontrar el lugar donde se encontraba escondido el cadáver de Osiris. Esta vez cortó a su difunto hermano en 14 pedazos y los dispersó por todo Egipto. Isis no cesó en su empeño de devolver a la vida a Osiris, y uno a uno durante varios años, fue recuperando todos los pedazos de su desmembrado esposo, excepto el pene. Pero esto no fue impedimento para que Isis concibiese un Hijo de Osiris, Horus, al que ocultó en los pantanos de la ira de su tío Seth.

Seth, por su parte, para terminar con todos los problemas de sucesión, raptó a Isis para obligarla a casarse con él, pero algunos dioses cansados de la actitud de Seth ayudaron a escapar a Isis. En su huida regresa a los pantanos y encuentra gravemente enfermo por la picadura de un escorpión a su hijo Horus. Sólo la ayuda del padre de Isis, el Dios Thot, logra salvar a Horus, quien en secreto comienza a ser educado y preparado para llegado el momento, vengar a su padre y recuperar su legítimo derecho a la corona de Egipto. 
  
 

La venganza de Horus, el comienzo de la leyenda 
  
 

Llegado el momento oportuno Horus hizo acto de presencia ante el Consejo de los Dioses, reclamando el Trono de Egipto ante la sorpresa de todos los presentes, incluido su tío Seth. Rápidamente urdió una nueva treta, y mandó retirarse al resto de los dioses para que deliberaran su decisión, mientras en un tono conciliador, invitó a Horus a su casa para hacer las paces. 
  
 

Esta sorprendente historia, que más bien parece un tratado de ingeniería genética, como lo es el propio nacimiento de Horus, continúa con la violación de Horus por parte de su tío Seth, quien vierte su semen sobre Horus, sin llegar a depositarlo en su interior como Seth pensó. Informada Isis del suceso por su hijo, le ordena verter su semen en una copa y posteriormente lo arroja sobre la comida de Seth, sin éste saberlo. En ese momento y ante los dioses que aún dudaban sobre la decisión a tomar sobre la reclamación del joven Horus, éste proclama que la semilla de Seth no está en su interior, sino que su propia semilla es la que está dentro de Seth. Los dioses ordenan a Thot examinar el cuerpo de Seth, y éste confirma la presencia del semen de Horus en su interior. 
  
 

Ofendido y burlado ante el resto de los dioses, Seth huye con ánimo de revancha, mientras que Horus es aclamado como el nuevo soberano de Egipto. Los problemas lejos de terminar, no han hecho más que empezar, pues Seth comienza una guerra desde sus dominios asiáticos de devastadoras consecuencias. 
 

La guerra de Horus y Seth 
  
 

De las batallas que se iniciaron entre Horus y Seth nos han quedado numerosos relatos como los que se pueden observar hoy en día sobre los muros del Templo de Edfú, principal ciudad de culto a Horus en el antiguo Egipto y donde según la leyenda guardaba su "disco alado", con el que libró duros combates aéreos contra su odiado tío Seth. 
  
 

En ayuda de Horus apareció un gran aliado, su bisabuelo Ra, que acompañado de un gran ejército de guerreros, se unió a las huestes de los "Shemsu-Hor", o seguidores de Horus. La primera batalla fue sobre territorio nubio, cerca de la Ciudad de Asuán, y resultó un éxito para el ejército de Horus, quien, decidido a lanzar una ofensiva final contra las tropas de Seth, estableció una importante fundición de armas metálicas hechas en "hierro divino", en su ciudad de Edfú, y donde entrenó a un ejercito de "mesniu" u hombres de metal, los primeros humanos que participaron en las guerras de los dioses. 
 

Hasta el día de hoy los geólogos no han podido explicar las enormes cicatrices y zonas arrasadas o calcinadas que se pueden apreciar sobre la superficie del desierto de Sinaí, lugar entre otros de las épicas batallas entre Horus y Seth. También más al sur de Egipto en la antigua Nubia, actual Sudán, y gracias a herramientas como Google Heart, podremos localizar la montaña sagrada de Jebel Barkal, donde según la tradición se libró una de las mayores batallas de los dioses egipcios, y que al igual que en el Sinaí, muestra una serie de señales que incitan a pensar que su origen no fue en absoluto natural. La  posición en el puntero de Google Heart es la siguiente: 18º32’12.60’’N – 31º49’42.66’’E . 
  
 

Una batalla tras otra todo Egipto quedó bañado en un mar de sangre, donde dioses y humanos lucharon codo con codo, una auténtica masacre que quedó grabada en el recuerdo de los antiguos egipcios. Poco a poco Seth se fue replegando en sus posiciones, y su derrota parecía próxima. Ante el acoso y la superioridad de efectivos de Horus y sus aliados, Seth cayó por fin prisionero, y fue llevado ante el Dios Ra, quien ordenó su entrega a Horus e Isis, para que procediesen como creyeran conveniente. 
  
 

Horus inició una orgía de sangre entre los compañeros prisioneros de Seth que fueron capturados junto a él, dejando el ajusticiamiento de Seth para el final. Pero ante la sorpresa de Horus, su madre Isis sintió lástima de su hermano Seth y le dejó escapar. La furia incontenida de Horus se volvió entonces contra su madre, a la que decapitó personalmente. Pero Thot le reinsertó de nuevo la cabeza. 
  
 

Seth, tras permanecer escondido algún tiempo y reagrupar a algunas fuerzas dispersas, reinició los combates. Esta vez Horus al frente de sus tropas y sobre una "columna ardiente voladora" estaba dispuesto a dar el golpe final a las extenuadas fuerzas rebeldes. En la última de las batallas el vehículo aéreo de Horus resultó alcanzado, aunque él resultó ileso, pero no sin antes derribar la nave de Seth, quien perdió los testículos en el incidente. 
  
 

Cansados de tantos horrores y muerte, el Consejo de los Dioses decretó una tregua, y llamó a ambos contendientes ante su presencia, la derrota de Seth era tan inminente que, no teniendo ya nada que perder accedió a presentarse ante el consejo. 
  
 

Se decidió que Seth se retirase a sus dominios fuera de Egipto perdonándole la vida. A cambio, él aceptaba el derecho de Horus a tener la corona de Egipto como el único y legítimo heredero. Finalizada la guerra, tanto Ra como Horus agradecieron a los humanos su ayuda en la contienda, ofreciéndoles libaciones y ofrendas, y permitiéndoles edificar santuarios y templos junto a los de los dioses, así como una cuota de autogobierno a través de sus intermediarios, los sacerdotes, quedando para siempre en la memoria histórica del pueblo egipcio, y que el paso de los siglos nos ha hecho llegar en forma de leyenda. 
 

Conclusiones 
  
 

¿Fantasía o realidad? Lo único cierto es que, según la tradición egipcia los primeros reyes de Egipto no fueron hombres, sino dioses. Al principio de los tiempos, cuando los dioses descendieron sobre la Tierra, la encontraron cubierta por el fango y el agua. El principal de los dioses, al que los egipcios denominaron "Dios del Cielo y de la Tierra", Ptah, fue el encargado de realizar grandes obras hidráulicas y de canalización, que lograron ganar terreno a las aguas. Ptah ubicó su residencia en la Isla Elefantina, cerca de la actual Asuán, y desde allí controló las crecidas del Río Nilo, asentando las bases para la civilización. 
  
 

Después de 9.000 años de reinado, el Dios Ptah cedió el gobierno de Egipto a su hijo Ra, que al igual que su padre llegó a la Tierra en una barca celestial. El reinado de Ra duró 1.000 años, y le continuaron en el trono cinco dioses más, Shu (700 años), Geb (500 años), Osiris (450 años), Seth (350 años) y Horus (300 años). 
  
 

Esta Primera Dinastía de Dioses-Reyes rigió en un "Tiempo Primero" o "Zep-Tepi", el antiguo Egipto durante 12.300 años, sucediéndole una segunda dinastía con el Dios Thot a la cabeza que alcanzó una duración de 13.870 años. Posteriormente a estos dos periodos, el poder fue cedido a gobernantes semidivinos, mitad hombre mitad dioses, durante 3.650 años en los que se sucedieron, uno tras otro, treinta reyes. 
  
 

En total fueron 17.520 años de poder y control de los dioses y semidioses, que finalizaron en un oscuro periodo de caos y anarquía, del que no existe la más mínima referencia, y que duró 350 años. Es en este momento cuando aparece la Primera Dinastía de gobernantes humanos, en la figura del faraón Narmer, primer gobernante reconocido oficialmente por la egiptología, pues el resto de lo anteriormente expuesto pertenece al mundo de la mitología y la fantasía. Es imposible, aseguran tajantemente los expertos que, antes de la aparición de la I Dinastía o Periodo Tinita (3.100 a.C.-2.700 a. C.), pudieran existir durante un tiempo tan prolongado semejante número de gobernantes, eso sin mencionar su origen divino y extremada longevidad. 
  
 

Pero los egipcios estaban muy seguros de sus orígenes y de su historia. El tiempo era algo que controlaban muy bien los antiguos egipcios, precisamente gracias a sus dioses quienes, según ellos, les enseñaron a dividir el año (renpet) en doce meses (abed), de treinta días cada uno y divididos a su vez en tres semanas (mellu) de diez días cada una. Este calendario alcanzaba 360 días, y era complementado con cinco días especiales (jeriu-renpet). El año estaba formado por tres estaciones que venían claramente determinadas por el Río Nilo. La Primera Estación era la de la crecida del río (ajet), de mediados de junio a mediados de octubre. La seguía la Estación de la Germinación (peret) que finalizaba a mediados de febrero. Por último la Estación de la Cosecha (shemu). 
  
 

Existían otros tipos de calendario, pero todos seguían una minuciosa y escrupulosa exactitud, transmitida generación tras generación. Con total seguridad, si un antiguo egipcio escuchara hoy en día que la cronología de los Dioses-Reyes que gobernaron Egipto mucho antes de Narmer, no es más que una fantasía, se llevaría un gran disgusto y un no menor enfado.



SIRIO,LA ESTRELLA MESIANICA :

Revista Año Cero, Octubre 2002, por Luis G. LA CRUZ

Sirio, la estrella mesiánica

Numerosos autores sostienen que el mito de Osiris constituyó el modelo del dogma 
cristiano. La muerte y resurrección de este dios egipcio, correspondería a la de 
Cristo; la tríada que él formó con su esposa Isis y su hijo Horus, pre-figuraría 
la Sagrada Familia; y la procreación milagrosa de Horus sin interven-ción del 
sexo -según una de las versiones del mito que recoge Plutarco, sería el primer 
antecedente de la virginidad de María. Esta íntima vinculación entre la religión 
del antiguo Egipto y el cristianismo también surge en los Evangelios canónicos, 
con el famoso episodio de la "Huida a Egipto" y el exilio en estas tierras de la 
Sagrada Familia, así como en la primitiva tradición cristiana, que la representa 
descansando en el país del Nilo bajo un tamarindo, árbol consagra-do a Osiris. 
La teoría no es nueva, pero en los últimos años ha sumado argumen-tos de peso 
gracias a los estudios de mitología comparada y de arqueoastronomia, que han 
permitido demostrar el papel fundamental que ha tenido el Cosmos en todos los 
sistemas de creencias religiosas de la antiguedad. 
 

El reloj estelar

En La cámara secreta (Ed. Oberon, 2000), Robert Bauval sostiene que la estrella 
Sirio, astro de Isis, era la Estrella de la Natividad que describe Mateo en su 
Evangelio y que los tres Magos de Oriente representaban simbólica-mente a las 
tres estrellas del Cinturón de Orión identificado con Osiris por los egipcios-, 
que preceden a Sirio en su ascensión por el cielo nocturno. Mediante un programa 
informático (Slvglobe 3.6), Bauval estableció que el cielo observado desde Gizeh 
cuando se construyó la Gran Pirámide (hacia el ano 2500 a. C.), era el mismo que 
podía verse en el cielo de Alejandría cuando Mateo compuso su Evangelio (siglo 1 
d.c.). Trazando una línea recta desde Belén en la dirección que entonces 
señalaba Sirio, se desembocaría directamente en la meseta de Gizeh, situada bajo 
la estrella, cuyas tres pirámides fueron dispuestas como una réplica del 
Cinturón de Orión. Junto a la Gran Pirámide de dicho complejo hubo un templo 
dedicado a Isis. Además, en un área de pocos kilómetros se situaba la ciudad 
sagrada de Heliópolis, con el templo del Fénix el pájaro que simboliza el 
retorno ciclico y la piedra Ben-ben. También es significativo que Sirio 
ascendiese por el Este junto con la constelación de Virgo, dado que en el 
antiguo Egipto este hecho asoció a dicha estrella con las antiguas diosas madres 
vírgenes. Éstas proliferaron más tarde en muchos cultos solares de Oriente 
Medio, durante la helenística, hacia la misma época en la cual nació el 
cristianismo.

Tanto Bauval como otros autores, entre quienes destacan Robert Temple I (El 
misterio de Sirio. Ed. Ceac-Timun Mas, 1998) y Adrián Gilbert (La profecía de 
Orión. Ed Oberon, 1999), han señalado numerosos detalles que avalan el carácter 
no casual de las coincidencias entre ambas historias y, sobre todo, entre el 
detallado simbolismo estelar que éstas recogen y la configuración celeste que 
correspondía a la época en que fueron creadas.

Para Bauval, por sus alineaciones astronómicas, el complejo de Gizeh, y sobre 
todo la Gran Pirámide, seria "una enorme marca temporal mesiánica". A su juicio, 
el rápido avance del cristianismo en Egipto se debió a que éste suponía una 
reformulación de las mismas ideas religiosas que expresaba el mito de Osiris; un 
hecho que no se debió al azar, sino a un proceso de transmisión de conocimientos 
ocaltos por parte de una entidad no identificada. En su opinión, el dios hijo 
Horus prefigura al Apolo de Grecia, al Harpócrates de la helenís-tica, al culto 
del Sol Invictus y al propio Jesús, así como Adonis, Atis y 
Mitra -identificados con Orión y asociados a la constelación del Can Mayor, cuya 
estrella principal es Sirio-, son los nombres que asume Osiris en los distintos 
contextos culturales del Mediterráneo durante la helenística, ese periodo 
situado entre finales del I milenio a C. y comienzos del 1 milenio d.C., cuyo 
eje temporal corresponde a la época de Jesús. El hecho de que la "Estrella" de 
Mateo se describa como una luz que se desplazaba en el cielo indicando el camino 
a los Magos -y por eso muchos autores han pensado que pudo tratarse de un 
cometa-, indicaría con dicho desplazamiento el lugar en el cual debía nacer el 
nuevo "Enviado de las estrellas". Si este evangelista no nombró directamente a 
Sirio fue para preservar en secreto este hecho trascendente, ya que ésta era, 
desde los tiempos más primitivos, la más importante de las referencias celestes 
después del Sol y la Luna en la antiguedad.

En este caso, habría que suponer que la prédica de Jesús se inscribió en una 
tradición desconocida originada en Egipto. Dicha tradición tuvo que ser el 
legado de una comunidad que esperase la llegada inminente de una nueva 
manifes-tación mesiánica y que comunicara este secreto de forma tal que sólo los 
inicia-dos en ese saber captaran todo su significado. Esta sería la única 
explicación de que Mateo ocultara que se refería a Sirio, puesto que mencionarla 
era revelar dicho secreto. Esta estrella constituye una clave de la tradición 
esotérica desde la más remota antiguedad hasta nuestros días. En algunas 
corrientes aparece como el centro en torno al cual gira nuestro Sol, o incluso 
como un auténtico "Sol espiritual", cuya energía es "reflejada" por nuestro 
Astro Rey. En todos los casos pertenece a un plano superior y es la fuente de 
energía vivificante.

¿Resulta plausible semejante escenario histórico? Examinemos sin prejuicios esta 
teoría a la luz de lo que sabemos. Las coincidencias entre la historia sagrada 
cristiana y el mito de Osiris no sólo son asombrosas, sino numerosas. Osiris es 
descuartizado en catorce trozos y Jesús realiza catorce estaciones en su Vía 
Crucis; Magdalena vaga en busca del cuerpo de Jesús, como Isis en pos del de 
Osiris; uno y otro se convierten por su resurrección en el dios de los vivos y 
los muertos y en su Juez Supremo; los dos mueren como consecuencia de la 
traición de alguien muy próximo; el primer modelo de una Inmaculada Concepción, 
de un dios supremo Trino y Uno y de la iconografia clásica de la madre y el 
niño, se remontan al antiguo Egipto. Lo mismo ocurre con la Eucaristía como 
celebración del sacrificio expiatorio del dios que redime con su sangre a la 
humanidad, con el culto a la Madre de Dios y con la Trinidad.

También se observan otras coincidencias no menos asombrosas, pero que no 
pudieron ser fruto de ninguna voluntad consciente. Así, por ejemplo, sólo el 
Evangelio de Marcos alude a Jesús como hijo de madre soltera y en el mito de 
Osiris hallamos la acusación pública que hace Seth a Horus de no ser hijo 
legítimo. De hecho, Marcos apenas menciona los "rumores" respecto al nacimiento 
irregular de Jesús, un hecho que también recogió el Talmud judío. Resulta 
evidente que, en este tipo de detalles, el mito no pudo servir de modelo a la 
Natividad que recogen los Evangelios canónicos; es decir, la historia sagrada 
cristiana también reproduce fielmente ciertos detalles del mito, sin que medie 
una voluntad consciente por parte de sus autores. Sólo Mateo recoge el episodio 
de los tres Magos que siguen la estrella y el de la "Huida a Egipto", como 
unicamente Marcos menciona al pasar los "comentarios" sobre el nacimiento 
irregular de Jesús. De modo que ninguno de los textos presenta una coincidencia 
sistemática como sería lógico que ocurriera en el caso de que el mito de Osiris 
hubiese servido de fuente a los evangelistas-, sino que dicho paralelismo surge 
de modo independiente al examinar en conjunto todas las fuentes dispersas que 
han llegado hasta nosotros.

Por otra parte, el propio Talmud, como la versión eslava de La Guerra de los 
judíos de Flavio Josefo, entre otros textos, avalan la historicidad de los 
hechos fundamentales que narran los evangelios. Podemos afirmar que existió 
realmente un maestro judío que era hijo de padre desconocido, con notable fama 
de sanador, mago y taumaturgo, y que éste afirmó que resucitaría de entre los 
muertos antes del tercer día.

Sin embargo, el cotejo de los relatos evangélicos con el mito de Osiris no 
permite dudar de que estamos ante el mismo drama. Más aún: al margen de que no 
existan pruebas documentales, tampoco es posible descartar la posibilidad de que 
Osiris hubiera sido originariamente un personaje histórico. Del mismo modo, no 
puede rechazarse el hecho objetivo que señala Bauval sobre la asombrosa relación 
que existe entre Gizeh y Belén respecto de Sirio, ni el resto de las 
coinciden-cias antes descritas. 
Desde una perspectiva espiritual, el azar sólo es el nombre que damos a un tipo 
de sucesos cuya causalidad escapa a nuestra comprensión debido a nuestra 
ignorancia de las leyes que rigen el mundo. Pero nada impide que haya una 
relación causal entre un mito y la historia, o una determinación astronómica de 
los momentos clave en la vida de los hombres. En este sentido, el mito nos 
presenta el modelo atemporal de un drama que encarna una y otra vez en el 
tiempo. Desde este punto de vista, el hecho de que Sirio cumpliera la función 
que postula Bauval en el antiguo Egipto y en la Palestina del siglo I d.C. no 
tiene por qué suponer que el cristianismo haya sido "copiado" del mito de 
Osiris.

Tomar nota de las coincidencias no soluciona el enigma. Este es sólo el primer 
paso. Si no es probable que los evangelistas reinventaran el mito de Osiris, 
¿por qué éste se expresa con tanta asombrosa exactitud como un hecho histórico 
en la vida de Jesús? ¿Por qué la misma estrella egipcia de la resurrección, 
consagrada a la diosa madre Isis y a una procreación sin partici-pación del 
sexo, acabó convirtiéndose realmente en el astro anunciador de la Natividad y de 
la Virgen? ¿Por qué la configuración del cielo que vio nacer al Cristo permitía 
trazar una línea recta que conducía desde Belén directamente a Gizeh? Adrián 
Gilbert apunta al corazón de este misterio al buscar respuesta en la tradición 
oculta, acudiendo al libro En busca de lo milagroso, fragmentos de una enseñanza 
desconocida, en el cual P.D. Ouspensky recogió el magisterio de Gurdjieff al 
respecto. Éste afirma que el cristianismo se originó en Egipto como una escuela 
iniciática, pero también asegura que la Última Cena fue un hecho histórico en el 
cual tuvo lugar un extraño rito de comunión literal de los dis 
cípulos con el Maestro, mediante el acto de beber su sangre. Gurdjieff va aún 
más lejos al sostener que todo el simbolismo ritual del cristianismo proviene de 
Egipto. No es casual que este maestro contemporáneo empleara la expresión "hay 
que enterrar más profundamente al perro" (en referencia a Sirio, la 
estrella-perro) para expresar cuando era necesario ocultar mejor un secreto 
iniciático para preservarlo. ¿Pudo Jesús ser un Enviado especial, acaso un gran 
avatar, profetizado y secretamente esperado por esa misteriosa escuela de la 
cual nos habla Gurdjieff y cuya actividad en el antiguo Egipto también han 
atisbado, como una enigmática presencia civilizadora en la sombra, autores como 
Graham Hancock y Robert Bauval?

La relación entre la cultura egipcia y la judía encaja perfectamente con esta 
idea de una transmisión, puesto que la huella de la influencia profunda de la 
primera sobre la segunda es notoria en la Biblia, sobre todo en los libros 
sapienciales.

Dicha transmisión -protagonizada por la tradición iniciática primordial- sería 
un escenario obligatorio en el caso de que Jesús hubiera sido un gran iniciado o 
un "hijo de Dios", se atribuya a este término el sentido que se desee, 
incluyendo el concepto egipcio del faraón como un hijo de Ra o de Amón. En este 
caso, parece razonable que un ser excepcional, a quien se asignó una misión tan 
trascendente como universal, hubiera sido anunciado desde siempre a todas las 
culturas por parte de los iniciados en dicha tradición secreta, aparte de nacer 
bajo una configuración astral determinada y de un linaje de sangre escogido. 
No debemos olvidar que los Evangelios dan una enorme importancia a la genealogía 
davídica de Jesús, ni el hecho misterioso de que en ésta haya sangre real 
egipcia, no sólo a través de la familia de Moisés, sino proveniente de la unión 
del rey Salomón con una princesa del país del Nilo de cuya relevancia no cabe 
dudar, puesto que el "Rey Sabio" hizo erigir un templo consagrado a sus deidades 
en Jerusalén. 
Este hecho siempre ha intrigado a los historiadores, puesto que es el único caso 
conocido de una princesa real egipcia dada en matrimonio a un monarca 
extranjero. Hay documentos en los cuales los reyes de la XVIII dinastía expresan 
su desprecio hacia los soberanos que les facilitan a sus hijas a cambio de oro. 
Por tanto, no fue por oro que se hizo una excepción con Salomón. ¿Cuál fue 
entonces el motivo?

También resulta muy llamativo que en una cultura tan misógina como la judía la 
condición de miembro de dicho pueblo sea transmitida por línea materna. Esto no 
se hace por el valor asignado a la mujer, que era más bien nulo sino porque 
aporta un mecanismo de seguridad en la transmision del linaje, dado que la 
maternidad es una filiacion evidente, mientras que la paternidad del hijo es 
algo que se presume, pero que no admite certeza absoluta. En Egipto también 
hallamos claros indicios de una voluntad obsesiva por mantener la transmisión de 
la línea de sangre real bajo un estricto control de su pureza, a través del 
matrimonio consanguíneo, que no obstante era tabú para el resto de la población. 
Finalmente, no puede olvidarse el intimo vinculo que existe entre la cultura 
egipcia y la judía. Para fundar su propia teocracia, el pueblo de Israel parte 
en busca de la tierra prometida desde Egipto. De hecho, su consolidación como 
un estado unificado, que se produce hacia el 1100 a.C., se hace realidad con el 
rey David, fuente del linaje de Jesús, cuyo heredero Salomón se unió con una 
princesa egipcia y escogió como modelo político la teocracia de ese imperio, 
hasta el punto de ser definido por algunos historiadores como "un faraón de 
Israel".

La religión eterna

La existencia de la tradición iniciática desconocida no es, en todo caso, una 
simple deducción de Bauval y Gilbert, entre otros autores modernos. Durante la 
patrística, san Agustín afirmó que el cristianismo era el nombre que "la 
religión verdadera" había adoptado "después que Cristo vino en un cuerpo", pero 
que dicha religión verdadera "ya existía desde el comienzo de la raza humana". 
Agustín tuvo luego que retractarse por presión de la de Roma, pero es evidente 
que conocía bien el tema desde sus años jóvenes, cuando fue gnóstico, como 
ocurrió con otros padres de la Iglesia de los primeros siglos que valoraban los 
mitos paganos como auténticas profecías anunciadoras del Cristo. 
En relación al misterio del nacimiento de Jesús, la probable transmisión de un 
legado secreto sugiere que la presentación de María como madre virgen fecundada 
por Dios -a imagen de la reina egipcia que se unía al dios para engendrar al 
Faraón también constituye un símbolo que atañe al hecho de que el Enviado 
anunciado seguramente pertenecía a una antiquísima estirpe sagrada y que su 
procreación se hizo siguiendo unos requisitos que garantizaban su dotación 
genética.

En este escenario, el magisterio de Jesús se inscribe en una misión de mucha 
mayor trascendencia, dado que ésta presentaría una continuidad en relación a un 
plan desarrollado a lo largo de muchos milenios. Para vislumbrar el signi-ficado 
profundo de dicha misión habría que estudiar sus sucesivas manifestacio-nes a lo 
largo del tiempo. No sólo hacia el pasado, que nos remite a la fuente egipcia, 
sino también hacia el futuro, puesto que él mismo es quien anuncia su regreso y 
afirma que estará junto a "los suyos" en todas las generaciones, hasta "el final 
de los tiempos". 



 SAKKARA,DIOSES Y PIRAMIDES :

LOS DIOSES ATERRIZARON EN SAQQARA 
 

Las tumbas vacías de la necrópolis de Saqqara suman otro fascinante interrogante a los muchos que aún permanecen sin respuesta.

MANUEL J. DELGADO

España

piramidologia.com

Tras el reinado de Menes, legendario fundador de Memphis, las dos siguientes dinastías (la II y la III) continúan su obra. Egipto se reafirma entonces como un país sólido en constante crecimiento. La nación pasa a contar con una capital y con una administración y la institución real se fortalece. Cuando Zóser llega al poder, se inicia el Antiguo Imperio, allá por el siglo XXVII a.C. Zóser (Djoser) significa en lengua egipcia “el prestigioso, el admirable, el sagrado”. Manetón le llama Tosorthos y precisa que con él se inicia la III Dinastía. Durante este periodo se le nombra con el patronímico de Neterierjet (que significa más divino que el cuerpo de los dioses).

Se sabe que Zóser reinó en un país unificado dual formado por el Alto y el Bajo Egipto. Debió ser un rey autoritario pero justo, tanto que se le rindió homenaje y dejó fama de hombre sabio y competente. Escribió libros didácticos para indicar a los futuros faraones la actitud justa a seguir ante dioses y hombres. Parece ser que durante su reinado se enfrentó a un grave periodo de hambre, según explica una estela de la época de los ptolomeos. Es la Estela de Famine o “Del Hambre”, descubierta en 1889 por Charles Wilbour al sur de la isla de Sehel, en la región de Elefantina, en Aswan (Assuán). La estela cuenta cómo una profunda tristeza afligía a Zóser. Una sequía de siete años impedía que el Nilo se desbordara y las tierras permanecían secas. El rey comprendió que Jnum debía estar enfadado, por lo que ordenó que se realizasen purificaciones, procesiones en su honor, ofrendas de pan, cerveza y animales. Fue entonces cuando se produjo el sueño que narra la estela. El dios Jnum se le apareció para decirle que si seguía rindiéndole homenaje la inundación bianual se produciría de nuevo. Cuando despertó del sueño, el faraón redactó un decreto a favor de Jnum, le hizo una ofrenda que comprendía la región entre Aswan y Tacompso (el Dodecasceno, según los griegos), y el milagro se produjo. Volvió la abundancia y cesó la hambruna.

 El enigmático Imhotep

Imhotep era hijo de Kanefer, quien ostentaba el título de jefe de las obras del país del sur Y del norte, es decir, maestro de obras del reino con talleres en Menphis. “lmhotep” significa, en antiguo egipcio, “el que llega en paz”, y no sólo pasó a la historia como el gran arquitecto que construyó el complejo de Zóser en Saqqara, sino también por ser mago, médico, astrólogo, escritor y filósofo. Poseía además altos cargos administrativos en la corte de su rey, Zóser. Sus títulos aparecen en una solemne inscripción sobre el zócalo de una estatua de Zóser: “Canciller del rey en el Bajo Egipto, Primero después del Rey, Administrador del Gran Palacio, Noble Heredero, Gran Sacerdote de Heliópolis, Carpintero, Escultor y Fabricante de vasijas de piedra”. Otros documentos le atribuyen cargos como “Jefe de la justicia, Superintendente de los archivos reales, Vigilante de lo que aportan el cielo y la tierra del Nilo, Vigilante de todo el país, Jefe de los magos, y Portador de las fórmulas que hacen eficaces los ritos”.

Por ser sumo sacerdote de Heliópolis, “Ur mau”, que se traduce como “el que ve al grande” o “el mayor de los videntes”, su obra arquitectónica no sólo tuvo finalidad estética. Tras su muerte fue honrado durante mucho tiempo como patrono de los escribas y escritores, quienes - al empezar a dibujar jeroglíficos - vertían unas gotas de agua en honor de la memoria de su ilustre antepasado, Imhotep.

En tiempos de la Dinastía XXVI se confeccionaron estatuillas de bronce con su figura, sentado, con un rollo de papiro sobre las rodillas, la cabeza rapada y vestido con traje largo. Los faraones instauraron un cuerpo especial de sacerdotes, pues le tenían como un hijo del dios Ptah, patrono de los artesanos, y de la diosa Sekmet. Con ello llegó a tener la más alta consideración, la concedida a un verdadero hijo de dios, y fue venerado hasta el final de la cultura faraónica.

En tiempos de la dominación de Darío el Persa, los egipcios honraron la memoria del Imhotep arquitecto y le atribuyeron el diseño del plano del inmenso templo de Edfú, en el Alto Egipto.

Son numerosos los templos y santuarios en su honor. Destacan los de Karnac, Deir el Bahari, Deir el Medinah y Philae. Durante las últimas dinastías egipcias, bajo la influencia helénica, los griegos identificaron a Imhotep con su propio dios de la medicina (Asclepios, conocido también con el nombre de Esculapio). Los santuarios de Imhotep fueron considerados como un Asclepeion, un sanatorio donde no faltaron las curaciones milagrosas. La gloria de Imhotep no acabó con el fin de la cultura faraónica, pues su nombre puede leerse en todos los escritos herméticos y en los tratados de las llamadas ciencias ocultas. Él, el gran mago, fue el precursor de los alquimistas. Zósimo de Panópolis, el primer alquimista egipcio reconocido documentalmente, redactó un libro dedicado a Imhotep.

El complejo monumental del enigmático Zóser

El emplazamiento de Saqqara fue dado a conocer en Occidente en 1821 por un general prusiano, Von Minutoli. El ingeniero S. Perring empezó las exploraciones en 1837. El arqueólogo alemán Richard Lepsius realizó una primera exploración sistemática entre 1842 y 1843, y el francés Augusto Mariette descubrió el Serapeum en 1851. El conjunto de Zóser empezó a despejarse de arena en las campañas de 1924 hasta 1927, llevadas a cabo por Cecil M. Firth. El arqueólogo francés Jean-Philippe Lauer empezó a trabajar en Saqqara en 1926, labor que prosigue en nuestros días.

El recinto ocupa 15 hectáreas. La muralla que lo rodeaba medía más de 1.500 metros de longitud y 11 metros de altura, con una única entrada al este. A través de ella se penetra hoy en el espacio cubierto de columnas más antiguo que se conoce en toda la Tierra. Mide 54 metros de largo y está bordeado por 40 columnas. De allí se sale a la gran explanada del lado sur de la pirámide. En el ángulo sudoeste hay una pared rematada con un friso de cobras (“uraei”, que tenían la misión de alejar las fuerzas nocivas).

El patio del Heb-Sed ocupa la zona este del recinto. Allí se efectuaba una ceremonia muy especial. Como Osiris había reinado durante 30 días en Egipto, los faraones creyeron que reinar más de 30 años ofendería a los dioses y se sometían a un ritual de rejuvenecimiento: el rey moría y volvía a nacer de nuevo, con energías renovadas ante un nuevo reinado. Las representaciones muestran al faraón corriendo, saltando, luchando, con claras muestras de juventud y virilidad para demostrar al pueblo que era aún apto para seguir reinando. El patio de la fiesta del Heb-Sed de Saqqara es el mejor conservado de los que se conocen. Al norte de la pirámide se encuentra su entrada original, que se interna bajo la pirámide hacia las profundidades. En esta explanada se adivina el templo anexo. A un lado se encuentra el denominado Sirdab, una cámara que contiene una estatua de Zóser. En la actualidad, un molde reemplaza al original, que se conserva en el museo de El Cairo. Los ojos de cristal de roca, que estaban engarzados en alvéolos de cobre, han desaparecido.

La pirámide escalonada

La pirámide escalonada domina todo el conjunto desde su centro. Fue la primera que se construyó y, probablemente, la única pirámide escalonada que se concluyó. Es absolutamente maciza, colocada justo encima de los pasadizos y cámaras excavados en el suelo. Su núcleo fue una mastaba con una base casi cuadrada (62 m de lado) por encima de un pozo principal del que surgen corredores hacia diversas cámaras.

Cuando el arqueólogo Jean Philippe Lauer, a 28 metros de profundidad, perturbó por primera vez el silencio de esos lugares, descubrió una verdadera ciudad-laberinto de complicada distribución, formada por la tumba del rey, sus dependencias, la tumba de las reinas y de los niños reales, galerías, pasillos y habitaciones de diversos tamaños. En unas cámaras se encontraron dos sarcófagos de alabastro, uno de los cuales contenía los restos mortales de un niño. Otras cámaras se encontraron repletas de vasijas de piedra. Se cuentan, al menos, 40.000 de alabastro, pizarra, diorita, dolerita, granito... Varias tenían grabado el nombre de faraones de la l y II dinastías y de otros personajes importantes. Una vasija destaca especialmente, pues ofrece una de las claves del conjunto: servía de soporte a un texto que desea a Zóser “un millón de fiestas del Sed” (que su reinado se renueve eternamente).

La momia de Zóser no se halló en el descubrimiento, aunque sí pudo rescatarse uno de sus pies. Las estelas describían al rey efectuando actos rituales, corriendo, mostrando su potente musculatura, con el flagellum (distintivo de gobierno) en una mano y el mekes (estuche que contenía el “testamento" por el que los dioses legan al faraón la tierra de Egipto) en la otra. Posteriormente, buscando el mismo propósito, algunos reyes se contentaron con esculpir algunos bajorrelieves de la famosa fiesta. En Saqqara la fiesta del Heb Sed cobró su plena significación. Para la arqueología no existe la menor duda de que el recinto piramidal de Zóser fue un monumento funerario. La pirámide se realizó a partir de las clásicas mastabas, a las que añadieron encima otras de menor tamaño hasta conseguir una forma piramidal, con seis mastabas superpuestas. Para ello, el proyecto inicial se fue modificando, ampliando la base de la primera mastaba varias veces hasta conseguir el resultado final. Las galerías interiores de la pirámide también parecen haber surgido al albedrío de impulsos aislados, sin aparente conexión con una idea original preestablecida.

De Zóser, de Imhotep y del complejo de Saqqara se ha escrito mucho - siempre lo mismo-, fruto de las conjeturas de varios “padres” de la egiptología que, en base a débiles argumentos, han dibujado a su medida unos acontecimientos históricos más cercanos a la novela que a la arqueología. Porque en Egipto resulta una constante que los descubrimientos avalen las teorías, cuando debiera ser justo lo contrario: que las teorías surjan de los descubrimientos. Por ejemplo, griegos y romanos coincidieron en llamar tumbas a las pirámides y tal idea ha prevalecido pese a que jamás se haya encontrado resto alguno de los faraones en ninguno de estos monumentos. Siempre surge el caso de Zóser frente a esta polémica, pues se afirma que el descubridor de la “tumba”, lean Philippe Lauer, encontró uno de sus pies.

Pues bien, en una entrevista personal, el propio Lauer me manifestó que la cosa alargada y negra que catalogó como un pie ni sabía lo que era ni sabía de quién era, aunque en su libro Saqqarah, une vie, afirma que “el pie de Zóser y las momias de la V y la VI dinastías que se han podido encontrar en Giza y en Saqqara corresponden a falsas momias”. Debemos admitir, por tanto, que el enterramiento era ritual y no físico.

Se cree que la ausencia de cadáveres de faraones en las pirámides se debe a que los violadores de tumbas las saquearon todas. Falso. Los arqueólogos han logrado llegar al interior de varias pirámides que conservaban los sellos intactos, como la pirámide de Sekhemkhet, descubierta por Zakaria Goneim en 1956. El presidente egipcio Nasser acudió el día en que se iba a retirar la tapa del sarcófago. Quedó tan desconcertado como todos los presentes: ¡el sarcófago estaba vacío!

Terapias reales de rejuvenecimiento

Según los últimos descubrimientos, lejos de ser tumbas, las pirámides bien podrían representar la vida. El faraón demostraba así a su pueblo que era todavía joven para seguir gobernando. Pero esta interpretación que suele aplicarse a la fiesta del Heb-Sed, o del jubileo, o del rejuvenecimiento, no sólo no convence sino que puede ser rebatida con argumentos mucho más sólidos. Hay que preguntarse por qué un faraón, de la estirpe directa de los dioses, poder religioso, militar, económico y jurídico, debía demostrar a nadie que podía seguir gobernando, y menos en un recinto que se ocultaba tras una tapia de 11 metros de altura. Pero los documentos que se tienen de esta fiesta, analizados de otra forma, nos indican que las ceremonias duraban meses, el faraón se introducía en su totalidad en un sarcófago relleno de un líquido por espacio de tres días, que mediante la administración de ciertas drogas volvía a respirar rejuvenecido y que todo o este ritual físico iba acompañado de profundos estados de conciencia o de meditación.

Análisis realizados en laboratorio han demostrado que el tiempo que tarda en producirse cualquier decantación o precipitación coloidal (separación en un líquido de sus dos componentes: en la leche sería la nata y el agua) se multiplica hasta diez veces si el experimento se realiza en el interior de un objeto de forma piramidal. Si la medicina afirma que gran parte del envejecimiento se produce por la precipitación de los coloides de la sangre sobre venas y arterias, dentro de una forma piramidal retardaríamos nuestro envejecimiento, lo que nos sitúa a un paso de las técnicas para el rejuvenecimiento usadas en el Antiguo Egipto. Éste es un paso que aún no hemos logrado dar, pero que verificaría las ceremonias del Heb-Sed y el significado tanto de los supuestos sarcófagos como de la propia pirámide.

Y también entenderíamos el enigmático título de Imhotep de ]efe de los Magos, portador de las fórmulas que hacen eficaces los ritos.

Desarrollo científico

El dios Esculapio fue la encarnación de Imhotep en la Grecia antigua, e incluso adoptó su emblema: una serpiente enroscada sobre un bastón, que se convirtió con el paso del tiempo en el símbolo de la medicina occidental. Curiosamente, la representación de la molécula de ADN (ácido intracelular de los seres vivos que contiene el código genético) corresponde exactamente con esa espiral que ya ostentaba Imhotep como tarjeta de visita.

Otro de los titulos de Imhotep era El que ve al grande o El mayor de los videntes. Y resulta chocante que este título también tenga un significado especial. Ya hemos visto la historia de la hambruna narrada en la Estela de Famine; pero ésta cuenta muchas otras cosas, como que el faraón Zóser tuvo un sueño en el que el dios Jnum se aparece a Imhotep y le da, ni más ni menos, la fórmula para hacer piedras ablandadas con las que construir templos y pirámides. Pues bien, el doctor Joseph Davidovits, catedrático y director del Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad de Barry (Florida), profesor de la Universidad de Toronto y colaborador del Instituto Geopolimérico de París, ha logrado -mediante la fotografía microscópica- descubrir pelos, trozos de uñas y fibras textiles en el interior de bloques de piedra procedentes de la Gran Pirámide, que supuestamente provenían del Eoceno, en la Era Secundaria. Ha conseguido además reblandecer rocas calizas aunque, por el desconocimiento de la traducción exacta de parte de los jeroglíficos, no ha conseguido aún que volvieran a su estado de dureza inicial. Cabe preguntarse qué otros conocimientos se manejaron en aquella época. Hemos considerado la biología, la medicina, la geología y ahora, por qué no, la aeronáutica. Pero... vayamos por partes.

Tecnologías del futuro

Existe un lugar enigmático por naturaleza al que llaman el Serapeum, palabra griega que se refiere al lugar de culto del buey Apis. Es un lugar sobrecogedor.  En pleno desierto libio, en el mismo lugar donde se encuentra Saqqara, un corredor conduce al visitante hasta una gran bóveda subterránea desde donde nacen dos galerías. La principal recorre cerca de 200 metros, en la más absoluta oscuridad. El sonido de los pasos rasga un ambiente de hechizo y la ilusión que se tiene es que se ha entrado a otro mundo. Similares debieron ser las impresiones del arqueólogo Mariette, padre de la egiptología, cuando hizo este hallazgo en 1851. Y claro, sarcófagos de 60 toneladas sólo podían corresponder a.... ¡bueyes!

Tal presunción suya ha prosperado, pese a que en ninguno de los 24 sarcófagos que encontró hubiera restos de tales animales. Fue descorriendo una por una las tapas que los cerraban, cada una de 15 toneladas de peso, que incluso estaban adheridas con pegamento; pero su interior estaba vacío. Allí quedan las muestras de tan infructuosa búsqueda, e incluso de los restos de uno de los sarcófagos, el que más trabajo costó abrir sólo mostró su interior después de suministrarle una buena dosis de ¡dinamita! Cuenta Mariette que tras la explosión, el polvo se introdujo hacia el interior del sarcófago: ¿es éste un indicio de que el sarcófago fue cerrado al vacío?

De los 24 sarcófagos sólo tres tienen algún tipo de escritura. Una mano temblorosa, lejos de la perfección que ofreció la industria egipcia, garabateó con un punzón un texto en uno de los tanques. Todo el conjunto se ha datado como realizado en la época de los ptolomeos. Otro asunto archivado. Pero la arqueología, tan disociada en Egipto de la técnica, ha impuesto su discutible criterio sobre cómo se edificaron las pirámides, cómo se transporta un bloque de 2.000 toneladas o cómo se taladra la diorita, pero no se ha fijado en la firma que dejaron en la piedra los verdaderos constructores del Serapeum. Cada uno de los sarcófagos presenta unas muescas realizadas, indiscutiblemente, con máquinas; están situadas en lugares estratégicos en cada uno de ellos para cumplir una misión insospechada.

En cualquier taller de rectificados de motor emplean la misma técnica. Toda cosa que ruede alrededor de un eje necesita un equilibrio. En el caso de las ruedas de los coches se añade un trozo de plomo donde tiene la carencia y con ello se soluciona el problema. Pero en el caso de los cigüeñales o de las bielas, en lugar de incrementar peso en la parte más liviana lo que se hace es una perforación en la parte más pesada, rebajándose el peso y equilibrando el conjunto, exactamente igual que en los sarcófagos del Serapeum. Increíble. No podemos imaginarnos a los tanques de 75 toneladas girando, aunque sí vibrando, porque en los coches estas perforaciones también se pueden hacer en el bloque del motor para evitar precisamente, la vibración inoportuna.

Se ha hablado mucho de la energía piramidal. Numerosos estudios indican, aún sin lograr comprenderla, que tal fuerza se produce. Cualquier técnico en electricidad nos diría que él jamás ha creado una fuente de energía sin preocuparse de cómo conservarla y administrarla convenientemente. Es posible que en el Serapeum se almacenara la energía piramidal y desde allí se canalizase con una técnica y propósitos desconocidos. 
 

La hipótesis extraordinaria

Los que hemos tenido la ocasión de visitar el interior de la pirámide de Zóser hemos vivido la experiencia sobrecogedora de asomarnos al enorme pozo central. La primera impresión es que la pirámide escalonada se hizo encima de uno de los misteriosos pozos que cruzan Egipto, idea enfrentada a la oficialista, que indica que la construcción del monumento se realizó junto a las perforaciones. Indudablemente, el pozo era muy anterior a la pirámide. Arquitectónicamente hablando es una aberración construir un pozo de 9xl2 metros de sección y 28 de profundidad, y hacer gravitar luego sobre él toda una superestructura de bloques de piedra. El andamiaje de madera que soporta la bóveda hace inestable el monumento, con graves problemas de resistencia. Existen en Saqqara otros 2 pozos de este calibre perfectamente visibles. Uno de ellos se encuentra dentro del propio recinto de Zóser, situado en su lado sur. El otro se encuentra fuera, cerca de la pirámide de Unas. Y debe haber muchos más escondidos en el desierto.

En la meseta de Giza, el Pozo de Campbell mantiene las mismas medidas: en 100 metros cuadrados de meseta se han excavado 30 metros de profundidad. La bibliografía sobre estos gigantescos pozos es prácticamente nula y lo poco que se puede encontrar sólo logra confundirnos. La fecha de su construcción varía, según cada texto, desde las primeras dinastías hasta el periodo ptolemaico y la identidad de los constructores es un auténtico misterio. ¿Y qué decir de su tamaño? porque para bajar un sarcófago no hace falta hacer pozos tan grandes. Encontré una desafortunada respuesta en otro libro de la Biblioteca del Museo de El Cairo: “En muchas de las tumbas saqqarianas del periodo de la Dinastía XXVI se construyó una cámara sepulcral bajo un pozo ancho y profundo que, posteriormente, se rellenaba de arena. Remover esa enorme cantidad de material inestable suponía a los saqueadores de tumbas dificultades técnicas mucho mayores que el romper o sortear la piedra de los periodos anteriores”. El que escribió esto no se ha planteado lo que cuesta picar, sacar y transportar 3.000 metros cúbicos de roca para luego acarrear 3.000 metros cúbicos de arena y rellenar el agujero.

Un laberinto bajo tierra

La explicación arqueológica del pozo situado en el recinto de Zóser es que si el pozo de la pirámide corresponde a la tumba norte correspondiente al Bajo Egipto, el otro corresponde a la tumba del Alto Egipto. Efectivamente, todos los faraones del Imperio Antiguo se hicieron construir dos tumbas, una en la zona de Memphis y otra en la de Abydos, correspondientes al norte y al sur.

En el caso de Zóser se ha encontrado su tumba en Abydos, con su nombre perfectamente escrito, lo que anula la suposición de este pozo como simbólica tumba del sur. La idea de que los pozos existían antes de la construcción del complejo de Zóser viene también avalada por la existencia de todo el laberinto de galerías y cámaras que parten desde el pozo de la pirámide. En primer lugar, el maestro de obras de Zóser se equivocó en sus cálculos. Inició en la explanada del norte, fuera de la pirámide, un canal descendente para alcanzar la base del pozo, pero desembocó a media altura. Desde dicho canal tuvo que hacer otro, con mayor inclinación, para llegar a la base. Todos los corredores no están al mismo nivel y, al ser excavados, algunos dieron con otros ya construidos, cruzándose entre sí.

El arqueólogo Lauer pudo llegar hasta algunas cámaras perforando varias paredes, ya que su acceso natural era desde el exterior, a 32 metros de altura, por la boca de otros pozos que quedaron tapados al construir la pirámide. Por tanto, los 40.000 objetos encontrados por Lauer no correspondían todos a Zóser, pues no pudo tener acceso a ellos. Se dice que el faraón honró a sus antecesores poniendo sus nombres en vasos, platos y jarras de piedra, cuando lo cierto es que fueron sus predecesores quienes dejaron sus ofrendas, confundiéndose todas tras el desplome de varias galerías y los trabajos de Lauer.

Los dioses que despegaron

Si Zóser construyó el patio del Heb-Sed, el recinto, las casas del norte y del sur y la pirámide, algo debía existir allí que hizo que reyes anteriores celebraran sus rituales. Y no se me ocurre otra cosa que los pozos, que ya existían con anterioridad a Imhotep.

Pero el asunto se aclara, o se enreda, según se mire, cuando buceamos en la religión de aquellos antiguos egipcios. En un jeroglífico sobre grafito de la XVIII Dinastía podemos leer: “El amanuense Ahmose, hijo de Yeptah, llegó a ver el templo de Zóser. Le pareció que el cielo estaba dentro, alzándose en él Ra”. Bien es cierto que muchos arqueólogos han querido ver en la pirámide escalonada una escalera que sube al cielo, pero también es posible que la figura no sea tan literaria y que guarde entrelíneas algo más concreto.

El sirdab (o serdab) es el lugar destinado en las tumbas para el doble del faraón. En todas las tumbas y pirámides de Egipto tiene la misma forma: una silueta de puerta donde se expone la figura del difunto, todos ellos similares menos el que encontramos en Saqqara, único en su naturaleza y, quién sabe, en su significado. Es una cápsula hermética, con dos ventanucos a derecha e izquierda y en su interior la estatua de Zóser. Todo está igual que hace 5.000 años, menos los ojos de la estatua, que le fueron arrancados, seguramente por ser piedras preciosas. Lo increíble es que esta cápsula no está posicionada verticalmente, sino con una inclinación de 16 grados, los mismos que tendría la pendiente virtual de la pirámide escalonada. ¿Casualidad?

Saqqara debe su nombre al dios Sokar, un dios de oscuro origen, patrón de los herreros, siendo el encargado de fabricar los huesos, el armazón, del rey. Él guardaba la puerta del Mundo Subterráneo, (pozo), y habitaba en una gruta secreta, denominada Imhet o “La Puerta de los Caminos”, situada en lo más profundo de este mundo (subsuelo). Sokar tiene como reino las arenas del desierto, que representan un área del Más Allá.

La barca del dios solar que navega por el río subterráneo al llegar a este punto tendrá que transformarse en serpiente para poder seguir avanzando. Sokar lleva por ello el epíteto de “El que está sobre su Areno en lo quinto horo de lo Duot, El Selior de la Misión Misterioso, El Gran Dios con los Alas Abiertos”, relacionado con su función y su cueva del Más Allá.

¿Depósitos de misiles?

Su iconografía es la de un hombre con cabeza de halcón. En los textos más antiguos, Sokar parece haber sido un gavilán que más tarde es sustituido por un halcón, para asemejarle a Horus. Uno de los símbolos más representativos del dios es una barca extraña y arcaica, llamada Henu, guardada por genios, que contenía la imagen momiforme del dios. Dicha barca tenía una gran cabina abovedada y numerosos remos. Las figuras de este dios solían presentarse sobre una base en la que se guardaba un papiro que recogía fragmentos del libro de los Muertos. En Saqqara y, por supuesto, en todo Egipto, encontramos una gran cantidad de enigmas sin respuesta: un dios del subsuelo, Sokar, El Selior de lo Misión Misterioso, con una barca que tiene una cabina abovedada y cuya representación era un ser volador, el gavilán, anterior al propio Horus; un sacerdote, Imhotep El mayor de los Videntes, Portador de los fórmulas que hacen posibles los ritos, con revelaciones divinas sorprendentes y poseedor de muchas cartas que “caen” del cielo; un patio del Heb-Sed que fue testigo de curaciones milagrosas; unos pozos de origen desconocido que nos hacen recordar las instalaciones subterráneas de lanzamiento de misiles intercontinentales del siglo XX; un serdab con forma de cápsula, único en Egipto; el Serapeum, sarcófagos de los que no sabemos ni su origen ni su finalidad, colocados en batería; una pirámide, la primera de Egipto, en la que “el cielo estaba dentro y desde donde Ra se alzaba”; rastros de contactos con los dioses en las azoteas de los templos, en papiros y en El Libro de los Muertos, que describe un viaje extraterrestre hacia “los orígenes” y, sobre todo, representaciones de una extraña barca solar alada, que no era el Sol, y una técnica anacrónica y desconcertante no superada por la tecnología de la era espacial... Por supuesto, tenemos mucha imaginación, pero con menos datos se han escrito muchas historias de Egipto, incluso las oficiales.

Algún día - o tal vez nunca- sabremos lo que realmente ocurrió en el Antiguo Egipto; o lo que hicieron aquéllos a quienes los egipcios recordaban y adoraban. Los textos de las pirámides empiezan con esta fórmula: “Oh rey, tú no te has ido muerto, te has ido vivo”. Quizás aquí esté la respuesta a tanta tumba vacía. 



QUE REPRESENTA LA ESFINGE ? :

¿Representa La Esfinge A Un Ser Volador? 
 

En razón del lamentable estado en que se encuentra la enigmática Esfinge de Gizeh resulta imposible determinar qué representa ni con qué fin la levantaron. No hay manera de saber qué clase de rostro es el suyo y si tuvo originalmente en el lomo un par de alas, como otras esfinges de menor tamaño que no han sufrido tan bárbaras mutilaciones. Y son muchos más los misterios que encierra esta estatua monumental, única en el mundo, cuyo nombre ha venido a convertirse en sinónimo de enigma sin solución.

 Muy Poco Se Ha Logrado Averiguar De La Estatua 
 

La Esfinge de Gizeh, maltratada y mutilada, sigue impasible, resistiéndose a los intentos realizados para conocer su verdadera personalidad. Da la espalada a las pirámides, como queriendo ocultar el secreto milenario de su personalidad. ¿Se descubrirá éste algún día y perderá su nombre el significado de enigma sin solución?.

Hay en la tierra un buen número de monumentos de piedra y de construcciones de la antigüedad acerca de los cuales se han realizado hallazgos que han venido a aclarar en parte el misterio que encierran. O han aparecido textos que alguna luz han aportado a cada caso y se han conservado tradiciones cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Si se estudian unos y otros con detenimiento algo aclararán y ayudarán a comprender más de un enigma cerrado a toda explicación.

Pero en la Esfinge de Gizeh, que se levanta entre las pirámides y el río Nilo, no ha sucedido lo mismo. Sigue impasible, resistiéndose a los intentos realizados para conocer su verdadera personalidad. En la llanura inglesa de Salisbury están los famosos Avebury y Stonehenge, formados por dólmenes y menhires enormes, donde se dice que los sacerdotes druidas adoraban al sol. Los romanos, con la perversa intención de desprestigiar a los habitantes de la isla que deseaban conquistar, dirían que en Stonehenge se celebraban bárbaros sacrificios humanos, pero en los últimos años el astrónomo Gerald Hawkins vino a demostrar, con la ayuda de una computadora, que el citado monumento de forma circular fue en realidad un observatorio astronómico.

En torno a la misma Gran Pirámide han circulado docenas de leyendas, plagadas de exageraciones algunas, que remontan a los tiempos de los árabes y de los griegos. Todas ellas son reveladoras. El interior de este monumento de piedra ha sido abierto en varias ocasiones y los matemáticos han deducido ciertas relaciones que todavía se ignora si fueron obra del azar o si tenían una finalidad bien determinada.

La relación de edificios poseedores de algún misterio que ha sido aclarado en parte seguiría con las cabezas monumentales de la isla de Pascua, las construcciones ciclópeas de Zimbawe, en el sur de África, las losas de Baalbek, consideradas por el soviético Agrest como pistas de aterrizaje para naves extraterrestres, y con muchos más.

Pero, aunque el lector se resista a creerlo, nada de esto nos ha aportado la Esfinge. Ningún dato se conserva, ninguna información se ha obtenido que pudiera conducir a la solución de su enigma eterno. 
  
 

Sólo Sabemos Que Es Un Monumento Gigantesco 
  
 

Herodoto ya empezó a interesarse por el enigma de la Esfinge de Gizeh, pero cuando preguntó a los sacerdotes egipcios acerca de ella no supieron contestarle nada, tan sólo que la llamaban hu.

Lo primero que sorprenderá al turista que acuda a admirar la Esfinge será su tamaño descomunal, que ha perdido gran parte de su forma original y que está esculpida en la roca viva, esa misma que forma la meseta de Gizeh y que sirve de base a las pirámides cercanas. No dejará de observar que desde la base de la estatua hasta la punta superior de su carcomida cabeza tiene la altura de un edificio de cinco pisos y que su longitud desde el extremo de las patas delanteras hasta lo que pudiera ser el comienzo del rabo, es igual a la anchura de un campo de fútbol.

Exclamará con asombro que se encuentra ante la estatua más grande del mundo, superada únicamente en elevación por la de la Libertad, pero por más que se devane el cerebro intentando calcular el número de obreros que trabajaron en la construcción de la Esfinge, o qué faraón ordenó crear el monumento, o si es su rostro el que en ella figura, le resultará imposible hacerlo. Y ningún texto de la antigüedad le ayudará a descifrar el misterio.

A los griegos les había fascinado la Esfinge desde muchos años antes de iniciarse la era cristiana. Quisieron en vano identificar a su constructor. Cuando Herodoto visitó Egipto le informaron los sacerdotes acerca de la Gran Pirámide, pero ninguno supo decirle nada sobre la Esfinge. Se limitaron a decir que le daban el nombre de hu, es decir, figura esculpida en la roca, palabra que los griegos convertirían en la que utilizamos ahora, quién sabe por qué.

Durante algún tiempo, los egiptólogos creyeron erróneamente que fue Tutmoses IV el faraón que ordenó esculpir la Esfinge, todo porque apareció su sello real en la piedra. Pero se vino a descubrir más tarde que todo remontaba a los tiempos en que, siendo un joven príncipe Tutmoses, fue a cazar al desierto y quedó tan agotado que se echó a dormir a la sombra de la Esfinge, totalmente cubierta por las arenas.

Se le apareció en sueños al cazador el dios Hermekhis y le suplicó quitar la arena que cubría a la estatua. Prometía recompensarlo muy pronto. El príncipe obedeció. La recompensa consistió en que murió Tutmoses III y subió al trono su hijo Tutmoses IV. Y como este faraón era un hombre agradecido, rindió homenaje a la Esfinge esculpiendo su nombre en la piedra, para que a partir de entonces se relacionase a ambos.

Y bien que los relacionaron. Porque, por culpa del sello, se tuvo la certeza largo tiempo que había sido Tutmoses IV el constructor de la Esfinge y que el rostro del extraño ser era el del faraón. Hasta que se cayó en la cuenta de que, habiendo vivido Tutmoses en el siglo XV antes de Cristo, no podía ser contemporáneo de la Esfinge, que era muy anterior.

Otra creencia que se vino por tierra fue la que tenía que ver con el sexo de la Esfinge. ¿Era de hombre o de mujer? No se pudo precisar tal cosa, en razón del mal estado de la cabeza, destrozada por culpa del viento del desierto, cargado de arena afilada como lija. Y también por culpa de los hombres. La historia nos informa que a comienzos del siglo pasado unos soldados turcos, los llamados mamelucos, se divirtieron utilizando la Esfinge como blanco para el tiro de cañón. Tan certera fue su puntería que su jefe, Mehemet Alí, los mandó degollar a todos en el momento de enterarse de la proeza. 
  
 

Los Griegos Se Apropiaron De La Esfinge De Egipto 
  
 

Immanuel Velikovsky sostenía que Venus era un cometa que había causado muchas de las catástrofes que describe la Biblia: el diluvio, las plagas de Egipto y la caída de las murallas de Jericó.

Antes de proseguir con nuestro relato tendremos que detenernos un instante en un personaje egipcio, siquiera de pasada, porque más adelante lo contemplaremos con más calma. Y lo relacionaremos con una curiosa teoría ideada por un ruso de profesión médico que vivía en Nueva York desde 1939.

Immanuel Velikovsky publicó en 1952 un libro titulado Mundos en colisión, que le dio fama casi inmediata al mismo tiempo que le enajenaba el odio eterno de los sabios aferrados a la tradición, que hasta en Estados Unidos abundan. En su obra tan discutida atribuía al choque de un planeta errante -que pudo ser Venus, según él- contra la Tierra la serie de cataclismos que devastaron al mundo hace diez o doce mil años.

Siguieron a este libro dos igualmente interesantes: uno era Mundos en caos. El otro se titulaba Edipo y Akhenaton y se refería al mito de la esfinge, que tenía mucho que ver con este soberano egipcio. Akhenaton fue un soberano con madera de reformador religioso. Era un ser extraño que intentó implantar una religión de un solo dios para desplazar al politeísmo ancestral de los egipcios. Al parecer sentía por su padre Amenofis III un odio que tenía mucho de celos, y por su madre la reina Tyi un amor enfermizo, una pasión que los psiquiatras llaman complejo de Edipo cuando están de buenas.

Los griegos quedaron fascinados al conocer las peculiaridades de esta familia real, donde el padre se acostaba con su hija, el hermano con la hermana y los abuelos con las nietas. Fue por culpa de Akhenaton que nació la leyenda de tan brutales cruces consanguíneos, que daría forma a una de las tragedias más impresionantes de la literatura universal: la de Edipo, quien tomó por esposa a su propia madre, Yocasta.

Ignoramos si la esfinge egipcia tuvo algo que ver con el asunto del hijo enamorado de su madre. Muy posiblemente no, porque media un abismo de varios miles de años entre ambos, pero a los griegos les pareció muy oportuno apropiarse de ella para convertirla en monstruo mitológico con cabeza de mujer y cuerpo de león que colocaron a las puertas de la ciudad de Tebas, en la Beocia -recuérdese que había Tebas en Egipto y la había también en Grecia -para hacerle la vida imposible a los visitantes, fuesen maleantes o pacíficos ciudadanos.

Los detenía el extraño animal y les hacía una pregunta que se nos antoja tonta, siempre la misma, que nadie sabía contestar y que era el reflejo mitológico de las preguntas realizadas por los sacerdotes egipcios a los jóvenes más inteligentes que deseaban iniciarse en los milenarios secretos: cuál es el ser que camina con cuatro patas por la mañana, con dos al mediodía y utiliza tres al llegar la tarde. Nadie sabía contestar a esta sencilla pregunta y por ello eran devorados por la bestia. Pero no sucedió lo mismo al arribar Edipo a Tebas. 
  
 

Edipo contesta la pregunta de la esfinge. ¿Se inspiró esta leyenda en la historia de Akhenaton y de Tyi?.

Acertó la respuesta: el hombre camina a cuatro patas en la niñez, utiliza dos piernas en la edad adulta y debe echar mano de un bastón al aproximarse a la vejez. Le fueron muy bien las cosas, hasta que le presentaron a su madre la reina Yocasta, a quien no veía desde su lejana infancia y se conservaba más hermosa que nunca.

La tomó por esposa y cuando se enteró del crimen cometido no aceptó el abominable incesto en silencio, sino que se enfureció por su torpeza y su falta de memoria y se arrancó los ojos de desesperación. Al parecer, tardó largo tiempo en conocer la verdad. Gracias a ello, su hija -que era también su hermana- había tenido tiempo de crecer y le sirvió a partir de entonces de lazarillo.

Pero regresemos a nuestra esfinge de Egipto, que es la buena, y veremos en ella más detalles interesantes. Observaremos que carece de senos como otras esfinges de menor tamaño. Nadie puede afirmar que los tuviese alguna vez. Su rostro es irreconocible. Lo único que puede afirmarse es que es chato, de cuello regordete y anchos pómulos y que tiene en la parte posterior de la cabeza un tocado faraónico. Tampoco puede decirse si el cuerpo es de leona y si tuvo alguna vez alas en el lomo, como otras figuras semejantes, que abundan en templos de todo el país. Hay muchas probabilidades de que la Esfinge fuese alguna vez un animal con alas, pero antes de llegar a una conclusión será preciso conocer algunos aspectos esotéricos que tal vez ayudarán a resolver en parte las dudas que puedan acometer al lector. 
  
 

El Zodíaco Contiene Elementos Para Aclarar El Misterio 
  
 

Constelaciones del zodíaco, formada por los doce signos del zodíaco, dan lugar a los equinoccios de primavera y otoño y a los solsticios de verano e invierno.

El año se divide en doce signos zodiacales, que corresponden a otras tantas constelaciones. Tres signos corresponden al equinoccio vernal, o de la primavera (Aries, Tauro, Géminis), los siguientes al solsticio de verano (Cáncer, Leo, Virgo), vienen a continuación los del equinoccio de otoño (Libra, Escorpio, Sagitario) y pertenecen los últimos al solsticio de invierno (Capricornio, Acuario, Piscis).

La posición relativa de las constelaciones varía muy lentamente con respecto a un punto fijo de observación de la Tierra, debido a cierto movimiento de balanceo de nuestro planeta en su órbita solar. Por culpa de ese balanceo, nuestra posición con relación a las constelaciones cambia cada 72 años el equivalente de un grado de arco. Puesto que la Tierra tiene 360 grados, cada signo del zodíaco comprende 30 grados, y han de pasar 2.160 años -72 multiplicado por 30-, aproximadamente, para pasar de un signo al siguiente, y unos 28.824 años para dar la vuelta a las constelaciones y regresar al punto de partida.

Este curioso fenómeno, llamado precesión de los equinoccios, era ya conocido en la antigüedad, donde le concedían una enorme importancia. A cada periodo de 2.160 años le daban el nombre de Era, y así ha seguido la costumbre hasta nuestros días. La era cristiana transcurrió bajo el signo de Piscis, como es bien sabido, y nos dirigimos hacia la de Acuario. Antes de Piscis, rigió al mundo la era de Aries, caracterizada por el cordero pascual del pueblo judío. Antes dominó la era de Tauro, identificada con el buey Apis de los egipcios.

De acuerdo con los esoteristas y los astrólogos, esta sucesión de eras podría determinar la fecha en que fue construida la Esfinge. Explican que lo que se inició con Virgo, o sea una cabeza de virgen, se concluiría con Leo.

Con base en este razonamiento sugieren que la construcción de la Esfinge tuvo lugar a mitad de camino entre Virgo y Leo.

Multiplicaron por 2.160 el número de eras que se extienden desde la actual hasta la de Virgo y llegaron a una fecha aproximada: el año 10000 antes de Cristo. Fue en aquellos tiempos que, según opinión de los esoteristas, cierto pueblo de la antigüedad comenzó a levantar el monumento que ha venido a convertirse en sinónimo de enigma. Pero, ¿tiene algún sentido esta fecha tan anterior a la nuestra? 
  
 

Se Dice Que La Construyeron Los Atlantes 
  
 

El dios griego Hermes pudo haber representado al dios atlante Hermekhis. Al cual, según algunas hipótesis, la Esfinge fue dedicada a él.

Cuando en el 590 a. C. visitó el legislador Solón, uno de los siete sabios de Grecia, la ciudad egipcia de Saís, los sacerdotes le hicieron unos cuantos comentarios acerca de un continente que se hundió en el océano unos nueve mil años antes. A1 sumar estos 9000 a los 590 de la visita del sabio griego resulta la fecha de 9590 antes de nuestra era, que se asemeja de manera sospechosa a la determinada por el cálculo de las eras zodiacales.

¿Sería cierto, después de todo, que algunos pobladores de la Atlántida lograron sobrevivir al repentino hundimiento y llegaron a Egipto, donde levantaron una estatua monumental con cuerpo de león y cabeza de mujer, para recordar que fue entre Leo y Virgo que desapareció para siempre su patria? Sin embargo, no faltan los eruditos que van más allá de esta fecha. Dicen que a esos 10000 años habría que sumar una vuelta adicional de las doce eras, hasta obtener los 38 mil años y fracción que demostrarían algo de la mayor importancia: la Esfinge es mucho más antigua de lo que se había creído hasta ahora.

Otro argumento esgrimido por los atlantólogos en favor de su afirmación es que la Esfinge fue dedicada por los sobrevivientes de la Atlántida al dios solar Hermekhis, cuyo nombre recuerda al Hermes de los griegos. Pero no aportan pruebas al respecto. Añaden que en las cartas del Tarot, supuestamente inventadas por los egipcios pero que son originarías de la Atlántida, existe una muy especial que representa a una enorme rueda adornada con varias figuras. La rueda simboliza a la precesión de los equinoccios y una de las figuras es nada menos que la Esfinge.

¿Se trata de una coincidencia? ¿Evoca la presencia de la Esfinge en el Tarot, según consideran los esoteristas, el hundimiento del legendario continente? ¿Sería cierto, después de todo, que los hipotéticos sobrevivientes de la hipotética Atlántida sumergida arribasen a Egipto y levantasen una estatua monumental, esculpida en la roca viva, que tenía el cuerpo de león y la cabeza de mujer y recordaría a las futuras generaciones la fecha en que tuvo lugar la gran catástrofe?

Lo malo de esta teoría es que pierde toda su fuerza cuando el interesado en el tema observa que la Esfinge no dirige la mirada hacia el oeste, donde se supone que estuvo la Atlántida, sino que le da la espalda a las pirámides para contemplar el lugar por donde asoma el sol a diario. 
  
 

¿Acaso Llegaron Del Este Los Seres Con Alas? 
  
 

¿Fue un toro alado como éste hallado en Nínive, el que se llevó por los aires a Enkidu, o simboliza a un ser capaz de volar en una nave?

A corta distancia de la milenaria ciudad de Bagdad, capital del actual Irak, se yergue la colina de Kujundschik, donde fue descubierta en el siglo XIX la biblioteca del rey Asurbanipal de Asiria, cuyo reinado (668-626 a.C.) señalaría el apogeo del imperio. Estaba formada esta biblioteca por tablillas de barro cocido, escritas con escritura cuneiforme. Los arqueólogos descifraron el texto y se encontraron con algo sumamente interesante y revelador: la epopeya del príncipe Gilgamesh, cuyo gran amigo Enkidu sería conducido al cielo por un toro alado.

Tiempo habrá de dedicar a este par de personajes la atención que se merecen. Nos ocuparemos ahora de los animales provistos de alas que tanto abundan, en forma de estatuas, en la región del Éufrates y del Tigris y en la vecina Persia. Estos animales alados recibían el nombre de querubines, que se da también en el Antiguo Testamento a ciertos ángeles del Señor. ¿Y no es curioso que la palabra ángel, que procede del griego angeloi, significa enviado o mensajero?

¿Quién enviaba estos mensajeros o estos querubines alados hasta la tierra para dar instrucciones a los seres humanos? ¿Puede identificarse a los seres divinos venidos del cielo con los extraterrestres tantas veces mencionados en la actualidad? ¿Descendieron en la Persia y la Asiria antigua estos señores del cielo y pasó la leyenda de sus idas y venidas hasta Egipto o procedía de otros lugares?

En la antigua India sentían gran admiración por cierto Garuda, mitad humano y mitad pájaro volador, que acudía a este país a transmitir las órdenes dictadas por sus amos. Los persas se apropiaron de esta figura -robar ideas a los demás es algo tan viejo como el mundo- y le dieron el nombre de Simorgh, ave monstruosa que se desplazaba unas veces por el cielo y otras por la tierra. Los sabios de Babilonia relacionaron a este Simorgh con el ave fénix, que renacía de las cenizas después de morir envuelto en llamas.

¿Encierra este ave fénix un símbolo que durante largo tiempo no pudo ser descifrado? ¿Significa que los ignorantes terrícolas habían visto a los señores del cielo en el momento de aterrizar en sus naves de fuego, lanzando enormes llamaradas, y que veían salir de su interior a unos seres maravillosos, como si el pájaro alado renaciese de sus cenizas cuando lo creían muerto?

Este Simorgh era lógico que se convirtiese más tarde en símbolo del poder, igual que sucedería con la versión del toro. Los griegos se apropiarían del cuadrúpedo alado para convertirlo en el caballo Pegaso, que sirvió de cabalgadura al héroe Belerofonte para matar al monstruo llamado Quimera, y también en el águila que raptó al hermoso Ganímedes. Los romanos adoptaron más tarde al águila como su emblema y lo mismo harían casi todos los países del mundo, sin saber sus gobernantes cuál era el verdadero origen del ave. 



 PRUEBAN RELACION ENTRE ORION Y LAS PIRAMIDES :

EL MISTERIO DE ORIÓN

Existe suficiente evidencia para apoyar  la teoría de R. Bauval que relaciona  a las pirámides de Gizeh con el “cinturón” de Orión.

NACHO ARES

España

nachoares.com 
 

Cuando todo parecía que Robert Bauval había encontrado la solución al enigma de las pirámides egipcias con su revolucionaria teoría de Orión, señalando que estos monumentos reconstruían el cielo de la meseta correspondiente al 10.500 a. de C., todo daba un nuevo giro a la investigación. Pasan los años, y el tiempo sigue dando la razón a Bauval.

 Robert Bauval, ingeniero de profesión, caminaba entre las salas del caótico Museo Egipcio de El Cairo. Un paseo más entre los muchos que había dado por el mismo lugar recordando el glorioso pasado que hace miles de años iluminó el fértil Valle del Nilo. Sobre una de las paredes de la sala que alberga la impresionante estatua en diorita del faraón Kefrén (ca. 2550 a. de C.), Bauval se percató de la existencia de una gran fotografía aérea que mostraba los vértices de las tres pirámides de la meseta de Gizeh, las de Keops (ca. 2575 a. de C.), Kefrén y Micerinos (ca. 2500 a. de C.).

Parecía insólito, pero era la primera vez que se percataba de la existencia de esta inmensa fotografía, que tomada por la fuerza aérea egipcia en la década de los años 50.

Desde esa vista cenital, era mucho más claro que las tres mastodónticas construcciones no estaban alineadas, sino que la más pequeña de todas, la que pertenecía al faraón Micerinos, se desviaba de la diagonal que unía a sus dos hermanas mayores. “El desvío se notaba tanto como un cuadro torcido en una pared” -comentó el propio Bauval. Este singular encuentro cambiaría radicalmente la vida de este ingeniero angloegipcio.

Poco después, mientras desarrollaba su trabajo en Arabia Saudí, alcanzó su descubrimiento más importante. Era una noche de verano cuando Bauval y su familia, acompañados de unos amigos, decidieron salir al desierto de las afueras de Riyad para disfrutar de la temperatura agradable de una noche estival. Fue entonces cuando, mirando al cielo, Bauval realizó uno de los descubrimientos más importantes de este siglo, hallazgo que dejó boquiabierta, incluso, a la más ortodoxa egiptología. Y es que, sorprendentemente, la estructura que poseían las tres estrellas que componen el cinturón de la constelación de Orión, era exactamente idéntico a la configuración de las tres pirámides de la meseta de Gizeh. Corría el año 1983 y todo no había hecho más que empezar.

Comienzo de una odisea

  Este hallazgo, aparentemente trivial, arrastró a Bauval a una sucesión de acontecimientos que ni él mismo esperaba; casi una década de trabajo dedicada a la investigación para intentar resolver uno de los misterios más penetrantes de la Antigüedad: ¿por qué se construyeron las pirámides y qué significado tenían estos monumentos para los antiguos egipcios?

El primer adelanto de su trabajo fue expuesto al público especializado en 1989, cuando escribió para la prestigiosa revista egiptológica londinense Discussions in Egyptology, un artículo que llevaba por título "A master-plan for the three pyramids of Giza based on the configuration of the three stars of the belt of Orion" ("Un plan maestro para las tres pirámides de Giza, basado en la configuración de las tres estrellas del cinturón de Orión"). Este primer paso dentro de la egiptología tradicional le sirvió para obtener el respeto y la admiración de egiptólogos tan prestigiosos como I. Eiddon S. Edwards del Museo Británico de Londres (1909-1996) o Jaromir Malek de la Universidad de Oxford. El fruto de su trabajo fue vertido en un libro que en poco tiempo se convirtió en un auténtico bestseller, y que llevaba por título El Misterio de Orión (Emecé, Barcelona 1995).

De demostrarse la certeza de la teoría de Bauval, podría considerarse como una de las pruebas definitivas que relacionaran, al fin de manera científica, las misteriosas construcciones piramidales egipcias con una función astronómica específica. Pero no sólo vincula la construcción de los monumentos de Gizeh con el cinturón de Orión, sino que añade otras relaciones no menos impresionantes que abarcan otras pirámides de Egipto con otras estrellas de nuestro firmamento. 
 

Para demostrar su hipótesis, Bauval ha hecho acopio de multitud de pruebas arqueológicas y documentales. Según la teoría de este ingeniero angloegipcio, la Gran Pirámide de Keops estaría identificada con la estrella Zeta Orionis también llamada Alnitak. La pirámide de Kefrén sería la estrella Epsilon Orionis o Alnilam. Finalmente, la tercera de las pirámides de la meseta de Gizeh, la de Micerinos, estaría vinculada a Delta Orionis, denominada en ocasiones Mintaca.

Para encuadrar perfectamente las posiciones de las construcciones terrestres con las estrellas de Orión, muy acertadamente Bauval invirtió la polaridad Norte-Sur de un mapa convencional moderno, colocando el Sur al Norte y viceversa, de acuerdo a la noción del mundo que tenían los antiguos egipcios y otros pueblos de la Antigüedad.

Un descubrimiento asombroso

Pero el increíble hallazgo de Bauval no se quedó en una simple relación de parecidos entre unas construcciones terrestres y la posición de una serie de estrellas de nuestro firmamento. Eso no fue más que el comienzo de una gigantesca investigación que le ayudó a encontrar otra serie de pruebas que respaldaran sus hipótesis.

¿Cómo reaccionó Bauval cuando se percató de que los mal llamados canales de ventilación de las cámaras de la Gran Pirámide de Keops estaban orientados hacia unas constelaciones y entre ellas a la propia Orión? Este descubrimiento, que ya fue anunciado por el arquitecto y también egiptólogo A. Badawy en los años 60, no hizo más que confirmar las sospechas de nuestro ingeniero.

Ayudado de un potente programa informático -el skyglobe 3.5.-, Bauval pudo observar que en la supuesta época en la que se construyeron las pirámides (ca. 2500 a. de C.) existían una serie de vínculos astronómicos que, a ciencia cierta, no tenían nada que ver en absoluto con la casualidad. Así, el canal Norte de la llamada Cámara del Rey de la Gran Pirámide estuvo orientado en esta fecha hacia la estrella alpha de la constelación del Dragón, también llamada Tuban, y que en la Antigüedad hacía las funciones de estrella polar para marcar el Norte. El canal Sur de esta misma Cámara del Rey, estuvo orientada hacia la estrella Zeta Orionis, es decir, aquella que se identificaba con la propia pirámide de Keops.

Por su parte, los canales de la Cámara de la Reina, estancia ubicada inmediatamente debajo de la del Rey, también ofrecieron sorprendentes descubrimientos a nuestro investigador. El canal Norte estuvo orientado en esta fecha hacia la Osa Menor y el Sur hacia la estrella Sirio, la más brillante de la constelación del Can Mayor, y una de las más importantes del panteón egipcio, ya que era identificada con la diosa Isis, esposa de Osiris.

Según Bauval, ayudado por su programa informático, el único momento en el cual pudieron darse estas circunstancias arqueológicas debió de estar entre los años 2475 y 2400 a. de C., datación que puede acomodarse con ciertos matices a la fecha que la egiptología tradicional propone para el reinado de Keops -recordemos, entre el 2589 y 2566 el a. de C.

El entorno arqueológico de la meseta de Gizeh también favorecía la suposición de este ingeniero angloegipcio. Y es que, la ubicación de las tres pirámides al Oeste del río Nilo coincidía con la situación de la constelación de Orión al Oeste de la Vía Láctea, lugar identificado por los antiguos egipcios con el idílico Duat, una especie de "Paraíso" adonde iban a parar después de renacer tras la muerte.

Pruebas documentales

No solamente es la arqueología la que parece dar la razón a la teoría de Bauval. También, un estudio crítico de varios textos funerarios egipcios pareció reafirmar sus planteamientos.

Entre las pruebas documentales manejadas por este ingeniero se matizan las relaciones existentes entre la constelación de Orión y su homónimo dentro de la religión egipcia, el dios Osiris. Esta circunstancia aparece perfectamente reflejada en los llamados Textos de las Pirámides. La finalidad de estos textos, escritos sobre las paredes de algunas pirámides de las V, VI y VII dinastías, no es más que la de proponer un compendio de fórmulas mágicas que tuvieran la función de ayudar al faraón, una vez muerto, en su tránsito por el Más Allá y facilitar su transformación en ntr, una especie de divinidad o ser superior. Estos documentos epigráficos son los más antiguos antecesores del famoso Libro de los Muertos de los antiguos egipcios.

A todo este batiburrillo teológico habría que añadir algún comentario a la identificación que hacían los habitantes del Valle del Nilo entre Osiris y Orión e Isis con Sirio, divinidades emparentadas en la mitología egipcia por medio del matrimonio, y muy relacionadas con las constelaciones a las que apuntan los canales de las cámaras de la Gran Pirámide. ¿Nos encontramos ante algo más que una suposición teórica al vincular la meseta de Gizeh con su homónimo estelar, el cinturón de la constelación de Orión? 
 

Más allá de Gizeh 
 

Sin embargo, estos descubrimientos no han quedado huérfanos en la meseta de Gizeh, sino que se han expandido a otras pirámides de Egipto. Así, Bauval defiende la posibilidad de que el gigantesco proyecto constructivo no se restringió al cinturón de Orión sino que se expandió a otras estrellas de la misma constelación hasta construir ésta sobre la tierra. Por ejemplo, la pirámide del faraón Djedefre (ca. 2475 a. de C.), sita en la cercana localidad de Abou Rowash, estaría identificada en el espacio con la estrella Kappa Orionis, también llamada Saiph. También, la pirámide de Nebka (ca. 2530 a. de C.), en la región de Zauyet el Aryan, sería la estrella Gamma Orionis o Bellatrix. 
 

Según esta hipótesis quedarían por descubrir en el Valle del Nilo las pirámides que desempeñaban el papel terrestre de las estrellas Alpha, Beta y Lambda Orionis, con las que se completarían las ocho grandes estrellas de la constelación de Orión. A comienzos de 1998 un equipo de investigadores británico comenzó la tarea, hasta ahora infructuosa, de la búsqueda de estas nuevas pirámides. 
 

Para poner un broche de oro a tan fascinante teoría, Bauval extendió su estudio a otros grupos monumentales, relacionándolos con otras estrellas que no fueran de la constelación de Orión. La posición, por ejemplo, de la pirámide de Esnofru en Dashur con respecto a la meseta de Gizeh ha sido vinculada con las Híadas, más en concreto con 311 Tauri y Aldebarán, siendo ésta última la estrella que fue colocada por los egipcios sobre la mano de la representación iconográfica de Orión. 
 

En el colmo de la “casualidad”, la teoría de Bauval acaba por confirmar la vieja sospecha que tenían los egiptólogos hace tiempo cuando se intuía que los antiguos egipcios identificaban la Vía Láctea con su río Nilo. Efectivamente, así es, y tal como ocurre en el cielo como en la Tierra, tanto Gizeh como Orión acaban teniendo la misma estructura. 
 

El horizonte de Leo 
 

 Hasta este punto, la Egiptología más ortodoxa no tuvo apenas reparos para, al menos, tener en consideración esta teoría. Sin embargo, las investigaciones de Bauval no se detuvieron en este punto y fueron más allá. Si el programa informático decía que la fecha del 2475 a. de C. era excelente para identificar Gizeh con la constelación de Orión y la orientación de los mal llamados canales de ventilación de las cámaras del Rey y de la Reina en la Gran Pirámide, pronto Bauval se dio cuenta de que había una fecha mejor: el 10.500 a. de C. 
 

Dos años después de publicar su primer bestseller, Robert Bauval en comunión con otro mago de lo insólito, Graham Hancock, sacaban a la luz El Guardián del Génesis (Planeta-Seix Barral, Barcelona 1997). Tomando en esta ocasión como eje de su investigación la Esfinge de Gizeh y la Gran Pirámide, Bauval especulaba con la posibilidad de que estos monumentos hubieran sido construidos en algún período cercano al 10500 a. de C. 
 

Si bien en esta fecha todas las correlaciones astronómicas se daban con mayor precisión, había un último detalle que parecía dar más fuerza a la hipótesis de Orión en el XI milenio a. de C. La Esfinge de la meseta de Gizeh en esta fecha tan remota miraba exactamente hacia la constelación de Leo.

El problema reside en que los egipcios de la época faraónica no veían la constelación de Leo tal y como nosotros lo hacemos. Es decir, el conjunto de estrellas que hoy identificamos con un león (cuyo origen es babilonio y muy posterior a la época faraónica) no era interpretado por los egipcios de la misma forma.

Con todo, lo más enigmático del misterio de Orión no es intentar resolver si las pirámides fueron realmente tumbas, sino ¿qué civilización de hace 12.000 años era capaz de diseñar, estructurar y construir este tipo de monumentos en el Valle del Nilo y con qué finalidad? En este sentido Bauval es claro: en aquella época no había nadie que pudiera desarrollar este plan maestro. Las pirámides son de la IV dinastía, de eso nadie duda. La interrogante está en por qué los egipcios del 2.500 a. de C. quisieron representar el cielo del 10.500 en la meseta de Gizeh.



QUE SECRETOS OCULTAN LAS PIRAMIDES ? :

TÚNELES POR DEBAJO DE LAS PIRÁMIDES EGIPCIAS

Diversas investigaciones sostienen que debajo de la pata derecha de la Esfinge existen uno o más Cámaras y túneles de conexión. Aún el Gobierno Egipcio no autoriza a abrir las mismas. 
Nótese el desgaste en el cuerpo de la Esfinge producido por el agua y NO por la erosión del viento y la arena, según las investigaciones científicas llevadas a cabo. Además confirmaría una edad de más de 10.000 años para este monumento. 
(Julio-Agosto 2.001 G.D.G.)

(1) -TÚNELES POR DEBAJO DE LAS PIRÁMIDES EGIPCIAS 
Asha's Mural Gallery.  4 Marzo 2000

Los cuentos pintorescos entretienen... pero lo que me interesa es un cuadro más conciso de lo que está teniendo lugar en Gizeh, y en cualquier otro sitio relacionado con lo mismo.  Ayer, tuve la suerte de conseguir un vídeo donde el Dr. James Hurtak que hablaba en 1999 en una conferencia de NEXUS en Sydeney, Australia. Me acuerdo de aquel material interesante sobre el emplazamiento de Kent Steadman, del cual se dice que el equipo de Hurtak participó en unas excavaciones arqueológicas de Alto Secreto en Gizeh.  Bueno, Hurtak no estaba perdiendo el tiempo, sino haciendo negocios.  Debido a lo delicado de estos proyectos no pudo más que enseñarme un poco de todo lo filmado; mucho de ello era para los espectadores normales.  Por lo menos, para mí estaba claro que Hurtak estaba diciendo mucho menos de lo que a él le hubiera gustado decir, pero dijo que era realmente para hacer reflexionar.  Según él, existe un laberinto de túneles y cámaras enormes, algunas del tamaño de una catedral, debajo de Gizeh, que fueron puestas allí por una civilización avanzada, y había un equipo de científicos de Japón, Europa y de los Estados Unidos trabajando en los artefactos y los descubrimientos allí, en lo que parece ser un proyecto secreto.

Cuando Zawi Hawass puso en escena aquel vídeo Fox, en el que él descubre el esqueleto (que habían puesto previamente allí) y afirma haber descubierto la Tumba simbólica de Osiris, al buen doctor le tomaron el pelo como de costumbre.  No fue Hawass, sino el equipo de Hurtak, bien equipado con luces portátiles y otros aparatos, el que desenterró el sarcófago, lo cual es tan sólo la punta del iceberg. Hurtak no entró en detalles sobre qué tipo de artefactos fueron descubiertos allá abajo en las cámaras, llenas de agua (que fueron vaciadas con bombas). Dijo que los antepasados tenían un sistema de auto-iluminación que provenía de una fuente de energía; ¿qué clase de fuente de energía?  No lo sé.  Y mostró una estantería que parecía haber sido puesta con un taladro.  Mostró un túnel en el interior de la Esfinge y lo que parecían ser dos entradas por la parte de atrás, una vaciada por el equipo.  Dijo que éstas se comunicaban con las Pirámides y con un enorme sistema laberíntico de túneles. También enseñó pruebas hechas con un radar especial, las cuales muestran cámaras rectangulares debajo de la Esfinge.  Hizo muchas referencias a lo que él llamó los "Señores del Tiempo", y sobre una raza avanzada de seres superiores versados en formas geométricas codificadas por medio de la luz.  Esas mismas formas geométricas y "números impares" están presentes en los fractales en los círculos de las cosechas cerca de Stone Henge (Inglaterra) y por todas partes. Son un lenguaje Enoquiano de luz y de influjo creciente espiritual.  Según él, la humanidad es un "experimento" que está a punto de ser "cosechado", a medida que nos acercamos a un profundo cambio en la consciencia mundial, acompañado por descubrimientos que cambiarán totalmente los parámetros científicos; cambios como el punto cero de energía.

Según Hurtak, una raza avanzada de extraterrestres o seres superiores de la orden de Melchizedek, dejó una red de centros de poder, o cápsulas del tiempo, en el planeta, de la cual la red subterránea ubicada debajo de Gizeh es una parte.  Se refirió también a una excavación más importante que tuvo lugar bajo el Pacífico, donde se encontraron pirámides y cámaras parecidas. Y en China, donde también estuvo, mostró unas secuencias sorprendentes de personas momificadas que han sido ocultadas al público.  Para ser exacto, una de ellas fue denominada como "criatura", ya que no se parecía a los humanos. Parte de esta filmación era de una zona conocida como "Shambala".  Una ampliación fotográfica de lo que parecía un Tibetano momificado, con una marca extraordinaria, mostrando un motivo de una espiral tridimensional que parecía estar marcada, o ser una parte de su rostro, similar a una extraña mancha de nacimiento de color rojo.  Hurtak también mostró, una fotografía sacada por un colega, de una forma luminosa triangular sobre Stonehenge, con el vértice hacia arriba.  A esto se refirió como una forma luminosa o Merkaba, que como la pirámide en sí misma, es una representación simbólica de la ascendencia espiritual y el florecimiento de la consciencia.  Después dijo bastante más, pero su forma de hablar era difícil de entender a veces, y tendré que volver a repasarla otra vez.  Me recuerda a una especie de profeta salvaje Enoquiano, un atributo bastante encantador el cual sin duda será usado contra él por los mercaderes espantosos de la desinformación de este mundo, que mejor sería que se cocinaran en su propio estiércol, queridos y dulces idiotas.

Al parecer, hay una segunda parte donde revelará más, ¿cuanto más?, ya se verá.  Pero no hay ninguna duda, según mi opinión, de que él mismo cree lo que está diciendo, y si alguien ha estado en una posición de saber lo que está pasando, probablemente es el Dr. Hurtak.

UN RADAR CUYAS ONDAS PENETRAN EN EL TERRENO ENCUENTRA CIUDADES OCULTAS 
8 Junio 2000, por Paul White

Justo después del Diluvio, al principio del actual ciclo de nuestro tiempo, una era a la cual los Egipcios llamaron "Zep Tepi" o "Los Primeros Tiempos", apareció un misterioso grupo de "dioses" para iniciar a los supervivientes en los rudimentos de la civilización. Desde Thoth y Osiris en Egipto, hasta Quetzacoatl y Viracocha en las Américas, todas las tradiciones del mundo subscriben los orígenes de la civilización actual a ese sofisticado grupo.

A pesar de la engañosa popularidad del periodismo tipo Von Däniken, evidencias repartidas por todo el mundo indican que esas personas fueron supervivientes de una civilización anterior poseedora de una gran tecnología.  Fueron los "patriarcas antidiluvianos", como Enoc y Matusalén, los "gigantes y los héroes de la antigüedad", mencionados en el Génesis.  Los enigmáticos dioses de la antigua Sumeria, Egipto y la India, todos provienen de los fabulosos tiempos antes del Diluvio.

Es el legado de una civilización y una tecnología superior a la nuestra.  Una tecnología capaz de crear un enorme ciudad subterránea, de la cual la Esfinge y las Pirámides son solamente unos marcadores en la superficie.  El científico del proyecto, el Dr. James J. Hurtak, asemeja este descubrimiento al impacto del contacto con una cultura extraterrestre avanzada. El Dr. Hurtak lo describió como el descubrimiento de la cultura de la Cuarta (raza) Raíz, la denominada civilización Atlante, destruida por el último cataclismo terrestre.  Presenta evidencias inequívocas de que todos los idiomas, culturas y religiones se remontan a un origen común, al cual el Dr. Hurtak se refiere como la "Civilización Madre". 
La tecnología descubierta está más allá de la tecnología de las máquinas, tal y como la conocemos. Como Arthur C. Clark una vez bromeó: "cualquier tecnología superior a la nuestra nos parecería magia". Según el Dr. Hurtak, fue una cultura que descifró el código genético y poseía las claves del espectro físico,  la "Física de la Luz Superior" de los antepasados... todo lo que el antepasado Gilgamesh fue a buscar en su famoso viaje a la "Ciudad Perdida de los Dioses" eran los túneles situados debajo del "Monte Mashu" en las tierras desérticas.

Hurtak hace referencia al "Idioma de la Luz" y a un gran sacerdote-científico del ciclo del tiempo anterior, llamado Enoc, que está asociado con la construcción del Complejo de la Gran Pirámide.  Hurtak habla también de una gran ciencia espiritual, una ciencia que describe una escalera genética a las estrellas.

El Dr James J. Hurtak tiene distintos doctorados en Física, Matemáticas, Lingüística, Filosofía, etc. Trabajó en la NASA y además asesoró a la Ex-Unión Soviética en el lanzamiento de satélites y sondas espaciales. Participó en el lanzamiento de dos sondas Soviéticas que desaparecieron misteriosamente antes de tocar tierra marciana. También Hurtak es uno de los creadores y precursores en la tecnología de los Super-Conductores, además de descifrar jeroglíficos egipcios que nadie antes lo había podido hacer. Dentro de su currículum esta el haber descubierto una civilización en Asia que databa de millones de años atrás y es asimismo director de la "Academia para las Ciencias Futuras". Además fue quién aconsejó a la NASA estudiar cierto sector del planeta Marte donde están las supuestas pirámides. Cabe señalar que en referencia a la esfinge o "cara de Marte", el Dr. Hurtak señala que se trata solamente de un efecto visual geográfico.

PAPIROS Y MAS TUNELES :

En un papiro hasta ahora desconocido, y que llegó a sus manos por azar, el arqueólogo Zahi Hawass, jefe de las excavaciones permanentes que se realizan en el Valle de los Reyes, en Egipto, descubrió un plano secreto que le reveló la existencia de un túnel ignorado que recorre todo el flanco izquierdo interior de la Esfinge. Ya se sabía que el enorme monumento está cribado por un laberinto de pasadizos que no conducen a ninguna parte y cuya función nadie se explica. Los estudiosos -y antes que ellos los ladrones de tumbas los exploraron por completo sin hallar nunca nada: sólo huellas en la arena y vestigios de antiguas pisadas. Los califas que conquistaron Egipto en el siglo IX creían que en sus entrañas, en alguna habitación remota, había encerrado un cuantioso tesoro de joyas y oro acumulado por los faraones. Por eso ordenaron a sus capitanes y a sus sabios que se apoderaran de esa anhelada riqueza. Pero todos los intentos fueron en vano: se perforó la piedra, se midieron los corredores, se cubicó el volumen, se calculó el peso y se recopilaron las más caprichosas mitologías sin obtener jamás ningún resultado. La Esfinge era un monstruo vacío; y si alguna vez estuvo llena de piedras preciosas, éstas se disolvieron en el tiempo, como se disuelven las perlas en el vinagre... sin dejar señales.

Hawass, para no alimentar posibles desilusiones, calló durante una semana su sensacional hallazgo. Pero no se mantuvo ocioso: primero verificó la autenticidad del documento y luego comprobó con el auxilio de sondas de resonancia magnética- que efectivamente el túnel existía. Según sus apreciaciones, es posible que nunca haya sido violado, ya que su entrada se encuentra aparentemente intacta. "Pero mi experiencia explicó a fines del año pasado, cuando hizo el anuncio- me dice que no hay que depositar demasiadas esperanzas. Ya otras veces hemos encontrado corredores que creiamos inexplorados y resultaron estar completamente vacíos. De todas formas, a mediados de mayo de 1996, cuando estén terminados todos los estudios previos, perforaremos las paredes donde indica el plano y entraremos por primera vez en el costado izquierdo de la Esfinge. Tal vez haya alli un tesoro esperándonos... no lo sabemos. Si eso en verdad ocurre, tres milenios de historia saldrán a la luz con un solo golpe de pico. Tendremos que mantener la calma y actuar con mucha cautela para preservar todos los detalles de un tiempo que ya no existe y 
que es irrecuperable."

Tantas precauciones se justifican. Cuando los primeros arqueólogos entraron a las tumbas etruscas de Tarquinia enarbolando sus antorchas, vieron como por acción de la luz y del aire que irrumpió de golpe en el recinto cerrado durante centuria arruino los magníficos frescos, que estaban intactos y lucían claros y brillantes, se convertían en piadosas ruinas en apenas unas pocas horas, 
ante sus ojos estupefactos. Eso que pasó en Italia en el siglo pasado nunca ocurrió en Egipto, es cierto, pero Hawass conoce los desastrosos efectos que puede causar un paso en falso. Por eso procura ser lo menos invasivo posible, para no violar con un acto de amor apresurado la presunta virginidad de esos corredores. Lo mismo hace un estudioso francés, el doctor Roger Lichtenberg, que 
este año está haciendo una labor titánica en Al harga, un sitio situado a 700 kilómetros de El Cairo y que está siendo explorado por el Instituto Francés de Arqueología Oriental. Su tarea consiste en radiografiar todas las momias halladas en una gran necrópolis, en busca dice él de singularidades y semejanzas. El trabajo no es sencillo ni cómodo: trabaja de noche en un galpón de chapa que de día el sol convierte en un horno y usa un aparato portátil que parece una reliquia de los tiempos de Roentgen. "Con esta técnica -dice- no hay necesidad de quitarles las vendas a las momias. Con las radiografías podemos no sólo estudiar los esqueletos sino que también localizamos los adornos, joyas o amuletos que los egipcios colocaban en los cuerpos antes de sepultarlos. Podemos distinguir, también, la mayor o menor calidad del trabajo de quienes prepararon el cadáver y establecer así comparaciones entre épocas históricas distintas. Es una forma muy singular de leer el pasado. Y es apasionante. Comenzamos a trabajaren Egipto en 1982 y ya hemos radiografiado unas cuatro mil momias. Por eso estamos en condiciones de sacar ahora nuevas conclusiones, algunas de las cuales son sorprendentes."

La profesora Francoise Dunand, de la universidad de Estrasburgo, jefa de los equipos franceses de Al Kharga, es una de las aqueólogas que más trabaja en contacto con el doctor Lichtenberg. "Desde hace varios años que estamos estudiando las momias que descubrimos en el cementerio de Aln Labakha, a unos 35 kilómetros de aquí. Creemos que se trata de personas que vivieron en la época de la dominación romana, contemporáneos de Julio César y Cleopatra. El análisis sistemático de las momias y de los cráneos nos permitió descubrir que en la época tardía la momificación se había generalizado y que casi todos los muertos eran sometidos a este proceso, incluyendo también a los ciudadanos romanos que vivían aquí. Pero el trabajo era de muy mala calidad si se lo compara con el de epocas anteriores. En tiempos más remotos sólo se momificaba a los personajes reales, entonces el trabajo no podía ser malo: debía estar a la altura de su posición social. No es ése el único mensaje de los muertos. El antropólogo Jean-Louis Heim, del Instituto de Antropología Humana, de París, es un experto en el análisis de huesos. Durante dos semanas por año se instala debajo de una gran sombrilla, en pleno desierto de Am Labakha, para anotar las características de los despojos humanos que llegan a su mesa de campaña.

Hamlet, con la calavera de Yorik en su mano, sólo atinó a recordar su propia infancia pasada al evocar los hechos melancólicos del payaso muerto. Heim, con un cráneo en la mano, puede narrar una historia fascinante, recrear toda una época y contar hasta sus más secretas intimidades. Es la primera vez que se realiza un estudio antropológico sistemático sobre una población homogénea de la magnitud que él lleva a cabo. Hasta ahora sólo se había trabajado sobre las tumbas reales, con lo cual se sabía mucho sobre un solo individuo y se ignoraba todo acerca del resto de la gente que había vivido a su lado. Por eso el actual trabajo de los franceses es tanto o más valioso que el hallazgo de la tumba de Tutankamón el siglo pasado. Hawass dice que la riqueza de un descubrimiento no debe medirse por el oro que se encuentre sino por la enseñanza que se, pueda derivar de él. Tiene razon... por eso los recientes hallazgos son considerados un nuevo tesoro. 
"Actualmente sabemos muchísimas cosas sobre los antiguos egipcios dice Heim-. Los hombres, en promedio, median 1,60 metro y las mujeres 1,50. Su cráneo era un poco alargado y su constitución física era grácil y poco musculosa. Podemos asegurar que sus hábitos eran más vegetarianos que carnívoros. Su alimentacíón era del tipo arcaica, pobre en proteínas; y en ella predominaban los granos. El pan que comían, por defectos en la molienda, contenía partículas minúsculas de minerales que afectaban el esmalte dentario, Por eso perdían los dientes muy temprano y sufrían frecuentes infecciones maxilares. No obstante, no hay síntomas de raquitismo. Morían jóvenes, eso si, afectados por todo tipo de parásitos y bacterias. La enfermedad más frecuente era el tifus. A pesar de las invasiones persas, griegas y romanas, los egipcios no se mestizaron con los conquistadores y el tipo racial permaneció estable durante casi toda su historia.

Eso resulta más notorio en los oasis que en Alejandria o en El Cairo, donde el aislamiento del mundo exterior era mucho menor. Padecían también algunas enfermedades profesionales; los tejedores, por ejemplo, sufrían una deformación de los caninos, señal de que tenían la costumbre de cortar los hilos con los dientes. En una tumba encontramos los restos de un carpintero llamado Jenti Shedu, que fue capataz en la construcción de una pirámide en el Valle de los Reyes, al que le faltaban tres dedos de una mano. Junto a su momia, bien conservada, se descubrió un tesoro Inigualable: cuatro figuras que representan los cuatro momentos más significativos de su vida. Niño, adolescente, hombre maduro, anciano... Jentí es elprototipo físico del egipcio que vivió 2.500 años antes de Cristo. Es la primera vez que se encontró algo parecido y por eso constituye un documento único." 
Desde el fondo de la historia egipcia, cada vez más insondable y misteriosa, no cesan de surgir nuevas maravillas a cada rato. En la tumba de la reina Mereshankh, esposa de Kefrén e hija de Keops, se descubrió -a mediados del año pasado una importante inscripción grabada en una pared que estaba siendo restaurada. En ella se explica, detalladamente, el proceso completo de la momificación que se practicaba en el año 2640 a.C. Gracias a ese texto desconocido, ahora se sabe que ese singular rito funerario duraba 272 días. Esta tumba, situada al pie de la gran pirámide, es la más rica del Valle de los Reyes. Sin embargo es una de las menos visitadas y aún no ha sido investigada del todo. Cuando se termine la exhaustiva exploración que se está haciendo en ella, es probable, creen los arqueólogos, que se encuentren otros elementos valiosos que permitan comprender mejor la vida de los antiguos egipcios... 
 

Cerca de allí, en un lugar llamado Dahchour, se levanta la pirámide de Snefrou, 
una de las más antiguas de Egipto. Tiene un aspecto ligeramente aplastado y siniestro. Su base mide 213 metros y su altura es de 90 metros: nadie sabe qué puede haber en su interior. En el siglo pasado todo el lugar fue declarado zona de uso militar y hasta hace muy poco todos los trabajos de investigación estaban allí absolutamente prohibidos. Por fin, a mediados del próximo mes de junio los turistas podrán visitarla y fotografiarla, al menos desde afuera. Todo parece indicar que es un yacimiento arqueológico de primer orden. 
En los primeros trabajos de investigación que se hicieron, ya se rescataron algunas joyas muy valiosas y varias estatuillas de terracota hechas con gran arte y técnica perfecta. A pesar de que la entrada está en un lugar de muy difícil acceso, igual hubo que instalar un grupo electrógeno y una línea eléctrica para iluminar la zona de trabajo. De otra manera los obreros y los arqueólogos corrían el grave riesgo de ser mordidos por las numerosas cobras que yiven entre las piedras de la siniestra pirámide. Cerca de allí, uno de los mayores egiptólogos de la actualidad, Jean-Philippe Lauer que pasó sesenta de sus 94 años de edad estudiando los huesos y las ruinas de Saqqarah-, está terminando, con ayuda de las computadoras, el más completo inventario arqueológico de Egipto. Miles y miles de objetos figuran en ese catálogo, donde se puede ver su fotografía y leer su descripción.

Lauer cuenta una historia sorprendente... y novedosa. "Los viejos egipcios creían que el Ka, la fuerza vital de una persona, lo abandonaba en el momento de la muerte. Para que esa persona recuperara su Ka en el momento de la resurrección explica-, su cuerpo debía estar intacto para recibir de nuevo esa fuerza vital. Por eso se dedicaron con tanto empeño a la momificación de los muertos. Pero fracasaron: muy pocas momias superaron el paso del tiempo. La mayoría de los esqueletos se desintegran al simple contacto con el aire, los huesos se disuelven y se deforman por efecto de las resinas y del alquitrán que usaban para conservados y se convierten en polvo debajo de las vendas. Los cuerpos mejor conservados datan de los tiempos más primitivos, 3100 a. C., cuando sólo lavaban los cadáveres y luego los enterraban en la arena. El calor y la sequedad del terreno absorbían rápidamente el 75 por ciento del agua que constituye el cuerpo del hombre, impidiendo que las bacterias que producen la 
degradación pudieran prosperar. Ellos nunca entendieron este simple proceso. Y a pesar de que sabían que la momificación era un gesto inútil... siguieron practicándola obstinadamente tengo la impresión de que fueron muy infelices por no haber podido salvar de la muerte definitiva a sus seres queridos. 
Pero a la larga, sus monumentos funerarios, símbolos de su extrema soberbia, no de su piadosa religiosidad, los salvaron del olvido. Sin las pirámides, sin las magníficas tumbas reales que emergen de la arena a lo largo del Nilo, el desierto habría tapado su memoria... y entonces sí: toda la civilización egipcia hubiese sido un descomunal fracaso." 


DESCUBREN  3 PUERTAS SECRETAS EN KEOPS :

"Se trata de tres puertas que habían permanecido ocultas. Ahora se enviará un robot para saber exactamente qué misterios ocultan esas puertas"

Durante la inauguración de la exposición Isis y la Serpiente Emplumada, el curador egipcio Zahi Hawass, presidente del Consejo Supremo de Antigüedades de ese país, reveló que arqueólogos descubrieron tres puertas secretas en la Pirámide de Keops.

"Se trata de tres puertas que habían permanecido ocultas. Ahora se enviará un robot para saber exactamente qué misterios ocultan esas puertas", explicó Hawass.

Sin dar mayor detalle, adelantó también que un equipo de investigadores está trabajando en el túnel de Sethi I, padre de Ramsés II, en donde descubrieron una cámara de 137 metros.

Hawass —quien el próximo viernes dictará una conferencia magistral sobre estos hallazgos en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología— indicó que actualmente realizan una investigación en conjunto con el gobierno de República Dominicana con el fin de encontrar la tumba de Marco Antonio y Cleopatra. Hasta ahora, las indagaciones señalan que se encuentra a algunos kilómetros al oeste de Alejandría.

"Precisamente hace poco se descubrieron en la zona tres estatuas de Cleopatra y 22 monedas con su imagen", dijo. Y agregó:

"Hay una investigadora inglesa que ha declarado que Cleopatra era una mujer fea. Pero por las monedas que se han descubierto puedo decir que eso no es cierto. Era una mujer guapísima, por eso es que cautivó el corazón de dos hombres muy importantes: Julio César y Marco Antonio".

Por su parte, Faruq Hosni, ministro de Cultura de Egipto, señaló que Isis y la Serpiente Emplumada ha sido una de las muestras más importantes que ha visto.

"Quiero confesar que es la mejor exhibición que han visto mis ojos fuera de Egipto", comentó Hosni y recordó que "por México hemos sacado las mejores piezas que tiene Egipto".

"Estoy muy contento por el respeto que las autoridades mexicanas han dado a las piezas egipcias. Si hay oportunidad, estoy dispuesto ha trabajar con México nuevamente", finalizó.

Inaugura el presidente de México la exposición Isis y la Serpiente Emplumada

Las exposiciones deslumbrantes y singulares de México y del extranjero estarán al alcance de todos los mexicanos porque el gobierno federal trabajará para garantizar ese derecho, afirmó el presidente Felipe Calderón al declarar inaugurada la Exposición Isis y la Serpiente Emplumada integrada por 335 obras del Egipto faraónico y del México prehispánico.

En el patio central del Museo Nacional de Antropología, acompañado por su esposa Margarita Zavala, los titulares de la SEP, del INAH, Relaciones Exteriores, Conaculta y del secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Calderón Hinojosa mencionó que su gobierno velará por la conservación y difusión del patrimonio para que sea visto por mexicanos de hoy y de mañana.

"Que muestren afuera de nuestras fronteras la riqueza de nuestro patrimonio artístico y cultural", señaló poco antes de realizar un recorrido por la exposición que permanecerá abierta al público del 28 de febrero y hasta el 15 de junio.

Durante el recorrido, el presidente Calderón fue acompañado por el ministro de Cultura de la República Árabe de Egipto y el embajador de ese país en México, Houssam Eldin.

Margarita Zavala, cubrió apenas el primer tramo de la exposición, ya que de inmediato salió de forma intempestiva por una de las divisiones de los pasillos.

Entretanto, el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, y su esposa, se rezagaron en el recorrido ya que miraban con todo detenimiento cada una de las piezas. Junto a la vitrina en la que se encontraba el Barco de Canciller Meketra, el secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, y el banquero Roberto Hernández, intercambiaban comentarios. Lo mismo hacía el ex secretario de Educación Pública, Reyes Tamez con la socialité Raquel Bessudo, a quien le dio garantías de que "ya era un hecho el Congreso".

La exposición permanecerá abierta al público del 28 de febrero hasta el 15 de junio.

Fuente: La Crónica. Aportado por Eduardo J. Carletti


LOS SECRETOS DE LA TUMBA PERDIDA :

Revista Conozca Mas. Junio 1995, por Raul Garcia Luna

En 1988, ya hacia décadas que los egiptólogos hablan perdido interés en las 
pirámides, y el público en ellos. No descubrían nada más y la última imagen 
residual de su ayer apasionante aventura era el lndiana Jones de Steven 
Spielberg. Incluso descendía el caudal de visitantes de los museos con momias y 
en Egipto el turismo no crecía al nivel de las nuevas y más tentadoras ofertas 
de viaje. El The End del misterio eran los escombros de la llamada Tumba 5, 
aparentemente vacía por décadas de saqueos y excavaciones, sobre la que estaba 
por inaugurarse una playa de estacionamiento. Esto ocurría en la región de 
Saqqara, en pleno Valle de los Reyes y frente al templo de Luxor, río Nilo 
mediante. Pero entonces llegó al lugar el doctor Kent Weeks, egiptólogo de la 
Universidad Norteamericana de El Cairo, y mientras los obreros limpiaban el 
terreno él detectó un prometedor túnel, bloqueado durante cientos de siglos, que 
cuanto menos databa del año 1200 a.C. El descubrimiento era excitante, pero 
Weeks sabia que no debía publicitario a la ligera: ya había abierto antes 
puertas milenarias que no conducían a ninguna parte, y luego la prensa se 
mostraba escéptica.

Así que Weeks trabajó silenciosamente hasta mediados de mayo de 1995, cuando dio 
al mundo la noticia del hallazgo más importante de la historia arqueológica: 
bajo la Tumba 5, la más grande y compleja jamás encontrada, estarian sepultados 
50 de los 52 hijos conocidos del poderoso Ramsés II, que reinó durante 67 
míticos años y, como sugiere el Antiguo Testamento (Exodo 12,29), habría dejado 
partir rumbo a Israel a Moisés y su pueblo, hasta entonces esclavos del faraón. 
Encontramos un Corredor con 10 puertas a cada lado, una estatua de Osiris (dios 
de la muerte) al tondo, y después otros dos pasillos con 16 puertas cada uno", 
declaró Weeks. "Hallar tumbas grandes es una cosa, pero hallar esto es algo 
totalmente asombroso", dijo Emily Teeter, egiptóloga del Instituto Oriental de 
Chicago; "Cincuenta kilos de jamón en la madre de todas las tumbas", tituló el 
londinense Daily Mail. Y en cuestión de días el bucólico Valle de los Reyes se 
colmó un colmenar de eruditos, turistas y curiosos.

Weeks y sus colaboradores no encontraron joyas ni tesoros, pero aseguran que 
esta tumba real vale más que una mina de oro. ¿Por qué? "Porque la increible 
variedad de jeroglíficos; artetactos domésticos y cuerpos momificados de esta 
tumba abren a la ciencia la más tabulosa e inédita ventana al mundo cotidiano 
del más impresionante rey egipcio", quien en su propia época fue llamado, según 
Sabry Abd El Aziz, director de antiguedades de la región, Ramsés Al Akbar o 
Ramsés el Más Grande. Y con razón. La tarea de Ramsés II, heredero de una corte 
jaqueada por una corrupción abismal y secular, podría llenar por sí sola un tomo 
del Libro de Records Guinness: construyó más templos y monumentos, desposó a más 
mujeres (ocho, sin incluir a sus incontables concubinas) y engendró más hijos 
(hasta 162, según los historiadores) que ningún otro faraón. Pero lo fundamental 
es que extendió su imperio desde Libia hasta Irak en el este, y desde Turquía al 
norte hasta Sudán en el sur, corrio un guerrero, estratega y político sin 
precedentes. Fue, por ejemplo, el primer rey que concibió una nación como Estado 
y el más respetado monarca fuera de su tierra, debido a dos cualidades 
que raramente se dan juntas: fuerza e inteligencia. No en vano las inscripciones 
al pie de sus numerosas estatuas rezaban: "Observad mi obra, poderosos, y 
desesperad"

Y sus logros no fueron lentos o esporádicos, sino maratónicos e ininterrumpidos, 
quizá sólo comparables con los del Alejandro Magno (356-323 a.C.), con dos 
diferencias: el gran jefe macedonio moriría muy joven y Ramsés II, que vivió 
hasta los 93 años (un milagro para los 40 años de expectativa de vida de la 
época), hizo su labor entre 1279 y 1212 a.C., es decir, 9 siglos antes. 
Considerado un pionero civilizatorio, los restos de su genio fueron despedidos 
por James Burton en 1820, cuando este rastreador inglés excavó la superficie de 
la hoy célebre Tumba 5 y declaró que allí no quedaba nada por ver. Durante 
siglos, viajeros griegos y romanos se habían detenido en el lugar, a contemplar 
pinturas y jeroglíficos que ya eran antiguos mucho antes del nacimiento de 
Jesucristo, y en 1798 Napoleón había llevado un equipo de ingenieros que 
iniciaron una serie de grandes excavaciones, continuadas por cientos de 
egiptólogos durante todo el siglo XIX y comienzos del XX. En 1922, cuando el 
explorador Howard Carter desenterró el alucinante tesoro del rey Tutankamón 
(situado a sólo 60 metros de la Tumba 5), ya se habían descubierto y vaciado 61 
sepulturas, y el fervor por las momias se manifestaba agotado. 
***

Sin embargo, el actual hallazgo conmociona a los peritos "Esta tumba secreta, 
oculta algo, otra tumba, es como un pulpo, con un cuerpo central rodeado de 
tentáculos, dice Weeks. El cuerpo es una enorme sala cuadrada de 15 por 15 
metros, dividida por 16 columnas de sustentación, de la que parten 
claustrofóbicos pasadizos de 76 centímetros de alto que llevan a lejanas 
cámaras, todas de 3 por 3 metros, algunas saqueadas en el 1150 a.C. Un fragmento 
de papiro de 3100 años de antigñedad, conservado en un museo turinés, relata el 
juicio de un ladrón atrapado en el Valle de los Reyes: bajo tortura, confesó 
haber robado las tumbas de Ramsés II y de sus hijos, que seguirían intactas 
durante 2.000 años a pesar de los derrumbes e inundaciones. Weeks cree que esas 
cámaras no eran nichos mortuorios, sino capillas donde se depositaban ofrendas 
familiares, pero sostiene que bajo sus pisos hay áreas huecas: seguramente 
sarcófagos con momias adentro, como indican los grabados e ilustraciones. de las 
paredes.

"Muchos dibulos y signos están deteriorados, pero algunos lucen tan 
frescos y brillantes como el día en que fueron pintados~, se entusiasma Weeks. 
Varios de esos jeroglíficos establecen con exactitud que en la Tumba 5 están 
enterrados cuanto menos el primero, el s~ gundo, el séptimo y el decimoquinto de 
los 52 hijos varones de Ramsés II, y él mismo es representado entregándolos a. 
Horus (dios del cielo con cabeza de halcón> o a Hator (diosa de la maternidad 
con cabeza de vaca>. 
Entretanto, se conflrma y ampila el sitial del máximo faraón en la historia de 
Egipto, cuya obsesión vital fue dejar precisos registros de sus actos. Según l

Este propósito, esencialmente vinculado al agradecimiento a los dioses, 
implicaba erigir sólidos y bellos monumentos que recordaran a las futuras 
generaciones OS hechos heroicos y las reformas de un regente distinto, único y 
renovador. De manera que el boom constructivista renació apenas Ramsés el Más 
Grande llegó al trono, a los 25 años, cuando advirtió que el fastuoso templo de 
su padre, Seti 1, empezaba a convertirse en ruinas. Asi, Ramsés II expandió los 
templos de Luxor y Karnak, y levantó cientos de monumentos religioáos, como el 
dedicado a Osiris en Abydos. Pero,. ~ué conmemoraban esos templos? Por ejemplo, los 
combates contra los hititas, viejos enemigos de Egipto que, considerándolo ahora 
un reino débit, vieron la ocasión de invadirlo y tomarlo con un ejército 
impensable para la época: casi 40.000 soldados. Sin perder un día, el novicio 
faraón reunió una élite de 20.000 combatientes y asaltó a los hititas en lo 
que hoy es la franja de Gaza, deteniéndolos en escaramuzas que duraron nada 
menos que 15 años. Finalmente, Haflusilis III, sucesor del belicoso monarca 
hitita Muwatallis 1, pidió la paz y Ramsés II accedió, con una condición: que se 
le permiz.. tiera casarse con la prince~a Maat-Hor Nefure, hija de Haflusilla, 
lo que ocurrió en el 1245 a.C. Una década antes de su ascenso real, el faraón ya 
había desposado sucesivamente a Nefertar y a lsnofret, tenia cinco hijos varones y dos 
mujeres, y contaba con un multitudinario harén cortesano.

El profesor Kitchen lo describe así: 'Cansado de cazar leones, disparar flechas, 
hurgar pIanos arquitectónicos o emplazar nuevos jardines, todavia (e quedaba 
suficiente pasión como para frecuentar nuevas amantes". Con lsnofret engendró a 
su decimotercer hijo, Mernephat, el único que le sucedió~en el trono: todos 
los demás murieron en vida de su padre.

Las restantes esposas de Ramsés II fueron una segunda 
princesa hitita y, adhiriendo a la tradición endogámica de la nobleza, 
su joven hermana Henutmire y tres de sus propias hijas.

Otro dato curioso: aunque las mujeres del reino no podian elegir a sus 
consortes, una vez casadas obtenían la misma autoridad y tos mismos derechos que 
ellos. En el mágico complejo deAbu Simbel, Ramsés II erigió gigantescas estatuas 
en honor a la legendaria Nefertan, su primera y más importante espQsa. 
A diferencia de otros sepulcros del Valle de los Reyes, el de Ramsés II nunca se 
terminó de excavar (un equipo francés lo está despejando ahora, para abrirlo al 
público dentro de 5 años), pero los arqueólogos opinan que ya reveló su cont~ 
nido: los órganos del gran faraón, extraídos y guardados en jarras canópicas, y 
su cuerpo, embalsamado y envuelto en fina gasa de lino, todo 
en un sarcófago junto al Libro de los Muertos, alimentos, vino, joyas y 
estatuillas conocidas como usabti, que cobranan vida para ayudar al finado rey a 
reunirse con los dioses. Un detalle más: los meticulosos embalsamadores llenaron 
las fosas nasales del monarca con granos de pimienta, para evitar que su 
aguileña nariz resultara aplastada por las envolturas.

Pero antes de encontrarse con Re-Harakhti o Ra (dios del sol), 
Ramsés II haría, 32 siglos después, dos viajes forzados.

El primero a Francia, por convenio de los presidentes Anwar 
Sadat y Giscard. ID'Estaing, donde la Guardia Republicana recibió su momia con 
honores oficiales y la acompañó hasta el Museo del Hombre de París, en 1976. 
Allí, los especialistas determinaron que los despojos del gran faraón habían 
sido excesivamente expuestos a los rayos X y las altas temperaturas de las luces 
de filmación de la TV norteamericana, y eliminaron bacterias y hongos de la mortaja.

El segundo viaje fue en 1979, de regreso al Museo de El Cairo, donde quizá pronto 
Ramsés II será acompañado por algunos - de sus muchos hiios, que hoy reposan en 
la famosa Tumbas. "Jamás habiamos encontrado un mausoleo múltiple para el entierm 
masWo de los hilos de un laraón.

Hay áreas enteras a explorar cuidadosamente, incluso balo el templo de Luxor. 
Creemos que a un nivel todavía más pmfundo hay otras habitaciones~, explica Weeks. 
"Vamos a necuperar numerosas momias y los médicos podrán averiguar desde las dietas hasta 
las enfermedades de lps pdncioes", agrega Kitchen. Abd El Aziz informa: "Sólo en 
el Valle de los Reyes hemos hallado 62 tumbas, pero. aún no hemos ubicado la de 
Ameno ph i o la de Ramsés VII,; que no pueden estar lejos". Además, queda por 
resolver el enigma de las docenas de hijas de Ramsés II, presuntamente enterradas 
a escasos kilómetros hacia el sudeste.

Para la erudita Emily Téeter, el Valle de las Reinas no se ha 
explorado a rondo, como el de los Reyes, pero sab~ mos que allí nos esperan 
magníficas sorpresas, dada la insólita cantidad de esposas y concubinas que 
tenian los faraones y sus vástagos.

Sin dudá, no es fácil imaginar una civilización que, 
tras cinco siglos de estabilidad econ6mica y social, hacia el 2200 a.C. se 
quiebra irremediablemente por la acción combinada de dos hecatombes. La primera, 
natural, fue una extraña ruptura climática que secó al rio Nilo, de cuyas 
crecidas temporarias

toda la agricultura, y convirtió a Egipto en un desierto como los que lo 
rodeaban. La segunda crisis, política, fue la pésima e interminable gestión de 
un faraón que reinó durante 90 decadentes años. Su nombre era Pepi II, ascendió 
al trono a los 8 años, terminó su propia pirámide a los 30 y durante las 6 
restantes décadas ignoró la autarquía de sus sacerdotes y gobernadores, que ya 
nQ obedecían órdenes reales. Con su muerte, en el 2150 a.C., concluyó el llamado 
Reino Antiguo y llegó el caos. El pueblo quemó los templos a plena luz del día, 
las pirámides fueron saqueadas por bandas organizadas y cundió el hambre. Pero 
Egipto recuperaria su espíendor dos veces más: en el Reino Medio, después del 
2040 a.C., y en el Reino Nuevo de Akenatón, Tutankamón y Ramsés II, quien 
produjo un auténtico Renacimiento científico y artístico en el 1200 a.C. Hasta 
¶880, cuando Gastón Máspero abrió la cripta de PepSi, que rigió 34 años de 
bonanza y sometió a los nómadas y los nubios, los muros de las cámaras 
funerarias de otros faraones eran encontrados sin textos ni señales. Allí, en 
cambio, estaba la rica línea gráfica que Ramsés II elevaría al status más 
notable como registro y memoria de toda una era: columnas de jeroglíficos de 5 
centimetros cada uno, 
elegantemente tallados y pintados en verde vivo, color de la primavera, la 
juventud y la resurrección. 
Y así como Pepi 1 representa el cenit del mesianismo en favor de las pirámides 
al estilo Keops, Kefrén o Micerino, flamsés II es la cumbre de la sustitución 
fle esas titánicas tareas por el emplazamiento de templos misticos más adaptados 
a la escala humana, hechos en menos tiempo y en mayor cantidad.

En el Reino Antiguo, cuando la construcción de una 
sola pirnmide demadaba de 10.000 a 30.000 obreros forzados durante varias 
décadas o quizá toda una vida, Egipto tenía un millón y medio de habitantes: 
baste para entender por qué el pueblo terminó rebelándose contra un poder más 
preocupado por el más allá que por los padecimientos terrenales. Los cargadores 
debían levantar y transportar bloques de piedra caliza de 3 a 70 toneladas de 
peso por unidad y encajar cada una en. su posición definitiva en 2 minutos y medio, en base 
a.rampas, palancas y músculos, moviendo un promedio minimo de 3 millones de 
bloques por pirámide. El arqueólogo Mark Lehner da un ejemplo crítico: 
'Imagínese que es usted un quinceañero de una aldea rural de 200 habitantes en 
el siglo '0wll a. C., y llegan los emisarios del faraón, lo eligen a dedo, se lo 
llevan ylo ponen a cortar o cargar gigantescas piedras junto a miles de jóvenes 
también arranca dos del seno familiar. Y hay un capataz que registra su nombre, 
sus horarios, sus raciones, sus accidentes.

Usted es una cifra sécializada y nada más. Con suerte, algún día regresará a su hogar, 
pero nunca volveré a ser el mismo". t Lehner y Zahi Hawass, administrador de los 
monumentos de Gizeh y de Saqqara (donde está la Tumba 5), desenterraron 600 sepulcros 
de gente común: algunos de los obreros de la Gran Pirámide de Keops, edificada 
alrededor del 2550 a.C. y, con sus 145 metros de aitura y sus 227 
metros por lado, la más portentosa construcción egipcia. Los esqueletos tenían 
claras marcas laborales: vértebras comprimidas o rotas por años de acarrear 
excesivo peso, dedos o miembros amputados, e incluso cráneos deformados. No 
pocos egiptólogos creen que Ramsés II fue el mandatario que erradicó, a 
conciencia y para siempre, ese estilo arquitectónico desmesurado e insalubre, de 
enormes costQs sociales y pecuniarios, aunque sin descuidar en las nuevas tumbas 
el ardid que.despistó a Burton en 1820: las puertas falsas, los pasillos truncos, 
las salas abarr~ tadas de utensilios y escombros, la~iIusión de haberlo 
descubierto tódo mientras el verdadero cementerio yace a salvo en otra área. 
Esto es lo que hizo que Weeks trabajara 7 años antes de confirmar su actual, 
prodigioso hallazgo de la Tumbas y los 50 hijos de Ramsés el Más Grande, 
evidentemente un padre de excepción.

De todas maneras, esas trampas escenográficas 
tenían una curiosa prime7 ra funcion ligada a las más anejas creencias 
religiosas egipcias eran representaciones del mundo real que, por ser 
expresamente ficticias, servirian a los muertos en su vida de ultratumba. Es 
decir que el valor de cada objeto, mueble, columna o cripta simulada era, 6n.•el 
más allá, inversamente proporcional a su inutilidad en la Tierra. Los arqueólogos no han 
logrado explicar los porqué de esta filosofía, y tampoco las raíces del culto 
necroilico que hizo de la existencia de los faraones una infatigable preparación 
para la muerte, convirtiendo incluso a la economía nacional en un puente de 
transición hacia el otro mundo. Hasta los años '60, lá idea del Antiguo Egipto 
era la de una civilización de una clase dominante secundada por sacerdotes, 
guardias y sirvientes que divulgaban los refinamientos cortesanos entre el 
pueblo. Sin embargo, los criterios de interpretación varian a la luz de los 
nuevos hallazgos y se afirma, por ejemplo, que los códigos culturales por castas 
podrían haber sido estructurados desde abajo. "En consecuencia, la élite real 
sería una síntesis de los mitos, temores y aspiraciones del egipcio medio, 
idénticos en todo a los de sus autoridades", señala Hawass. ¿Y por qué los 
faraones decidieron que la pirámide era el simbolo de la vida eterna, entre 
otros enigmas? -Sencillamente porque ya era así éntre los aldeanos, que 
construían sagrados montículos rectangulares. Los reyes no hiciemn más que 
proIon gar en un orden mayor la te y la arquitectura. populares. Más, no 
sabemos', dice Lehner. 1151 ratificarnos que más alelo de la 
Tumbé É hay otro centenar de salas secretas, Dios mío, qwzá allí estén todas las 
respuestas', concluye, por ahora, Weeks.

Aun provisto de los más modernos sensores de mapeo geofi5i7 co y detección 
subterrá nea, el gran egiptólogo dispone de un estimulo más efectivo que la 
tecnología: su atracción por lo desconocido. Quizá la misma compulsión que 
inspiró a los faraones el cruce en vida de la última frontera, edificando moles 
imposibles para halagar a los dioses y, como Ramsés II, manteniendo hasta el fin 
un claro compromiso con lo sencillamente efim ero. Porque la Tumba 5 es, bajo 
todo concepto, una magnflica expresión del amor humano. 



COMO ERA LA INICIACION EN LA PIRAMIDE :

EL OJO IZQUIERDO DE HORUS

El «Ojo izquierdo de Horus» fue una especie de curso de preparación del «cuerpo emocional», que duraba doce años y que realizaban los aspirantes egipcios a la iniciación. Durante esa fase preparatoria se trabajaba con las diversas emociones, sentimientos, miedos y con los aspectos de los chakras, tanto los positivos como los negativos. Todos los templos del antiguo Egipto estaban construidos y diseñados para estas prácticas del «Ojo izquierdo de Horus». Durante los cursos, los futuros iniciados se ejercitaban en aspectos muy diferentes de la naturaleza humana. Cada chakra tiene, relacionado con él, un determinado miedo, y cada uno de los doce templos más importantes de Egipto trabajaba en su correspondiente miedo chákrico. 
Según afirma Drunvalo, el templo que se ocupaba de los miedos asociados al segundo chakra, tenía un gran foso en el suelo (figura 10-1). Incluso los guías modernos cuentan a los turistas que este foso formaba parte del proceso de entrenamiento de los aspirantes que estudiaban allí. El discípulo tenía que entrar en este foso que estaba lleno de agua, y en el que se habían colocado grandes losas de piedra, por lo que era necesario tener cuidado para no tropezar con ellas. En este ejercicio había que sumergirse hasta el fondo del foso, pasar a través de una pequeña abertura y salir a la otra parte.

Esto no parece que sea una cosa muy difícil, pero los discípulos tenían que hacer algo más. Los egiptólogos han descubierto que estos agujeros, como decíamos, estaban llenos de agua, pero desconocen las razones de tal hecho. Drunvalo le preguntó a Toth el significado que una cosa así podía tener en el proceso de iniciación, y Toth le explicó lo siguiente:

El templo estaba construido de tal forma que la iniciación del candidato principiaba en un nivel del terreno que estaba mucho más alto que el foso. El ejercicio estaba concebido de manera que los discípulos sólo pudieran ver dos cosas: los tres peldaños que conducían a la superficie del agua, y una muralla muy alta que se alzaba al otro lado del agua (figura 10-2). Los candidatos tenían que descender los tres escalones, meterse en el agua y volver a salir, pero por un camino distinto al de entrada. Tenían que nadar despacio, porque la oscuridad era total y, como hemos dicho, existían obstáculos en el agua. Así que debían ir hasta el fondo del foso, y encontrar allí un pasadizo que les llevaba hasta un gran tanque. Este tanque estaba iluminado, de modo que podían divisarlo muy bien. Pero el tanque estaba lleno de cocodrilos. Al llegar a este punto, el discípulo podía ver una abertura en la parte superior del tanque. Según Toth, lo que se solía hacer casi siempre era nadar directamente hacia la abertura, evitando los cocodrilos.

El problema estribaba en que se fallase en el intento porque, de ser así, se tenía que repetir la prueba. Si el discípulo se veía obligado a repetirla, de antemano ya sabía dos cosas: la primera era que la abertura que se veía más fácilmente no era la correcta; y la segunda, que el tanque estaba lleno de cocodrilos. El haber sentido la proximidad de estos animales hacía mucho más temible la prueba cuando era necesario repetirla. De este modo, cuando el discípulo se sentía dominado por el terror, sabía que aún tenía que sumergirse más, si quería evitar a las fieras y encontrar la salida correcta.

Prácticas del «Ojo izquierdo de Horus»:

A- El iniciado empieza aquí 
B- Tanque lleno de cocodrilos 
C- Salida incorrecta 
D- Salida correcta 
E- Foso que aparece en la figura 10-1 
La Gran Pirámide

Tras concluir los doce años de sus prácticas en el «Ojo izquierdo de Horus» (el entrenamiento del cuerpo emocional) y doce años más en el «Ojo derecho de Horas» (el entrenamiento de la unidad de conciencia), el discípulo tenía que descender a lo profundo de la Gran Pirámide, para llevar a cabo una prueba final de iniciación, que duraba tres días y medio.

Toth afirma que las pirámides fueron construidas de forma específica para llevar al individuo del segundo nivel de conciencia (en el que nos encontramos actualmente) al tercer nivel, que es la conciencia crística. La Gran Pirámide es, pues, una cámara de iniciación. 
Fueron los árabes quienes dieron el nombre de cámara del rey y cámara de la reina, a estas estancias de la Gran Pirámide, al ver su sugestivo trazado. El techo de la cámara del rey es plano, y los árabes suelen enterrar a sus muertos varones bajo techos planos. La cámara de la reina, por el contrario, tiene un techo inclinado, y los árabes suelen enterrar a sus muertas bajo techos de este tipo. 
Fig 10-3. La iniciación en la Gran Pirámide. 
La iniciación comienza por debajo de la Gran Pirámide (A). 
Se sigue hacia la Cámara del Rey (B) y, finalmente, 
hacia la Cámara de la Reina (C)

Pero, según Drunvalo, estas cámaras nada tienen que ver con enterramientos, puesto que fueron cámaras de iniciación.

El proceso de iniciación comenzaba en los subterráneos de la Gran Pirámide. Desde allí el iniciado se trasladaba a la cámara del rey y, finalmente, a la de la reina (figura 10-3). El proceso de iniciación comenzaba en una sala, bajo la Gran Pirámide, porque los iniciados necesitaban encontrar primeramente la espiral de la «luz negra», que llega hasta el centro de la tierra y hasta las Salas de Amenti. Ese túnel sigue existiendo en los subterráneos de la Gran Pirámide, y parece como si concluyese en un lugar impreciso. Todavía nadie ha descubierto la razón de que esto sea así. 
Según afirma Drunvalo, el túnel es el lugar en el que se conecta con la «espiral de luz negra», una vez que ésta ha pasado por el punto cero, o Gran Vacío. En realidad, este túnel constituye una cámara de iniciación de la «espiral de luz negra». Cualquier pensamiento que pueda tener uno en ese túnel se hace real, porque es un espacio que pertenece a la cuarta dimensión. Por tal motivo muchas personas encontraron la muerte en este lugar, al manifestar sus miedos. Han pasado tantas cosas extrañas en este túnel, que últimamente el gobierno egipcio lo ha cerrado a los turistas. No cabe duda de que ha sido una buena idea, porque los turistas por lo general no saben qué hacer cuando se encuentran en la cuarta dimensión.

Este túnel constituye la primera fase de la iniciación en la conciencia crística, la cual representa una forma absolutamente diferente de interpretar la realidad. Desde este punto, el iniciado caminaba hacia la cámara del rey. Este lugar estaba concebido para atrapar la espiral de la «luz blanca» en su origen, y filtrar la «luz negra». La cámara del rey parece un lugar marginal, pero en él se encontraba un sarcófago situado de tal forma, que si uno se introducía en él la «espiral de la luz blanca» penetraba directamente en la glándula pineal. Los iniciados yacían en este sarcófago durante tres días y medio, en el transcurso de los cuales abandonaban el mundo de la tercera dimensión, y experimentaban una increíble expansión de conciencia. Les era posible regresar a sus cuerpos, gracias a que utilizaban los principios de la espiral Fibonacci, y no la espiral logarítmica dorada. Tal como ya se ha dicho, la espiral logarítmica no tiene ni principio ni fin, pero la espiral Fibonacci posee un punto de partida. Así pues, los iniciados podían realizar el regreso a sus cuerpos, debido a que tenían un punto de referencia en la espiral Fibonacci.

Después de haber experimentado esta trastornadora transformación del ser y de la realidad, el iniciado iba a la cámara de la reina, que le servía de lugar de estabilización. Aunque se hubiera podido vivir con éxito la experiencia de la cámara del rey, la mente ha quedado tan dramáticamente alterada que se necesita un período de reposo. Y esto era precisamente la cámara de la reina, una especie de santuario para estabilizar la conciencia crística. 
Cuando los arqueólogos abrieron por primera vez el sarcófago de la cámara del rey, encontraron dentro un polvo cristalino de color blanco, totalmente desconocido, que inmediatamente se pusieron a examinar. Ese polvo puede verse hoy día en el Museo Británico. Nadie supo de qué se trataba, hasta hace muy poco tiempo; y la explicación es algo que no se podía imaginar. Los científicos han descubierto que cuando una persona se encuentra en un estado de meditación muy profunda, la glándula pituitaria excreta una sustancia química que, posteriormente, cristaliza y se convierte en polvo. En el sarcófago existente en la cámara del rey se encontró tanto polvo de este tipo, que ello demuestra que por allí debieron pasar muchas personas.

Se ha teorizado mucho sobre la posibilidad de que la Gran Pirámide constituyera un monumento funerario. Sin embargo, existen gran cantidad de pruebas que demuestran que no se trataba de eso, sino que era un lugar de iniciación. Cuando en el antiguo Egipto moría un personaje de importancia, los sacerdotes recogían su corazón y otros órganos internos que depositaban en cuatro recipientes. Se momificaba al muerto, se le colocaba en su sarcófago y se sellaba éste. Después se llevaba el sarcófago al lugar del enterramiento definitivo. El sarcófago existente en la cámara del rey es más grande que la puerta de acceso. Esto demuestra que se colocó allí cuando se estaba construyendo el lugar, y que no se pensaba moverlo de la cámara.



OTRA ESFINGE MAS ? :

LA TEORÍA DE LA SEGUNDA ESFINGE

Entrevista con Bassam El Shammaa

Revolucionaria teoría que pone de manifiesto las lagunas todavía existentes 
a la hora de escribir la historia del Antiguo Egipto.

NACHO ARES

España

nachoares.com

Cubierto por toneladas de piedra y arena todavía sigue oculto bajo el suelo de Gizeh uno de sus grandes secretos. Es la Segunda Esfinge que acompañó a la que todos conocemos hace más de 5.000 años y que acabó desapareciendo en circunstancias extrañas. Al menos esto es lo que piensa Bassam El Shammaa, un investigador alejandrino que lleva más de una década siguiendo la pista al león perdido de Gizeh.

El lugar escogido para el encuentro fue el restaurante suizo Le Chantillí, en el número 11 de la calle Bagdad del Nuevo Cairo, en Heliópolis. Al vernos entrar, tras una mesa del fondo del salón se levantó un verdadero gigante de 1,90. Era Bassam el Shammaa. No le gusta que le llamen egiptólogo sino ponente sobre temas egiptológicos. Trabaja como guía en la prestigiosa agencia americana Seven Wonders Travel con sede en Chicago, a través de la cual ha organizado importantes congresos en Estados Unidos y Europa. Nacido en Alejandría, Bassam viene revolucionando desde 1989 el mundo de la egiptología académica con una teoría totalmente novedosa que ha madurado con el paso de los años. Según este investigador, a pocos metros al sur de donde se encuentra la Esfinge que todos conocemos, justo detrás del Templo del Valle de Kefrén, existió una Segunda Esfinge de la cual no se conserva prácticamente nada.

Para llegar a tan desestabilizadora conclusión, a lo largo de sus años de trabajo ha conseguido innumerables pruebas en textos antiguos, datos arqueológicos e incluso una insólita fotografía desde un satélite tomada por la NASA que parece corroborar su hipótesis.

La Esfinge nacida del caos 
 

A los pocos minutos de comenzar la charla me di cuenta de que nos podíamos haber evitado todo aquel protocolo. Bassam es una persona jovial y muy cercana. Lo que en un principio parecía que iba a ser una reunión de trabajo se convirtió en una amigable charla a la que se unieron Ahmed El Serkaui, hispanista, Mosheera Mousa, periodista especializada en egiptología del prestigioso periódico cairota Al-Ahram y, por supuesto, mi acólito el también investigador Antonio Barrientos. Bassam el Shammaa lleva más de una década dando vueltas a la teoría de la Segunda Esfinge. Como él mismo reconoce "la historia de Egipto está escrita por la mano del hombre pero está repleta de lagunas." Y no le falta razón. Según demuestra en uno de sus libros "Heródoto que visitó Egipto hace más de 2.000 años, exactamente el mismo lapso de tiempo existente entre su visita al Valle del Nilo y la construcción de las pirámides, cometió al menos quince grandes errores." No es extraño, pues, que la historia de esta civilización esté repleta de grandes lagunas difícilmente superables más de 5.000 años después de su aparición. A pesar de todo, Bassam intenta llegar a la verdad a través de los documentos y de las pruebas arqueológicas.

Sobre el mantel de cuadros verdes del restaurante, el gigante alejandrino despliega varias carpetas de fotocopias con planos de la meseta de Gizeh, antiguas estelas con la imagen de la Esfinge y fotografías de papiros con escenas que reconstruyen el aspecto del mundo según las ideas de los antiguos egipcios.

 Uno de los pilares de la teoría de Bassam el Shammaa es la dualidad dentro de las creencias egipcias. "En Egipto el número 2 siempre ha sido el número de la armonía, de la perfección -nos explica Bassam. Frente a la corona blanca estaba la roja, frente al buitre se encontraba la cobra, frente al loto, el lirio. Además, el 2 era el número secreto de los arquitectos. Existe un papiro que relata el origen del cosmos según la tradición heliopolitana. En esta tradición el dios Atum se autocreó de la nada y engendró a dos hijos, el león Shu y la leona Tefnut. Los sacerdotes de Heliópolis nos han contado que cada uno de ellos descansaba en un lado del Universo: uno de ellos será el disco solar del amanecer, Shu, y el otro el de la puesta, Tefnut."

Cada vez parece más claro que estas creencias tuvieron su verdadero origen en una época prefaraónica de la que apenas se ha conservado nada y cuyos restos, por error, los egiptólogos ortodoxos datan miles de años después. Esta cultura prefaraónica sería la creadora de la imagen leonina de la Esfinge y que siglos después los faraones transformaron añadiéndole un rostro humano. Según Bassam "la idea del león Aker es de origen arcaico, egipcio pero no faraónico. Se trata de dos leones que transforman posteriormente su cabeza leonina en la del rey otorgando a éste un aspecto secreto de la divinidad. De acuerdo con la representación de Aker, los leones Shu y Tefnut protegen dos colinas, estando en el centro el disco solar. La pregunta que nos tenemos que hacer es ¿qué lugar en Egipto tiene estas características? La respuesta no es otra que la meseta de Gizeh. 
 

"Es muy sencillo -nos asegura Bassam. Los antiguos egipcios lo conocían muy bien. Solamente existía un momento a lo largo del año en el que el Sol se ponía exactamente entre las dos pirámides de Kefrén y Keops: los solsticios. En este preciso instante el disco dibujaba en el espacio una representación gigante de la figura de las colinas y el horizonte de Aker." 
 

La destrucción de la mujer

Si observamos con detenimiento las representaciones que han llegado hasta nosotros de la Esfinge de Gizeh también podemos extraer conclusiones sorprendentes que Bassam El Shammaa convierte en preguntas desestabilizadoras. "Solamente se venera al león masculino, Horemakhet, Horus en el Horizonte, y no al femenino. Esto es lo que descubrimos al analizar la Estela del Sueño de Tutmosis IV en la que curiosamente aparecen dos Esfinges, o la controvertida Estela del Inventario, conservada en el Museo de El Cairo. En esta última el texto da a entender que ya en el reinado de Keops la Esfinge existía en la meseta de Gizeh. ¿Por qué este olvido del león femenino, Tefnut?"

Para Bassam la respuesta la encontramos en la mitología egipcia. "Conservamos varios textos religiosos que cuentan la destrucción de la Humanidad por parte de una leona. Tefnut además estaba vinculada a la humedad y los antiguos egipcios observaron de qué forma la humedad destruía los monumentos de Gizeh. ¿Cómo explicar que una divinidad engendrada por el propio Atum para proteger las pirámides, a la hora de la verdad las destruyera? Seguramente, al contrario de lo realizado con la Esfinge que todos conocemos, los antiguos no repararon nunca la segunda Esfinge. Abandonaron la escultura y consideraron el área como un lugar maldito. No deja de ser sintomático que allí no se construyera ninguna tumba ni pozo y que la calzada del Templo del Valle de Kefrén parta de la esquina noroeste en vez de salir del centro de la pared oeste, al igual que sucede con el resto de edificios similares en el antiguo Egipto. ¿Acaso quisieron los antiguos arquitectos egipcios evitar que la calzada procesional pasara por un lugar que consideraban nocivo y maligno? Literalmente dejaron morir a la segunda Esfinge."

Para Bassam El Shammaa la prueba documental definitiva se encuentra en los Textos de las Pirámides. Allí podemos leer en palabras del dios creador Atum "estuve con dos, ahora estoy con uno". Algo terrible debió de suceder.

Descubierta por el radar

La teoría de la Segunda Esfinge no solamente cuenta con pruebas documentales basadas en el análisis de los textos y de las representaciones iconográficas de los antiguos egipcios. Bassam también ha aportado pruebas materiales obtenidas mediante los más modernos análisis fotográficos de la NASA. Gracias al estudio fotográfico SIR-C/X-SAR de la Agencia Aeroespacial norteamericana, se ha podido analizar la densidad de las capas geológicas que componen el suelo y los monumentos de la meseta de Gizeh. Pues bien, con esta fotografía pudo descubrirse que justo en la zona en donde Bassam ubica su segunda Esfinge, existió realmente una estructura que la NASA colorea de amarillo en su imagen. 
 

"Esta señal -nos explica Bassam- se recibe normalmente en forma de pulsos de una longitud de onda determinada que van normalmente desde 1 centímetro hasta 1 metro, y que se corresponden a un rango de frecuencia de unos 300 MHz hasta los 30 GHz. Los ecos producidos se convierten en información digital que luego se proyecta sobre una imagen. Ésta se compone de numerosos puntos o elementos pictográficos, cada uno de los cuales representa un lugar concreto escaneado sobre el suelo por el radar. En el caso de mi hipótesis de trabajo se corresponden con los restos de la ‘Segunda Esfinge’".

Al acabar su explicación Bassam sonrió y me preguntó mi opinión. Después de pensármelo contesté: "realmente eres peligroso. Me estás empezando a convencer." Me dio un apretón de manos y se rió.

En la actualidad Bassam El Shammaa prepara su próximo libro A la búsqueda de la verdad: la Segunda Esfinge. Como ha sucedido con otros investigadores, el Dr. Zahi Hawass director de la meseta de Gizeh, no quiere saber nada de esta teoría. Sin saber el porqué ni mostrar una razón lógica, Hawass siempre ha demostrado un desprecio visceral hacia el trabajo de Bassam.

Después de haber demostrado sobre el papel esta sugerente posibilidad gracias a un exhaustivo trabajo de investigación que le ha llevado más de una década, lo único que le resta es conseguir el permiso para poder realizar la excavación que demuestre si realmente, junto a la Gran Esfinge de Gizeh hubo hace más de 5.000 años otro león de piedra no menos conmovedor.

La Estela del Inventario

En la sala 42 del Museo de El Cairo apenas a un par de metros de la famosa estatua de diorita de Kefrén se encuentra la Estela del Inventario. Se trata de una pieza de caliza blanca de unos 65 centímetros de altura y 40 de ancho. Posiblemente pertenezca a la dinastía XXVI aunque hace alusión a las reparaciones que se hicieron en un edificio sagrado de la meseta de Gizeh por orden de Keops en la IV dinastía.

Esta estela fue descubierta por Auguste Mariette durante las excavaciones que llevó a cabo entre septiembre de 1853 hasta 1858 en el pequeño templo de Isis, al este de la Gran Pirámide y construido por Psamético.

El texto reza como sigue:

Él <Keops> lo construyó para su madre Isis, Madre Divina; Hathor, Señora de (Nun). La investigación fue colocada en la estela. Él dio una vez más para ella una ofrenda, y construyó su templo de piedra otra vez. Él descubrió (las estatuas de) estas diosas en su lugar.

El distrito de la Esfinge de Harmakis se encuentra al sur de la casa de Isis, Señora de la Pirámide; al norte de Osiris, Señor de Rostau. Las escrituras <de la diosa> de Harmakis, fueron traídas para estudiarlas. (¿?) Permite que crezca, haz que viva eternamente, <mirando> hacia el este. Qué viva Horus: Medjer, Rey del Alto y del Bajo Egipto: Keops, que posee la vida. Él encontró la casa de Isis, Señora de la Pirámide, detrás de la Casa de la Esfinge de [Harmakis] en el noroeste de la casa de Osiris, Señor de Rostau. Él construyó su pirámide detrás del templo de esta diosa, y construyó una pirámide para la hija del rey Henutsen detrás del templo.

Si seguimos el texto de esta estela, los sacerdotes del templo de Isis nos dan a entender que cuando Keops reinó en Egipto ya estaba construida la Esfinge y también una pirámide. Con ello se contradicen de forma categórica todos los planteamientos de la historia tradicional. 



MAS MISTERIOS DE LA ESFINGE :

La Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo de león y cabeza de hombre

La Gran Esfinge de Giza tiene cuerpo de león y cabeza de hombre, llevando el 
tocado real nemes. Si bien el antiguo término griego esfinge significaba 
estrangulador, se ha mencionado que el origen de la palabra sería la frase 
egipcia shesep ankh (imágen viviente), que era un epíteto aplicado a las 
esfinges. 
El significado del simbolismo de la Esfinge es motivo de algunos debates, mas 
todos coinciden en que es un símbolo solar. Los Egipcios no reverenciaron al Sol 
visible como un dios. El Sol era el ojo de Ra; es decir el órgano de percepción 
de la divinidad y la manifestación física de la Causa Invisible. La Esfinge 
refleja en cierto sentido esa significación: el cuerpo de león simbolizando el 
poder y la fuerza de lo espiritual en su forma física; la cabeza de hombre 
simbolizando la inteligencia y la conciencia, la participación con lo divino. 
Como síntesis 
artística, la Esfinge es un trabajo de maestría consumada; tan perfecta es la 
fusión entre el león y el hombre que parece orgánica.

La Esfinge está excavada de un único montículo de roca viva de 73 m de largo y 
20 m de altura. La cabeza, que tiene una textura diferente del cuerpo y muestra 
una erosión mucho menos severa, es un afloramiento natural de una piedra más 
dura. 
Un relevamiento reciente ha evidenciado tres estratos separados de roca. La 
formación extremadamente dura de la cabeza no ha sufrido daños por la exposición 
natural. Los severos daños de la cara se deben a que la Esfinge fué utilizada 
como blanco por la artillería mameluca en el siglo XVIII. El grueso del cuerpo 
está formado por piedra caliza mucho más blanda. Esta parte está conformada por 
capas alternadamente blandas y duras, siendo esta la razón de su desgaste en 
forma corrugada, con entradas de hasta 60 cm. La base es de una piedra caliza 
más dura. 
  Frente a la Esfinge podemos observar un templo en un estado ruinoso, es el 
Templo de la Esfinge, que sería supuestamente de la IV dinastía, hecho 
aparentemente de la misma piedra. 
Fué probablemente dedicado al culto de las tres formas del Sol: Khepri por la 
mañana, Ra al mediodía y Atum al atardecer. Durante el Reino Nuevo, la Esfinge 
fué identificada con Horemakhet (Harmackis, Horus en el horizonte), y un nuevo 
templo dedicado a él fué construído al norte del viejo edificio. Curiosamente 
Herodoto, quién describió a las pirámides con tanto detalle, no la menciona; 
aunque cabe acotar que si no se la mantiene libre de arena, en apenas veinte 
años queda cubierto su cuerpo leonino, dejando la cabeza a nivel de la arena.

En muchas ocasiones a lo largo de la historia fué cubierta por las arenas y 
luego despejada, siendo la más conocida de dichas instancias la que se halla 
registrada en la “Estela del Sueño”, 
erigida justo frente a ella por Tutmosis IV (1401-1391 AC), describiendo la 
promesa hecha a él en un sueño de que si despejaba la arena que la cubría sería 
ungido rey. 
En uno de los registros menos legibles de este texto, aparecía el nombre de 
Kefrén (Khafre) en jeroglífico. Mas el texto asociado a él era ilegible, 
habiendo desaparecido enteramente hoy día. 
Posteriores excavaciones del Templo del Valle, al sur y contiguo al templo de la 
Esfinge y a la misma Esfinge, mostraron una serie de estatuas de Kefrén 
incluyendo una en la forma de esfinge. Esto llevó a los estudiosos a atribuir la 
Esfinge y su templo a Kefrén, aún a costa de dejar de lado evidencia con 
respecto a la mayor antigüedad de la Esfinge . 
Sin embargo, una deducción mucho más dramática respecto a la edad de la Esfinge 
ha sido formulada por Schwaller de Lubicz, basada en consideraciones geológicas. 
Si dichas observaciones pueden ser confirmadas, no solamente la edad de la 
Esfinge debería ser revisada sino toda la historia entera de la evolución de la 
civilización. 
Para comprenderlas se hace necesario efectuar una disgresión. Los escritores 
griegos y romanos de la antigüedad, basando sus reseñas en informaciones 
recibidas de primera o segunda mano de fuentes egipcias, otorgaban una 
antigüedad mucho mayor a la civilización egipcia que la establecida por los 
egiptólogos. Estas fuentes egipcias mencionaban antigüedades del orden de los 
24.000 a 36.000 años durante los cuales Egipto fué gobernado por los dioses 
mismos y por los Shemsu Hor, los compañeros o seguidores de Horus. Mas 
ante la falta de concreta apoyatura y evidencias los académicos terminaron por 
atribuir estas versiones a la fantasía y la leyenda. 
Por lo menos uno de estos antiguos relatos puede ocultar un hecho cierto. 
Herodoto relata que los sacerdotes le informaron que el sol se puso dos veces 
donde actualmente se eleva, y que se elevó dos veces donde actualmente se pone. 
Esta aseveración es generalmente descartada como sin sentido. Sin embargo, como 
señala Schwaller de Lubicz ella puede hacer referencia a los ciclos 
precesionales, por lo que los sacerdotes egipcios referirían su historia a por 
lo menos un ciclo y medio, unos 39.000 años. Esto se halla de acuerdo con 
antiguos relatos y tablas cronológicas fragmentarias, sin que hubiera hasta 
ahora evidencia científica que lo soporte. 
Schwaller de Lubicz observó que la severa erosión del cuerpo de la Esfinge no 
pude ser el resultado de la acción del viento y la arena, como generalmente se 
menciona, sino debida al efecto del agua. Si ello fuera posible deberíamos 
concluir que debió ser esculpida antes de que Egipto fuera cubierto por las 
aguas, lo que supondría aceptar que, de acuerdo a las teorías históricas 
aceptadas, es anterior a las civilizaciones conocidas, y que pertenece a una 
época en 
que el hombre se hallaba en el estadio rudimentario de vivir de la caza y la 
pesca.

En 1989, el egiptólogo John A. West se contactó con el Dr. Robert M. Schoch, un 
estratígrafo y paleontólogo de la Universidad de Boston, quien quedó intrigado 
por estos argumentos y evidencias, no queriendo arriesgar su opinión hasta no 
haber examinado el sitio personalmente. 
Ambos viajaron para efectuar un relevamiento no oficial. Si bien no pudieron 
conseguir permiso para entrar a la Esfinge para estudiar de cerca los detalles 
del desgaste, éste es tan considerable y claramente demarcado que Schoch se 
convenció que se debía a la acción del agua. Luego de una recorrida por la 
planicie de Giza, Schoch coincidió con los siguientes 
argumentos: 
     1. Solamente la Esfinge, las paredes de la construcción que la circunda y 
otras estructuras elacionadas a ella arquitecturalmente o estilísticamente 
exhibían estas características marcas de desgaste por agua. Todo aquello otro 
que data del Egipto dinástico ha sido desgastado por el viento y la arena. 
     2.Las estructuras que muestran el típico desgaste por viento y arena, que 
se hallan esparcidas por el área, fueron cortadas de las mismas capas de roca 
que la Esfinge misma, y por lo tanto no pueden datar del mismo período, como 
creen los egiptólogos. 
     3.La Esfinge y los templos del Valle han debido ser construídos en dos 
etapas teniendo en cuenta los desgastados bloques de piedra caliza del núcleo 
ubicados detrás de los de granito. 
 

Si bien provisionalmente satisfecho con la teoría, Schoch no la podía presentar 
al mundo geológico sin haber tenido acceso directo y oficialmente permitido a la 
Esfinge. Habiendo obtenido finalmente el permiso, el equipo de investigadores 
incluyó, aunque de manera no oficial, a dos geólogos adicionales, un oceanógrafo 
y a Thomas L. Dobecki, un geofísico acreditado.

Entonces, ya dentro de la cubierta de la Esfinge se hizo claro que 
las causantes del profundo desgaste fueron las fuertes lluvias y no 
las crecientes ni las aguas surgentes, como en principio se suponía.

Esto también explica la presencia de los mismos perfiles 
de desgaste en lugares tales como el Templo Mortuorio situados unos 30 m. 
más arriba, en un lugar donde ninguna crecida, por extraordinaria que fuera, podría llegar.

Los sismógrafos de Dobiecki mostraron perfiles de desgaste debajo de la 
superficie y más impresionante aún, revelaron varias cavidades subterráneas 
en el área inmediata a la Esfinge, en particular un gran espacio rectangular de unos 12 
por 15 metros, a unos 5m de profundidad,entre las patas de la Esfinge.

Esta cámara ha producido sorpresa en determinados círculos. El 
famoso psíquico norteamericano Edgar Cayce ha predicho estando en trance, que 
entrelas patas de la Esfinge se encontraría la Sala de los Registros, conteniendo la 
historia del perdido continente de la Atlántida. Es innecesario remarcar que estas y otras 
lecturasinpiradas en trances han producido muy poca impresión en los círculos de los 
egiptólogosacadémicos. Mas los sismógrafos no operan en trance, y aquí han mostrado una 
evidencia que coincide con lo predicho por Cayce, al menos en parte. ¿Qué es lo 
que contiene la cámara? Todavía no lo sabemos y el permiso para posteriores estudios 
todavía está en espera de ser concedido.

El hecho comprobado de que el desgaste se debe a la acción de fuertes lluvias 
sólo puede significar que la Esfinge es mucho más antigua de lo que se supone. 
Extensos estudios paleontológicos coinciden en afirmar que Egipto se convirtió 
en desierto alrededor del 10.000 A.C.

Antes del 15.000 A.C. esta región así como el resto 
del norte de Africa fueron una fértil sabana. Coincidiendo con la irrupción de la 
última edad glacial, Egipto experimentó un largo período de fuertes lluvias.

Cuando lo peor de dicho período tuvo fin alrededor del 10.000 A.C., Egipto se convirtió en desierto, y siguió siendo desierto desde entonces, si bien gozó de ciertos períodos de lluvias en los cuales algunas regiones que hoy son un árido desierto todavía eran verdes.

Entre el 10.000 y el 4000A.C. Egipto fué aumentando su aridez llegando al final de dicho período a ser lo que es actualmente. En la zona de Giza la precipitación anual es de alrededor de unos 25 mm.  Bajo ninguna circunstancia puede esto producir el desgaste observado en la Esfinge. Tomando las estimaciones más conservadoras que permiten los datos combinados, Schoch estimó la talla de la Esfinge como mínimo en el 5000 al 7000 A.C.

Las culturas neolíticas conocidas de dicha época no han mostrado evidencias de 
disponer del tipo de tecnologías necesarias para la realización de la Esfinge y de los 
asombrosos templos que están frente a ella.

La noción de una civilización Atlante es ignorada y ridiculizada por los 
círculos académicos modernos. Sin embargo, si bien este desprecio puede silenciar y suprimir buena evidencia, nada hace en cuanto a su negación. Hay una creciente evidencia proveniente de 
distintos campos que soporta la antigua y extendida creencia de que ha existido esta hoy perdida alta civilización,doquiera pudiera estar ubicada. Dicha evidencia es también congruente con las 
antiguas afirmaciones respecto a que dicha civilización desapareció rápidamente bajo 
circunstancias catastróficas. 
 

Sucesivas investigaciones llevadas a cabo por Schoch y John A. West, han dado 
nuevos apoyos a la teoría desde varios otros puntos de vista. 
En Saqqara, a unos 16 km al sur de Giza, se encuentran las tumbas de barro de 
los primeros reyes del Egipto dinástico, hallándose estas en condiciones reconocibles y 
estables. Estas fueron erigidas alrededor del 3000 AC, unos quinientos años antes de que la 
Esfinge fuera supuestamente construída por Kefrén. Si como afirman algunos egiptólogos para 
preservar la datación actual de la Esfinge, hubieran caído suficientes lluvias para 
desgastarla a su actual condición inmediatamente después de su construcción, deberíamos concluir que las mismas lluvias debieran haber caído en Saqqara dada su inmediata cercanía. Dado que aún 
la piedra caliza más blanda es mucho más resistente que el barro, sería lógico concluir 
que dichas tumbas de barro debieran haberse disuelto bajo dichas condiciones. Sin embargo ellas 
están allí hoy día sin mostrar prácticamente signos de haber sido afectadas por el agua.

También se hizo necesario investigar la atribución de la Esfinge a Kefrén bajo 
una perspectivadiferente. Siempre fué un artículo de fé para los egiptólogos que la desgastada 
cara de la Esfinge representaría al faraón Kefrén, si bien al ojo desnudo no se encuentra 
semejanza entre ambos. En un artículo del National Geographic de 1989, el arqueólogo Mark Lehner 
describió sus intentos de reconstruir la dañada cara de la Esfinge mediante computadora. 
La cara reconstruída guardaba estrecha semejanza con la cara de una estatua de 
Kefrén.

Mas para lograr su reconstrucción, Lehner alimentó a su computadora con datos 
provenientes de una de las estatuas de Kefrén, la que en consecuencia, reprodujo 
la cara del faraón. Esta fué entonces superpuesta sobre la Esfinge “probando” de 
esta forma que la cara de la Esfinge fué la de Kefrén. Usando el mismo método 
también habría sido posible “probar” que la cara de la Esfinge sería la de Diego 
Maradona. Sin embargo dicho trabajo tuvo una amplia aceptación y fué difundido 
por la prensa.

Para hacer frente a estos resultados, West buscó ayuda de un experto en 
reconstrucción y comparación de rostros, el detective Frank Domingo, experto 
forense del Departamento de Policía de Nueva York. Domingo viajó a Egipto, y 
utilizando las prácticas normalizadas de la policía, reprodujo las caras de la 
Esfinge y de Kefrén y las comparó, llegando a la conclusión de que ambas son 
totalmente diferentes y nunca pueden haber representado a la misma 
persona. Dado que las otras evidencias utilizadas para atribuir la Esfinge a 
Kefrén son circunstanciales, quedó en claro que dicha atribución solamente puede persistir 
como artículo de fé y no puede ser considerada evidencia científica.

La controversia respecto de la Esfinge ha dado lugar a numerosos artículos, en 
especial en la revista norteamericana KMT dedicada especialmente al Antiguo Egipto. En el 
número de verano del '94 se publica un artículo del Dr . James Harrell, profesor y uno de 
los jefes del Departamento de Geología de la Universidad de Toledo, Ohio, cuestionando las 
afirmaciones de West. En el mismo número se publica la réplica de West donde rebate punto por 
punto los cuestionamientos de Harrell.

Recientemente, en un papiro hasta ahora desconocido, el arqueólogo Zahi Hawass, 
jefe de excavaciones en el Valle de los Reyes, descubrió un plano que muestra la 
existencia de un tunel que recorre el flanco interior izquierdo de la Esfinge. Estudios con sondas de resonancia magnética confirmaron que el tunel existía. Según sus afirmaciones, posiblemente el túnel nunca haya sido violado, ya que su entrada se encontraría intacta.

Según una versión que menciona P. Christian en su “Traité des Mystéres”, la 
Esfinge servía de entrada a las sagradas cámaras subterráneas en las cuales se llevaban a cabo las pruebas de iniciación. Esta entrada que hoy estaría obstruída por arena y escombros, habría 
estado cerrada por una puerta de bronce cuya apertura sólo podía ser operada por los 
magos. En el vientre de la Esfinge existirían galerías que llevan a las partes subterráneas 
de la Gran Pirámide.

Estas galerías tendrían un trazado tan intrincado que al tratar de recorrerlas 
sin la debida guía inevitablemente hacían retornar al punto de partida. 
La Esfinge está estrechamente ligada a la leyenda de Edipo, quién resolvió el 
enigma propuesto por la misteriosa criatura compuesta por el cuerpo de un león alado y la cabeza 
de una mujer,que aparecía en las encrucijadas del camino a Tebas (en Grecia). A cada viajero 
que pasaba le formulaba la pregunta: “Cuál es el animal que en la mañana camina en cuatro 
pies, al mediodía en dos y al atardecer en tres pies ?” Aquellos que no podían responder eran 
devorados por la Esfinge. Edipo contestó que era el hombre mismo quién en la infancia gateaba 
apoyado en sus manos y pies, en su juventud caminaba erguido en sus dos pies y que en su vejez 
lo hacía ayudado por un bastón. Al escuchar la solución al enigma se dice que la Esfinge 
se precipitó desde lo alto de una roca para así perecer.

Habría otra interpretación para dicho enigma, emparentada con una consideración 
pitagórica de los números. El 4, el 2 y el 3 suman 9 que es el número atribuído al hombre y 
también a los ciclos de tiempo. El 4 representa el hombre ignorante, el 2 el hombre 
intelectual y el 3 el hombre espiritual. La humanidad infantil camina en cuatro patas, la humanidad evolucionante en dos, y al poder de su propia mente agrega el iluminado el bastón de su sabiduría. La Esfinge es por lo tanto el misterio de la Naturaleza, 
la personificación de la Doctrina Secreta. Pasar la Esfinge es alcanzar la 
inmortalidad.

MARCOS LEWIN



LA MATEMATICA IMPOSIBLE DE LA PIRAMIDE :

Revista Año Cero. Por Manuel J. Delgado. Junio 1995

El problema matemático mas antiguo del mundo

Dicen que los egipcios eran primitivos. Que su matemática pecaba de simple pues 
desconocían el número Pi y el número de oro Fi. Que sus conocimientos sobre 
resistencia de materiales, goniometría, mensuración, agrimensura, medicina, 
farmacopea, astronomía, óptica y hasta gastronomía dejaban mucho que desear. iY 
nada más lejos de la realidad!: aquellas gentes de cultura incomprendida, 
ciencia ignorada y medios limitados, consiguieron esculpir la piedra como si 
fuera mantequilla, erigir bloques de mil toneladas como si se tratase de papel, 
conocer los secretos del firmamento, elaborar una cosmología y levantar 
panteones religiosos anacrónicos para su tiempo. 
Dicen que de ese antiguo Imperio está todo estudiado, entendido y clasificado; 
que los misterios no existen y que son invencion de ilusos anticientíficos, sin 
base académica y manipuladores de evidencias. En todos los libros de texto se 
afirma que las pirámides son tumbas y que los tanques de granito de su interior 
son sarcófagos. Pese a lo rotundo de esta afirmación, jamás se ha encontrado, en 
ninguna de las 108 pirámides censadas en Egipto, restos de faraón alguno. 
Incluso las descubiertas recientemente, con los sellos intactos, sin posibilidad 
alguna de haber sido violadas, estaban vacias. No existe en ellas la más mínima 
referencia de restos humanos mortuorios. Y la duda en torno a que las pirámides 
sean mausoleos se amplía al saber que muchos faraones se hicieron construir 
varias pirámides. 
La constatación de la energía piramidal y sus mágicos poderes, el culto isiaco 
que se realizaba en su interior y el compendio científico incorporado en sus 
medidas, nos indican que las pirámides fueron, en realidad, templos y museos más 
que sepulcros. Por tanto, los tanques de piedra tampoco debieron ser sarcófagos. 
Hay, por cierto, una constante que se repite en el Egipto faraónico en relación 
con estas urnas de piedra: siempre que los restos arqueológicos del reinado de 
un faraón evidencian conocimientos científicos de envergadura, vestigios de 
máquinas desconocidas, taladros imposibles y medidas sorprendentes, coincide con 
que el tanque de granito conservado en el interior de la pirámide se encuentra 
protegido contra el secuestro. Como si el robo les preocupase menos que la 
desaparición de la pieza en sí. Así en Giza, lllahum, Saqqara o Darhur 
encontramos que el hipotético sarcófago es más grande que el pasadizo que 
conduce a su cámára. 
Al parecer, los constructores ya imaginaban que futuros ladrones de tumbas 
podrían profanar los santuarios y robar objetos de valor, si es que tales 
existían. Pero se aseguraron de que nunca pudieran llevarse los datos 
incorporados a los tanques de piedra, dándoles la importancia y el tamaño que se 
mecerían. 
 

EL CASO DIODEFRE

Sucesor de Keops y antecesor de Kefrén, la pirámide de Diodefre se encuen-tra a 
20 kilómetros de El Cairo en dirección este, en pleno desierto estéril. La 
ciudad más cercana, Abu Roash, posee una hermosa colección de serpientes 
veneno-sas procedentes de la zona arqueológica; pero, más allá de las 
curiosidades, queda poco del amplio complejo monumental que fue en su día, y lo 
que hay está en penoso estado. Las piedras de la zona, saqueada durante 
milenios, fueron tomadas para formar parte de otras construcciones. 
El suelo, en varios cientos de metros a la redonda, se encuentra lleno de trozos 
de cerámicas y cascotes procedentes del desmantelamiento. Entre estos restos 
pueden verse aún vestigios de rocas graníticas y de diorita, material que sólo 
se empleaba para construcciones de alto nivel tecnológico. 
La pirámide que debió presidir la zona es hoy difícilmente reconocible. Como en 
el caso de Kefrén, la zona noble fue escavada en roca, empezando las primeras 
hileras sobre pasadizos y cámaras a nivel del suelo de la meseta. Debió ser una 
pirámide pequeña, de 30 metros de lado. Todas sus piedras han desapare-cido y se 
ha hundido el suelo dejando al descubierto la cámara principal y el pasadizo de 
acceso. También los templos anejos fueron desmantelados, entre ellos un precioso 
patio de Heb Sed, del que hoy sólo puede adivinarse su presencia. 
 

UN BLOQUE DE GRANITO ROJO

A principios de siglo se logró rescatar, de entre los encombros, el sarcófago de 
Diodefre. Hoy duerme en el rincón más oscuro de la sala del Imperio Antiguo del 
Museo del Cairo, sin ninguna anotación que lo identifique, sin que nada dé 
cuenta de su historia, señalado sólo por un número: el 6193. En ninguna guía del 
museo aparece reseñada la pieza y se conserva ahí, relegada al olvido, como si 
se tratase de una piedra más. Y no es así: encierra auténticos misterios. El 
primero, que no se trata de un producto acabado. Como en el caso del tanque 
situado en la Cámara del Rey de la Cran Pirámide (la llamada de Keops), el 
supuesto sarcófago de Diodefre también está tal cual salió del taller de 
cortado, sin haberse realizado el pulimento final. 
Esta pieza arqueológica demuestra cómo eran transportados los tanques desde la 
cantera hasta la pirámide. La tapa estaba unida al gran bloque del que formaba 
parte, para evitar su ruptura, y ya en su lugar de destino era separada de la 
piedra madre. Pero en el caso de este sarcófago no se realizó tal separación, lo 
que nos enfrenta a uno de los enigmas más impresionantes del antiguo Egipto: el 
modo en que las piezas eran cortadas. 
La falta de pulimento final nos ha permitido comprobar la alta tecnología que 
poseían en la IV Dinastía; una industria de imposible comparación con ningu-na 
de nuestro tiempo. Es cierto que, a primera vista, los sarcófagos atribuidos a 
Keops y a Diodefre parecen inacabados, sin pulir ni interior ni exteriormente. 
La versión oficial indica que, por razones ignoradas, los faraones no se 
enterraron allí, eligiendo otro lugar de modo que se evitase la profanación de 
sus cuerpos. Pero exiten otras respuestas alternativas. 
 

LAS MEDIDAS SAGRADAS

¿Cómo entender que las pirámides quedaran absolutamente terminadas y no se 
hiciera lo mismo con los sarcófagos? La razón más obvia para ello es que no 
quisieron hacerlo. ¿Por qué? Tal vez si el tanque procedía de las canteras o del 
taller en el que le habían conferido unas medidas milimétricas, cualquier 
mani-pulado ulterior podría haber alterado notablemente la precisión de estas 
medidas. 
Tienen razón los escépticos en que, cualquier medida multiplicada por cualquier 
dato, puede dar otra cantidad proporcional semejante al antecedente que 
buscamos. Y eso, desgraciadamente, es lo que han hecho en innumerables ocasiones 
personas enamoradas de sus propias y singulares teorías. Por este medio 
podríamos incluso deducir que el lado de la pirámide dividido por la altura de 
un farol de Hyde Park nos da irrefutablemente los granos de alpiste que come al 
día un gorrión adulto!. 
Pero existen cosas más serias y trascendentes que resulta imposible 
desacreditar. Todas las leyendas referentes a la Gran Pirámide indican que fue 
erigida para venerar a los astros y que en su interior se refleja la auténtica 
ciencia del Cosmos, en sus medidas encontramos, de forma directa, los datos 
relacionados con la masa de la Tierra, de la Luna, del Sol, la distancia al Sol 
en perihelio, el radio polar, la densidad de la Tierra, su peso, la aceleracfon 
polar y ecuatorial de la gravedad, el azimut de los polos geográfico y 
magnéti-co, etc. Eso significa que los antiguos egipcios incorporaron en las 
medidas de esta pirámide, de forma categórica y milimétrica, datos que sólo hoy 
en día la ciencia moderna conoce. Y si la Gran Pirámide estaba erigida en 
relación con la astronomía, y la de Kefren se dedicó a la medicina, como 
evidencian los datos de su sarcófago, sin duda la de Diodefre no iba a ser 
menos. Quienes dicen que en el Antiguo Egipto no existen asuntos de números, 
deberían intentar resolver este problema: Determínese un tanque de granito de 
tal forma que todas sus medidas interiores y exteriores, lineales y 
volumétricas, correspondan a un solo número, a su doble, a su inverso, a su 
cuadrado y a su mitad; y además que una de sus medidas incorpore el valor de la 
unidad con la que se está trabajando. 
Los especialistas en matemáticas comprobarán que no existe solución posible. Sin 
embargo, parece que los antiguos egipcios consiguieron resolver este problema y, 
si alguien lo justifica mencionando la casualidad, es que no tiene ni idea de lo 
que está hablando. La dificultad radica en que el enunciado plantea un sistema 
de 8 ecuaciones (largo exterior, largo interior, ancho exterior, ancho interior, 
alto exterior, alto interior, volumen exterior y volumen interior) con tan sólo 
seis incógnitas (un número (X), su doble (X * 2), su inverso (1 /X), su cuadrado 
(X*X) su mitad (X/2), y la unidad de trabajo que se emplea). Y todo ello 
desconociendo cuánto mide la unidad métrica egipcia utilizada para su 
construcción; porque, como ocurre en la actualidad con pulgadas, millas o 
centímetros, los egipcios trabajaban con distintas unidades. 
 

UNA ECUACIÓN IMPOSIBLE

De las medidas obtenidas directamente del sarcófago se deduce que la unidad 
empleada por los egipcios en esta construcción (o sea, su «1») viene dada por el 
largo interior del tanque (2,092 m de nuestro sistema métrico), medida 
equivalente al doble (x 2) de una unidad egipcia reconocida deducida por Isaac 
Newton y que, en metros actuales, es 1,046. Con estos datos podemos convertir 
las medidas actuales (metros) en medidas egipcias con sólo dividirlas por 1,046. 
Siguiendo esto se resuelven las ocho ecuaciones: 
Largo exterior 2,45 m = 2,34 en medida egipcia Largo interior 2,092 m = 2 en 
medida egipcia Ancho exterior 1,23 m = 1,17 en medida egipcia Ancho interior 
0,894 m = 0,855 en medida egipcia Alto exterior 0,894 m = 0,855 en medida 
egipcia Alto interior 0,716 m = 0,685 en medida egipcia Volumen exterior 
2,34 x 1,17 x 0,855 m = 2,34 en medida egipcia Volumen interior 
2 x 0,855 x 0,685 m = 1,17 en medida egipcia De estas medidas egipcias 
conseguidas podemos apreciar que el enunciado del problema se cumple a la 
perfección ya que: 1,17 es el número seleccionado en sí, 2,34 es su doble (1,17 
x 2), 0,855 es su inverso (1/1,17), 0,685 es la mitad de su cuadrado (1,172 1 2) 
y 2 es la equivalencia (x 2) de la unidad empleada. 
El número elegido como sagrado por aquellos egipcios de la IV Dinastía, tan 
venerable como para incluirlo en el tanque de granito de su faraón, fue la cifra 
117, que no dice mucho. Aunque... volviendo a las teorías matemáticas, las 
proporciones del enunciado del problema no variarían en absoluto si utilizásemos 
el doble de dicha cifra, o sea, el número sagrado 234 (entenido como la 
secuen-cia de los números 2-3-4). Es este número sagrado lo suficientemente 
importante en si mismo como para pensar que no fue elegido al azar y que la 
numerologia y la cábala, que tanto se apoyan en él, tienen sus raíces en los 
mismos conoci-mientos empleados en aquel lejano, oscuro y maravilloso reinado 
del Imperio Antiguo.

Alta tecnología egipcia

El sarcófago de Diodefre nos enfrenta no sólo al problema matemático más 
antiguo, sino que nos situa ante auténticos misterios tecnológicos: por las 
formas que se descubren estudiando el tanque y su tapa podemos áfirmar que la 
sierra que cortó parte de esta última es una máquina imposible para nuestra 
actual tecnología. En las canteras de granito de Cerceda (Madrid), 
especializa-das en el corte de rocas graníticas y, por tanto, acostumbradas a 
utilizar los más modernos métodos de producción, puede comprobarse que el ataque 
de las puntas de diamante sintético (widia) en la piedra se efectúa a razón de 
0,05 mm por vuelta. La observación del tanque de Diodefres permite afirmar que, 
en él, la sierra avanzaba por el interior del granito 2,5 mm por recorrido: i50 
veces más rápido -más profundamente- de lo que hoy se consigue! Esta sierra 
inconcebible se guiaba manualmente y los errores de dirección del corte pueden 
comprobarse visualmente. Además, el interior del sarcófago tiene también 
muestras inequívocas de la utilización de una taladradora tan eficaz que era 
capaz de cortar, en el interior del bloque, ángulos perfectos de 90 grados.


EL ENCUBRIMIENTO DE LOS ARQUEOLOGOS :

por Will Hart

traducción de Adela Kaufmann 
versión original

2002 
Extraído de la Revista Nexus 
Volumen 9, Número 3 abril-may 2002

El establecimiento científico tiende a rechazar, suprimir o ignorar evidencia que están en conflicto con las teorías aceptadas, mientras denigra o persigue al mensajero

"La Policía del Cerebro” y "La Gran Mentira"

Cada vez que usted alegue que está sucediendo una conspiración, especialmente en el campo de la ciencia, usted está pisando en hielo delgado. Nosotros tendemos a ser muy escépticos acerca de las conspiraciones—a menos que vengan de la Mafia o algunos radicales Musulmanes detrás de la supuesta conspiración. Pero la evidencia es abrumadora, y la ironía es que mucho de ello está a la vista.

La buena noticia es que los jugadores son obvios. Su estrategia, o incluso sus tácticas de ‘juego-por-juego’ son transparentes, una vez usted aprende a ubicarlas. Sin embargo, no es tan fácil penetrar a través de la cortina de humo de la propaganda y desinformación, para lograr sus subyacentes motivos y metas. Sería conveniente si pudiéramos señalar a una unidad de fontanería, y a un descarado mentiroso como Richard Nixon, pero esta es una operación más sutil.

Las malas nuevas: la conspiración es global, y hay muchos grupos de intereses personales encubiertos. Una investigación superficial produce los usuales sospechosos: científicos con un hacha teórica para despedazar carreras a futuro y el status quo a mantener. Su modus operandi es “La Gran Mentira” – y mientras más grande y más extensamente publicitado, mejor. 
  
 

Ellos se apoyan invocando sus credenciales académicas para apoyar sus argumentos, y la suposición es que nadie tiene el derecho de cuestionar sus autoritarias declaraciones, de que:

No hay ningún misterio sobre quien construyó la Gran Pirámide, o cuales fueron los métodos de su construcción, y que la Esfinge no muestra señales de daños por agua.

No existieron los humanos en las Américas antes de 20,000 A.C.

La primera civilización data hacia atrás no más allá de 6000 A.C.

No existe información acerca de anomalías documentadas, inexplicables o enigmáticas para tomar en cuenta o considerar.

No hay tales civilizaciones perdidas o no tomadas en consideración.

¡Dejemos que la evidencia de lo contrario nos cuente! 
  
  
 

Ataques Personales: Disputa sobre Edad de la Esfinge y la Gran Pirámide

En 1993, la NBC, en los Estados Unidos, ventiló Los Misterios de la Esfinge, presentando evidencia geológica que demostraba que La Esfinge era por lo menos el doble de antigua (9,000 años) de lo que afirmaban los egiptólogos. Ha llegado a ser muy bien conocida como “la controversia de la erosión por agua”. Una vista cercana a la politiquería que despliegan los egiptólogos para combatir esta minimización de su territorio es instructiva.

El egiptólogo autodidacta, John Anthony West sacó el tema de la erosión por agua a la atención del geólogo, Dr. Robert Schoch. Ellos fueron a Egipto y lanzaron una intensiva investigación en el sitio. Después de estudiar a fondo, y de primera mano la Esfinge, el geólogo llegó a compartir la conclusión preliminar de West, y anunciaron sus hallazgos.

El Dr. Zahi Hawass, el jefe de los Monumentos de Giza no perdió tiempo en disparar una barrera de crítica pública a este par. El renombrado egiptólogo, Dr. Mark Lehner, quien es visto como el primer experto mundial en la Esfinge, se unió al ataque. Elacusó a West y a Schoch se ser “ignorantes e insensibles”. Esta fue una curiosa acusación, la cual llevó el tema fuera del nivel profesional, colocando el asunto entero a nivel personal. No abordaba los hechos o temas para nada, y era altamente muy poco científico.

Pero debemos observar la táctica estándar de desacreditar a cualquiera que se atreva a cuestionar las teorías aceptadas. Cambiando el enfoque fuera de los temas, y “personalizando” el debate es una estrategia altamente efectiva – una que es a menudo usada por políticos que se sienten inseguros acerca de sus posiciones. Hawass y Lehner invocaron su estatus intocable y su presunta autoridad. (Uno pensaría que la asesoría de un geólogo tiene más peso en este punto en particular).

Poco tiempo después, Schoch, Hawass y Lehner fueron invitados a poner el tema a debate en la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. A West no le fue permitido participar porque carecía de los credenciales requeridos.

Esto señala a una suposición cuestionable que es parte del arsenal del establecimiento: solamente científicos con credenciales pueden practicar ciencia. Dos filtros mantienen al investigador independiente, sin credenciales, fuera del juego: (1) los credenciales, y (2) peer review. Uno no llega al número dos a menos que tenga el número uno.

La ciencia es un método que cualquiera puede aprender y aplicar. No requiere credenciales para observar y registrar hechos, y pensar críticamente acerca de los mismos, especialmente en las ciencias sociales no-técnicas. En una sociedad libre y abierta, la ciencia debe ser un proceso democrático.

Sea como sea, West fue descalificado. Los elementos del debate han sido llevados hacia adelante y hacia atrás desde entonces, sin llegar a una resolución. Es similar a la controversia sobre quien construyó las Pirámides de Giza y de que manera fueron construidas.

Esto trae a colación el tema de La Gran Mentira, y cómo ha sido promovida por generaciones delante de Dios y de todos. La controversia de cómo fue construida la Gran Pirámide es un ejemplo. Sería fácilmente establecido si los egiptólogos quisieran resolver la disputa. Una simple prueba podría diseñarse y arreglarse por ingenieros imparciales que probarían o desaprobarían su teoría disputada durante mucho tiempo – que fue construida usando las herramientas primitivas y métodos de ese tiempo, aproximadamente 2,500 A.C.

¿Porqué no han hecho esto? 
  
 

La respuesta es tan obvia que parece imposible: ellos saben que la teoría es falsa. 
  
 

¿Podría un científico entrenado y altamente educada realmente creer que 2.3 millones de toneladas de piedra, algunos bloques pesando hasta 70 toneladas, podrían haber sido transportadas y levantadas con métodos primitivos? 
  
 

Esto parece improbable, aunque no tienen ningún remordimiento en contra de mentirle al público, escribiendo libros de texto y defendiendo esta teoría contra las teorías alternativas. No obstante, debemos notar que no permitirán ser sujetos a una prueba radical final.

Pensamos que es titular o de apoyo para cualquier científico llevar la carga de la prueba de su tesis; no obstante, los científicos sociales quienes hacen estas afirmaciones o demandas, nunca dan la cara para esta clase de escrutinio. Esto es porqué debemos sospechar una conspiración. Ninguna otra disciplina científica se saldría con la suya flexionando las reglas de la ciencia. Todo lo que han hecho los egiptólogos alguna vez es ‘batearse’ o botar teorías alternativas, usando tácticas pasadas por debajo de la mesa. Ya es tiempo de que se insita que prueben sus propias propuestas.

¿Porqué intentarían los científicos esconder la verdad y evitar cualquier prueba de su hipótesis? 
  
 

Sus motivaciones son igualmente transparentes. Si puede probarse que los egipcios no construyeron la Gran Pirámide en 2,500 AC, usando métodos primitivos, o si la Esfinge puede ser fechada hasta 9.000 AC, toda la casa de cartas se viene abajo. Puntos de vista ortodoxos de la evolución cultural están basadas sobre una cronología de la civilización habiendo comenzado en Sumeria no antes de 4,000 AC. La teoría no permite que una avanzada civilización haya existido antes de ese tiempo. Fin de la discusión. La arqueología y la historia pierden su significado sin una línea fija de tiempo como unto de referencia.

Puesto que la teoría de la “evolución cultural” ha sido atada a la teoría general de la evolución de Darwin, hay mucho más en juego. ¿Explica esto porqué son negadas y/o ignoradas las anomalías y enigmas? Sin embargo, así es. 
  
 

Las ciencias biológicas de hoy están basadas en el Darwinismo. 
  
 

Tácticas de Presión: Las Piedras de Ica del Perú

Ahora vayamos a otro caso muy diferente. En 1966, el Dr. Javier Cabrera recibió una piedra como regalo de un granjero local muy pobre, en su nativa Ica, Perú. Sobre esa piedra estaba tallado un pez, lo cual no puede haber significado mucho para el aldeano promedio, pero significó bastante para el educado Dr. Cabrera. El lo reconoció como una especia hace mucho tiempo extinta. Esto levantó su curiosidad. El compró más piedras del granjero, quien dijo haberlas recolectado cerca del río después de una inundación. 
 

El Dr. Cabrera acumuló más y más piedras, y una palabra de su existencia y potencial valor alcanzó a la comunidad arqueológica. Pronto, el doctor había amasado miles de “Piedras de Ica”. Las talladuras sofisticadas eran tan enigmáticas como fascinantes. Alguien había tallado hombres luchando con dinosaurios, hombres con telescopios y hombres ejecutando operaciones con equipo quirúrgico. También contenían dibujos de continentes perdidos.

Varias de la piedras fueron enviadas a Alemania, y fueron fechadas a una remota antigüedad. Pero todos sabemos que los hombres no pudieron haber vivido en el tiempo de los dinosaurios; que el Homo sapiens ha existido desde hace solo 100,000 años.

A la BBC le llegaron rumores de este hallazgo, y se apresuraron a producir un documental acerca de las piedras de Ica. Esta exposición a los medios de comunicación detonó una tormenta de controversia. Los arqueólogos criticaron al gobierno peruano por ser negligentes acerca de reforzar leyes en antigüedades (pero esa no era su verdadera preocupación). Se le aplicó presión a los oficiales del gobierno.

El granjero que había estado vendiendo las piedras a Cabrera fue arrestado; el afirmó haberlas encontrado en una caverna, pero se negó a descubrir la ubicación exacta a las autoridades, o, por lo menos, así lo afirmaron.

Este caso fue descartado con tanto arte que enorgullecería a cualquier político corrupto. El gobierno peruano amenazó con enjuiciar y encarcelar al granjero. Le ofrecieron una apelación de canje; él, entonces, re-contó su historia y “admitió” haber tallado las piedras, él mismo. Esto parece altamente improbable, puesto que era analfabeto e inexperto, y allí estaban unas 11,000 piedras. Algunas eran bastante grandes, e intrínsicamente talladas, con escenas y animales que el granjero no podía haber tenido conocimiento de ello sin ser paleontólogo. Habría necesitado trabajar cada día durante varias décadas para producir ese volumen de piedras. Sin embargo, los hechos fundamentales no estaban, ni aquí ni allí. Las piedras de Ica fueron etiquetadas como “broma” y olvidadas. 
 

El caso no requirió una confrontación cara a cara, o una descrédito público de no-científicos por científicos; se ocuparon de esto con tácticas invisibles de presión. 
  
 

Puesto que estaba registrado bajo “broma”, la enigmática evidencia nunca tuvo que tratarse, como tampoco se trató el siguiente ejemplo. 
  
  
 

Censura del "Pensamiento Prohibido" – Evidencia de la Gran Antigüedad de la Humanidad

El caso del autor Michael Cremo, está muy bien documentado, y también demuestra cómo el establecimiento científico abiertamente usa tácticas de presión en los medios de comunicación y el gobierno. Este libro, ‘Arqueología Prohibida’ examina muchos ejemplos previamente ignorados, de artefactos que prueban que la antigüedad del hombre moderno excede bastante la edad dada en las cronologías aceptadas.

Los ejemplos que presentaron él y su co-autor son controversiales, pero el libro se convirtió en mucho más controversial que su contenido, al ser usado en este documental.

En 1996, la NBC transmitió un especial llamado ‘Los Misteriosos Orígenes del Hombre’, en el cual presentó material del libro de Cremo. La reacción de la comunidad científica se salió de la escala de Richter. La NBC fue inundada con cartas de científicos iracundos que llamaban al productor “un fraude”, y todo el programa “una broma”.

Pero los científicos fueron más allá que esto – mucho más. En una secuencia extremadamente desmedida de bizarros movimientos, ellos trataron de forzar a la NBC de no re-transmitir el popular programa, pero su esfuerzo falló. Entonces tomaron el paso más radical de todos: ellos presentaron su casi al gobierno federal y solicitaron a la Comisión Federal de Comunicaciones que interviniera, y bloqueara a la NBC de poner nuevamente este programa al aire.

Esto no fue solamente una violación a la libertad de palabra y un obvio intento de frustrar la comercialización, fue un esfuerzo sin precedentes de censurar el diálogo intelectual. Si el público, o cualquier agencia gubernamental hiciera un intento de esposar al establecimiento científico, el público jamás hubiese escuchado el final.

La carta al FCC, escrita por la Dra. Allison Palmer, Presidenta del Instituto para Estudios Cambrianos es reveladora:

Como mínimo, la NBC debería ser obligada a pedir disculpas en las horas sustancialmente de mayor difusión, a su audiencia televisiva durante un suficiente período de tiempo, para que la audiencia claramente entienda el mensaje de que fueron engañados. Además, la NBC debería, quizás, ser multada suficientemente como para poder establecer una importante recolección de fondos para la educación pública en ciencias.

Yo creo que tenemos algunos buenos sondeos de quien es la “Policía del Cerebro”. Y realmente no creo que “conspiración” sea una palabra demasiado fuerte – porque para cada caso de esta clase de intento de supresión que es expuesto, se exponga que otros 10 continúan exitosamente. 
  
 

No tenemos idea de cómo muchos artefactos enigmáticos o fechas habrán sido etiquetadas como “errores” y descartadas en bodegas de almacenaje o archivos circulares para nunca más ver la luz del día. 
  
 

Rechazo de Datos: Fechado inconveniente en México

Hay un caso de alto perfil, de la Dra. Virginia Steen-McIntyre, una geóloga trabajando para la Inspección Geológica Estadounidense (USGS), quien fue despachada hacia un sitio arqueológico en México, para fechar un grupo de artefactos en los años setenta. Esta parodia también ilustra cuan lejos irán los científicos del establecimiento para custodiar los dogmas ortodoxos.

McIntyre usó equipo altamente avanzado, y respaldó sus resultados usando cuatro diferentes métodos, pero sus resultados estaban fuera de los estatutos. Los arqueólogos principales esperaban una fecha de 25,000 años o menos, y el hallazgo de la geóloga fue de 250,000 años o más.

La figura de 25,000 años o menos era crítica para la teoría del “cruce” del Estrecho de Bering, y esta fue la motivación detrás de los revolucionarios resultados de la principal arqueóloga, Steen-McIntyre en el archivo circular, y pidiendo una nueva serie de pruebas de fechado. Este tipo de reacción no ocurre cuando las fechas concuerdan con el modelo cronológico previsto, que apoya las teorías aceptadas.

A la arqueóloga Steen-McIntyre se le dio una oportunidad de retractor sus conclusiones, pero ella la rechazó. 
  
 

Más tarde se encontró con la dificultad de que publicaran sus papeles, y perdió su empleo de enseñanza en una universidad estadounidense. 
  
 

Supresión y Etnocentrismo Gubernamental:

Evitando Evidencia Anómala en NZ, China y México

En Nueva Zelanda, el gobierno realmente entró y decretó una ley que prohibía al público entrar a una zona arqueológica controversial. Esta historia apareció en el libro, ‘Antigua Nueva Zelanda Céltica’ de Mark Doutré.

Sin embargo, como averiguaremos (y como lo prometí al principio del artículo), esta es una conspiración complicada. Los científicos tratando de proteger sus “santificadas” teorías, mientras avanzan en sus carreras no son los únicos que quieren suprimir artefactos e información. Aquí es donde la situación se vuelva pegajosa.

El Bosque Waipoua se convirtió en un controversial sitio en Nueva Zelanda porque una excavación arqueológica, al parecer, mostró evidencia de una cultura no-Polinesia, precediendo a la Maorí – un hecho con el cual la tribu no estaba muy feliz. Ellos supieron de los resultados de las excavaciones antes que lo hiciera el público en general, y se quejaron con el gobierno. Según Doutré, el resultado fue “un documento oficial de archive, que claramente mostraba una intención por parte de departamentos del gobierno de Nueva Zelanda de retener información arqueológica del escrutinio público durante 75 años.

Al público le llegaron rumores de este fiasco, pero el gobierno negó la demanda. No obstante, documentos oficiales muestran que había sido puesto un embargo en el sitio. Doutré es un estudiante de historia y arqueología de Nueva Zelandia. El está preocupado, porque dice que los artefactos probando que hubo una cultura más temprana que precedió a los Maoríes hacen falta en los muesos.
  
 

El pregunta que pasó con varios remanentes anómalos:

¿Dónde están las antiguas muestras de cabello Indo-Europeas (cabello ondulado, rojo cobrizo), originalmente obtenidas de un refugio de roca cerca de Watakere, que estuvieron en exhibición en el Museo Memorial de la Guerra en Auckland durante muchos años? ¿Donde está el esqueleto gigante encontrado cerca de Mitimati?

Desafortunadamente este no es el único incidente así. El Etnocentrismo se ha vuelto un factor en la conspiración, para esconder la verdadera historia de la humanidad. El Autor Graham Hancock ha sido atacado por varios grupos étnicos por reportar similares hallazgos enigmáticos.

El problema para los investigadores preocupados por establecer la verdadera historia de la humanidad es que las metas de los nacionalistas o grupos étnicos que quieren poner demanda de haber sido los primeros en estar en un lugar en particular, a menudo se mezclan con las metas de los evolucionistas culturales.

Los arqueólogos son rápidos en ir a suprimir esta clase de hallazgos anómalos. Una razón por la cual los egiptólogos guardan tan celosamente la fecha de la construcción de la Gran Pirámide tiene que ver con un asunto de orgullo nacional.

El caso de las momias del Desierto de Takla Makan en el oeste de China es otro ejemplo de este fenómeno. En los años ‘70s y ‘80s, una inexplicable cultura caucásica fue repentinamente desenterrada en China. El ambiente árido preservó los restos de gente de cabellos rubios y ojos azules, que vivían en la China pre-dinástica. 
  
 

Ellos usaban finas ropas muy coloridas, así como coloridos eran sus botas, medias y sombreros. Los chinos no estaban muy contentos acerca de esta revelación, y le han restado importancia al enigmático hallazgo, aunque los asiáticos fueron encontrados, enterrados a la par de estas momias caucásicas.

El escritor para National Geographic, Thomas B. Allen reflexiona en un artículo, en 1996, acerca de su hallazgo de una cerámica llevando la huella digital del alfarero. Cuando el preguntó si podría llevar el fragmento donde un antropólogo forense, el científico chino preguntó si el “sería capaz de decir si el alfarero era un hombre blanco”. Allen dijo que el no estaba seguro, y el oficial empaquetó el fragmento y silenciosamente se alejó. Parece que muchas cosas se cruzan en el camino de los descubrimientos y hallazgos científicos.

La existencia de la cultura olmeca en el México antiguo siempre ha planteado un problemas. ¿De donde vino la gente negroide representada en las colosales cabezas? ¿Porqué hay caucásicos tallados en las estelas, en lo que es la semilla de la civilización mexicana? Lo que es peor, ¿porqué no se encuentran gentes indígenas mexicanas en los artefactos Olmecas?

Recientemente, una arqueóloga mexicana resolvió el problema haciendo una fantástica afirmación: que las cabezas Olmecas – las cuales, generaciones de personas de todos los grupos étnicos han estado de acuerdo en que tienen una llamativa semejanza a los africanos – realmente eran representaciones de la tribu local. 
  
  
 

STORM-TROOPERS PARA EL DARWINISMO

El público no parece para nada enterado del hecho que el establecimiento científico tiene un doble estándar cuando set rata de un libre flujo de información. En esencia, transcurre de esta manera… 
  
 

Los científicos son altamente educados, bien entrenados e intelectualmente capaces de procesar todo tipo de información, y pueden hacer distinciones correctamente críticas entre los hechos y la ficción, la realidad y la fantasía. El vil público es simplemente incapaz de operar en esta plano altamente mental.

El noble ideal del científico altamente calificado, imparcial y apolítico, como observador y ensamblador de hechos establecidos, hacia un útil cuerpo de conocimiento parece haber sido destrozado bajo las presiones y demandas del mundo real. La ciencia ha producido muchos beneficios positivos para la sociedad; pero deberíamos ya por ahora saber que la ciencia tiene su lado escuro, negativos. ¿Qué no fueron, pues, esos mansos compañeros en impecables batas de laboratorios, quienes nos dieron las bombas nucleares y las armas biológicas? La edad de la inocencia terminó en la II Guerra Mundial.

la comunidad científica tiene una actitud de superioridad intelectual es levemente disfrazado bajo un disfraz de unas muy cuidadosamente orquestadas relaciones públicas. Siempre vemos a la Ciencia y al Progreso caminando mano a mano. La Ciencia, en una institución en una sociedad democrática, deberá funcionar de la misma manera en que funciona la sociedad en grande; deberá abrirse a debates, argumentos y contra-argumentos. No hay lugar para un autoritarismo sin cuestionamiento. ¿Estará la ciencia moderna alcanzando y resolviendo estos estándares?

En el otoño del 2001, la PBS aireó una serie de siete partes titulado Evolución. Tomándolo en valor de cara, esto parece lo suficientemente inofensivo. Sin embargo, mientras el programa fue presentado como un periodismo científico puro, objetivo, investigador, falló completamente en siquiera alcanzar los estándares mínimos de la divulgación imparcial. La serie fue pesadamente cargada hacia la visión de que la teoría de la evolución es un “hecho científico” que es aceptado por “virtualmente todos los científicos reputables del mundo”, y no como una teoría que tiene debilidades y críticas fuertemente científicas.

Al producir esta serie, ni siquiera se molestaron en entrevistar a científicos que tiene críticas sobre el Darwinismo: no “creacionistas”, sino que científicos auténticos y de buena fe. Para corregir esta deficiencia, un grupo de 100 científicos disidentes se sintieron impulsados a publicar un lanzamiento de prensa, “Una Disensión científica del Darwinismo”, en el día en que estaba programado que saliera al aire el primer capítulo. 
  
 

El nominado al premio Nóbel, Henry “Fritz” Schaefer estaba entre ellos. El estimuló a abrir un debate público de la teoría de Darwin:

Algunos defensores del Darwinismo abrazan estándares de evidencia para la evolución que, como científicos, jamás aceptarían, en otras circunstancias.

Hemos viso este mismo acercamiento “no-científico”, aplicado a la arqueología y la antropología, mientras que los “científicos” simplemente se niegan a probar sus teorías, y sin embargo se apuntan a sí mismos como los árbitros finales de “los hechos”. Sería ingenuo pensar que los científicos que cooperaron en la producción de la serie estaban inconscientes de que no habría otra presentación de contrapeso, por parte de críticos de la teoría de Darwin. 
 

Richard Milton es un periodista de ciencias. El ha sido un ardiente y verdadero creyente de la doctrina Darwiniana, hasta que sus instintos investigadores lo golpearon un buen día. Después de 20 años de estar estudiando y escribiendo acerca de la evolución, el repentinamente realizó que había muchos agujeros desconcertantes en la teoría. El decidió tratar de aliviar sus dudas y probar la teoría a sí mismo, usando los métodos estándar del periodismo investigador rutinario.

Milton se volvió un visitante regular del famoso Museo de Historia Natural de Londres. El cuestionó cuidadosamente cada dogma importante y las clásicas pruebas del Darwinismo a prueba. Los resultados lo ‘sacudieron’. El encontró que la teoría ni siquiera podía encarar ni los mínimos rigores del periodismo investigador rutinario.

El veterano escritor de ciencia tomó una medida drástica y publicó un libro titulado: “Los Hechos de la Vida: Rompiendo los Mitos del Darwinismo”. Está claro que el mito darwiniano había sido roto por el, pero muchos otros mitos acerca de la ciencia serían también aplastados después de que su libro fuera lanzado a publicación. Milton dice:

Experimenté la actividad de ‘cacería de brujas’ de la policía darwinista de primera mano - fue profundamente desilusionador encontrarme a mi mismo siendo descrito por un prominente zoologista de Oxford, Richard Dawkins, como “chiflado”, “estúpido” y “necesitando ayuda psiquiátrica”, en respuesta a reportes puramente científicos.

(¿Sonará esto como las historias que vinieron de la Unión Soviética hace 20 años, cuando los científicos disidentes allí comenzaron a hablar públicamente?)

Dawkins lanzó una campaña de escritura de cartas a los editores del periódico, implicando que Milton era un “espía” creacionista, cuyo trabajo debería ser descartado. Cualquiera que tenga alguna familiaridad con la política reconocerá esto como una táctica estándar maquiavélica de manual de un “asesinato de carácter”. Dawkins es un científico altamente respetado, cuya reputación y situación en la comunidad científica tiene mucho peso.

Según Milton, el proceso vino a la cabeza cuando el Suplemento de Alta Educación del periódico Times de Londres lo comisionó a escribir una crítica al Darwinismo. La publicación presagió lo que estaba por venir: “Próxima Semana: Darwinismo – Richard Milton ataca”. Dawkins supo de esto, y no perdió tiempo pellizcando esta herejía en el brote. 
  
 

Él contactó al editor, Auriol Stevens, y acusó a Milton de ser un “creacionista”, y prevaleció sobre Stevens para halar la palanca sobre el artículo. Milton supo de este apuñalamiento detrás de los telones, y escribió una carta de apelación a Stevens. Al final, esta excavó dentro de Dawkins y rasguñó la pieza.

Imagínese que sucedería si un político o burócrata usara tales tácticas de presión para matar una historia de los medios masivos de comunicación. Esto detonaría un enorme escándalo. No así para los científicos, quienes parecen ser vistos como “vacas sagradas” y más allá de la reprobación. Hay muchos factores perturbadores relacionados con estos casos. La teoría de la evolución, de Darwin, es la única teoría rutinariamente enseñada en nuestro sistema de escuelas públicas, y jamás ha sido sujeto a un riguroso escrutinio; ni han sido permitidas ninguna de las críticas en el plan de estudio...

Este es un interesante hecho, porque una reciente encuesta muestra que el público estadounidense quiere que la teoría de la evolución sea ensañada a sus niños; sin embargo, el “71% de los encuestados dicen que los maestros de biología deberían enseñar tanto el Darwinismo, como la evidencia científica en contra de la teoría darwinista”. No obstante, no hay planes para implementar este acercamiento más equilibrado.

Es irónico que Richard Dawkins ha sido asignado para la posición de Profesor del Entendimiento Público de la Ciencia en la Universidad de Oxford. El es un clásico “Policía del Cerebro”, patrullando las líneas frontales neurológicas. El establecimiento científico occidental, y los medios masivos de comunicación se enorgullecen de ser foros abiertos al público, desprovistos de prejuicios o censura. No obstante, ningún programa de televisión que examine los errores y debilidades del Darwinismo ha sido puesto al aire en el país natal de Darwin o en los Estados Unidos. Un científico que se opone a la teoría no puede conseguir que le publiquen documento alguno.

Los Misteriosos Orígenes del Hombre no era un ataque frontal contra el Darwinismo; simplemente presentaba evidencia que es considerada anómala por los preceptos de esta teoría de la evolución.

Volviendo a nuestros bastiones de integridad intelectual, Forest Mims era un sólido y habilidoso periodista de ciencia. Jamás ha sido el centro de ninguna controversia, y así, fue invitado a escribir en la columna más leída, en la prestigiosa revista América Científica, “El Científico Aficionado”, una tarea que el aceptó con mucho gusto. Según Mims, el editor de la revista, Jonathan Piel, entonces, supo que el también escribía artículos para varias revistas cristianas. 
  
 

El editor llamó a Mims a su oficina y lo confrontó.

“¿Cree usted en la teoría de la evolución?” preguntó Piel

Mims respondió, “No, no creo, y tampoco lo cree Stephen Jay Gould.”

Su respuesta no afectó la decisión de Piel de desbaratar la popular columna después de solamente tres artículos.

Esto tiene el desagradable olor de una cacería de brujas. El escritor nunca transmitió públicamente sus puntos de vista privados o creencias, por lo que parecería que los “stormtroopers” ahora creen tener órdenes de asegurarse que los pensamientos “no aprobados” jamás serán divulgados en público. 
  
  
 

Tabú o No Tabú?

Así, pues, los monitores del “buen pensamiento” no son como los de la élite o de la comunidad científica, como hemos visto en varios casos; son productores de televisión y editores de revistas, también. Parece claro que todos ellos son guiados por el singular imperativo de fomentar “la educación pública sobre ciencia”, como lo planteó tan aptamente el presidente del Instituto Cambriano.

Sin embargo, hay un segundo artículo en la agenda, y es para proteger al público de pensamientos “no-científicos” e ideas que pudieran infectar la mente de las masas. Nosotros señalamos algunos de esos tabú al principio del artículo, ahora debemos agregar que son también “malsanos, incompletos” e inaceptables” para engancharse en ninguna de las búsquedas siguientes de investigación:

fenómenos paranormales

OVNIs

fusión en frío y energía libre,

...y todo el resto de las “pseudo-ciencias”.

¿Tendrá esto un anillo familiar en él?

¿Estaremos escuchando los débiles ecos del fanatismo religioso?

¿Quien le dio a la ciencia la misión de ingeniería y dirección de las búsquedas inquisitivas de los ciudadanos del mundo libre?

Es cualquier cosa menos imposible para cualquier papel científico que tenga ramificaciones anti-Darwinianas ser publicado en un periódico científico de la corriente principal. También es simplemente tan imposible conseguir temas “tabú” incluso para la tabla de revisión, y podemos olvidarnos acerca de encontrar nuestro nombre bajo el título de cualquier artículo en la revista Naturaleza (Nature), a menos que uno sea un científico acreditado, ¡incluso si uno fuera el próximo Albert Einstein!

Para volver a exponer cómo comienza esta conspiración, será con dos filtros: credenciales y revisión por parte de otros. La Ciencia Moderna es ahora un laberinto de tales filtros, puestos para promover ciertas teorías ortodoxas, y al mismo tiempo, filtrar fuera aquella información que ya está pre-juzgada a ser inaceptable. Los principios guías no son precisamente la evidencia y el mérito. Estos principios de objetividad, acceso y apretura han sido reemplazados por conformidad y posición, dentro de la comunidad establecida.

Los científicos no vacilan en lanzar los más indignantes ataques personales en contra de aquellos que ellos perciben ser el enemigo. El eminente paleontólogo, Louis Leakey describió este ácido de una sola línea acerca de la “Arqueología Prohibida”, (Forbidden Archeology)

“Su libro es puro disparate, y no merece ser tomado en serio por nadie que no sea un tonto.”

De nuevo, vemos el empuje de un ataque personal: los méritos de la evidencia presentada en el libro no son examinados o debatidos. Es una embotada y autoritaria declaración o pronunciamiento



HALLAN SARCOFAGO INTACTO EN EGIPTO :

07/Sep/04

Arqueólogos hallan sarcófago intacto en Egipto

El Cairo, Egipto. Arqueólogos egipcios descubrieron un sarcófago intacto que podría ser el más antiguo hallado perteneciente al supervisor de la construcción de las pirámides, dijo el sábado la máxima autoridad de arqueología del país.

(AP, Diario de Yucatán) Zahi Hawass, secretario general del Consejo de Antiguedades y director del equipo de excavación dijo a The Associated Press que los jeroglíficos hallados recientemente en una tumba cerca de las pirámides de Giza revelaban el nombre de su propietario, Ny Nsw Wsert, y su título es "supervisor del distrito administrativo", lo cual significaría que estaba a cargo de los trabajadores.

Hawass dijo que su equipo halló intacto un sarcófago de piedra caliza con mantenía la tapa sellada, lo cual "prueba que nadie la había abierto desde hace 4 mil 600 años".

"Al parecer se trata del más antiguo sarcófago intacto que haya encontrado", dijo Hawass.

Indicó que los restos del propietario estaban en el interior del sarcófago, que fue abierto en septiembre.

Hawass agregó que la tumba fue hallada a dos kilómetros al sudeste de la Esfinge, en un gran cementerio de los trabajadores que construyeron las pirámides, tumbas y templos de la Meseta de Giza. La tumba incluye un corredor construido con piedra y es coherente con el interior de la estructura de la Pirámide de Giza, destacó.

Un comunicado emitido por Hawass señala que la cámara funeraria estaba labrada en las piedras y tiene dos orificios, posiblemente para permitir la salida del alma de los difuntos. El mismo tipo de estructura es hallada en el cámara mortuoria de la pirámide de Queops, el faraón también conocido como Kufu.

Hawass indicó que el descubrimiento prueba la teoría de que las pirámides fueron construidas por egipcios y no por gente de una civilización perdida o extraterrestres, tal como afirman ciertas teorías.

Asimismo que dijo que los constructores no eran esclavos "porque sus tumbas están construidas cerca de las pirámides y están preparadas para la eternidad como reyes y reinas".

La tumba incluye cinco pozos funerarios, en uno de los cuales fue hallado el sarcófago y se cree que los otros pertenecen a familiares del supervisor.

Asimismo fueron hallados objetos de cerámica que indicaban la fecha correspondiente a la IV Dinastía (desde 2613 años AC hasta el 2494 años DC) y 80 jarrones de cerveza, informó.





ESPECIAL POR TOMAS DORESTE,EXCLUSIVO : MISTERIOS DE EGIPTO 
 

MISTERIOS DE EGIPTO :

EL ENIGMA DE LOS DIOSES EGIPCIOS

Cuando se habla de Egipto se piensa al instante en pirámides y faraones, en el río Nilo, en la ciencia de los sacerdotes, en las momias de los personajes ilustres que resucitarán algún día, en los templos maravillosos y en las estatuas monumentales. Los libros de historia se han referido, desde los tiempos de los griegos, con gran admiración al arte egipcio, pero ¿han explicado en todas las ocasiones la verdad? ¿Puede creerse con los ojos cerrados todo lo que se ha venido diciendo acerca del Antiguo Egipcio o se han cometido errores, por ignorancia unas veces y con mala intención otras, para mostrar una faz de este pueblo y de sus obras que, en ocasiones, corresponde exactamente a la realidad? 
En las siguientes páginas se intentará descubrir qué se oculta detrás de algunas falsas creencias. Tal vez lleguemos a aclarar una parte de los muchos enigmas que nos ofrece Egipto. 
Un texto que consideraban altamente peligroso 
Pocas personas han dejado de escuchar alguna vez el nombre de Ramsés, faraón que vivió durante el siglo XIII antes de Cristo: fue un gran guerrero que logró rechazar una invasión del pueblo hitita. Pero no fue por esta razón que ha logrado ser conocido entre nosotros. Su fama se la debe al descubrimiento de sus restos, en 1881. No hay quien no haya contemplado alguna vez en fotografia la momia de Ramsés. cuya cabeza se ha conservado perfectamente. con todo y sus cabellos rojizos; y su pésima dentadura ha venido a demostrar que debió sufrir en vida muy malos ratos. Su hijo, en cambio, hubiera pasado desapercibido de no haber ordenado quemar en cierta ocasión un libro que consideraba altamente peligroso.

Se llamaba Khaunas y tuvo ocaSión de conocer una obra misteriosa, escrita por un personaje legendario acerca de cuya existencia muy poco logró averiguar. Contenía el libro terribles secretos. Su lectura concedía poderes sobre las cosas de la tierra, del cielo y del mar, revelaba una receta para resucitar a los difuntos y para dar órdenes a las personas, por lejos que se encontrasen. Quien leyera este libro sabría mirar al sol cara a cara, así como comprendería el len10 guaje de los animales. 
¿Qué clase de libro era aquél que ordenó el faraón Khaunas tirar al fuego? ¿Un texto científico que no supo descifrar y por esta razón, igual que ha sucedido cada vez que un hombre ignorante se ha encontrado con algo superior a su entendimiento, le resultó más sencillo suprimirlo? ¿Existió en realidad aquella obra maldita o quiso inventar el episodio un cronista de la época, para rendir homenaje al buen juicio del soberano o para burlarse de las generaciones venideras? 
Hay pruebas de que el libro existió 
Por fortuna, de vez en cuando se realizan en Egipto hallazgos que vienen a aclarar en parte algunos puntos oscuros de la historia. Unos arqueólogos encontraron en 1828 una estela de piedra del siglo IV anterior a nuestra era, cuya traducción informaba sobre el texto mencionado y aludía además a otras propiedades del mismo y al nombre del autor. Coincidía con el que dio el temeroso faraón: el divino Toth, a quien los antiguos egipcios representaban con cabeza de ibis, el ave sagrada del Nilo, a causa de su enorme sabiduría. ¿Y quién fue ese personaje llamado Toth?

Toth se presentó en Egipto procedente de un país situado más allá de donde se oculta el sol. Es decir, que vino del oeste, igual que otros dioses del firmamento egipcio. Su nombre recuerda de manera sospechosa al God anglosajón y al Gott germánico, 
pero de acuerdo con algunos estudiosos del tema tiene un origen atlante: 
Toth deriva de Tehutli. ¿Cuál era entonces el origen de ese Toth de quien se expresaban con tanto temor y respeto los egipcios? 
¿Arribó de la Atlántida antes de ser borrado del mapa el legendario continente hundido en el océano en el corto plazo de una noche y un día? ¿De la lejana Hiperbórea acaso, llamada Tierra de Thule en las tradiciones escandinavas, que pudo estar entre Groenlandia e Islandia y que algunos autores identificañ con la Gran Bretaña? ¿De las vecinas tierras del Sahara, antes de ser devoradas por las arenas del desierto? ¿O de un phneta ajeno al nuestro, según es opinión de quienes se han dedicado al estudio de los ovnis?

Debía poseer un oculto significado

Cuando Toth pretendía enseñar, por medio de su libro, a mirar el sol cara a cara, sin temor a dejar ciego a nadie, ¿qué deseaba decir? Posiblemente encerraba el texto un simbolismo diffcil de aclarar: ¿que no se debe temer a la verdad y que es preciso enfrentarse a la realidad sin miedo a las consecuencias? Pero también pudo aludir el sabio a un instrumento que serviría para contemplar el Sol, los planetas y las luminosas estrellas, de cuya observación resultaría el cálculo de las fechas en que se producirían los eclipses. Y quién sabe si el tratado en cuestión contenía también secretos de medicina y de alquimia.

Cuando el faraón Khaurias ordenó la destrucción del libro de Toth —del cual, afortunadamente, lograron salvarse algunos fragmentos—, había pasado otrora su país por lo mejores tiempos.

Encontrábase Egipto en decadencia desde hacía un buen número de siglos. 
Muchos documentos del pasado habían sido destruidos, porque no eran comprendidos, igual que sucedería durante la Edad Media en Europa, cuando fueron quemados valiosos testimonios de la antigüedad. 
Por fortuna, en el caso de Egipto llegaron un día los griegos a Egipto y quedaron tan admirados ante lo que vieron y ante lo que adivinaron, que se apropiaron de muchas cosas. Entre ellas, la figura del dios Toth.

Le cambiaron el nombre y lo convirtieron en Hermes Trismegisto, tres veces grande. supuesto fundador de la alquimia además de auténtico sabio, al decir de los filósofos esoteristas. Pero no fue Toth el único ser excepcional que, habiendo llegado del oeste, pasó su nombre a poder de los griegos. 
Entre los dioses egipcios que los griegos harían suyos estaba Imhotep, quien realizó grandes cosas en Egipto. Además de ser el arquitecto de las primeras pirámides egipcias conocidas, que eran escalonadas y las levantó en la zona de Saqqarah, fue un médico genial. Poseía una técnica inigualable para realizar todo género de intervenciones quirúrgicas. 
Entre las más complicadas estaban la trepanación las operaciones del corazón. Y existen testimonios que lo prueban.

Un documento escrito en lengua copta hallado hace unos afios en la ciudad de Alejandría —los coptos eran cristianos de Egipto que decían descender de los antiguos habitantes del país—. que afirmaba ser copia de otro muy anterior, informaba acerca de cierta operación realizada con éxito notorio en tiempos de Djoser. faraón de la III Dinastía, que reinaba en Egipto en tiempos del famoso sabio lmhotep. 
El papiro describía la operación en detalle: un oficial de la guardia recibió un lanzazo en el corazón, pero Imhotep, utilizando una técnica sorprendente. realizaría un trasplante de la víscera que devolvería la vida al militar.

Esculapio y el origen de la vida

Debió saber tanto este Imhotep que. con justa razón, sus contemporáneos lo considerarían poco menos que un dios. A partir de su muerte era lógico que sus proezas crecieran de tamaño. Los griegos se fijaron en su persona y tomaron a Imhotep como modelo para crear a Esculapio. dios de la medicina. Y para hacerlo más suyo le dieron a Apolo. el rubicundo dios solar, de padre. 
El símbolo creado por Esculapio había pertenecido a Mercurio, pero en sus manos se convertiría en el símbolo de la profesión médica. Dice la leyenda que Esculapio encontró un día en su camino a dos serpientes que luchaban furiosamente entre sí. Interpuso entre los dos reptiles su bastón y ambos se enroscaron al mismó hasta quedar inmóviles.

Así se formó el caduceo, que ha sido adoptado por todos los médicos del mundo occidental como su símbolo. Quienes se dedican al noble oficio de curar suelen pegar en el cristal de su automóvil una calcomanía con figura de bastón con dos serpientes enrolladas sin detenerse a pensar que su origen es completamente absurdo. Ninguno ha caído en la cuenta de que este caduceo posee una asombrosa semejanza con la molécula en espiral del ácido desoxirribonucleico, más conocido como ADN. elemento primordial de la vida que rige la herencia biológica y cuya estructura es conocida desde hace unos pocos años nada más.

¿Se trata de una simple coincidencia el hecho de que el caduceo y la estructura de la molécula de ADN, tal como aparece en los tratados de biología, sean casi iguales? ¿Significa, por el contrario, que Imhotep sabía sobre medicina mucho más de lo que se suponía? ¿Acaso en la historia anterior a la conocida existió una ciencia avanzadísima que se perdió a causa de una catástrofe de proporciones gigantescas o a falta de hombres capacitados para perpetuar sus secretos? 
Pero, regresando con Toth, bueno será saber que, además de la escritura que enseñó a los egipcios, se atribuía a este ser divino la redacción del Libro de los Muertos y la creencia, que se extendió a partir de entonces entre los egipcios, de que las almas de los difuntos viajaban a un lejano país llamado Amenti, situado al oeste, de donde resucitarían cuando llegase el momento. ¿Era ese Amenti el país de donde procedía Toth, una especie de paraíso perdido cuyo recuerdo jamás se borró de su memoria y hablaba de él a todas horas, con encendidos elogios, a los habitantes del país que deseaba civilizar?

¿Fueron Toth e Imhotep los únicos maestros que arribaron a Egipto procedentes del oeste? La respuesta es negativa. En varias pirámides de la zona de Saqqarah, que remontan a las primeras dinastías conocidas, se han hallado inscripciones que se refieren a otro personaje divino, que llegó a convertirse en un dios mucho más importante que los dos mencionados. Su nombre era Osiris. 
Sus orígenes eran de verdad increíbles 
También Osiris sería plagiado por los griegos a la busca de dioses para su firmamento mitológico. Harían de él Cronos —llamado Saturno por los romanos—, cuyos padres fueron Urano, dios del cielo, y Gea, diosa de la tierra.

Resulta altamente revelador que los padres de Osiris fuesen también originarios del cielo y de la tierra. ¿No sugiere esto la posibilidad de que el padre del dios egipcio arribase por la vía aérea y que su madre fuese una reina de aquí abajo, una mujer de belleza deslumbrante que cautivó al ilustre viajero? Este pasaje recuerda, muy curiosamente, al capítulo VI del Génesis bíblico, donde se habla de los hijos de Dios quea se enamoraron de las hijas de los hombres.

acaso el pasaje bíblico se inspiró en este episodio del nacimiento de Osiris, como tantos otros a los cuales nos asomaremos cuando llegue el momento? ¿Sucedió de la unión de los dos personajes —el celestial y el terrícola— que naciese Osiris, quien sería educado en el planeta de su padre y sería enviado a la tierra, al cumplir su mayoría de edad, para enseñar su ciencia a la ignorante población que sirvió a las órdenes de su madre? 
Así opinan algunos autores que, cada vez que pueden hacerlo, dirigen la mirada al firmamento y buscan en él origen para todo lo terrestre. Desean creer que del cielo vinieron los primeros colonizadores del planeta. Tal vez están en lo cierto. Tal vez estén más de acuerdo con la realidad otras opiniones igualmente interesantes. Y una de ellas se ha querido inspirar en los orígenes del nombre de Osiris y en algunos aspectos de su existencia.

En el antiguo idioma de los egipcios se escribía el nombre Osir’re, que era una palabra compuesta. La primera partícula era el nombre del personaje y la segunda correspondía al ra, o nombre del astro solar. Pero esta partícula podría referirse también a una aureola luminosa que rodeaba la cabeza de aquel ser excepcional. ¿Era una aureola provocada por sus extraordinarias facultades y su mágica sensibilidad? ¿Era el resplandor causado por el casco espacial utilizado por Osiris cuando reflejaba los rayos del sol? 
Este ser que los egipcios considerarían divino, en razón de sus obras sin igual, no convenció a todos al realizar tantas innovaciones. El malvado Seth terminó asesinándolo, molesto al verse desplazado por el extranjero. Cortó a continuación en pedazos el cuerpo de su víctima y los tiró al río Nilo, que los arrastró corriente abajo hasta llegar al mar. 
Osiris fue un personaje sumamente dramático 
Fue una suerte que la esposa de Osiris lograse encontrar y reunir los fragmentos dispersos. Halló todos menos uno, el miembro viril, lo cual obliga a pensar que detrás de esta lamentable pérdida se oculta un oscuro simbolismo. ¿Quiere decir que a partir de entonces Osiris se negó a tener hijos, pues suponía que podría sucederles lo mismo que a él a manos de los egipcios? ¿Se arrepentía de haber desarrollado tantos esfuerzos y de haber dado su sangre en beneficio del pueblo egipcio y escogía aquella lamentable pérdida para significar a los egipcios que no le importaban ya nada? 
Lo único que nos informa la mitología es que isis insufló nueva vida al cuerpo de su ex-difunto, quien de todas maneras pocas ganas tenía de seguir realizando obras de caridad. Osiris se había casado con su propia hermana isis. porque deseaba conservar pura su sangre divina, sin mezclas con los seres inferiores. Y este racismo, que sería castigado en lo que a Osiris más podía dolerle por un representante de la oposición, ¿no nos permite acaso pensar que tanto Osiris como Isis pertenecían a una raza que se consideraba superior. como la raza aria, por ejemplo? 
Algunos autores son de la opinión de que el nombre de Osiris fue en realidad Osir ‘ns y que la partícula Osir coincide, aproximadamente, con el nombre de los legendarios Ases escandinavos, dioses de la mitología nórdica. De igual manera, conceden también un origen ario a la segunda partícula, puesto que ns significa gigante en las antiguas lenguas germánicas.

Tal vez lo anterior no pase de hipótesis gratuita, pero resulta muy curioso observar que en el capítulo VI del Génesis se menciona a la raza de gigantes, cuyos hijos nacidos en la tierra serían los héroes. Durante algún tiempo. esta palabra serviría para designar a los seres descendientes de los personajes celestiales, pero se utilizaría más tarde para identificar a todo género de hombres valerosos. ¿Y no podría derivar este término héroe del nombre del hijo de Osiris, que se llamaba Horus? 
¿Fue Osiris un gigante de enorme estatura, que dejaba chiquitos a los primitivos egipcios? ¿Lo 1lamaron éstos gigante a causa de sus gigantescos conocimientos, igual que llamamos gigante en la actualidad a personas de notable intelecto, como sucede en el caso de Alberto Einstein?

Resulta igualmente interesante observar la semejanza de este personaje Osiris con el legendario Quetzalcóatl prehispánico. Y también la del malvado Seth con el airado Tezcatlipoca, quien haría todo lo posible por desprestigiar, en lo que más le doliera, al ser venido a bordo de una nave resplandeciente desde el lugar donde asoma el sol en las mañanas. 
¿Quiere esto decir que los matrimonios consanguíneos de algunos soberanos de la América prehispánica y la leyenda de Tezcatlipoca proceden de Egipto, así como buen número de viejas leyendas del continente? ¿O. por el contrario, fueron los pueblos de América los que se las enseñaron a los egipcios?

¿ES EL NILO UN VIEJO CANAL CONVERTIDO EN RIO?

Cada vez que abrimos un libro dedicado a Egipto se nos dice que las pirámides no son más que antiguas tumbas de los faraones y que el río Nilo es una de las corrientes fluviales con mayor longitud de todo el planeta. En ninguno de los casos se nos dan muchas explicaciones. En especial, en el caso de las pirámides, a las cuales nos aproximaremos sin tardar mucho. En cuanto al Nilo se refiere, los tratados de geografia aseguran que es el río más largo de la Tierra, seguido muy de cerca por el Mississippi, el Amazonas y el Yang-TseKiang. Pero jamás se han molestado  los libros en aludir a ciertas peculiaridades del Nilo, que lo convierten en un caso único.

Es el único río importante del planeta que corre de sur a norte, con la sola excepción de los tres grandes siberianos: el Obi, el Ienisei y el Lena. Forma el Nilo en su desembocadura un delta —con forma de triángulo— que resulta de los aluviones arrastrados por su corriente a lo largo de varios miles de años. Y en la punta inferior de este triángulo se yergue la Gran Pirámide. 
Pero el río Nilo posee otras características todavía más notables.

El viajero que lanzó una frase histórica

El griego Herodoto, un viajero e historiador como pocos, visitó hace unos veinticinco siglos el país egipcio, siguiendo las huellas de otros compatriotas igualmente ilustres. Después de conocer diferentes lugares turísticos que lo llenaron de admiración y de dar, muy posiblemente, un paseo por el río, llegó a esta conclusión, que los años se ocuparían de darle la categoría de frase histórica: Egipto es un don del Nilo. Pero, a pesar de lo que dijo Herodoto acerca del Nilo, muchas son las personas que opinan en la actualidad lo contrario. El Nilo es obra del hombre, y los beneficios que ha venido concediendo a Egipto desde tiempo inmemoriales no han sido obra de la naturaleza. Y aportan razones en defensa de su opinión.

Año tras año, desde la antigüedad, las aguas del Nilo suben de nivel al llegar el verano, en el más oportuno de los momentos, cuando los oasis están secos y la población pasa sed. Al descender algún tiempo después el nivel del río, ni demasiado pronto, ni demasiado tarde, queda en las tierras de cultivo que se extienden a ambos costados del río una espesa capa del limo de excepcional calidad. 
Lo más extraordinario de esta crecida periódica de las aguas no es que se inicie cada año en la misma fecha, el 19 de julio, sino que tiene mucho que ver con cierta estrella muy conocida. Se trata de Sirio, llamada Sothis por los antiguos egipcios, que utilizaban para señalar el inicio del nuevo año. Pero no era un calendario perfecto. Los campesinos, que contaban con los dedos de las manos el momento en que amanecería el 19 dejuho y subirían las aguas, cayeron muy pronto en la cuenta de que cada cuatro años Sothis asomaba en el horizonte el día siguiente. ¿Acaso el padre Nilo, creador de riqueza, dejaba de acudir a la cita, olvidando su compromiso con aquella gente?

El problema no estaba en el Nilo, sino en la estrella, que había contraído otro compromiso con anterioridad. Pero era éste con las leyes de la mecánica celestial. Quedó solucionado el problema añadiendo un día al año, cada cuatro años, como hacemos ahora con los años bisiestos. En su afán de afinar la puntería, los astrónomos egipcios fueron más allá. Multiplicaron los 365 días y fracción que tiene en días un año por cuatro y obtuvieron el periodo que llamaron sotíaco, de 1 461 años, al cabo de los cuales volvería a aparecer Sothis —o Sirio, si le agrada más al lector— en el mismo punto del horizonte.

¿Era este año sotíaco un simple cálculo matemático que para nada servía? ¿Durante cuánto tiempo utilizaron los sabios egipcios esta curiosa medida del tiempo? Aunque el lector se resista a creerlo, lo utilizaron mucho más tiempo del que podría suponer. Unos arqueólogos soviéticos que estudiaban la región de Saqqarah en los tiempos que una legión de ingenieros y obreros construían la presa de Asuán, realizaron un descubrimiento sensacional. Hallaron unas inscripciones en las que se mencionaba hasta un total de veinticinco periodos sotíacos, que corresponderían a la increíble antigüedad 
de 36 525 años. ¿Significa esto que la historia de Egipto va mucho más allá de 1 que habían dicho hasta ahora los textos?

No tardaremos en ver que la respuesta es afirmativa. Pero antes tendremos que contemplar unas características más del asombroso Nilo.

¿No es curioso que apenas tenga afluentes?

Se tardaron siglos en conocer dónde estaban las fuentes del Nilo. En el siglo pasado se vino a saber que el río nace en el lago Victoria, atraviesa las tierras de Uganda, se interna en el lago Alberto y penetra a continuación en el Sudán. Recibe poco después, por la derecha, a la altura de Khartum, a su principal y casi único afluente: el llamado Nilo Azul, nacido en las montañas de Etiopía. A partir de entonces se quiebra el terreno para dar origen a las cataratas que han dado fama a la región. Pero más allá de la última catarata, poco antes de la presa de Asuán, y estando ya en pleno Trópico de Cáncer, cambia por completo la fisonomía del río.

No sólo no vuelve a recibir afluentes en los siguientes dos mil kilómetros hasta el Delta —lo cual no sucede con ningún otro río del planeta—, sino que se deshiza casi en línea recta por un valle sumamente angosto que conserva la misma anchura en todo su recorrido. Como si fuera un canal, no un río.

Más tarde, al desembocar el Nilo en el mar Mediterráneo, forman los aluviones del Delta. En ese delta levantaría Alejandro Magno la ciudad que llevaría su nombre y también ese delta encierra ciudades como Naucratis y Saís, capital administrativa 
de Egipto en los tiempos que llegó a visitarla Solón. Pero ¿fue siempre así esta caudalosa corriente? ¿En qué momento del pasado comenzó a surgir el Delta?

¿No coincidiría este momento con aquél en que desaparecieron las primeras dinastías que fundaron Egipto, y las que llegaron a continuación no supieron realizar —o no quisieron—las labores de dragado que necesitaba el río para no quedar cegado? En los mares interiores, como el Mediterráneo y el Golfo de México, que tienen tantos puntos en común, la ausencia de mareas que limpien la desembocadura de los ríos impide que sean arrastrados los aluviones y terminan por aparecer los deltas. 
Si hubiera manera de calcular el total de tierras arrastradas por el Nilo en un año, así como el volumen representado por los sedimentos que forma en la actualidad el delta, que sigue creciendo inexorablemente, un simple cálculo matemático podría determinar la fecha aproximada en que abandonaron los antiguos egipcios el dragado de la desembocadura del Nilo y comenzó a formarse el Delta.

Si pudiera realizarse este cálculo, tal vez obtendríamos una fecha cercana a los 10 000 años antes de nuestra era, que ha sido crucial para la humanidad. Fue en aquellos tiempos que se desencadenó un pavoroso cataclismo sobre el planeta entero, llamado por unos Diluvio Universal, colisión con un enorme asteroide por otros, o fin del periodo glaciar por los geólogos. También fue por aquel entonces que Egipto sufrió fuertes cambios en su topografia y cuando aparecieron las nuevas dinastías, que no poseían la vasta cultura de las desaparec Xas. 
Pero antes de seguir adelante, echemos una ojeada a un mapa famoso que nos abrirá los ojos.

Es un mapa único en el mundo, extraordinario

En 1929 era Presidente de Turquía Mustafá Kemal, llamado por el pueblo Ataturk —padre de la patria—, quien se propuso derribar las viejas instituciones feudales, la esclavitud y los harenes para transformar a su país en un estado moderno. Una de sus primeras tareas fue mandar a casa a las odaliscas del palacio Topkapi. A continuación encomendó a Malil Edhem, director del Museo Nacional de Turquía, poner orden en los tesoros que albergaba el edificio. Fue allí donde el 9 de noviembre de 1929 apareció un viejo mapa dibujado en piel de ante que mostraba las costas del continente americano y las de Europa y Africa.

El mapa era original de un tal Ahmed Muhiddin. más conocido como Piri Reis, almirante de la flota de So- liman el Magnífico además de dibujante de mapas y coleccionista. Era un mapa trazado, al parecer, a partir de otro que databa de los tiempos anteriores a Alejandro Magno. Piri Reis había dibujado varios mapas. pero éste poseía detalles extraordinarios en verdad. Había obtenido la información, se dice, de un marinero español apresado por los turcos en 1501. Y este marinero confesó a Piri Reis, al verlo tan interesado en su historia —decía el español que había acompañado a América a Cristóbal Colón en sus tres viajes—, que poseía un mapa utilizado por el Almirante en su búsqueda del camino más corto a la india.

Quién sabe cuál de las versiones es la correcta, pero sí es indudable que Piri Reis debió escuchar el nombre de Colón, puesto que en el mapa hallado en el palacio Topkapi hay una inscripciófl en turco que dice algo acerca de «un originario de Génova, de nombre Colón, quien vio un libro donde se decía que en el extremo del mar occidental había costas e islas cargadas de piedras preciosas». 
El gobierno turco ordenó hacer copias del mapa y las envió a casi todas las bibliotecas del mundo. Hizo la prensa algún comentario trivial sobre el hallazgo y el mapa se perdió en el o1vi1d de los archivos.

Descubren interesante información en el mapa

Años más tarde, cierto capitán Arlington Mallery, empleado en la Oficina Hidrográfica de la Marina de Estados Unidos, realizaba un estudio sobre unas cartas noruegas antiguas del océano Artico y de Groenlandia. Deseaba demostrar algo que ha venido preocupando desde hace tiempo a la humanidad: silos vikingos llegaron o no a Norteamérica siglos antes que Colón desembarcase en la isla de Guanahaní. Pero encontró por casualidad el mapa del almirante turco y, sin querer, hizo algunas comparaciones. Se quedó perplejo.

Vio que la Tierra de la Reina Matilde figuraba en el mapa de Piri Reis con las islas que contienen los mapas modernos. Además, no había señales de hielo, como si el mapa hubiese sido dibujado antes del periodo glaciar. Había tal exactitud en las longitudes y latitudes que Mallery se resistió a creer lo que veía, pues fue a partir de 1765, dos siglos y medio después de dibujarse el mapa, que los cartógrafos comenzaron a realizar mapas con acierto.

Un experto bien conocido en estudios de la corteza terrestre, el Dr. Charles H. Hapgood, profesor en la Universidad de Keene, Nueva Hampshire, tomó por su cuenta el mapa y halló anomalías incomprensibles. Eran detalles que sólo muy entrado el presente siglo fueron descubiertos. 
Por ejemplo, figuraba en el mapa la isla de Marajo, en la desembocadura del río Amazonas, a pesar de que era desconocida en 1513 y tardarían unos treinta años más en hallarla los exploradores portugueses. Aparecían los Andes dibujados con 
gran exactitud, con todo y unas llamas, animales acerca de cuya existencia nada sabían en Europa. Y tampoco en Turquía. Vio en la península de Yucatán un río desconocido en aquella época y cerca de Argentina localizó las islas Malvinas, descubiertas en 1592. La Antártida mostraba su perfil bajo los hielos. que sólo a partir del Año Geofisico Internacional 1957-1958 se determinaría en su casi totalidad.

El mapa de Piri Reis mostraba una cadena montañosa en el Polo Sur que sería descubierta en 1952. y así lo confirmaría en 1957 el sacerdote jesuita Daniel Linehan, director del observatorio del Boston College, quien había participado en una expedición al Polo Sur para confirmar los datos del mapa. 
Por su parte, el profesor Hapgood terminaría realizando un estudio comparado con otros mapas del Renacimiento para llegar a esta conclusión: el centro del mapa de Piri Reis puede localizarse en la intersección del meridiano que pasa por Alejandría y el Trópico de Cáncer. Es decir, a muy corta distancia de la Gran Pirámide de Egipto, que veremos muy pronto. 
En este momento sólo nos interesa del mapa de Piris Reis la región del continente africano, que nos reserva algunas sorpresas.

Ríos de los que ni el recuerdo se conserva

Si el lector echa una mirada a la región occidental de Africa. única que aparece en el mapa de Piri Reis, la verá surcada por varios ríos en su parte superior. Y estos ríos parecen proceder de un punto situado en el 
centro de lo que hoy es desierto de Sahara, que en otros tiempos fue tierra cubierta por verdes praderas. 
En el centro del actual desierto se elevan las montañas del Tassili, donde en 1933 el teniente Charles Brenans, del ejército francés, descubrió por casualidad unas extraordinarias pinturas rupestres dibujadas hace unos 8 ó 10 mil años. Fueron estudiadas más tarde por el etnólogo francés André Lhote, quien para 1957 había logrado reunir una importante colección de dibujos, algunos de ellos muy fuera de ¡o normal. Representaban a unos seres enormes, provistos de algo que parecían cascos espaciales. Por esta razón, a tan curiosos personajes se les daría a partir de entonces el nombre de marcianos del Tassili.

¿A quién quisieron representar los primitivos habitantes de esta región? ¿A seres extraterrestres que en alguna ocasión visitaron el lugar? 
Fue una lástima que el autor del mapa, fuese Piri Reis o fuese otro artista desconocido, no se extendiese un poco más en dirección al este y al norte, hasta alcanzar el Mediterrá 
neo y Egipto. A no ser que un desconocido recortase la parte oriental del mapa, para evitar que personas indiscretas hiciesen más tarde conjeturas. Se hubiesen aclarado muchos misterios. A cambio de esta omisión nos muestra el mapa algunos ríos, como el Senegal, el Níger y el Volta, que corren todavía en nuestros días rumbo al océano Atlántico. Pero nada puede informarnos acerca de otras corrientes que ya no existen. Como el río Tritón, por ejemplo, al cual se refirió en el siglo II de nuestra era el geógrafo y astrónomo griego Claudio Ptolomeo.

Si Ptolomeo mencionó a este río fantasma no lo hizo porque le vino en gana. sino porque alguna noticia había llegado a sus oídos. Cada vez que un historiador de la antigüedad informaba acerca de algo que se salía de lo normal, los demás se burlaban de él. Y así sucedió con este griego nacido en Egipto en lo que al Tritón se refiere. 
Pero un ingeniero francés creyó hace unos años en Ptolomeo —igual que el alemán Schliemann tendría fe el siglo pasado en Homero, y descubriría Troya— y se le metió en la cabeza realizar una exploración por el rumbo. Monsieur Butevand salió un día al desierto desde la ciudad de Túnez donde vivía, provisto de equipo para resistir un par de semanas, y tras una búsqueda prolongada encontró. el antiguo lecho del río. Descubrió entonces que este río legendario nacía en otros tiempos en las montañas del Tassili, recorría unos 2 000 kilómetros rumbo al norte y venía a desembocar en el Golfo de Túnez. 
Este río fantasma desapareció hace unos 8 ó 10 mil años, cuando según 
los geólogos se abatió sobre el planeta un cataclismo de magnas proporciones, provocado por el brusco cambio del eje terrestre con el consiguiente desplazamiento de los polos a la posición que ahora ocupan.

¿Hubo una importante población en el Tassili?

En opinión de los expertos en meteorología, los hielos polares invadieron las entonces tierras fértiles de Groenlandia. Al bajar la temperatura en el Polo Norte se creó un anillo de vientos elevados, conocido como vórtice circumpolar, que rodearía al Polo. Este vórtice puso en movimiento zonas de aire seco descendente que se desplazarían hacia el sur y determinarían la intensa sequedad del Sahara. Sólo cuando se invierta este proceso regresará la humedad al Sahara y volverá a ser lo que antes. Pero tendrá que apresurarse este cambio meteorológico, porque el desierto crece de tamaño a ritmo acelerado y amenaza con devorar casi todo el continente.

Al sobrevenir esta catástrofe, una parte de la población emigró hacia el oeste y se estableció en la costa atlántica, en los lugares ocupados hoy por Tánger y varias ciudades marroquíes, entre las que sobresale Lara- che, la ciudad santa. Sería1 los antepasados de los actuales bereberes, de raza blanca, que conservan todavía curiosas leyendas sobre las reinas que gobernaron en su país de origen y cuya lengua tiene muy curiosa semejanza con la de los antiguos egipcios.

Quedaron en la región montañosa del Tassili, que sería invadida por las arenas del desierto, los que conocemos como tuaregs, orgullosos habi tantes de este lugar tan amante de sus tradiciones, famosos por los velos azulados que les cubren el rostro. ¿Los utilizan para defenderse del sol y de los vendavales o para recordar a las reinas que fueron sus soberanas hace miles de años? Conserva este pueblo varias leyendas sobre las reinas, que no inventaron, puesto que han sido descubiertas sus tumbas.

Una de estas reinas fue Tin Hinan, hallada en la década de los treinta. El etnólogo francés André Lhote encontraría en la vecina localidad de Jabbarem el dibujo de una reina sacerdotista, cuyo tocado era claramente egipcio. ¿Copia fiel del tocado de las faraones? ¿O fue la moda faraónica copia fiel del atuendo de las reinas del Sahara? Más al norte, en la población argelina de Chercheli, apareció otra tumba, llamada por los nativos “tumba de la cristiana”, a pesar de ser muy anterior a la era cristiana. Guardaba también los restos de una reina. Otro grupo numeroso, dirigido tal vez por las reinas, tomó el camino del este para establecerse finalmente en lo que todavía no era Egipto, que estaba habitado por un pueblo de origen fenicio. Hallazgos realizados a partir de 1929 en la región siria de Ras-Shamra han venido a revelar que los fenicios procedían de la India y eran excelentes marineros. Surcaron el océano Indico, hicieron escala en Arabia y subieron hacia la península de Sinaí hasta arraigarse en la costa del Líbano. Eran llamados “hombres rojos” porque pintaban de rojo sus velas y los bonetes de los marineros, además de ser su tez cobriza, como los naturales de la India.

¿Fueron las reinas del Sahara las fundadoras de las primeras dinastías egipcias, al unirse con los reyes de piel cobriza cuyo gobierno era patriarcal, así como era matriarcal el de ellas? Se fundieron las dos razas y de la fusión de las reinas blancas y los reyes rojos surgieron los faraones, cuyos tronos eran dobles, para que tomasen asiento al mismo tiempo los dos miembros de la pareja real.

¿Fueron estos seres de avanzada cultura, venidos del oeste y que tal vez contaban con el apoyo de seres llegados del cielo, los que canalizaron el río Nilo, para evitar que corriese la misma suerte del río Tritón? ¿Abrieron los emigrantes del Tassili la gigantesca bahía de forma triangular en cuya punta inferior levantaron la Gran Pirámide, como un monumento a la amistad entre los dos puebIos, a manera de símbolo de victoria sobre las condiciones adversas?

Y, por último, ¿llegaron a Egipto. procedentes del imperio gobernado por las reinas de gran belleza, los sacerdotes Toth, Osiris e Imhotep, cuyas enseñanzas tanto contribuirían a levantar al pueblo todavía primitivo, o procedían de un lugar todavía más lejano?

¿REPRESENTA LA ESFINGE A UN SER VOLADOR?

En razón del lamentable estado en que se encuentra la enigmática Esfinge de Gizeh resulta imposible determinar qué representa ni con qué fin la levantaron. No hay manera de saber qué clase de rostro es el suyo y si tuvo originalmente en el lomo un par de alas, como otras esfinges de menor tamaño que no han sufrido tan bárbaras mutilaciones. 
Y son muchos más los misterios que encierra esta estatua monumental, única en el mundo, cuyo nombre ha venido a convertirse en sinónimo de enigma sin solución.

Muy poco se ha logrado averiguar de la estatua

Hay en la tierra un buen número de monumentos de piedra y de construcciones de la antigüedad acerca de los cuales se han realizado hallazgos que han venido a aclarar en parte el misterio que encierran. O han aparecido textos que alguna luz han aportado a cada caso y se han conservado tradiciones cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Si se estudian unos y otros con detenimiento algo aclararán y ayudarán a comprender más de un enigma cerrado a toda explicación.

Pero en la Esfinge de Gizeh. que se levanta entre las pirámides y el río Nilo, no ha sucedido lo mismo. Sigue impasible. resistiéndose a los intentos realizados para conocer su verdadera pérsonalidad. En la llanura inglesa de Salisbury están los famosos Avebury y Stonehenge, formados por dólmenes y menhires enormes, donde se dice que los sacerdotes druidas adoraban al sol. Los romanos, con la perversa intención de desprestigiar a los habitantes de la isla que deseaban conquistar. dirían que en Stonehenge se celebraban bárbaros sacrificios humanos, pero en los últimos años el astrónomo Gerald Hawkins vino a demostrar, con la ayuda de una computadora. que el citado monumento de forma circular fue en realidad un observatorio asronómico.

En torno a la misma Gran Pirámide han circulado docenas de leyendas, plagadas de exageraciones algunas. que remontan a los tiempos de los árabes y de los griegos. Todas ellas son reveladoras. El interior de este monumento de piedra ha sido abierto en varias ocasiones y los matemáticos han deducido ciertas relaciones que todavía se ignora si fuei’on obra del azar o si tenían una finalidad bien determinada.

La relación de edificios poseedores de algún misterio que ha sido aclarado en parte seguiría con las cabezas monumentales de la isla de Pascua, las construcciones ciclópeas de Zimbabwe, en el sur de Africa, las losas de Baalbek. consideradas por el soviético Agrest como pistas de aterrizaje para naves extraterrestres, y con muchos más. 
Pero, aunque el lector se resista a creerlo, nada de esto nos haaportado la Esfinge. Ningún dato se conserva, ninguna información se ha obtenido que pudiera conducir a la solución de su enigma eterno.

Sólo sabemos que es un monumento gigantesco

Lo primero que sorprenderá al turista que acuda a admirar la Esfinge será su tamaño descomunal, que ha perdido gran parte de su forma original y que está esculpida en la roca iva, esa misma que forma la meseta de Gizeh y que sirve de base a las pirámides cercanas. No dejará de observar que desde la base de la estatua hasta la punta superior de su carcomida cabeza tiene la altura de un edificio de cinco pisos y que su longitud desde el extremo de las patas delanteras hasta lo que pudiera ser el comienzo del rabo, es igual a la anchura de un campo de fútbol. 
Exclamará con asombro que se encuentra ante la estatua más grande 
del mundo, superada únicamente en elevación por la de la Libertad, pero por más que se devane el cerebro intentando calcular el número de obreros que trabajaron en la construcción de la Esfinge. o qué faraón ordenó crear el monumento, o si es su rostro 
el que en ella figura, le resultará imposible hacerlo. Y ningún texto de la antigüedad le ayudará a descifrar el misterio.

A los griegos les había fascinado la Esfinge desde muchos años antes de iniciarse la era cristiana. Quisieron en vano identificar a su constructor. Cuando Herodoto visitó Egipto le informaron los sacerdotes acerca de la Gran Pirámide, pero ninguno supo decirle nada sobre la Esfinge. Se limitaron a decir que le daban el nombre de hu, es decir, figura esculpida en la roca, palabra que los griegos convertirían en la que utilizamos ahora, quién sabe por qué.

Durante algún tiempo, los egiptólogos creyeron erróneamente que fue Tutmoses IV el faraón que ordenó esculpir la Esfinge, todo porque apareció su sello real en la piedra. Pero se vino a descubrir más tarde que todo remontaba a los tiempos en que, siendo un joven príncipe Tutmoses, fue a cazar al desierto y quedó tan agotado que se echó a dormir a la sombra de la Esfinge, totalmente cubierta por las arenas. 
Se le apareció en sueños al cazador el dios Hermekhis y le suplicó quitar la arena que cubría a la estatua. Prometía recompensarlo muy pronto. El príncipe obedeció. La recompensa consistió en que murió Tutmoses III y subió al trono su hijo Tutmoses IV. Y como este faraón era un hombre agradecido, rindió homenaje a la Esfinge esculpiendo su nombre en la piedra, para que a partir de entonces se relacionase a ambos.

Y bien que los relacionaron. Porque, por culpa del sello, se tuvo la certeza largo tiempo que había sido Tutmoses IV el constructor de la Esfinge y que el rostro del extraño ser era el del faraón. Hasta que se cayó en la cuenta de que, habiendo vivido Tutmoses en el siglo xv antes de Cristo, no podía ser contemporáneo de la Esfinge, que era muy anterior. 
Otra creencia que se vino por tierra fue la que tenía que ver con el sexo de la Esfinge. ¿Era de hombre o de mujer? No se pudo precisar tal cosa, en razón del mal estado de la cabeza, destrozada por culpa del viento del desierto, cargado de arena afilada como lija. Y también por culpa de los hombres. La historia nos informa que a comienzos del siglo pasado unos soldados turcos, los llamados mamelucos, se divirtieron utilizando la Esfinge como blanco para el tiro de cañón. Tan certera fue su puntería que su jefe, Mehemet Alí, los mandó degollar a todos en el momento de enterarse de la proeza.

Los griegos se apropiaron de la Esfinge de Egipto

Antes de proseguir con nuestro relato tendremos que detenernos un instante en un personaje egipcio, siquiera de pasada, porque más adelante lo contemplaremos con más calma. Y lo relacionaremos con una curiosa teoría ideada por un ruso de profesión médico que vivía en Nueva York desde 1939.

Immanuel Velikovsky publicó en 1952 un libro titulado Mundos en colisión, que le dio fama casi inmediata al mismo tiempo que le enajenaba el odio eterno de los sabios aferrados a la tradición, que hasta en Estados Unidos abundan. En su obra tan discutida atribuía al choque de un planeta errante —que pudo ser Venus, según él— contra la Tierra la serie de cataclismos que devastaron al mundo hace diez o doce mil años. 
Siguieron a este libro dos igualmente interesantes: uno era Mundos en caos. El otro se titulaba Edipo y Akhenaton y se refería al mito de la esfinge. que tenía mucho que ver con este soberano egipcio. Akhenaton fue un soberano con madera de re- 
formador religioso. Era un ser extraño que intentó implantar una religión de un solo dios para desplazar al politeísmo ancestral de los egipcios. Al parecer sentía por su padre Amenofis III un odio que tenía mucho de celos, y por su madre la reina Tyi un amor enfermizo, una pasión que los psiquiatras llaman complejo de Edipo cuando están de buenas.

Los griegos quedaron fascinados al conocer las peculiaridades de esta familia real, donde el padre se acostaba con su hija, el hermano con la hermana y los abuelos con las nietas. Fue por culpa de Akhenaton que nació la leyenda de tan brutales cruces consanguíneos, que daría forma a una de las tragedias más impresionantes de la literatura universal: la de Edipo, quien tomó por esposa a su propia madre, Yocasta.

Ignoramos si la esfinge egipcia tuvo algo que ver con el asunto del hijo enamorado de su madre. Muy posiblemente no, porque media un abismo de varios miles de años entre ambos, pero a los griegos les pareció muy oportuno apropiarse de ella para convertirla en monstruo mitológico con cabeza de mujer y cuerpo de león que colocaron a las puertas de la ciudad de Tebas, en la Beocia 
—recuérdese que había Tebas en Egipto y la había también en Grecia —para hacerle la vida imposible a los visitantes, fuesen maleantes o pacíficos ciudadanos. 
Los detenía el extraño animal y les hacía una pregunta que se nos antoja tonta, siempre la misma, que nadie sabía contestar y que era el reflejo mitológico de las preguntas realizadas por los sacerdotes egipcios a los jóvenes más inteligentes que deseaban iniciarse en los milenarios secretos: cuál es el ser que camina con cuatro patas por la mañana, con dos al mediodía y utiliza tres al llegar la tarde. Nadie sabía contestar a esta sencilla pregunta y por ello eran devorados por la bestia. Pero no sucedió lo mismo al arribar Edipo a Tebas. 
Acertó la respuesta: el hombre camina a cuatro patas en la niñez, utiliza dos piernas en la edad adulta y debe echar mano de un bastón al aproximarse a la vejez. Le fueron muy bien las cosas, hasta que le presentaron a su madre la reina Yocasta, a quien no veía desde su lejana infancia y se conservaba más hermosa que nunca.

La tomó por esposa y cuando se enteró del crimen cometido no aceptó el abominable incesto en silencio, sino que se enfureció por su torpeza y su falta de memoria y se arrancó los ojos de desesperación. Al parecer, tardó largo tiempo en conocer la verdad. Gracias a ello, su hija —que era también su hermana— había tenido tiempo de crecer y le sirvió a partir de entonces de lazarillo.

Pero regresemos a nuestra esfinge de Egipto, que es la buena, y veremos en ella más detalles interesantes. Observaremos que carece de senos como otras esfinges de menor tamaño. Nadie puede afirmar que los tuviese alguna vez. Su rostro es irreconocible. Lo único que puede afirmar- se es que es chato, de cuello regordete y anchos pómulos y que tiene en la parte posterior de la cabeza un tocado faraónico. Tampoco puede decirse si el cuerpo es de leona y si tuvo alguna vez alas en el lomo, como otras figuras semejantes, que abundan en templos de todo el país. Hay muchas probabilidades de que la Esfinge fuese alguna vez un animal con alas, pero antes de llegar a una conclusión será preciso conocer algunos aspectos esotéricos que tal vez ayudarán a resolver en parte las dudas que puedan acometer al lector. 
El zodíaco contiene elementos para aclarar el misterio

EL ZODIACO,EXPLICA EL MISTERIO ...

El año se divide en doce signos zodiacales, que corresponden a otras tantas constelaciones. Tres signos corresponden al equinoccio vernal, o de la primavera (Aries, Tauro, Géminis), los siguientes al solsticio de verano (Cáncer, Leo, Virgo), vienen a continuación los del equinoccio de otoño (Libra, Escorpio, Sagitario) y pertenecen los últimos al solsticio de invierno (Capricornio, Acuario, Piscis).

La posición relativa de las constelaciones varía muy lentamente con respecto a un punto fijo de observación de la Tierra, debido a cierto movimiento de balanceo de nuestro planeta en su órbita solar. Por culpa de ese balanceo, nuestra posición con 
relación a las constelaciones cambia cada 72 años el equivalente de un grado de arco. Puesto que la Tierra tiene 360 grados, cada signo del zodíaco comprende 30 grados, y han de pasar 2 160 años —72 multiplicado por 30—, aproximadamente, para pasar de un signo al siguiente, y unos 28 824 años para dar la vuelta a las constelaciones y regresar al punto de partida.

Este curioso fenómeno, llamado precesión de los equinoccios, era ya conocido en la antigüedad, donde le concedían una enorme importancia. A cada periodo de 2 160 años le daban el nombre de Era, y así ha seguido la costumbre hasta nuestros días. La era cristiana transcurrió bajo el signo de Piscis, como es bien sabido, y nos dirigimos hacia la de Acuario. Antes de Piscis, rigió al mundo la era de Aries, caracterizada por el cordero pascual del pueblo judío. Antes dominó la era de Tauro, identificada con el buey Apis de los egipcios.

De acuerdo con los esoteristas y los astrólogos, esta sucesión de eras podría determinar la fecha en que fue construida la Esfinge. Explican que lo que se inició con Virgo, o sea una cabeza de virgen, se concluiría con Leo. 
Con base en este razonamiento sugieren que la construcción de la Esfinge tuvo lugar a mitad de camino entre Virgo y Leo. 
Multiplicaron por 2 160 el número de eras que se extienden desde la actual hasta la de Virgo y llegaron a una fecha aproximada: 10000 antes de Cristo. Fue en aquellos tiempos que, según opinión de los esoteristas, cierto pueblo de la antigüedad comenzó a levantar el monumento que ha venido a convertirse en sinónimo de enigma.

Pero, tiene algún sentido esta Fecha tan anterior a la nuestra’?

Se dice que la construyeron los atlantes

Cuando en el 590 a.C. visitó ellegislador Solón, uno de los siete sabios de Grecia, la ciudad egipcia de Saís, los sacerdotes le hicieron unos cuantos comentarios acerca de un continente que se hundió en el océano unos nueve mil años antes. Al sumar estos 9000 a los 590 de la visita del sabio griego resulta la fecha de 9590 antes de nuestra era, que se asemeja de manera sospechosa a la determinada por el cálculo de las eras zodiacales.

¿Sería cierto, después de todo, que algunos pobladores de la Atlántida lograron sobrevivir al repentino hundimiento y llegaron a Egipto, donde levantaron una estatua monumental con cuerpo de león y cabeza de mujer, para recordar que fue entre Leo y Virgo que desapareció para siempre su patria? Sin embargo, no faltan los eruditos que van más allá de esta fecha. Dicen que a esos 10 000 años habría que sumar una vuelta adicional de las doce eras, hasta obtener los 38 mil años y fracción que demostrarían algo de la mayor importancia: la Esfinge es mucho más antigua de lo que se había creído hasta ahora.

Otro argumento esgrimido por los atlantólogos en favor de su afirmación es que la Esfinge fue dedicada por los sobrevivientes de la Atlántida al dios solar Hermekhis, cuyo nombre recuerda al Hermes de los griegos. Pero no aportan pruebas al respecto. Añaden que en las cartas del Tarot, supuestamente inventadas por los egipcios pero que son originarias de la Atlántida, existe una muy especial que representa a una enorme rueda. La rueda simboliza a la precesión de los equinoccios y una de las figuras es nada menos que la Esfinge

¿Se trata de una coincidencia? ¿Evoca la presencia de la Esfinge en el Tarot, según consideran los esoteristas, el hundimiento del legendario continente? ¿Sería cierto, después de todo, que los hipotéticos sobrevivientes de la hipotética Atlántida sumergida arribasen a Egipto y levantasen una estatua monumental, esculpida en la roca viva, que tenía el cuerpo de león y la cabeza de mujer y recordaría a las futuras generaciones la fecha en que tuvo lugar la gran catástrofe?

Lo malo de esta teoría es que pierde toda su fuerza cuando el interesado en el tema observa que la Esfinge no dirige la mirada hacia el oeste, donde se supone que estuvo la Atlántida, sino que le da la espalda a las pirámides para contemplar el lugar por donde asoma el sol a diario.

¿Acaso llegaron del este los seres con alas?

A corta distancia de la milenaria ciudad de Bagdad, capital del actual Irak, se yergue la colina de Kujundschik, donde fue descubierta el siglo pasado la biblioteca del rey Asurbanipal de Asiria, cuyo reinado (668-626 a.C.) señalaría el apogeo del imperio. Estaba formada esta biblioteca por tablillas de barro cocido, escritas con escritura cuneiforme. Los arqueólogos descifraron el texto y se encontraron con algo sumamente interesante y revelador: la epopeya del príncipe Gilgamesh, cuyo gran 
amigo Enkidu sería conducido al cielo por un toro alado.

Tiempo habrá de dedicar a este par de personajes la atención que se merecen. Nos ocuparemos ahora de los animales provistos de alas que tanto abundan, en forma de estatuas, en la región del Eufrates y del Tigris y en la vecina Persia. Estos animales alados recibían el nombre de querubines, que se da también en el Antiguo Testamento a ciertos ángeles del Señor. ¿Y no es curioso que la palabra ángel, que procede del griego angeloi, significa enviado o mensajero?

¿Quién enviaba estos mensajeros o estos querubines alados hasta la tierra para dar instrucciones a los seres humanos? ¿Puede identificarse a los seres divinos venidos del cielo con los extraterrestres tantas veces mencionados en la actualidad? ¿Descendieron en la Persia y la Asiria antigua estos señores del cielo y pasó la leyenda de sus idas y venidas hasta Egipto o procedía de otros lugares? 
En la antigua India sentían gran admiración por cierto Garuda, mitad humano y mitad pájaro volador, que acudía a este país a transmitir las órdenes dictadas por sus amos. Los persas se apropiaron de esta figura 
—robar ideas a los demás es algo tan viejo como el mundo— y le dieron el nombre de Simorgh, ave monstruosa que se desplazaba unas veces por el cielo y otras por la tierra. Los sabios de Babilonia relacionaron a este Simorgh con el ave fénix, que renacía de las cenizas después de morir envuelto en llamas.

¿Encierra este ave fénix un simbolo que durante largo tiempo no pudo 
ser descifrado? ¿Significa que los ignorantes terrícolas habían visto a los señores del cielo en el momento de aterrizar en sus naves de fuego, lanzando enormes llamaradas, y que veían salir de su interior a unos seres maravillosos, como si el pájaro alado renaciese de sus cenizas cuando lo creían muerto?

Este Simorgh era lógico que se convirtiese más tarde en símbolo del poder, igual que sucedería con la versión del toro. Los griegos se apropiarían del cuadrúpedo alado para convertirlo en el caballo Pegaso, que sirvió de cabalgadura al héroe Belerofonte para matar al monstruo llamado Quimera, y también en el águila que raptó al hermoso Ganimedes. Los romanos adoptaron más tarde al águila como su emblema y lo mismo harían casi todos los países del mundo, sin saber sus gobernantes cuál era el verdadero origen del ave.

¿POR QUE LEVANTARON LOS EGIPCIOS LAS PIRAMIDES

De todos los monumentos de piedra conocidos en el mundo, son las pirámides los que han causado desde siempre mayor admiración e interés, en especial la atribuida al faraón Keops, que suele recibir el nombre de Gran Pirámide. Pero así como se han dedicado a estas construcciones elogios de toda clase, tampoco han faltado los personajes, de todos los tiempos, que han querido ver en ellas un ejemplo de la vanidad de los hombres.

Opiniones muy discutibles, llegadas del pasado

En los inicios de la era cristiana, el romano Plinio el Viejo, ese mismo imprudente sabio que se aproximó demasiado al Vesubio en erupción y no vivió para contar su temeraria experiencia, decía que las pirámides fueron loca ostentación de unos reyes vanidosos, sin caer en la cuenta de que faraones poderosos como Ramsés II o Amenofis III, bajo cuyo reinado surgieron las estatuas de veinte metros de Abu-Simbel y los colosos de Mennón, que debieron ser tan vanidosos o más que los otros, jamás tuvieron su pirámide personal.

Otro sabio que se metió con las pirámides fue el historiador Flavio Josefo (37-95 d.C.), quien escribió obras tan importantes como Antigüedades judaicas y Las guerras de los judíos y que, al aludir en algún momento de su existencia a las presuntas tumbas faraónicas, declaró que eran construcciones tan gigan32 tescas como inútiles. 
¿Conocía Flavio Josefo —quien era judío, como el lector habrá adivinado al instante— cuál fue la verdadera utilidad de las pirámides? ¿Creía que sirvieron de tumba a los faraones, como se viene repitiendo desde hace cientos y miles de años, o tenían otra utilidad? Para los judíos, la palabra pirámide procedía de otra de origen hebreo que quería decir trigo, y la aplicaban a los enormes graneros de piedra utilizados por José para conservar las cosechas y lucirse ante el faraón en los años de hambre.

Pero Flavio Josefo no era ningún tonto. Sabía muy bien que las pirámides eran muy anteriores al arribo de José a Egipto y que jamás pudieron ser depósitos de granos, por esta sencilla razón: penetrar los hombres cargados con costales de trigo, que debían pesar lo suyo, a través de los angostos pasajes, sin aire casi para respirar, hasta llegar a una sala de reducidas dimensiones. ¿acaso no debió parecer al historiador judío la tarea más absurda del mundo, además que debió ser un trabajo de los mil diablos? 
No hay duda de que Flavio Josefo no sintió jamás gran aprecio por las monumentales pirámides ni por nada que oliese a egipcio. Después de todo era judío. Pero los griegos no opinaban igual. Cuando Herodoto se presentó ante la Gran Pirámide quedó maravillado, tanto que creyó con los ojos cerrados las exageraciones que le contaron los sacerdotes egipcios. Los romanos pusieron también los ojos cuadrados al contemplar las pirámides, así como los viajeros árabes y otros visitantes de Oriente llegados a Egipto a partir del triunfo de Alá. Estaban seguros de que sólo unos magos pudieron levantar aquellos monumentos increíbles.

También los turistas europeos de la Edad Media que se aproximaron a las pirámides abrieron la boca de asombro, pero eran tan pocos ellos y tan incultos los europeos de aquellos tiempos que nadie creyó en sus frases de elogio. Hubo que esperar el arribo del ejército napoleónico, en julio de 1798, a los ocultistas que les siguieron y a los egiptólogos que arribaron pisándoles los talones, para que se comenzara a dudar de cuanto dijeron Plinio, Flavio Josefo y los demás.

Algo debían poseer las pirámides, además de su innegable majestuosidad, se dijeron, para entusiasmar a quienes las contemplaban. Y comenzaron a estudiarlas con ahinco, para averiguar para qué sirvieron. 
Y así se ha seguido hasta la fecha.

Lo primero era conocer su etimología

La toponimia es la ciencia de descubrir el sentido de una palabra, casi siempre lugar geográfico, a partir del nombre que tiene en la actualidad y comparándolo con el que tuvo en otros tiempos. 
Esto quiso hacerse con el origen de la palabra pirámide, sin saber si era de origen egipcio, judío, griego o muy anterior, perteneciente tal vez a una lengua que ya no existe. Por culpa de este desconocimiento se ha querido dar varios significados a la palabra.

Recuérdese que una misma palabra cambia al pasar de un pueblo a otro que lo domina. Cuando a Herodoto le dijeron que la Gran Pirámide fue construida por el faraón Khufu, se le hizo sencillo darle el nombre de Keops, porque resultaba más familiar a sus oídos. De igual manera, cuando los españoles escucharon en Tenochtitlan el nombre considerado bárbaro por ellos de Huichilipochtli, consideraron que resultaría más grato si lo llamaban Huichilobos.

Algunos autores han querido ver la relación 3. 1416 en el nombre de la pirámide, recordando que la suma de los cuatro lados de la base dividida por la mitad de la altura es aproximadamente igual a pi. La siguiente partícula, que es ra, coincide según ellos con el Ra, o dios solar, tan respetado por los egipcios, y vienen así a confirmar que la Gran Pirámide fue un templo dedicado al culto solar, entre otras cosas.

¿Es ésta la versión más apegada a la verdad? No, exclaman otros autores, convencidos de que esta palabra se inicia con el término griego pyr, que significa fuego. Surgen entonces dos alternativas: una, que la pirámide tiene forma de llama, explicación que se antoja ridícula para quienes pretenden aproximarse a la verdad. Declaran éstos que el fuego de la pirámide no está en su forma, sino que ese fuego arde en su interior. Y en apoyo de sus palabras dicen que los griegos habían oído hablar de ciertas propiedades de las pirámides, sin saber exactamente en qué consistían, y que por esta razón les dieron este nombre, sin comprobar si procedían correctamente.

El francés que descubrió un misterioso poder

Los libros que se ocupan de describir a la majestuosa Gran Pirámide jamás se molestan en aludir a la visita que cierto francés llamado Antonio Bovis le hizo a comienzos del presente siglo, mucho menos al descubrimiento que realizó en la llamada Cámara del Rey, del cual obtendría muy jugosos beneficios económicos medio siglo después un ingeniero checoslovaco cuyo nombre era Karol Drbal.

Este monsieur Bovis recorrió la Gran Pirámide de un extremo al otro, se internó por los largos corredores, anduvo por la Gran Galería y llegó finalmente a la Cámara del Rey. Y entonces se encontró con algo que lo dejó intrigado. En el suelo de piedra de la cámara estaban tirados los cuerpos sin vida de ratas, insectos y de algún gato que entró por error donde no debía y murió de pánico y de hambre, al no encontrar la salida. 
Pero lo más euraordinario del hallazgo era que todos los animales estaban completa y absolutamente deshidratados, convertidos en auténticas momias. ¿Era el aire seco del desierto, que con gran dificultad alcanzaba hasta el interior de la pirámide, el culpable del curioso fenómeno? ¿Se debía a una desconocida propiedad de la construcción, que sería bueno investigar?

Bovis regresó a su patria y fabricó un modelo a escala de la Gran Pirámide, de madera, y la orientó de acuerdo con el eje magnético del planeta, como había leído que se encuentra la construcción. A continuación fue en busca del primer voluntario para realizar una prueba. Quiso la mala suerte que pasara un gato cerca, que fue sacrificado en aras de la ciencia e introducido en el interior de la pirámide casera, sobre una pequeña plataforma situada a dos tercios de la punta superior. Y se dispuso a esperar. ¿Se pudriría el gato? ¿Le sucedería lo mismo que a los animales hallados en la Gran Pirámide egipcia?

Sucedió entonces algo que parecía desafiar a las leyes biológicas, a las leyes fisicas y hasta a las del sentido común: a pesar de que monsieur Bovis vivía en una población húmeda y fría, tan diferente de la atmósfera seca del desierto egipcio, el gato se convirtió en cosa de días en una momia perfecta. ¡La pirámide a escala funcionaba! 
Envió el científico aficionado un informe a los periódicos y a la Academia de Ciencias de París, contando lo sucedido, muy ufano por el descubrimiento que acababa de realizar. Pero, al igual que sucede cada vez que un ser humano tiene una idea brillante o inventa algo que se sale de lo cotidiano, los científicos y los periodistas tildaron a Bovis de loco y estúpido y le aconsejaron dejar estas cosas a quienes sí sabían de ellas. Así que monsieur Bovis, que no deseaba enojarse, tiró la pirámide de juguete a la basura, con todo y la inocente momia gatuna, y decidió olvidarsedel asusnto. 
Y el asunto quedó durmiendo el sueño de los justos hasta el año 1949.

Comienzan a mercantilizarse las pirámides

Nueve años antes, los norteamericanos Verne L. Cameron y Ralph Bergstresser habían realizado experiencias con piramiditas e incluso escribieron un libro que nadie compró, pero el checo Karol Drbal leyó en 1949 alguna referencia a la pirámide del francés y quiso repetir la curiosa experiencia. No le importaba el qué dirán si a cambio de esto lograba divertirse con el aparatito. Pero no se limitó a introducir animalitos muertos en el modelo que fabricó.

Hizo la prueba con un dedo lastimado, para ver qué sucedia, repitió el experimento, con hojas de plantas, huevos frescos, pedazos de carne y fruta. Y también, quién sabe por qué razón, repitió la experiencia con hojas de afeitar usadas. 
Obtuvo resultados increíbles. Que secasen las heridas del cuerpo o que se momificasen los animales muertos, era algo que había esperado. pero ¿cómo era posible explicar lo que sucedió con las hojas de acero?

Construyó la primera pirámide en serio, que tituló Pirámide afiladora de hojas de afeitar, y fue a presentarla en la oficina de patentes. Se rieron de él. No se desalentó y siguió insistiendo, hasta que en 1959 accedió a realizar con la pirámide una experiencia el jefe de la oficina y quedó tan convencido que dieron al invento el número de patente 91 304.

Drbal se puso a fabricar pirámides a escala, de 1 5 centímetros de altura, pero de diferentes materiales 
—madera, cartón o plástico—, hasta que finalmente utilizó la espuma de poliestireno. 
Comenzó a ganar dinero con los objetos curalotodo, que no tardaron en ponerse de moda en Europa y muy pronto cruzaron el mar para enseñar a los norteamericanos lo que debe hacerse cuando se corta alguien un dedo o en otras ocasiones igualmente importantes. Entre otras cosas, se descubrió que las pirámides de juguete arreglaba los relojes descompuestos y devolvía el vigor perdido a los importantes. 
Por su parte, los ocultistas añadieron otra propiedad de la pirámide: se escribe un deseo en un papel, se introduce en la pirámide encontrándose orientada de norte a sur, y no tardará en ser concedido el deseo.

¿En qué consiste el secreto de la energía piramidal?

Los fabricantes de hojas de afeitar aconsejan no pasar un trapo, ni siquiera limpio, por el filo, sino lavar la hoja bajo un simple chorro de agua. Esto es debido a la estructura cristalina del filo. Una acción brusca puede eliminar los cristales y dejar inservible la hoja.

Los cristales son como seres vivientes, puesto que crecen y se reproducen por sí solos. Algunos cristales, como los del cuarzo, poseen la propiedad de emitir débiles corrientes eléctricas al ser estrujados, como si fuera una protesta contra el mal trato. En cuanto a la hoja de afeitar, desaparece una buena parte de sus cristales al ser usada. En teoría, hay razones para suponer que al paso del tiempo estos cristales, llegarán a reponerse. si la hoja no se oxida antes. Pero sucede que al colocar la hoja en el interior de la pirámide, por pequeña que sea, el fenómeno se acelera. ¿Cómo explicar este aparente milagro? 
Sabemos que el Sol envía sus rayos luminosos en todas direcciones y que al chocar contra objetos como la Luna, esa luz del sol se polariza y comienza a vibrar en una sola dirección. Esta luz polarizada es susceptible de destruir el filo de una hoja de afeitar expuesta a la luz de la luna, pero no explica el efecto contrario, tal como se produce dentro de la pirámide. ¿Acaso la Gran Pirámide y sus imitaciones de bolsillo actúan como lentes capaces de recoger la energía cósmica, o como catalizadores que aceleran el crecimiento de los cristales?

Otro checo que deseaba también descubrir una propiedad maravillosa y enriquecerse al mismo tiempo, un tal Robert Pavlita, desarrolló poco más tarde el llamado generador psicotrónico, una máquina supuestamente capaz de almacenar energía originada en la mente humana. Cuando una persona se concentra en algunos puntos del generador, atrae éste energía no magnética y se mueven entonces los pequeños motores que funcionan en el vacío, además de purificarse el agua contaminada y acelerar las plantas su crecimiento. Este señor Pavlita afirma que su máquina puede leer la mente, controlar los pensamientos, predecir el futuro y comunicarse con entidades de otros planos de la existencia.

Lo más curioso de esta máquina psicotrónica es que no la inventó Pavlita. Confiesa que halló el principio en viejos manuscritos que existen en la Biblioteca de Praga: tratados de magia negra basada en una tecnología ocultista desarrollada por una civilización anterior a la egipcia y a la sumeria.

Quién sabe si el invento de este segundo checo pueda tomarse en serio, pero es indudable que el hallazgo de Drbal está inspirado en misteriosas fuerzas que el ser humano todavía desconoce.

¿Existía un secreto para liberar la energía?

¿Engendra la geometría tan especial de la pirámide un campo magnético en su interior, en combinación con las fuerzas telúricas? La verdad es que se ignora cómo opera este fenómeno, que tal vez conocían los antiguos egipcios. ¿Descubrieron esta fuerza accidentalmente y decidieron 
utilizarla en su provecho? ¿Existió una raza supercivilizada que conocía el secreto de la energía piramidal y se lo enseñó a sus discípulos, los sacerdotes egipcios?

La ciencia comienza a cambiar.

Algunos sabios de mente más abierta se apartan ya del dogma absurdo que los ha mantenido sumergidos en el fácil conformismo y comienzan a interesarse en los misterios que acompañan al hombre. Están estudiando las características fisicas y geométricas de las pirámides en general, seguros de que ocultan grandes cosas. Hacen caso omiso de lo tradicional y de las leyes establecidas y buscan una función fisica posible de la forma piramidal.

Están ahora seguros de que, por su forma terminada en punta, las pirámides acumulan la energía cósmica, las vibraciones magnéticas y las ondas energéticas desconocidas. Es decir, que las pirámides actúan como condensadores, como cristales polarizados de aumento de ciertas manifestaciones de la energía. Aceleran la velocidad y la intensidad de las ondas telúricas procedentes de las capas freáticas sobre las cuales levantaron los antiguos estas construcciones, creando en su interior un vacío biológico que es capaz de provocar cambios en la materia orgánica.

No hay duda de que si los egipcios. los mayas, chinos, olmecas, babilónicos y toltecas construyeron las pirámides cerca del agua o sobre mantos acuíferos, era porque conocían el secreto de la liberación de inmensas cantidades de energía. Conocían también las alteraciones del campo magnético terrestre y su intensidad, y por esta razón acondicionaron las pirámides en lugares donde, según habían descubierto, era más intensa la influencia cósmica. Y estos lugares se encuentran en una angosta faja. a la altura del Trópico de Cáncer.

La Tierra está sometida a una interacción electromagnética y radiactiva con los otros planetas de nuestro sistema solar, que influyen decisivamente en la vida orgánica. El campo magnético intercepta a las radiaciones cósmicas, y las partículas procedentes del cosmos describen trayectorias que se orientan de acuerdo con las líneas del campo magnético. Esto tampoco lo ignoraban los egipcios —o sus maestros—, quienes consideraban además que el Sol tiene mucho que ver con este fenómeno. Con justa razón lo consideraban sagrado. Y sabían igualmente los egipcios que las manchas y las tormentas solares influyen en los seres humanos y en la vida que los rodea.

Lástima que estos fenómenos fuesen olvidados a partir de la caída de Roma, cuando se abatieron sobre el mundo las tinieblas de la Edad Media y sólo algunos sabios solitarios, como los alquimistas, siguieron estudiándolos. gracias en parte a los ‘viejos documentos que lograron rescatar.

Fue la intervención de Antonio Bovis la que impulsaría más tarde el estudio de las pirámides. Se han comenzado a estudiar las propiedades de las pirámides y que influyen no sólo en la materia, sino también en la mente. Los enfermos atendidos en salas de forma piramidal mejoran antes, tanto del cuerpo como del espíritu.

¿Resucitarán algun día los faraones?

Los sacerdotes de las primeras dinastías egipcias anteriores a los conocidas no eran ajenos a las propiedades de las pirámides. Las utilizaron en beneficio de los faraones muertos, para que se conservasen eternamente, convertidos en momias deshidratadas, como si fuesen ciruelas pasas o carne seca, que recobran parte de sus propiedades al humedecerse.

¿Con qué objeto realizaban los sacerdotes esta cuidadosa operación, que dejaba al faraón listo para desafiar al tiempo? ¿Pensaban acaso que los faraones resucitarían algún día, o estaban seguros de que así sucedería?

A cualquiera de nosotros nos parecerá esta posibilidad sumamente aventurada, por no decir absurda, y sin embargo aceptamos en la actualidad los beneficios de la criogenia. En algunos países de América y de Europa existen sociedades criogénicas, que se dedican a conservar a muy baja temperatura los cadáveres de seres que murieron con la esperanza de ser resucitados en el futuro, cuando se descubra el remedio para el mal incurable que los condujo, irremediablemente a la tumba.

Científicos soviéticos han logrado congelar durante un corto tiempo vísceras de animales que volvieron más tarde a la vida. De igual manera se utiliza el frío para conservar el esperma de los sementales y aplicarlo en la fecundación artificial. En consecuencia, no hay por qué no aceptar la posibilidad de que algún día pueda realizarse la misma operación con un cuerpo humano entero.

Tal vez para este fin sirvieron las pirámides. Parece tema para una novela de ciencia ficción y sin embargo los científicos han contemplado el problema con mucha atención. En 1951, la bióloga soviética Olga Lepichinskaya había afirmado ya que las células del organismo pueden ser reconstruidas, en teoría. Más tarde, el

Dr. ElofCarlsson, de la Universidad de California, añadiría que, también en teoría, es posible reconstruir una momia, aunque haya permanecido muerta durante miles de años. 
Para ello, sería preciso retirar un gen del tejido modificado y obtener del mismo las moléculas de ADN necesarias para reestablecer el código genético del individuo en cuestión. Se extraería a continuación el núcleo de una célula fértil de un ser humano cualquiera, que sería sustituida por el núcleo obtenido a partir del tejido momificado. La operación parece una locura, por supuesto, pero los biólogos estiman que podrá realizar- se antes de que haya transcurrido un siglo más.

¿Era por esta razón, entre otras, que los maestros de los primeros egipcios les aconsejaron levantar enormes edificios de piedra, de forma piramidal?

¿Por qué dejaron de pronto de construir pirámides?

En algún momento de la historia, los egipcios dejaron de construir pirámides. ¿Sería porque perdieron el conocimiento exacto de sus propiedades maravillosas? Debió existir un faraón que tenía una idea muy vaga de las ventajas que proporcionaban estos edificios, y aunque deseaba levantar una pirámide para seguir con la tradición, llegó a la conclusión de que no disponia de los medios suficientes. 
Hicieron cálculos sus ministros y sus sacerdotes y cayeron en la cuenta de que harían falta docenas de miles de hombres en la construcción, que no habría suficiente trigo en todo el país para alimentarlos, que ni siquiera habría espacio vital para que los obreros pudiesen moverse, que la tarea llegaría a su fin muchos años después, cuando el faraón no pudiese gozar ya de las muchas ventajas atribuidas a la pirámide. La verdad es que había olvidado la técnica de construir pirámides.

Se le ocurrió mucho más sencillo. Los sacerdotes se dedicaron a sacar las vísceras de los difuntos faraones, por la nariz o por una pequeña inciSión practicada en el vientre, que guardaban muy cuidadosamente en unos recipientes. En cuanto al cuerpo, pensaron que lo mejor sería envolverlo en vendas previamente impregnadas de aceites y esencias. El clima se ocuparía de lo demás. Nada se perdería de los faraones, y el día que fuesen a resucitar no tenían más que ir en busca de las vísceras que les quitaron, que dejaron al alcance de su mano los sacerdotes.

En lo que a las construcciones se refiere, los sacerdotes les concedían unas virtudes mágicas, que no sabían en qué consistían. Así que aconsejaron a los arquitectos seguir levantando pirámides. Pero serían unas pirámides distintas. 
En el Valle de los Reyes, lugar escogido por los faraones de las siguientes dinastías para ubicar sus tumbas, que eran todas subterráneas, existe una pirámide muy singular, recortada en lo alto de un cerro imponente que domina el paisaje.

Otro tipo de pirámide, más estilizada y más elegante, pero acerca de cuyas virtudes conservadoras nada se ha dicho, porque posiblemente no existan, es el obelisco, que apareció en las tumbas y en algunos templos.

¿QUIEN FUE EL PRIMER CONSTRUCTOR DE PIRAMIDES?

Se tiene la casi certeza de que el primer ser humano que construyó una pirámide en Egipto fue el legendario Imhotep, el ingeniero más grande de su época, muy superior a Dédalo, autor del laberinto de Creta donde sería encerrado el Toro de Minos. Este Dédalo —personaje que muy bien pudieron copiar los griegos de Imhotep— inventó un robot que lanzaba rocas desde un acantilado a los barcos que se aproximaban demasiado, además de idear unas alas recubiertas de cera que condujeron a la muerte a su hijo Icaro. Esta primera víctima de la aviación, ¿simbolizaba acaso a la ignorante humanidad que no estaba aún en condiciones de utilizar los aparatos fabricados por sus maestros?

También se ha querido identificar a Imhotep con Prometeo, personaje de quien nos ocuparemos más adelante. En esta ocasión se dedicará la atención a este hombre que construyó en tiempos del faraón la primera pirámide escalonada, en la región sagrada de Saqqarah.

Hubo mucho interés en localizar su tumba

Imhotep dominó el campo de la fisica y de la magia y debió conocer las 
propiedades de las pirámides, entre las que se contaba la de conservar la materia orgánica en perfecto estado durante tiempo indefinido. ¿Aprendió este secreto de alguien o lo trajo a Egipto de su país de origen? ¿Fue por aquellos tiempos que los antiguos egipcios comenzaron a pensar en la resurrección, en el más allá y en la reencarnación?

Al faraón Djoser debió interesarle la explicación que le dio Imhotep sobre la posibilidad de resucitar algún día. Por esta razón le prestó todo su apoyo para que construyese una pirámide apta para momificar su cuerpo el día de su muerte. Al llegar este momento, Imhotep se ocupó de poner en condiciones el cuerpo del faraón. Pero debió olvidar un pequeño detalle: los ladrones de tumbas, que estaban esperando el momento de introducirse hasta el interior de la pirámide y apoderarse de los tesoros que acompañaron a Djoser en su última morada.

¿Se molestó Imhotep en extremo al enterarse de que la pirámide había sido saqueada y se juró a sí mismo utilizar la pirámide sólo con fines momificadores, para conducir más tarde la momia a su tumba definitiva? ¿Sabía perfectamente lo que iba a suceder y, por esta razón, pensó en lo bueno que sería buscar para su persona un lugar inasequible, de tal manera que no fueran a localizarlo los amantes de lo ajeno? ¿Regresó a su patria el día que sintió aproximarse la hora de su muerte? 
En general, los egiptólogos no han tomado en cuenta estas posibilidades. Pero hubo uno, el británico Walter Bryon Emery, que llegó a una conclusión después de estudiar largo tiempo la región de Saqqarah: la llave que conduciría al conocimiento 
del mundo egipcio antiguo ha de encontrarse por fuerza en esta zona. Y dentro de la zona de Saqqarah, el lugar más importante debe ser la tumba de Imhotep.

Este arqueólogo había llegado ya al convencimiento de que la región ocultaba otro enigma más. No comprendía cómo no han aparecido huellas de civilización en el Egipto anterior al año 5000 antes de Cristo y. de pronto. el pueblo que los historiadores consideraban en estado aún primitivo comenzó a construir edificios, a esculpir estatuas, a fabricar piezas de arte, a utilizar la escritura, a practicar la medicina y a demostrar que poseía increíbles conocimientos científicos. ¿Fue gracias a maestros como Toth e Imhotep que Egipto se convirtió casi de un día para otro en un pueblo supercivilizado, que nos sigue maravillando? 
No había más remedio que hallar la tumba de Imhotep. Sólo así podría aclararse el enigma.

La misteriosa muerte de dos arqueólogos

El 5 -de octubre de 1964, Walter Bryon Emery inició la tarea. Suponía que, puesto que la tumba de Imhotep no había sido hallada, podía suponer que jamás fue saqueada por los ladrones y que este hombre genial supo tomar precauciones antes de su muerte. Sin embargo, Emery estaba convencido de que Imhotep construyó su propio mausoleo, aunque no pensó jamás utilizarlo, y que tenía que ser diferente de la enorme pirámide escalonada construida para el faraón Djoser.

Descubrir la tumba significaría alcanzar un completo conocimiento 
del antiguo Egipto. Pero ¿dónde iniciar las excavaciones, si carecía de información? El día 10 de diciembre descubrió a diez metros de profundidad el pozo de excavación de una tumba de la dinastía de Djoser, frente a una red de corredores que se interrumpían bruscamente. Sólo halló el inglés en aquel lugar unas momias de ibis, el ave sagrada del Nilo. Siguió Emery buscando algún tiempo más. sin obtener resultados. 
El jueves 11 de marzo de l97l,de- rrotado ante tantos fracasos, víctima del desaliento más completó, Walter Bryon Emery murió en el hospital británico de El Cairo. Algunos colegas declararon que era una víctima más de la maldición faraónica, que a nadie perdona, y relacionaron su muerte con la del eminente arqueólogo egipcio Zakaria Ghoneim, acaecida unos años antes, quien también sintió un enorme interés por la región de Saqqarah.

Había iniciado el profesor Ghoneim la exploración de una pirámide cercana a la de Djoser, que no terminó de construirse, por causas que se ignoran. Los arqueólogos habían buscado sin éxito la entrada a esta pirámide, hasta que apareció Ghoneim y dio con ella. Pero no se debió a la suerte, sino gracias a unos cálculos realizados con base en la estructura de la pirámide principal.

Los trabajos fueron arduos. Dos veces tropezaron los obreros con barreras macizas infranqueables y se produjeron hundimientos. Finalmente, el arqueólogo y sus colaboradores llegaron a una cámara funeraria situada a unos cuarenta metros bajo el nivel del suelo. Y dieron comienzo al instante los misterios. 
En el centro de la cámara vieron un sarcófago de mármol cerrado herméticamente. Estaba intacto. Ningún ladrón de tumbas lo había abierto. Pero al levantar la tapa, Ghoneim recibió la gran sorpresa: no apareció ninguna momia en el interior del sarcófago. La presencia de las joyas, además de los sellos inviolados, descartaban la posibilidad de cualquier robo. ¿Estuvo el sarcófago vacío desde siempre, para engañar a los posibles profanadores?

¿Sirvió de morada ocasional al huésped, que sería trasladado a otro lugar más seguro, una vez momificados sus restos mortales? 
El profesor Ghoneim supuso entoncés que existía otra cámara sepulcral en esta pirámide. Todo obligaba a creer en ella, igual que Herodoto estaba convencido de que la Gran Pirámide ocultaba una cámara subterránea, rodeada por las aguas del Nilo, donde se conservaba perfectamente la momia del faraón que la mandó construir. 
El arqueólogo egipcio descubrió finalmente otra entrada y penetró por ella, dispuesto a dar con la cámara secreta.

Todo parecía indicar que no tardaría en alcanzarla y descubrir así el secreto de la pirámide. Pero jamás se pudieron cumplir sus deseos. 
Se produjo por aquellos días la crisis de Suez, cuando Egipto nacionalizó el Canal y el país pasó por momentos muy dificiles. Se suspendieron los trabajos en Saqqarah y, cuando algún tiempo después fueron las autoridades en busca del profesor Zakaria Ghoneim, ya no pertenecía a este mundo. 
Había comenzado a sufrir pesadillas y fuertes ataques de nervios, a raíz de sus trabajos en la zona de Saqqarah, y terminó quitándose la vida en 1959.

¿Qué técnica se utilizó para construir las pirámides?

Poco después de convertirse en presidente de la República Árabe Unida —nombre con que se conoce en la actualidad a Egipto—, Gamal Abdel Nasser ordenó trasladar hasta un jardín público de la capital egipcia cierta estatua de veinticuatro metros perdida en el desierto. Trabajaron varias brigadas de obreros al mando de un grupo de ingenieros, que tuvieron a su disposición grúas, bulldozers y tractores. Lucharon durante algunas semanas para llevar a cabo el traslado de la estatua y al final se declararon vencidos. No pudieron mover la gigantesca mole de piedra. Se preguntaron entonces cómo hicieron los antiguos egipcios para transportar las enormes moles que integrarían las pirámides en general y, en especial, en el caso de la mayor de todas: la de Keops.

Se ha calculado que en la construcción de la Gran Pirámide tuvieron que mover y acomodar los antiguos egipcios no menos de dos millones y medio de bloques de piedra, cuyo peso medio era de cinco toneladas. Si en nuestros días se confiase a un equipo de primera, provisto de la mejor maquinaria y recursos ilimitados la construcción de la Gran Pirámide, lo pensarían mucho antes de lanzarse a tan disparatada aventura. Pero si en lugar de elementos técnicos avanzados se les concediese cinceles de bronce, palancas, rodillos y cuerda de fibra de palmera como se asegura utilizaron quienes levantaron el monumento, lo más seguro es que abordarían el primer avión y se alejarían hasta el último rincón del mundo, seguros de que iban a perder todo su prestigio en la empresa.

Los periódicos del 7 de febrero de 1978 informaron al mundo acerca de un proyecto que comenzaba a realizar en Egipto, a corta distancia de la Gran Pirámide, un grupo de arqueólogos de la Universidad Wasseda, de Japón. Quería construir en un par de meses una pirámide siete veces más pequeña que la de Keops. Mandaron hacer bloques de hormigón en una fábrica local, que fueron transportados en camiones hasta el sitio, se tallaron bloques de piedra a mano, utilizaron los técnicos indumentaria semejante a la egipcia antigua y pensaron que iban a triunfar sobre los egipcios. 
¿Por qué se suspendieron de pronto las obras? ¿Era porque las autoridades de El Cairo no deseaban contemplar aquel adefesio made in Ja- pan, que causaría daños irreparables al severo paisaje desértico? ¿Era porque los técnicos venidos del Japón se dieron cuenta de que no podrían con el paquete y buscaron la manera de buscar una salida honrosa al problema en que se metieron?

Una empresa de muy difícil solucion

El astrónomo Gerald S. Hawkins —quien llegó hace unos años a la conclusión de que el templo de piedra de Stonehenge, en la llanura inglesa de Salisbury, fue en realidad un observatorio astronómico— decía que su construcción debió requerir de un millón y medio de hombres-día de trabajo. Esto significaba una labor de diez generaciones, es decir, de tres siglos. Diez generaciones de seres primitivos que se preguntarían para qué estaban levantando un monumento que, a su corto entender, no servía para nada.

Pero resulta que la Gran Pirámide es varias veces mayor que el observatorio astronómico de Stonehenge. ¿Cómo hicieron los egipcios para erigir su pirámide número uno? ¿Estaban sus finanzas en condiciones como para invertir sumas incalculables en la construcción del edificio? Ningún estado en la actualidad se atrevería a realizar un gasto tan cuantioso, utilizando un ejército integrado por un cuarto de millón de obreros y tanta piedra como para levantar un muro de metro y medio de altura en torno a Francia, como afirmaría Napoleón Bonaparte al encontrarse ante el colosal edificio. ¿Podemos pensar que la pirámide fue construida por un pueblo subdesarrollado, sin ningún sentido de lo que estaba haciendo?

Algunos autores opinan que la Gran Pirámide se construyó en una época del año en que los campesinos no trabajaban, para tenerlos ocupados el faraón. Así, el Dr. Kurt Mendelssohn, profesor de la Universidad de Oxford, emitiría en mayo de 1971 una opinión muy particular. El faraón había dispuesto un programa de asistencia social, concebido para regularizar la distribución del trabajo por medio de la construcción escalonada de pirámides. Según este erudito, jamás trabajaron esclavos ni prisioneros en la pirámide, sino que los trabajadores cobraban por su labor durante el tiempo que no dedicaban a las faenas del campo y que recibían un sueldo consistente en granos de trigo y otros alimentos. 
¿Estaba el Dr. Mendelssohn en lo cierto? No parecen muy convincentes sus razonamientos y, de igual manera, tampoco conoce el hombre contemporáneo qué motivos pudieron tener los antiguos egipcios para levantar las pirámides. Es tan vanidoso, tan seguró de su superior inteligencia, que no se le ocurre pensar que tal vez tuvieron razones muy poderosas, que sólo ellos conocían.

¿Qué reacción sería la de un ser venido de otra galaxia, perteneciente a una avanzadísima civilización, al encontrarse ante una gigantesca presa que alimentase a una planta hidroeléctrica? ¿Acaso no estaría en su derecho al considerar la construcción loca ostentación del gobernante que mandó crear la obra de ingeniería? Sin embargo, nosotros sabemos que las plantas y los embalses constituyen uno de los elementos más importantes de la civilización que conocemos

Los libros de historia y los textos escolares no parecen conceder demasiada importancia a la técnica utilizada en la construcción de la Gran Pirámide. Dicen que tardaron unos veinte años en terminarla los egipcios y que sirvió de tumba al faraón 
Keops. Pero dan la impresión de facilitar su información un poco a la ligera, sin detenerse a establecer comparaciones, a investigar si de verdad ese número de años fue suficiente para realizar la magna tarea.

Parecen olvidar algo que sucedió en 1964 en la ciudad de México, en ocasión de inaugurarse el Museo de Antropología e Historia. Iba a erigir- se en su entrada la monumental estatua de Tláloc, la divinidad de las aguas, pero era preciso transportarla desde una barranca cercana a San Miguel Coatlinchan. La operación de traslado de la mole, a lo largo de cuarenta y ocho kilómetros, iba a resultar más complicada de lo que en principio se pensó.

Hubo que recurrir a un vehículo provisto de treinta y dos poderosas ruedas armadas de gruesos neumáticos, sobre el cual se acomodaría al dios. Se cortaron los cables de energía eléctrica, se acondicionaron los caminos, se detuvo el tránsito en los puntos por donde debía circular el convoy. Las poblaciones entre Coatlinchan y México estuvieron pen dientes de la operación. Resultó una tarea fatigosa en extremo y, sin embargo, el bloque era menos pesado que cualquiera de las piedras de la Gran Pirámide.

Pues bien, si el simple acarreo de una mole de piedra como es el Tláloc causó tantos problemas y hubo que echar mano de tantos obreros y de tantos técnicos durante tantos días, ¿qué decir si los bloques de piedra pasaban de los dos millones y medio? ¿Cuánto tiempo se requirió en el antiguo Egipto para trasladar los bloques desde la cantera hasta la meseta rocosa de Gizeh, cortarlos y acomodarlos en su sitio, formando pisos de tal manera exacta que no hubiese lugar para introducir entre dos piedras un cabello?

¿QUE TECNICA UTILIZARON LOS EGIPCIOS EN LA GRAN PIRAMIDE

Decía el historiador griego Herodoto en el segundo libro de sus Historias —muy posiblemente porque alguien se lo dio a entender— que el faraón Keops obligó a sus súbditos a acarrear enormes piedras desde las canteras de Arabia, que debieron ser trasladadas en embarcaciones por el río Nilo. ¿Poseían los egipcios naves tan enormes, capaces de desplazar un mínimo de cinco toneladas? Añadía el griego que eran cien mil los esclavos ocupados en la construcción, mal alimentados, relevándose cada tres meses o dejando los huesos en la arena.

Los bloques, informaron los sacerdotes a Herodoto, eran subidos por 
medio de rampas y cuerdas a los diversos pisos, reduciéndose en cada ocasión el número de bloques pero aumentando al mismo tiempo la altura y creciendo, en consecuencia, la dificultad para izar las piedras y acomodarlas en su sitio. Añadieron que costó la obra el equivalente de cuarenta toneladas de plata, pero en ningún momento se refiere el griego en su libro a problemas tan serios como la aglomeración de los obreros, a su alimentación, a las máquinas utilizadas. 
¿Sabían los sacerdotes lo que decían o inventaron todo acerca de la pirámide, puesto que era tan antigua que se había perdido el recuerdo de 105 hombres que la levantaron? ¿Sucedió acaso que las primeras pirámides fueron construidas con una maquinaria perfecta y que las siguientes resultasen más modestas, porque no se contaba ya con los aparatos del principio? ¿Se dieron cuenta los faraones de las siguientes generaciones que no podrían realizar jamás una obra tan impresionante y que, por esta razón, se conformaron con equivalentes de menor tamaño, como eran los obeliscos? -

Un noruego aficionado a la egiptología, cuyo nombre era Olaf Tellefsen, declaró en 1971 que había descubierto el secreto egipcio para construir la pirámide. Declaró que no utilizaron rampas para subir los bloques, porque tendrían unos dos kilómetros de longitud, como mínimo. Todo lo hicieron por medio de palancas. ¿Acertó el noruego? 
En el antiguo Egipto, la población no podía superar los cien millones de habitantes y, según afirman los arqueólogos, no poseían una técnica avanzada, puesto que no han llegado vestigios hasta nuestros días. ¿Cómo hicieron entonces? ¿Poseían los sacerdotes un tipo muy especial de técnica, basada en los ultrasonidos, los poderes paranormales y la antigravedad, dejada acaso en herencia por sus maestros y que terminó por perderse?

¿Quién dijo que las piedras no pueden volar?

Un científico contemporáneo, el francés Jacques Weiss, decía que los bloques de piedra eran transportados por medio de la fuerza mental y que iban a encajar perfectamente uno sobre el otro, gracias en parte a la disposición de las caras, que eran ligeramente cóncavas o convexas, según los casos.

Una leyenda árabe dice que los Hijos del Nilo transportaban las piedras de las pirámides sobre papiros cubiertos de signos mágicos. Los sacerdotes las movían a su antojo, mediante un esfuerzo de su voluntad. Es decir, que practicaban eso que los 
parapsicólogos llaman ahora psicocinesis, y también telekinesis. Y de igual manera que levantaban los objetos sin que mediara contacto físico, también ellos sabían elevarse en el aire. Es decir, que levitaban, igual que harían tantos santos católicos en sus momentos de éxtasis místico, los ascetas de la India y algún que otro médium del siglo pasado. 
Los sacerdotes egipcios ayudaban a los arquitectos por medio de unas flautas, cuyo sonido inaudible para el oído humano era capaz de mover las piedras. Parece absurdo, a simple vista, que un simple sonido pueda desplazar objetos. Sin embargo, nadie se sorprende al ver que las ondas sonoras emitidas por un jet alcancen a cambiar de lugar los objetos de una casa vecina.

Pero, de ser cierto cuanto se dijo acerca de los sonidos capaces de mover las piedras y de la levitación de las piedras por personas debidamente entrenadas, queda pendiente de contestar una sencilla pregunta: ¿de qué medios se valían los constructores para dar a los bloques de piedra la forma exacta requerida para que encajasen perfectamente, sin dejar rendijas?

¿Existe una pasta para ablandar las piedras?

El ser humano es tan vanidoso, tan seguro de su superioridad —en especial los científicos apegados al dogma— que se niega a creer en todo lo que va en contra de lo que aprendió en los libros o en la universidad. Está convencido de que nada existe en el mundo fuera de lo que conoce y que todo fue inventado ya.

Pero hace unos años, un investigador norteamericano declaró que al hombre le hace falta mucho por aprender, siquiera en ciertos terrenos. Y aportó pruebas al respecto. Decía Hyatt Verrill que en la Gran Pirámide, al igual que en las construcciones, incaicas y preincaicas, se utilizó una técnica desconocida por los actuales arquitectos e ingenieros civiles: trabajaban los obreros la piedra no con el cincel, sino con una pasta obtenida a partir de cierta planta sólo conocida por los indios, que ablanda la piedra y la vuelve maleable durante un corto tiempo.

Este mismo descubrimiento había sido realizado por el coronel P.H. Fawcett, quien antes de desaparecer misteriosamente en 1925 en las selvas brasileñas presenció algo increíble a corta distancia de los montes peruanos. Cerca del cerro de Pasco, un geólogo norteamericano había hallado un recipiente herméticamente cerrado, con forma de cabeza humana. En el Perú antiguo utilizaban la huaca para conservar líquidos, granos y oro en polvo.

El geólogo pidió a un obrero indígena que abriese el recipiente, para conocer su contenido. El hombre no sólo se negó a obedecer, sino que arrebató la huaca de manos del hombre blanco y la estrelló contra el suelo y huyó a toda prisa. Al inclinarse para recoger los fragmentos de la huaca vio con gran asombro que la piedra sobre la cual se derramó el líquido se ablandaba como si fuera de barro. Unos minutos más tarde recobraba su dureza habitual.

Así se expresó el explorador Fawcett y en apoyo de sus palabras están las piedras que se conservan en el Museo de Cochabamba, Bolivia, en las cuales hay impresas unas manos. Un sacerdote peruano, el padre Jorge Lira, informaría por su parte en junio de 1967 que los incas conocían el secreto de una planta cuyo jugo ablandaba las piedras más duras. 
¿Fue utilizando una planta semejante a la peruana que los constructores de la Gran Pirámide acomodaron los bloques para lograr un perfecto ensamblaje? Y de ser así, ¿quedaría demostrado que los incas aprendieron el secreto de los egipcios, o se trata de una pura coincidencia?

Otro problema: la iluminación interior de la pirámide

¿Cómo hicieron los constructores de la Gran Pirámide para iluminarse en el interior y evitar que cayeran todos de bruces? ¿Utilizaban antorchas; como hacían en la Edad Media para caminar de noche por los patios y los corredores? 
Imposible pensar en las antorchas, en las velas o en objetos que dan luz y despiden humo, por esta sencilla razón: no se ha encontrado hollín en los muros interiores de la Gran Pirámide, así que otro debió ser el sistema de iluminación.

¿Lograban los egipcios, captar la luz solar por medio de un ingenioso sistema de espejos colocados a lo largo de los corredores, que reflejarían los rayos solares hasta el fondo? Im posible, porque los rayos pierden brillantez al reflejarse y no tardan en perder intensidad. 
Entonces, silos constructores de la Gran Pirámide no utilizaron antorchas, velas o espejos, ¿cuál fue la técnica utilizada para iluminar a los obreros? Nada menos que la electricidad, que era conocida por ellos, como verá el lector al instante. 
Al italiano Alejandro Volta se le atribuye la invención de la primera pila eléctrica, hacia el año 1800, pero este genial científico llegó a la cita de los inventos con considerable retraso, puesto que los antiguos ya sabían utilizar la pila con éxito.

En 1938, un ingeniero alemán llamado Wilhelm Kónig realizaba obras en el alcantarillado de Bagdad cuando descubrió unos extraños recipientes en Kujut Rabua, suburbio septentrional de esta población que fue capital del Califato. Se trataba de unos objetos que pertenecieron a la dinastía de los Sasánidas —reyes que gobernaron el país durante los siglos iii al vii de nuestra era— y fueron catalogados como “objetos de culto” al ser trasladados al museo de la ciudad.

¿Conocieron los antiguos los poderes de la electricidad?

Los recipientes eran de barro, de unos quince centímetros de altura, y contenían un cilindro de cobre tapado en su parte inferior. Dentro del cilindro vio Kónig una varilla de hierro. Aquello podía ser cualquier cosa menos objeto de culto. Investigó en el interior del recipiente y halló vestigios de ácido, que había corroído al metal. ¿Tenía delante a una pila eléctrica, utilizada hacía catorce siglos por lo menos?

Vino el paréntesis de la II Guerra Mundial y años más tarde el científico Willy Ley construyó un duplicado del recipiente en el laboratorio de alto voltaje de la General Electric. Su colaborador Willard Ley introdujo sulfato de cobre en el recipiente, ácido acético o cítrico, conocidos en la antigüedad, y la pila comenzó a trabajar. 
Se descubrió a continuación que aquellas pilas de Bagdad eran nuevas si las comparaban con otras halladas por el mismo rumbo, que remontaban al siglo x antes de Cristo. Cuatro recipientes de barro con cilindros de cobre aparecieron cerca de Tel! O lar, por el rumbo de Bagdad. Y diez más en Ktesifon, hallados por el profesor E. Kuhnel, del Museo del Estado de Berlín. En la biblioteca Prince, en Uijjain. India, se conserva un documento conocido como Agasrva Samshita, que data del siglo x a.C. Contiene la descripción de una batería eléctrica, así como de un aparato para dividir el agua en sus dos elementos: oxígeno e hidrógeno.

No existen pruebas de que los antiguos utilizasen la electricidad producida por estas pilas para iluminarse, pero sí las hay en cuanto a su aplicación para dar baños electrolíticos a ciertas piezas. El arqueólogo francés Augusto Mariette halló a mediados del siglo pasado objetos recubiertos con una delgadísima capa de oro, en la región de Gizeh. Pero jamás se encontraron los aparatos que sirvieron para dar estos baños. El secreto de la electricidad fue muy bien guardado, 
pero hay veladas alusiones a lámparas y aparatos utilizados en aquellos tiempos.

¿Qué clase de energía utilizaba la lámpara mencionada por Pausanias, quien vivió en el siglo u de nuestra era, la cual ardía en el templo de Minerva sin extinguirse? San Agustín decía que en un templo egipcio dedicado a la diosa Isis vio una lámpara que ni el viento podía apagar. En su Historia de la Magia, Elifas Levi mencionaba a un rabino francés llamado Jequiel, quien vivió en la corte de Luis IX, en el siglo xiii. Este hombre utilizaba una lámpara que no quemaba aceite y que colocaba en la puerta de su casa para ahuyentar a los ladrones. Recibían éstos una des- carga si querían forzar la puerta. Jamás reveló el rabino a nadie la clase de energía utilizada en la lámpara, que recordaba a la que menciona el Antiguo Testamento en el capítulo dedicado al Arca de la Alianza.

Si desea el lector más ejemplos de iluminación eléctrica utilizada en la antigüedad, sepa que en la ciudad de Tashkent, capital de la República Soviética de Uzbekistán, fueron halladas recientemente unas ánforas selladas, en cuyo interior había una gota de mercurio. Se dijo que eran fuentes de energía luminosa, basadas en el principio fisico siguiente: si se agita mercurio colocado en el interior de un recipiente de cristal se obtienen oscilaciones eléctricas de baja frecuencia, suficientes para encender un tubo de neón. Pero estas oscilaciones no puede lograrlas la ciencia actual en un recipiente de barro. ¿Acaso conocían los antiguos habitantes de Tashkent secretos que nosotros ignoramos?

Los historiadores romanos Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso atribuían a Numa Pompilio, segundo rey legendario de Roma, gran sabio del siglo vii antes de Cristo, el poder de desencadenar el fuego de Júpiter. Es decir, que sabía producir descargas eléctricas que causaban pavor entre sus enemigos. ¿Lo aprendió por sí solo o alguien se lo enseñó?

Hacia el año de 1601, un viajero español llamado Bartolomé Centenera viajaba por la región de los Siete Lagos, cerca de donde nace el río Paraguay, cuando se encontró en las ruinas del gran Moxo. Fue allí donde encontró algo sorprendente: una lámpara que daba luz sin interrumpirse y cuya forma era de columna terminada en esfera. La luz que despedía era clara y agradable, y no daba calor. El viajero se negaría a decir en qué lugar preciso halló la lámpara. Por esta razón, sus contemporáneos lo tildaron de embustero.

Pero, regresando a la Gran Pirámide y a las maravillas que la rodean, 
surge al instante una pregunta, una vez impuestos de los hechos asombrosos que se han contado en torno a este edificio: ¿quién fue el faraón que mandó construir la pirámide de Keops y qué genial constructor lo ayudó en la empresa?

¿QUIEN FUE EL FARAON QUE CONSTRUYO LA GRAN PIRAMIDE?

El día que se aproximó Herodoto a la Gran Pirámide y preguntó a los sacerdotes por su autor, escuchó respuestas que se apresuró a sentar por escrito. Más que historiador, el griego fue un periodista. Tal vez el primer periodista de la historia. Preguntaba, le contestaban y anotaba, sin detenerse a pensar si le decían la verdad o si le contaban mentiras. 
Así debió suceder en aquella ocasión.

Acusaron al faraón de prostituir a su hija

Explicaron los buenos sacerdotes a Herodoto que muchos años atrás. cuando había en el país buenas leyes y todos gozaban con la prosperidad que da un buen gobierno, ascendió al trono un malvado faraón que cometió todo género de arbitrariedades y crueldades. Se trataba de Khufu 
—nombre que Herodoto convertiría en Keops—, quien ordenó cerrar los templos y prohibió a los egipcios rendir culto a los numerosos dioses.

Añadieron los representantes del clero egipcio que aquel faraón malvado, cuya memoria debería ser borrada del recuerdo de todos, obligó a su pueblo a trabajar en su beneficio 
y, con tal de reunir fondos para la construcción de su inútil monumento funerario, no dudó en prostituir a su propia hija. A Herodoto no se le ocurrió tal vez pensar—y silo hizo, se lo calló muy prudentemente— que una sola mujer, por muy estupenda profesional que sea en las artes del amor. dificilmente podría reunir una fortuna tan colosal como para levantar una pirámide.

En realidad, tal vez lo creyó todo, porque después de todo su libro deseaba verlo convertido en fiel reflejo de cuanto le contasen. Y en cuanto a los sacerdotes, muy ufanos al ver que el visitante anotaba con gran seriedad sus palabras, quién sabe si pensaron soltar algún embuste, para darle más sabor a la historia. Una de las cosas que dijeron al griego fue que los jeroglíficos que veía escritos en las cuatro caras de la pirámide representaban la cantidad de comida con sumida por los obreros. 
No hay más remedio que deducir, a la vista de este ejemplo, que Herodoto escuchó mentiras y exagerado 
hasta no poder más y que, por culpa de su ingenuidad, la humanidad ha venido creyendo en algo que no se atiene a la estricta verdad. ¿No es acaso posible que los sacerdotes confundiesen lo hecho por un faraón con lo que otro hizo? ¿Fue tan déspota Keops como se dijo de él o lo confundieron con otro personaje de la antigüedad? 
Más adelante tendremos ocasión de entrar en contacto con otro faraón, cuya figura muy bien podría identificarse con la de este Keops.

¿Cuál era el verdadero nombre de Keops?

En el siglo iii antes de la era cristiana vivió un historiador egipcio llamado Manetón, quien redactó una lista de los gobernantes de su país, distribuidos por dinastías, a partir del que se supone inició la serie. 
Decía este Manetón en su relación que el faraón que mandó construir la Gran Pirámide se llamó Sufis y que fue el segundo soberano de la IV Dinastía. Fue hijo del faraón Sons y tomó por esposa a su hermana Meritefes, según ordenaba la ley sagrada que se hiciera para perpetuar la sangre real en toda su pureza. Después de todo, Osiris había hecho lo mismo con su hermana Isis.

Como es sabido, Herodoto helenizó el nombre de este faraón y lo convirtió en Keops. Y así se siguió designando al supuesto constructor de la Gran Pirámide, a lo largo de los siglos. Eratóstenes, matemático del siglo iii, quien midió por primera vez el meridiano terrestre y la oblicuidad de la eclíptica, consideró a este Sufis un genio y lo llamó Saofis, mientras el obispo Eusebio de Cesárea lo ha llamado 
maría Sons. A su vez, los árabes le darían el nombre de Sund y dirían de él que soñó una vez que iba a producirse un diluvio, razón por la cual ordenó crear la pirámide. La humanidad y la ciencia de lo faraones hallarían refugio en este edificio monumental.

Pero estos nombres no son más que una deformación del que se encontró en cierta pequeña cámara, llamada de descarga, que se encuentra en el techo de la Cámara del Rey, así como en unos bajorrelieves descubiertos en la localidad de UadiMaghrah. Este nombre no es otro que Khufu y corresponde a un faraón excepcional que intentó una vez quitar al clero y a los militares su poder en beneficio de las clases menos privilegiadas.

Deseoso de terminar con el lamentable estado de cosas, el faraón Khufu no dudó en suprimir los diezmos que pagaba el pueblo a los templos y se reservó la facultad de nombrar a los sacerdotes y a los dignatarios de la corte. Quiso hacer una selección de los más aptos, sin tomar en cuenta su procedencia y su nacimiento, para que el país progresase. Eran medidas revolucionarias que no dejarían de enfurecer a los intocables sacerdotes, favorecidos por la fortuna.

Quiso rendir culto a un solo dios: Khnum

Por sí fueran pocas las reformas radicales adoptadas por Khufu, implantó el culto a un dios único llamado Khnum, que procedía del Alto Egipto, en la frontera con Sudán, donde lo consideraban el protector de las cataratas. Pero disminuir la importancia de los muchos dioses del firmamento religioso de Egipto para convertirlos en meros subalternos del principal no iba a gustar al clero. Primero fueron los comentarios desfavorables, susurrados en la intimidad por los disidentes, para seguir la - rebelión declarada de los sacerdotes. 1 Respondió el faraón cerrando más templos y encerrando en una mazmorra a los cabecillas.

A continuación, este faraón singular cambió su nombre de Khufu por el de Khnum-Khufu, y la pirámide que mandó construir recibió el nombre de Akhet-Khufu, es decir, “el horizonte luminoso de Khufu”, Tal fue el nombre que aparecería ante la mirada de los arqueólogos, quienes pensarían, como es natural, que fue este faraón quien mandó construir la Gran Pirámide. 
Nada pudieron hacer los sacerdotes de Menfis y de Heliópolis en contra de Khnum mientras vivió Khufu. pero a su muerte intentaron cobrar venganza. No lo permitió su sucesor. que se llamaba Kefrén y era hermano de Khufu. Tuvieron que esperar los aristócratas y los sacerdotes, pacientemente, a que subiera al trono Micerinos, hijo de Kefrén, joven de carácter débil que permitiría al clero dar comienzo a las represalias. 
Una vez anulada la voluntad del joven monarca se apresuraron a reestablecer el culto a los dioses de antes y borraron de la lista de faraones a Khufu. Más aún, movidos por el odio que sentían por su persona y su obra penetraron en la cámara donde yacía su cuerpo, se apoderaron de él y lo condujeron al exterior, para quemarlo con saña.

Fue así cómo surgió la leyenda de este faraón único, quien siglos después de su muerte seguía siendo blanco de las iras del clero. Pero ¿era a él que se refirieron los sacerdotes en sus pláticas con Herodoto? Es tan asombrosamente semejante esta serie de infortunios faraónicos con los que caracterizarían a un faraón muy posterior que es preciso dudar de cuanto se creyó hasta ahora. De este segundo faraón se hablará muy pronto. Su nombre fue Akhenaton.

¿Fueron enemigos de Khufu los que destrozaron el interior de la Gran Pirámide, con todo y estatuas, mobiliario y la propia tumba del faraón? ¿Fueron los profanadores de tumbas que vinieron después? Cuando siglos más tarde uno de los Ramsés emprendió una campaña de restauración del edificio, lo halló en un estado lamentable. Clausuró el pasaje de entrada, compuso todo lo mejor que pudo e instauró en el interior el culto de Isis.

Llegaron mucho más tarde los romanos y no trataron demasiado bien a la Gran Pirámide. Durante el siglo y de nuestra era, el patriarca Cirilo de Alejandría ordenó la destrucción de gran parte de los templos de Egipto. Era un fanático ignorante, que quiso acabar con todo aquello que oliese a pagano. Sentía un especial odio hacia el culto de Isis, que algunos herejes de la época identificaban con la adoración de María. 
Le siguieron los árabes, después del triunfo de Alá. Pero, a cambio de tantos destrozos como hicieron en la Gran Pirámide, no faltaron los poetas y los viajeros musulmanes ilustres que tomaron nota de ciertas historías y leyendas, recopilaron los datos que obtuvieron y mostraron en todo momento admiración ilimitada hacia el monumento.

Para entonces, el nombre del faraón Khufu había sufrido varias transformaciones. Y en cuanto a la escritura utilizada por aquellos llamados por los árabes Hijos del Nilo, que había cubierto toda la pirámide, nadie sabía descifrar ya. Se perdió su rastro a partir del día en que el recubrimiento de la construcción fue quitado por los habitantes de El Cairo, para utilizarlo en su provecho. 
Hubo que esperar a Juan Francisco Champollion y a los egiptólogos de comienzos del siglo pasado para que la humanidad pudiese vislumbrar en qué consistió la maravillosa cultura de los egipcios, con todo y los errores que venían arrastrándose desde la antigüedad.

ES UNA DE LAS MARAVILLAS DEL MUNDO

En el siglo iii antes de Cristo, un griego llamado Filón de Bizancio, que gustaba del sensacionalismo, escogió a siete edificios destacados y les concedió la categoría de maravillas del mundo. Eran siete en total y entre ellas se contaba la Gran Pirámide de Egipto, única que sigue en pie, desafiando el paso de los milenios. De las seis maravillas restantes tan sólo queda el recuerdo. 
Se encuentra la Gran Pirámide bastante maltratada, pero con todo y su aspecto ruinoso ha venido asombrando al mundo desde la antigüedad. Pero fue a partir de la expedi 
ción napoleónica que comenzaron los sabios de Europa a estudiarlo en serio. 
Y descubrieron cosas en verdad interesantes.

Eran buenos observadores aquellos sabios

Los topógrafos al servicio del ejército francés se sorprendieron al ver que las caras de la Gran Pirámide estaban orientadas a los cuatro puntos cardinales, con un error casi despreciable de cuatro minutos y fracción de arcó. Pensaron que se trataba de una simple coincidencia.

Mientras los dibujantes al mando de Dominique Vivant Denon se dedicaban a dibujar todas las maravillas que aparecían ante sus ojos, los topógrafos realizaban otro hallazgo impresionante. Se dieron cuenta de que, de no haber escogido el meridiano cero de Greenwich, cerca de Londres, el que pasaba por Alejandría hubiese sido perfecto. ¿Por qué? Porque ese meridiano atraviesa la mayor extensión de continentes y la menor de océanos, además de dividir a la superficie habitada del planeta en dos partes iguales. 
Estos topógrafos ignoraban que siglo y medio más tarde sería descubierto en una ciudad de Turquía un mapa dibujado en piel de ante, llamado de Piri Reis, que señalaba a la ciudad de Alejandría como el centro del mundo. ¿No era asombroso que un mapa supuestamente viejo de diez mil años tomase el meridiano de Egipto como punto de partida de los demás?

A continuación, los franceses hallaron una relación increíble, animados como estaban en la búsqueda de los muchos secretos que parecía ocultar la pirámide. Sumaron los cuatro lados de la base, dividieron el resultado por la mitad de la altura y obtuvieron un valor sensiblemennte igual a pi. ¿Acaso significaba esto que los egipcios fueron mejores matemáticos de lo que se creía, puesto que supieron hallar la cuadratura del círculo?

Un tal Francisco Jomard, coronel de profesión, quien ganaría fama en su país con un tratado descriptivo de Egipto, vendría a afirmar que las dimensiones del monumento están íntimamente relacionadas con las del planeta en que vivimos y con las del mismo universo. Es decir, que los egipcios sabían que la Tierra da vueltas sobre sí misma mientras gira en torno al Sol. No había duda para el francés que la Gran Pirámide no es un monumento más, sino un testimonio dejado por los antiguos egipcios acerca del tamaño del planeta, su forma, sus movimientos en el cosmos y los de los demás planetas.

No tuvieron tiempo los franceses de observar otras peculiaridades del monumento, porque tuvieron que salir corriendo para salvar la vida. Ni lograron observar algo relacionado con la disposición de las pirámides de Gizeh y de su acompañante la Esfinge, que se encuentra al oriente de aquéllas. Igual que sucede con las iglesias católicas, cuyos campanarios se yerguen, invariablemente, en la dirección del sol naciente. Y también con los minaretes de las mezquitas, que están al este del edificio principal. Existe alguna relación entre los tres estilos de construir? ¿No es curioso que católicos y musulmanes hayan edificado a lo largo de los siglos sin caer en la cuenta de que estaban copiando el modelo faraónico?

Debió ser una construcción perfecta

Se acepta como lado de la Gran Pirámide la cifra de 230 metros. Sin embargo, existe una pequeña diferencia entre la cara norte y la cara sur, de 20 centímetros, y de la cara este con la cara oeste de 3 centímetros, que son despreciables, sobre todo tomando en Cuenta que estas caras están desprovistas del recubrimiento inicial. Es decir, que puede afirmarse sin miedo a equivocarse que la estructura es prácticamente perfecta. 
La primera hilera de la Gran Pirámide, que reposa directamente sobre la meseta rocosa de Gizeh —la cual debió ser acondicionada por medio que desconocemos para dejarla absolutamente plana— tiene 325 bloques por lado, lo que equivale a un total de 105 625 bloques de piedra en el primer piso. El siguiente piso es de menor longitud y, en consecuencia, disminuye el número de bloques. El tercer piso tiene menos bloques que el anterior, y como siga en descenso el número de bloques según se asciende hacia la punta, puede calcularse cuántos bloques integran la Gran Pirámide: poco más de dos millones y medio. Es una cifra aproximada, que podría reducirse considerablemente si en el interior de la construcción hubiese cámaras que no han sido todavía descubiertas.

Desde la base de la Gran Pirámide, que se encuentra a unos cuarenta metros sobre el nivel del río Nilo, hasta su extremo superior, la distancia es de 139.40 metros, que debe ser menor de la que tuvo en sus orígenes. En el curso de los últimos dos mil años no han faltado los graciosos que, por medio de palancas o con otro sistema, han tirado por la pendiente algunos bloques. Prueba de estos actos de vandalismo está en las enormes moles que reposan sobre la arena y dan a la construcción un aspecto desolador.

En la actualidad, la Gran Pirámide está formada por 103 pisos de bloques, pero es muy probable que fuesen inicialmente 210, por la siguiente razón: los sacerdotes egipcios eran grandes aficionados a las matemáticas. Consideraban sagrados a los números. Muy posiblemente hicieron cálculos a la hora de levantar la pirámide para que fuesen 2lOios pisos. Es decir, el producto de los cuatro primeros números primos: 2 x 3 x 5 x 7. De ser así, la pirámide debió tener una altura de 143.20 metros. Y, en consecuencia, no terminó en punta, sino en una plataforma.

En la actualidad, la plataforma tiene casi 12 metros de lado, pero cuando Plinio el Viejo estuvo aquí, hace cerca de veinte siglos, cada lado medía 4.88 metros, lo cual quiere decir que tenía más pisos. Mil años más tarde, el viajero árabe Solt —el Andalusi— diría que en la elevada plataforma podrían acomodarse fácilmente ocho camellos acostados.

Oficialmente, la humanidad acepta que fue el griego Aristarco de Samos el primero en declarar, en el siglo III antes de nuestra era, que la tierra gira en torno al Sol. Sin embargo, esto era conocido antes que él, en los medios iniciáticos. 
Desde los días de Aristarco, el ser humano ha tardado en buen puñado de siglos en calcular, también de manera oficial, cuál es la distancia que separa a la Tierra del Sol. Sin embar 
go, a los astrónomos contemporáneos les hubiera sido muy sencillo obtenerla: les bastaba con multiplicar por mil millones la altura de la Gran Pirámide.

¿Se trata de un simple coincidencia? Es lo que consideran todavía numerosos científicos, sin caer en la cuenta de que en tiempo de Herodoto los astrónomos de su país sabían ya que la apotema de las caras de la Gran Pirámide media un estadio, es decir, seiscientas veces menos que el valor de un grado de latitud.

Y doscientos años después de Herodoto, su paisano Agatárquides de Cnido informaba que cada lado de la base era un octavo de minuto de latitud. ¿Otra coincidencia más? 
El 25 de mayo del año 585 se produjo un eclipse de sol que había sido calculado mucho tiempo antes por Tales de Mileto. Antes que él, esto de anunciar eclipses era juego de niños para mayas, babilonios, egipcios, chinos e indostanos. Pero para predecir un eclipse de sol es preciso establecer puntos de control situados a considerable distancia unos de otros. No hay duda de que Tales de Mileto aprendió el secreto de la triangulación y la predicción de los eclipses de los egipcios, igual quePitágoras establecería su famoso pi de los mismos maestros. 
Pero ¿cómo hicieron los sacerdotes egipcios, depositarios del saber, para alcanzar tal exactitud en sus complejos cálculos?

¿Conocían los secretos del álgebra y la trigonometría? La ciencia moderna insiste en negarles el conocimiento de ambas ciencias matemáticas, pero parecen olvidar los sabios actuales que se han hallado pruebas contundentes y absolutamente piabies en este sentido.

Descubrieron y aplicaron el Número de Oro

En el templo de Luxor fue descubierto en 1858 un papiro que se conserva en el Museo Británico de Londres y es conocido por el nombre del egiptólogo que lo estudio: Rhind. Muestra el papiro diversos problemas de trigonometría, incluyendo un método claro para conocer la altura de una pirámide a partir de su inclinación y de los lados de la base. Es decir, que los egipcios sabían trabajar con senos, cosenos, tangentes y cotagentes.

La inclinación de las caras de la Gran Pirámide es de 51° 51’, cuya cotangente tiene un valor de 0.785 y fracción. Multiplicando esta cantidad por cuatro, que son las caras de la pirámide, se obtiene un valor muy aproximado de pi. ¿Consideran los sabios que se trata de otra coincidencia? 
El Número de Oro, tan en boga durante el Renacimiento italiano y también en el Siglo de Pendes griego, había sido utilizado ya por los egipcios en sus construcciones. Y puede verse también aplicado en la Gran Pirámide. Este Número de Oro es aquél que aumentado o disminuido en la unidad resulta igual a su inverso.

De esta sencilla fórmula resulta una ecuación de segundo grado, con dos valores para X, que son: 1.618 y 0.6 18. Estas dos cantidades son, respectivamente los lados de un decágono estrellado y convexo inscrito en un círculo cuyo radio sea la unidad. Pero estos dos valores son también los de la secante y el coseno del ángulo de inclinación de las caras de la construcción, que es de 51° 51’ ¿Otra coincidencia más?

Existen otras interesantes relaciones matemáticas más, pero para apreciarlas en su exacto valor será preciso abandonar la superficie de la Gran Pirámide e internarnos por sus pasajes y sus cámaras. Porque también el interior de la construcción oculta secretos maravillosos.

LOS SECRETOS QUE ENCIERRA LA GRAN PIRAMIDE

En tiempos del faraón Ramsés II, quien debió sentir gran admiración por la Gran Pirámide, se clausuró una antigua brecha que daba al norte, a la altura del quinto piso. No quedó la compostura perfecta, puesto que en el año 81 5 de nuestra era fue localizado el orificio por los hombres de Al Mamún, califa de Egipto, y vuelto a abrir.

El soberano árabe estaba seguro de hallar en el interior de la construcción la maravillosa piedra filosofal que le permitiría fabricar oro a mansalva. Los alquimistas árabes seguían las huellas de sus maestros egipcios y esperaban descubrir secretos que los harían poderosos. 
Pero resulta que la brecha del quinto piso no es la verdadera entrada al interior de la Gran Pirámide.

Viaje por un mundo desconocido

La entrada principal se encuentra en el piso décimoquinto de la misma cara norte, desviado 7.35 metros de la apotema, es decir, de la línea que une la punta de la pirámide con la mitad de la base. En el siglo ¡ de la era cristiana, el geógrafo Estrabón se 
refirió alguna vez a la puerta de balancín que cerró en otros tiempos la entrada a la pirámide y que lograba disimularse entre la superficie pulimentada de las caras. En el interior debía estar de guardia permanente un puñado de hombres que abrirían únicamente la puerta a un llamado especial. ¿Fue inspirándose en esta curiosa puerta que giraba sobre sí misma que surgió el famoso “ábrete sésamo” de los cuentos orientales.

El balancín, si acaso existió alguna vez, brilla ahora por su ausencia, pero a cambio de esto puede ver el turista en esta entrada, grabadas en dos puntos distintos de la piedra, dos curiosas inscripciones. Una de ellas se encuentra fuera del alcance de los ojos, y aunque el curioso dispusiera de unos prismáticos tampoco lograría entender el texto. Porque está escrito en jeroglíficos, a pesar de que fue un alemán quien lo grabó. 
Karl Richard Lepsius (1810-1884) fue el autor del texto, que decía literalmente lo siguiente: «Al rey Federico Guillermo IV de Prusia, soberano del Alto y Bajo Egipto, hijo de Ra, dotado de vida eterna.» ¿Qué pensaría un visitante de una lejana galaxia que llegase a la Tierra en el futuro, habiendo sido destruida la humanidad por una catástrofe, y viese esta inscripción? ¿Acaso no estaría en su derecho de atribuir la construcción de la Gran Pirámide a un faraón hijo de Ra llamado Federico Guillermo IV? ¿Acaso sucedió esto mismo con Keops, o Khufu, que por el simple hecho de haber encontrado los arqueólogos una inscripción con su nombre han pensado que fue el constructor de la pirámide?

La otra inscripción se encuentra más abajo y ha recibido diversos nombres: tetragrama, Signo del Horizonte, Ojo de la Pirámide. Los esoteristas afirman que ese breve jeroglífico contiene toda la sabiduría de la Gran Pirámide y que es su nombre divino. ¿Fue acaso la obra de otro Lepsius, que se anticipó en varios siglos al alemán? ¿Sirve o sirvió para un objeto que se desconoce? Nada puede afirmarse. Sólo que representa uno de los muchos enigmas que encierra la Gran Pirámide.

Una vez que se ha franqueado esta supuesta puerta, nos encontramos en un pasaje descendente. Tiene una inclinación de 26° 34’ que es igual al valor de la cotangente de 2, es decir, el ángulo de un triángulo rectángulo cuyos catetos son uno doble del otro. El paisaje descendente tiene una longitud de 97.25 metros y va a desembocar en un angosto pasillo horizontal de algo menos de 10 metros. Al final de este corredor se abre una cá mar 
de 14 metros de largo, 8 de anchura y poco más de 3 de altura, que ha sido llamada Cámara del Caos.

Una cámara que hace honor a su nombre

¿Será porque da la impresión de inacabada que llamaron así a esta cámara situada a unos treinta metros por debajo del nivel de la base? Más que del Caos debió llamarse del Misterio, en razón de las preguntas que obligan a hacerse quienes contemplan un dibujo de la misma. Por ejemplo, ¿a dónde conduce la prolongación del pasaje, sumamente estrecho?i ,Qué hay más abajo del pozo que se abre en la base de la cámara?

Herodoto había dicho en su famosa obra ya mencionada que bajo la Gran Pirámide se encuentra una cámara secreta, rodeada por las aguas del río Nilo y que en ella reposan los restos incorruptos del faraón que la mandó construir. Sus palabras intrigaron a la humanidad durante varios siglos, pero a nadie se le ocurrió comprobar si había en ellas algo de verdad. Pero en 1837, un inglés llamado Richard William Howard Vyse, que era coronel y había leído a Herodoto, llegó a la Cámara del Caos dispuesto a descubrir el secreto del faraón. 
Golpeó con fuerza en el suelo y observó una curiosa resonancia que parecía estremecer al edificio entero. A continuación cayó hasta llegar a los 11.58 metros de profundidad. No pudo seguir adelante. Asfixiado por la falta de aire y el polvo tuvo que declararse vencido y olvidar el asunto. Nadie más volvió a introducirse en el pozo de la Cámara del Caos.

No habiendo más que ver, el visitante de la Gran Pirámide se ve obligado a regresar por el mismo corredor descendente que lo trajo, hasta la puerta de entrada. Ahí podrá regresar a su casa o internarse por otro corredor, ascendente esta vez, de igual inclinación que el otro pero con menor longitud: 37.49 metros. Se encontrará el viajero con tres enormes bloques de piedra que debieron ser colocados por los obreros de la pirámide para clausurar la entrada. Taparon el pasaje de tal manera que nadie lo descubriese con facilidad y tomaron por un pasaje llamado de los obreros, que los conduciría al aire libre pasando por el corredor descendente. 
El pasaje ascendente tiene varias sorpresas: da comienzo aquí lo que se ha dado en llamar la Gran Galería y se abre un corredor horizontal de casi cuarenta metros de longitud que conduce directamente a la Cámara de la Reina.

Unos canales que no sirvieron para ventilar

Esta Cámara de la Reina —que se ignora por qué se llama así, puesto que jamás hubo ninguna reina— tiene forma de caseta con tejado y en uno de los lados opuestos hay un hueco que pudo servir para alojar a una estatua que alguien se llevó, no sin causar destrozos en el muro. Tal vez lo más extraordinario de esta cámara sean los orificios cuadrados, de apenas veintidós centímetros de lado cada uno, que se abren en las paredes que dan al norte y al sur, respectivamente. Son unos canales que poseen su historia.

En 1872, un norteamericano aficionado a la egiptología, cuyo nombre era 
Wayman Dixon, llegó a la Gran Pirámide dispuesto a descubrir algo, igual que habían hecho tantos aventureros. El 14 de agosto se encontraba en esta cámara, en compañía de su ayudante Bili Grudy, examinando cada uno de los rincones, en busca de algo, cuando observó una diminuta grieta en el muro meridional. Hurgó con su alambre y, para su sorpresa, se hundió éste en una superficie blanda. Con ayuda de un cuchillo descubrió un orificio. Supuso que en la pared opuesta podría haber algo semejante. Encontró ótra abertura angosta, más allá de la cual parecía ascender un pasaje.

Quisieron saber los dos hombres a dónde conducían los dos canales. BilI trepó por la cara sur en busca de un orificio que pudiese corresponder a la salida del canal. Y lo encontró. Dejó caer una piedra atada a un cordel, que llegó a la Cámara de la Reina. 
Se habían descubierto dos canales, que según se comprobaría más tarde eran perpendiculares a las caras de la pirámide, pero se ignoraba para qué pudieron servir. Era otro enigma más que presentaba la Gran Pirámide a quienes intentaban conocerla. Durante algún tiempo se pensó que eran canales de aireación. Pero, si estaban tapados abajo y todo permitía suponer que lo estuvieron también arriba antes de desaparecer el recubrimiento, ¿qué iban a airear? De haber penetrado el aire en el interior de la construcción, ¿acaso no se hubiera acelerado el proceso de descomposición de los muebles y tal vez de los cuerpos que en ella reposasen?

Para explicar la teoría expuesta hace casi un siglo por el arqueólogo inglés Flinders Petrie, que hacía hincapié en el hecho de que los canales, será preciso conocer antes dos puntos clave de la Gran Pirámide: la Gran Galería y la llamada Cámara del Rey. 
Las estatuas de la Gran Galería

LAS ESTATUAS DE LA GRAN GALERIA

Entre el final del pasaje ascendente y la Cámara llamada del 
Rey se extiende, a lo largo de 46 metros, la Gran Galería, especie de calzada rodeada por lo que parece una banqueta, con unos nichos que debieron contener estatuas.

Ninguna información existe en torno a las hipotéticas estatuas, que debieron seguir el mismo camino que la de la Cámara de la Reina. Solamente algunos árabes del siglo xv mencionaron alguna vez a las veintiocho estatuas, con poca precisión. Maqrizi, quien vivió en El Cairo, decía que en ese lugar había retratos y estatuas acostadas y muchas cosas más cuyo significado desconocía. En cuanto a Ibrahim Uasif Shah, diría que estaban los antepasados del rey Sund, convertidos en estatuas. Y eso es todo. ¿Representaban las veintiocho estatuas a los miembros de la familia real, a los faraones que precedieron al constructor de la Gran Pirámide, igual que en algunas modernas oficinas se exhiben las efigies de los jefes anteriores?

Es un misterio lo que pudo contener la Gran Pirámide, pero no se compara con los que ofrece la Cámara del Rey, sobre la cual cinco enormes vigas de piedra sirven de parachoques para evitar desmoronamientos. Es en este lugar que apareció un monograma con el nombre de Khufu. En cuanto a la cámara principal tiene, para empezar, muy curiosa medidas, basadas en el número 5, como tantas cosas en la pirámide. Además, un plano que pasara por el lado más largo y cualquiera de las puntas opuestas formaría un triángulo rectángulo de índole muy especial, que entre los egipcios recibía el nombre de isíco. Es decir, dedicado a la diosa Isis.

Flinders Petrie estudió las medidas de esta Cámara del Rey y llegó a esta conclusión: es dos veces más larga que ancha, mientras la altura es igual a la mitad de la anchura multiplicada por la raíz cuadrada de 5. Y con base en estas dimensiones dedujo el valor del codo piramidal, medida utilizada por los antiguos egipcios y que debía ser igual a 52.37 centímetros. Esta cifra no coincidía con la expresada varios años antes por el escocés Charles Piazzi Smith, de 63.57 centímetros, que debía ser en su opinión la diezmillonésima parte del radio polar de la Tierra. ¿Cuál de las dos medidas era la correcta?

Al escocés lo agarraron una vez limando una piedra, para que los cálculos que había hecho resultasen exactos. En cuanto a Petrie, fue siempre un hombre serio, que buscaba la verdad de las cosas sin hacer por él deducida midió la pirámide de cabo a rabo y encontró que cada lado de la base tenía 440 codos y que la altura era de 280 codos. Sumó los cuatro ladbs, dividió por la mitad de la altura y dió como resultado la relación 22/7, que es igual a la cotangente del ángulo de la inclinación de las caras de la Gran Pirámide y la aproximación más exacta de pi, tal como Pitágoras se llevó de Egipto a su patria.

Otra observación realizada en la Gran Pirámide, en lo que a la Cámara del Rey se refiere, es que la diagonal del plano en que se encuentra es igual al lado de cada una de las caras. Y la superficie de esa sección horizontal viene a ser la mitad de la superficie de la base de la pirámide.

Finalmente, también en dos caras opuestas de esta Cámara del Rey, que corresponden al norte y al sur, como en la de la Reina, se abren unos canales. Pero éstos se han conocido siempre abiertos. 
Pero queda por ver un último detalle en esta cámara, que ha sido motivo de grandes discusiones y teorías por arqueólogos y por los interesados en el tema: el sarcófago de piedra.

ES UN SARCOFAGO SUPUESTAMENTE INUTIL

Adosado al muro oeste se encuentra un sarcófago de piedra, que más parece pila de agua bendita, del que no se sabe si contuvo alguna vez un cuerpo humano o si sirvió para otra cosa. Se ha dicho que contiene el hueco grano suficiente para servir de patrón a una medida de capacidad y se han dicho muchas cosas más, pero ninguna de las explicaciones resulta convincente.

Lo cierto es que tiene poco más de dos metros de largo, uno de ancho y otro más de altura y que tiene unas hendiduras semejantes a las de las cajas de dominó. No hay duda de que el sarcófago tuvo alguna vez una tapa corrediza, que quién sabe dónde fue a parar. En cuanto al interior, es demasiado angosto para que haya cabido un cuerpo humano envuelto en varios ataúdes, como sucedió en la tumba de Tutankamon, cuya momia fue localizada dentro de un ataúd metido dentro de otro, y éste de un tercero.

Así pensaba en 1979 el francés Jomard cuando se encontró ante el sarcófago, y después de considerarlo tan sencillo y angosto, en comparación con otros sarcófagos vistos por él, llegó después de múltiples conjeturas a la conclusión de que no pudo ser sepultura permanente de nadie.

En 1953 quedarían confirmadas las palabras de Jomard por el arqueólogo egipcio Zakaria Ghoneim. En la pirámide de Skhem-Khet, que se encuentra en la zona de Saqqarah. llegó hasta una cámara funeraria que contenía un sarcófago. Conservaba los sellos, lo cual quería decir que no había sido abierto. Al alzar la tapa no encontró absolutamente nada. Ninguna momia yacía en el hueco. ¿Hay alguna explicación para este misterio? El profesor Ghoneim debió recordar entonces cierta hipótesis lanzada hace un siglo por Flinders Petrie, y tuvo que darle la razón a este notable egiptólogo. 
Partía el inglés de la vieja creencia de los egipcios acerca del ser humano, que está formado por dos partes:

el cuerpo y el espíritu. Integran a este último tres principios definidos, que son el ka, parte de la onmisciencia divina del faraón; el ba, o alma inmortal; y el ankh, especie de ondas espirituales que van unidas al cuerpo perecedero. Al morir el faraón, los sacerdotes debían mantener el cuerpo en estado de vida latente, para permitir al ankh seguir en contacto con el alma al abordar ésta la barca solar rumbo al paradisíaco Amenti. 
El ka divino debía seguir unido a la tierra, pasándolo al cuerpo del heredero del soberano. Y aquí era donde intervenían los canales que tanto intrigaron a los egiptólogos del siglo pasado. No eran largos tubos que sirvieran para instalar en ellos lentes que los convirtiesen en telescopios largos y poderosos, como decían algunos investigadores. Flinders Petrie era de opinión muy diferente.

Decía que a la muerte del faraón fue depositado su cuerpo en la Cámara de la Reina, y en la pared opuesta se colocó una estatua que era su doble exacto. El nombre de esta cámara debió ser originalmente del serdab, o recinto sagrado destinado a contener el doble del faraón. En la Cámara del Rey, su sucesor había pasado por una serie de pruebas ini- ciáticas y reposaba su cuerpo en el sarcófago de granito, dormido porque le habían dado unas drogas los sacerdotes. 
Fue entonces cuando debió realizarse la transferencia del alma divina, a través de los canales, que Flinders Petrie llamaría psíquicos. Al despertar el nuevo faraón, dueño del ka de su antecesor, sería conducido al trono entre aclamaciones de la corte real y de los sacerdotes.

¿A dónde fue llevado el difunto?

La Cámara del Rey, donde permaneció durante tres días el nuevo fa- 
raón, sería clausurada y convertida en lugar sagrado. prohibido a todos los seres mortales. Quedó cerrada la puerta para siempre y quedaron cerrados los canales psíquicos, una vez que cumplieron con su misión. 
Y en lo que al faraón muerto se refiere, se lo llevaron los sacerdotes a otro lugar, una vez que lQ dejaron convertido en momia lista para conservarse, aprovechando las propiedades de la pirámide.

En 1960, un norteamericano llamado Reinholdt Schmidt. que se ganaba la vida vendiendo fertilizantes, declaró a los periodistas que había sido escogido por los tripulantes de un ovni para conocer el interior de la Gran Pirámide. Fue conducido a una cámara secreta donde vio una tumba maravillosa y hasta la cruz en la que murió Cristo, además de unos textos escritos en inglés que relataban el futuro de la raza humana. 
¿Fue a esta supuesta cámara oculta que condujeron los sacerdotes la momia del faraón? Sin dejar de respetar la opinión del vendedor de fertilizantes, más confianza ofrecen las palabras de Herodoto en el sentido de que, en una cámara subterránea, reposan los restos del constructor de la Gran Pirámide, rodeado por los secretos de su ciencia milenaria.

Pero todavía le falta a la Gran Pirámide por mostrar una propiedad más: la de ser observatorio astrónimo y reloj solar.

ES UN GIGANTESCO RELOJ DE SOL

En 1853, el astrónomo francés Juan Baustista Biot exclamó al contemplar la Gran Pirámide que era un gigantesco reloj de sol, que muy bien podría señalar las horas y también los días del año. Además, observó que la punta de la construcción proyectaba su sombra en la explanada norte, la cual debió estar dividida en cuadrantes en la antigüedad, de tal manera que fuese posible predecir los equinoccios y los solsticios.

También durante el siglo pasado, el astrónomo inglés Richard A. Proctor declaró que la Gran Pirámide fue un observatorio astronómico y que era posible observar, desde el fondo del corredor descendente, la posición de las estrellas. 
Sin embargo, los textos oficiales no concedieron ninguna importancia a estas observaciones y siguieron tercos con su opinión de que la Gran Pirámide fue tan sólo una tumba monumental. ¿Estaban en lo cierto Biot y el inglés?

Herodoto ya había mencionado la explanada

Ninguno de los dos decía nada nuevo, Herodoto había conocido ya la explanada que se extendía frente a la cara norte e incluso tomó notas de sus medidas. Vio que al desplazarse el sol en su movimiento de este a oeste, proyectaba la pirámide una enorme sombra triangular que se movía a su vez de oeste a este. A mediodía era mayor su tamaño. Al amanecer y al atardecer se reducía a su mínima expresión. 
En el solsticio de invierno, cuando el sol está más bajo, la sombra se alarga más a mediodía. Era cuando alcanzaba su máxima longitud: 
89.25 metros desde su extremo a la base. Además, la explanada estaba dividida en cuadrantes, de tal mane68 ra que resultaba sencillo conocer la 
hora. No hay duda entonces de que la Gran Pirámide fue en sus buenosi tiempos un reloj de sol gigantesco.

Pero para que pudiese cumplir su cometido, la punta de la pirámide no podía encontrarse como en la ac-] tualidad. Una plataforma como Tal que existe ahora daría una medida 1 borrosa e inexacta. ¿Cómo debió sen entonces, en otros tiempos, la pui 
de la Gran Pirámide?

Marco Manilio, matemático romano que visitó Egipto antes que Herodoto, escuchó unos comentarios de labios de los sacerdotes acerca de una esfera que existió alguna vez en lo alto de la pirámide, que reposaba sobre una diminuta plataforma. El autor árabe Abu Yakub Mohammed Ben lshaq el Nadin diría veinte siglos más tarde, hacia el año 1500 de nuestra era, algo que parecía confirmar las palabras del romano, pero de manera más poética.

Sobre la plataforma superior de la construcción se erguían dos estatuas. una frente a la otra, en los extremos opuestos. Una era de hombre que sostenía una tabla de piedra con extraños caracteres escritos. La otra era de mujer, con un espejo en la mano. Entre ambas estatuas había un jarrón de piedra, y junto a él una especie de pequeño mausoleo o templo del que partía un pasaje que se hundía en la pirámide.

Con base en esta información llegada del pasado se ha venido a deducir que la esfera debió tener un diámetro de 1,87 metros y que su centro se encontraba a 145,22 metros de la base de la pirámide. Sólo así podría extenderse la sombra 89,25 metros durante el solsticio de invierno. 
Pero, además de la explanada del norte, las caras norte y sur de la Gran Pirámide poseían una curiosa peculiaridad, que ayudaría de manera sumamente ingeniosa a determinar los equinoccios.

Un hermoso destello que ya no existe

En viejas crónicas escritas por viajeros e historiadores de la antigüedad hay una extraña referencia al “quiebre” que se producé en dos caras opuestas de la Gran Pirámide: la del 
norte y la del sur. Autores como Casiodoro de Sicilia y Amiano Marcelino dirían cada uno por su lado, que la pirámide «absorbía su propia sombra» a ciertas horas del día. ¿Qué querían decir con estas incomprensibles palabras?

Hace unos años, el arqueólogo francés André Pochan cayó en la cuenta de que las caras norte y sur de la Gran Pirámide no son exactamente planas, sino ligeramente cóncavas. Cada una de estas dos caras está formada en realidad por dos planos que están formando entre si un pequeñísimo ángulo de 27 minutos de largo. Es decir, que la apotema de cada cara cae a 92 centímetros de la línea de la base.

Los arquitectos de la pirámide hicieron unos cálculos muy delicados. en base a la declinación del Sol en el equinoccio, que es de unos 23 minutos de grado por cada 24 horas, y decidieron quebrar la cara norte y la cara sur para determinar los equinoccios. 
Cada 2 1 de marzo, equinoccio de la primavera, cuando el día tiene la misma duración que la noche, el sol ilumina la cara sur de manera muy especial al asomar por el este. Cuando la Gran Pirámide se encontraba en buen estado y todas sus caras estaban recubiertas, el fenómeno era perfectamente visible. Caía la luz solar sobre la mitad oeste de la cara mientras la mitad este seguía en la sombra por un corto espacio. En el momento que la mitad este era iluminada por el sol se producía un curioso destello. Y el mismo destello se producía al caer la tarde, pero en la cara que daba al norte.

El fenómeno volvía a intensificarse el día del solsticio siguiente, que era el verano, 21 de junio, cuando el destello se producía a las 6.40 de la mañana y a las 5.20 de la tarde. Al llegar el 2 1 de septiembre correspondiente al equinoccio de otoño, solamente por la mañana se manifestaba el destello. A partir de ese día, hasta la llegada del equinoccio de la primavera. el mencionado destello se manifestaba por las tardes. 
De esta sencilla manera era posible predecir la fecha exacta de los solsticios y de los equinoccios. En la actualidad, el fenómeno sigue siendo visible, pero sólo por medio de la fotografla infrarroja. 
Antes, cuando la Gran Pirámide relucía al sol gracias a sus caras pintadas y brillantes, debió ser todo un espectáculo.

¿De qué color era la Gran Pirámide?

Se ignora cuáles pudieron ser los destrozos causados a la Gran Pirámide en los años anteriores a nuestra era, pero debieron ser cuantiosos. Sólo a partir del arribo de los árabes comenzarían sus cronistas a relatar los actos de vandalismo cometidos por sus paisanos.

Por ejemplo, Abdul el-Latif, que vivió de 1162 a 1231 escribiría que cierto califa llamado Melic Alaziz Otmán Ben Yusuf se dejó convencer en 1196 por gente de escaso sentido y pasó ocho meses queriendo destruir la pirámide de Micerinos, para ver qué contenía. Tuvo que abandonar sus planes sin obtener nada. 
El mismo Latif diría que durante un seismo que destruyó a la población de El Cairo en el siglo xii, los habitantes desprendieron el recubrimiento calizo de la mayor de las pirámides, con todo y los jeroglíficos escritos, y lo utilizaron para reconstruir sus casas. La mezquita de Hassán debió ser construida con gran parte de estas piedras calizas. Si algún día se produjese otro temblor que echara abajo el edificio, tal vez podrían recuperarse algunos de estos textos antiguos.

Ahora bien, estos jeroglíficos perdidos lamentablemente, ¿de qué color eran? ¿Cuál era el color dado por los antiguos egipcios a la superficie de la Gran Pirámide? ¿Hay pruebas de que estuviesen pintadas las caras de algún color, como sucede con las pirámides de otros puntos del planeta, como las de China y la del Tajín, por ejemplo?

El 7 de mayo de 1934, el francés André Pochan presentó en el Instituto de Egipto un trabajo en el cual demostraba que la Gran Pirámide estuvo pintada originalmente de color rojo. En algunos bloques que reposaban sobre la arena, que no tenían forma prácticamente cúbica como los otros, sino que tenían una cara oblicua, prueba de que sirvieron para emparejar la superficie de las caras, descubrió un extraño color oscuro. No podía deberse a la acción del fuerte sol, ni al tiempo que pasaron las piedras expuestas al viento, por una razón. Solamente la cara oblicua tenía este color oscuro. 
Pochan recogió una muestra de aquella masa oscura y la mandó analizar. Eran restos de pintura fabricada con óxido de hierro. Las pruebas realizadas en un laboratorio local serían confirmadas más tarde en la Facultad de Ciencias de la Sorbona, en París, por la propia hija del arqueólogo. Se llegó a la conclusión de que el color rojo oscuro observado en las piedras no pertenecía a éstas, sino que era un elemento extraño. Y estaba formado por hierro, magnesio,fósforo y sodio. Los dos primeros elementos sirvieron para dar el color a la superficie de la Gran Pirámide. Los otros elementos debían estar presentes en el aceite que sirvió para fijar la pintura.

Quedaban así confirmadas las palabras de Abdul el-Latif, quien había dicho que la construcción de la pirámide se inició en un día favorable, de acuerdo con las estrellas, y que fue cubierta más tarde con pintura de color rojo. ¿Fue utilizado este color para mejor aprovechar la energía solar y se acentuasen así las radiaciones cósmicas?

TAMBIEN LA PIRAMIDE DE KEFREN OFRECE UN ENIGMA

A un costado de la Gran Pirámide, orientadas en su misma dirección, se yerguen dos pirámides casi tan famosas como ella: la de Kefrén y la de Micerinós. Hay otras más, de menor tamaño, que nadie toma en cuenta. Carecen de importancia. 
De las tres pirámides principales, la más pequeña es la de Micerinos, hijo de Kefrén, según diría el árabe Latif en el siglo xiii. Sin embargo, una vieja leyenda griega sugería que fue la tumba de una mujer.

¿Sirvió de última morada a una cortesana?

En el siglo 1 antes de Cristo, el geógrafo Estrabón dio a conocer en uno de sus textos la curiosa historia de cierta cortesana llamada Rodopis, quien tuvo ocasión de casarse con el faraón en circunstancias por demás 
románticas.

La hermosa mujer se había desvestido para bañarse en el río. Un águil descendió velozmente en aquel ins tante desde las alturas, se apoderó d una sandalia de Rodopis y voló rum- bo a Menfis, donde el faraón presidía un tribunal de justicia al aire libre. El águila dejó caer la diminuta sandalia con tal tino que fue a caer sobre el so- berano. Contempló el faraón la deli- cada pieza y quedó tan maravillad& con el inesperado obsequio que caía, del cielo que ordenó buscar a la dueña de tan delicado pie. Fue hallada Rodopis, antigua versión de la Cenicienta, en la población de Naucratis y conducida a la presencia del faraón, enamorado de ella desde antes de conocerla.

En lugar de convertirla en una de sus muchas concubinas, que no le hubiera sido dificil, el faraón se casó con ella. Y vivieron felices hasta que la muerte se llevó a Rodopis primero. El desconsolado viudo mandó construir entonces una tumba monumental para la difunta. 
La misma historia la contaría más tarde Plinio el Viejo, pero añadiéndole unas gotas de cinismo y horrorosa moralidad. Dijo que Rodopis había compartido en su adolescencia el lecho del fabulista Esopo, cuando ambos eran esclavos, y que en el viaje que realizó a Egipto vivió la aventura que cambiaría el curso de su existencia. Terminaba admirándose Plinio de las sorpresas que depara a veces la vida: una simple cortesana fue capaz de convertirse en reina y de amasar una considerable fortuna.

En cuanto al historiador Manetón. decía que fue Nitocris, sexta soberana de la VI Dinastía, mujer noble y hermosa, quien ordenó construir la tercera en tamaño de las pirámides de Gizeh. ¿A quién creer?

Esto en cuanto a la llamada pirámide de Micerinos se refiere. Pero, ¿qué puede decirse de la de Kefrén?

A la busca de una cámara secreta

Desde comienzos del siglo pasado, después de que la expedición francesa a Egipto comandada por Napoleón Bonaparte puso de moda a este país, llegaron numerosos arqueólogos y aventureros en busca de saber o de fortuna. A veces encontraban tesoros de gran valor, pero en ocasiones cometían destrozos o inventaban 
historias descabelladas que en Europa creyeron —y siguen creyendo— con los ojos cerrados. Algunos visitantes eran arqueólogos de prestigio, pero la mayoría de los hombres que se trasladaron al país de las pirámides lo hicieron por espíritu deportivo y era la primera vez en su vida que entraban en contacto con ruinas arqueólogicas. 
Uno de estos aventureros fue el italiano Giovanni Belzoni, quien en 1818 penetró en la pirámide de Kefrén y encontró una cámara supuestamente funeraria que no contenía nada. Algunos egiptólogos se preguntaron por qué había solamente una cámara en esta Kefrén, cuando en la de Keops eran dos las cámaras. Se dedicaron a buscar la segunda cámara, pero jamás la encontraron. ¿Acaso porque se encontraba en un lugar secreto, inalcanzable, donde estaban ocultos los maravillosos tesoros y la ciencia perdida de los faraones? 
Transcurrieron los años, sin obtener nada en claro los egiptólogos, hasta que en 1965 un prestigiado científico que nada sabía de pirámides escuchó algún comentario acerca de la misteriosa segunda cámara y se propuso localizarla.

En 1968, los académicos de Estocolmo concedieron el premio Nobel de Física al Dr. Luis W. Alvarez -norteamericano a pesar de su nombre—, director del Laboratorio de Radiaciones Lawrence, de la Universidad de California, en Berkeley. Recibía el galardón para premiar sus investigaciones sobre la fisica de las partículas elementales. Sin embargo, muchas personas creyeron, erróneamente , que premiaba la Academia sueca los trabajos realizados por el norteamericano tres años antes, que no terminaron con éxito ni con fracaso, sino con una tremenda duda.

Gran parte de las investigaciones realizadas en Egipto, a partir de 1965, por el Dr. Alvarez, se inspiraban en el descubrimiento realizado a fines del siglo pasado por el fisico alemán Wilhelm Konrad Roentgen, premio Nobel 1901. Eran los llamados rayos X, que tenían la propiedad de atravesar los cuerpos opacos. Cuando Roentgen descubrió estos rayos, tal vez pensó en una posible aplicación médica, pero por ningún motivo pudo soñar que se aplicarían 
algún día en el interior de una pirámide egipcia con fines que nada tenían que ver con la medicina.

Los bloques de piedra no eran nigún obstáculo

Para localizar el lugar exacto donde se encontraba la hipotética segunda cámara de la pirámide de Kefrén. el fisico metido a egiptólogo contaba con aparatos y conocimientos científicos que nunca antes se habían utilizado en el estudio de los antiguos templos y pirámides de Egipto.

Sabía el Dr. Alvarez que, del total de radiaciones ultraenergéticas que llegan a la Tierra y se filtran en las capas superiores de la atmósfera, solamente unas partículas llamadas muones, de masa media, muy penetrante, alcanzan a su superficie. Para estos muones, los bloques de piedra no representan un obstáculo, porque logran atravesarlos. Pero con cierta dificultad. Los bloques frenan su velocidad. El fisico se dispuso a realizar entonces una radiografia cósmica a la pirámide.

Se le ocurrió instalar unos contadores de muones en la cámara ya conocida. La piedra frenaría la velocidad de las partículas, así que bastaba con poner a funcionar los aparatos medidores y averiguar en qué lugar de la pirámide se movían los muones a su velocidad normal. Ahí estaría el hueco buscado.

Una vez terminados los planes de trabajo, dio comienzo en la primavera de 1967 la pesada tarea de introducir las piezas de los aparatos hasta el interior de la pirámide de Kefrén y de armarlos en la cámara. La tarea duró hasta el mes de julio. Pero cuando estaba todo listo para empezar a funcionar, estalló la guerra de los Seis Días. El Dr. Alvarez, sus colaboradores del Laboratorio, el profesor Ahmed Fakhry, especialista en pirámides, y el Dr. Fathi el-Bedewi, de la Universidad Am Shams de El Cairo, suspendieron las labores. Hubo que esperar hasta la primavera siguiente para comenzar. 
Cada vez que un muón pasaba a través de los bloques de piedra para golpear contra unas placas de aluminio instaladas en la cámara, sometidas a una fuerte tensión eléctrica, se producía una chispa. Los impulsos correspondientes eran grabados en una cinta electromagnética. El Dr. Alvarez había calculado que los muones poseen una energía inicial de 55 mii millones de electrones- voltio y que, al atravesar la piedra, bajaría esta energía a una quinta parte por lo menos.

Los primeros resultados no fueron como se esperaba. La intensidad de los muones llegados a la cámara era superior a las cifras previstas. ¿Por qué? La única información clara aportada por l& computadora IBM- 1130 de la universidad egipcia, que se ocupó de analizar los datos, consistió en lo siguiente: en la punta de la pirámide había un recubrimiento de piedra caliza, único que subsiste del que en tiempos pasados adornó a esta pirámide y que no existe ya en la de Keops. 
Los esoteristas opinan que es precisamente una punta la que confiere a la pirámide de Kefrén la calidad de viva, y que la de Keops puede ser considerada una pirámide muerta.

El Dr. Laureen Yazaline, ayudante de Alvarez, hizo entonces una extraña declaración a los periodistas, que deseaban información sobre lo que estaba sucediendo en la pirámide. Se limitó a decir que las radiaciones habían sido suficientes para encontrar no una, sino cien cámaras secretas, por ocultas que estuviesen. Fue todo. ¿Tenía motivos para no mostrarse más explícito? ¿Le había dado instrucciones su jefe de callar? 
Todo el mundo estaba interesado en saber qué sucedía en la pirámide de Kefrén, pero nadie pudo saber más. En agosto de 1968, el Dr. Alvarez viajó a Egipto a recoger las cintas grabadas y en diciembre se desplazó a Suecia a recoger su premio. Seguía sin saberse nada.

En julio de 1969 se dio a conocer una singular noticia acerca de los trabajos realizados en la cámara. No la dieron los científicos norteamericanos 
sino el egipcio Amr Gohed, profesor de la Universidad de Am Shams, quien había estado al cuidado de los aparatos electrónicos en ausencia del Dr. Alvarez. Confió a un periodista del Times inglés que las pruebas no sólo habían terminado en un fracaso, sino que al analizar los datos por medio de la computadora se obtuvieron resultados desconcertantes.

Declaró que todo lo que sucede en el interior de la pirámide de Kefrén 
—y también en las otras— va en contra de las leyes conocidas de la ciencia. puesto que el registro de las radiaciones cósmicas llegadas hasta el centro del monumento variaba de un día para otro, de manera incomprensible. Añadió que existen misterios en la geometría de las pirámides para los cuales no hay explicación. Podría llamarse a esto magia o poderes parafisicos, pero no había duda de que se trata de algo que se contradice con las leyes de la naturaleza.

A pesar del fracaso, el Dr. Alvarez no se desalentó. Si en 1968 nada obtuvo, debía ir en busca de una segunda oportunidad. Tenía que regresar a la lucha provisto de un mejor equipo. Encontró entonces apoyo en el Instituto Stanford de Investigaciones Científicas, a cuyos directivos expuso lo siguiente: si fracasaron las pruebas con las radiaciones cósmicas, que producían en cada ocasión resultados diferentes, era porque la cámara secreta estaría repleta de oro, metal que las absorbió. 
No valía la pena seguir trabajando con computadoras o medidores de muones. Tenía que echar mano de otra técnica si deseaba solucionar el misterio. La técnica sería el radar, que captaría cualquier oro oculto en la pirámide, estuviese en una cámara 
abierta en la estructura o bajo el nivel de la construcción.

El 23 de abril de 1974, el Dr. Luis W. Alvarez, premio Nobel de Física 1968, anunció públicamente su intención de descubrir en un plazo máximo de treinta días el secreto de la pirámide de Kefrén. Utilizaría para ello emisiones de radio de onda corta. Estas ondas penetrarían en la roca y en la arena hasta alcanzar el último rincón de la pirámide. 
Llegó la fecha prometida. Transcurrieron algunas semanas más, y los meses, y los periódicos nada dijeron. ¿Había vuelto a fracasar la ciencia moderna ante la antigua ciencia de los faraones?

LAS MALDICIONES DE LOS FARAONES

Uno de los aspectos más interesantes de Egipto, que más sorprenden y atraen al lector curioso de estos temas, es sin duda el que se refiere a la maldición de los faraones. Es el nombre que se ha dado a los numerosos incidentes y a las muertes producidas entre arqueólogos y científicos que se dedicaron a estudiar la arqueología egipcia y estuvieron en contacto con momias faraónicas.

Pocas personas conocen lo sucedido hace más de medio siglo en una sala del Museo de El Cairo, donde desde 1886 se conserva la momia del faraón Ramsés II. El público que admiraba los tesoros del arte egipcio escuchó una tarde un espantoso crujido seguido de un ruido de cristales quebrados. Dirigieron los presentes la mirada al sarcófago donde reposaban los restos del faraón y vieron el espectáculo más aterrador de su existencia. La momia se había sentado, 
abrió los brazos y rompió con fuerza la vitrina.

La reacción de los testigos fue instantánea. Salieron todos corriendo, lanzando gritos de terror. Unas personas se tiraron por la ventana. Hubo en total una docena de lesionados y el guardián encargado de la sala renunció de inmediato a su puesto y nunca más regresó al Museo. El gobierno egipcio tuvo que pagar una fuerte indemnización a las víctimas de la broma faraónica y prometió que no volvería a suceder nada semejante. 
Los egiptólogos que supieron del caso explicaron que todo se debió al cambio de clima sufrido por la momia. Acostumbrada al aire seco del desierto, el contacto con el aire húmedo de la capital dilató los músculos del tórax, produciendo el manotazo. Pero ninguno de ellos supo decir por qué tardó tanto tiempo el faraón Ramsés II en manifestar su enojo.

¿Se trata la maldición de una absurda superstición? ¿Existe algo de verdad en cuanto a las muertes se refiere? ¿No tuvieron nada de misterioso y se ha querido echar mano del sensacionalismo para vender los autores más libros y más periódicos los amos de la prensa?

Comenzó bajo los mejores auspicios

Howard Carter había buscado, desde su llegada a Egipto, algo que le diera riqueza y fama. Ya desesperaba de realizar algo valioso en su vida cuando conoció a Lord Carnarvon, gran aficionado al automovilismo y a la equitación —cual debía de ser en un aristócrata inglés—, hasta que un lamentable accidente lo obligo a abandonar ambos deportes. Pensó entonces dedicarse a la egiptología.

Se ocupó entonces Carnarvon de financiar una operación dirigida por Carter. Se trataba nada menos que de descubrir la tumba del faraón Tutankamon, que se suponía seguía intacta. Trabajaron tanto Carter como sus ayudantes y una brigada de obreros en el Valle de los Reyes, durante largo tiempo, mientras el patrocinador iba y venía de Inglaterra, muy atento a las cosas de Egipto pero sin descuidar los negocios de Londres. Por fin, sucedió algo de la mayor importancia.

El 4 de noviembre de 1922 fue a ver a Howard Carter su capataz Ahmed Gurgar. Le traía estupendas noticias. Acababa de aparecer un peldaño esculpido en la roca. La mañana siguiente descubrieron los obreros cuatro peldaños más. Las excavaciones iban por buen camino, se dijo Carter, así que el día 6 mandó un telegrama a Inglaterra, informando a su jefe de lo sucedido. Terminaba diciendo que mientras no se presentase en el Valle de los Reyes se suspenderían los trabajos.

Un arqueólogo que no fuese Carter hubiese seguido adelante sin esperar a su patrocinador. Pero éste esperó pacientemente la llegada del inglés. Llegó éste el día 24 de noviembre al Valle de los Reyes y presenció el reinicio de las obras. Dos días más tarde, después de atravesar una primera puerta sellada, los egiptólogos tropezaron con una segunda que tenía los sellos intactos, con el nombre de Tutankamon. Pero como los trabajos progresaban a un ritmo lento y no apareciese aún la cámara funeraria, Carnarvon y su hija Evelyn regresaron a Inglaterra. Era el día 4 de diciembre.

Carter ordenó colocar una la entrada a la tumba, para evitar problemas con los amigos de lo ajeno , que en todos los tiempos  habido. Aunque el gobierno lo apoyaba en la tarea, era mejor estar prevenidos. Si todo permite suponer que ningún ladrón de tumbas penetró en este lugar en el pasado era cosa de dejar la puerta abierta a los de ahora.

Aparece una tablilla de arcilla amenazadora

Al cabo de varios días de cuid sa labor, encontró Carter la ar mara y procedió a abrirla. Cada de los objetos hallados fue c do y fotografiado por los mien del equipo. Al mismo tiempo. 1 brigadas de vigilancia se ocupa de que nadie se aproximase a la ba con malas intenciones. 
Hubo un objeto en especial a del cual quiso mantener Carter a luto silencio. No porque los egipi. gos fuesen a asustarse, porque eran supersticiosos, sino para ir dir que se atemorizasen los obi egipcios y abandonasen el lug2 jando la tarea a la mitad. Era ui blilla de arcilla, de aspecto insi cante, que sería inventariada coa otras piezas. Pero al descifrar más tarde el texto el profesor Gardiner, pensó Carter que prudente separarla del resto, que nadie fuese a verla. Decía texto: «La muerte abatirá sus alas bre aquél que interrumpa el su del faraón».

Por aquellos días, en febrero de 1923, estaba Carter a punto dé hallar a la parte más importante de la tumba: la cámara donde se suponía seguían intactos los restos del faraón Tutankamon. El día 17 estaba todo listo para abrir la cámara principal. Todos esperaban el momento de penetrar en ella y contemplar el sarcófago con la momia de Tutankamon. Carter había vuelto a telegrafiar a Lord Carnarvon.

El día 23 eran veinte personas las que aguardaban con emoción el momento de abrir un orificio en el muro y conocer el interior de la cámara. Estaban Lord Carnarvon y su hija Lady Evelyn Herbert; Howard Carter; el ministro de Obras Públicas de Egipto, Abd el Halim Pachá Sulimán; monsieur Lacau, director general de la Administración de Antigüedades; Sir William Garstin; Sir Charles Trust; la señora Lythgoe, director del Departamento de Antiguedades Egipcias del Museo Metropolitano de Nueva York: el profesor James Henry Breasted, arqueólogo norteamericano; Richard Bethell, secretario de Carter; monsieur Engelbach. inspector general de la Administración de Antigüedades; tres inspectores egipcios de la misma Administración: un representante de la prensa oficial y los obreros del equipo de excavación. Eran las dos de la tarde.

En el interior de la cámara apareció el fabuloso sarcófago de oro macizo de Tutankamon. además de tesoros de valor incalculable. También encontraron Carter y sus colaboradores una figura mágica en cuyo dorso estaba grabado el siguiente texto: 
«Soy aquél que ahuyenta a los ladrones de tumba, el que protege a Tutankamon.» 
Como esta figura apareció cuando no importaba ya que los obreros se asustaran y emprendiesen la fuga, se dio a conocer el texto. Los cultos europeos le darían la espalda a las tontas supersticiones. Sin embargo, tanto Carter como sus compañeros ignoraban en aquel preciso instante que la maldición faraónica no tardaría en cumplirse y que muy pronto morirían varias personas del grupo que entró en la tumba.

La maldición cobra su primera víctima

Lord Camarvon jamás regresó a su patria. Unas semanas después de la ceremonia se sintió mal al despertar. Sufría de fuertes escalofríos. Permaneció unos días en la cama, subiendo y bajando la fiebre. Finalmente, en vista de que no había mejoría, fue trasladado al hospital británico de El Cairo, donde los médicos que lo atendieron, siendo incapaces de dar un diagnóstico, dieron la más tonta de las explicaciones: al afeitarse Lord Carnarvon se había cortado una erupción de la piel producida por el piquete de un mosquito. Sufría una ligera intoxicación de la sangre, pero que no se preocupara, porque en cosa de días estaría como nuevo.

Como se agravase su estado, Lady Almina y Lady Burghclere, esposa y hermana, respectivamente, del enfermo, enviaron un telegrama a su hijo, que se encontraba en Bagdad. El joven llegó al hospital en la noche del 6 de abril, en el preciso momento de apagarse todas las luces del edificio. El enfermo se incorporó de pronto en la cama, ante la mirada perpleja de su enfermera, exclamó: «iEscucho tu llamado!», mencionó varias veces. el nombre de Tutankamon y se desplomó sin vida. Tenía cincuenta y siete años. Su enfermera lo seguiría al otro mundo algún tiempo después. 
La mañana siguiente, el joven Carnarvon investigó acerca de las causas del apagón. En la administración del hospital le dijeron que jamás había sucedido nada semejante. En la planta de luz declararon que no podían dar ninguna explicaçión, puesto que los técnicos no habían descubierto ningún desperfecto. La luz se había ido para regresar a los tres minutos, sin que nadie supiese decir por qué.

Los periódicos se ocuparían de difundir la noticia siguiente: a la misma hora en que moría Carnarvon en el hospital de la capital egipcia. La  pequeña perrita fox se puso a lanzar lastimeros gemidos en la residencia de Highclere, en Inglaterra, y u sin haber estado nunca enferma. ¿ eran aquellas dos muertes, que coincidían a pesar de la lejanía, como para poner a pensar a los lectores?

La siguiente víctima fue el arqueologo norteamericano Arthur Mace, quien ayudó a Howard Caii a horadar el muro de la cámara fui raria y que, aunque no entró con selecta comitiva, pudo hacerlo con mayor comodidad más tarde. Comenzó a quejarse de una sensación de fatiga y de un fuerte dolor en el pecho, perdió el conocimiento y murió sin recobrarlo, en el mismo hospital donde habían atendido a Lord Carnarvon los médicos que tampoco en este caso supieron dar un diagnóstico que convenciera a todos.

La muerte de Carnarvon llegó a oídos de su amigo George Jay Gould, magnate ferrocarrilero que vivía en Estados Unidos. No llegó a tiempo a la ceremonia de inhumación, pero quiso conocer en cambio la tumba que algunos llamaban ya asesina. Al día siguiente estaba en cama, con fiebre alta.

Sobrevivió un día. Fue otro misterio para la ciencia médica. Lo único que supieron decir los médicos fue que tal vez pereció Gould víctima de la peste bubónica. 
Algo por el estilo le sucedió al industrial sudafricano Joel Woolf, quien tuvo el valor de demostrar que no le temía a los faraones. Entró en la tumba y de regreso a Londres, donde residía, enfermó en el barco con fiebre altísima. No llegó vivo a Inglaterra. 
En 1924 tocó el turno a Archibaid Douglas Reed, técnico radiólogo, a quien su trabajo obligó a estar en íntimo contacto con la momia del faraón. Tuvo que recortar con todo cuidado las vendas que envolvían el cuerpo de Tutankamon, para hacerle varias radiografias. Su carrera quedo concluída para siempre en la tumba faraónica.

Al terminar su tarea se sintió débil. El radiólogo regresó apresuradamente a su país, para ver si el cambio de aires le sentaba bien. Sobrevivió año y medio a la aventura egipcia.

No termina todavía la lista de víctimas

Durante los siguientes cuatro años, el número de víctimas alcanzó la cifra de veintidós. Eran personas que habían entrado en la tumba o que tuvieron que ver con ella o con alguno de los arqueólogos. Una de las personas fallecidas por aquellos días fue Lady Almina, viuda de Carnarvon, quien recibió también un piquete de mosquito, en opinión de los médicos.

La siguió al otro mundo- Richard Bethell, secretario de Carter, en la capital londinense. Lo encontraron una mañana sin vida en la cama. Los médicos atribuyeron su muerte a un ataque cardíaco. Al conocer la noticia su padre Lord Westnury, que andaba por los casi ochenta años de edad, se lanzó al vacío desde el tercer piso de su residencia de St James Court. Antes de suicidarse, el anciano había escrito una carta sumamente extraña, en la que decía que no podía soportar por más tiempo aquellos horrores. ¿A qué horrores se refería el anciano? Jamás se supo. El día de su entierro, el carruaje fúnebre atropelló a un niño, camino del cementerio, y lo mató.

De las veintidós víctimas cobradas por la maldición hasta 1929, trece habían estado presentes en el momento de ser abierta la cámara real o penetraron en ella unas horas más tarde. Eran los arqueólogos André Benedite, Marco Passanovo, Arthur Weingall, Alan Gardiner, Garry Davis, James Henry Breasted y los profesores Winlock, Foucart, Harness, Astor y Callender. A esta relación habría que añadir al coronel Audrey Herbert, cuñado de Lord Carnarvon, quien se quitó la vida en cias nunca aclaradas. Y también a Ah Famry Bey, príncipe egipcio que se decía descendiente de los faraones. Fue asesinado en un hotel de Londres y su hermano se quitó la vida.

Otros personajes supuestamente muertos a causa de la maldición faraónica, como comenzaba a ser llamada la oleada de defunciones inexplicables, fueron el Dr. Evelyne White, quien enfermó al abandonar la tumba, y un amigo de Carter llamado Douglas Derry. Bien vale la pena mencionar las circunstancias tan especiales en que se produjeron algunos decesos.

James Henry Breasted era un egiptólogo de Chicago que tuvo ocasión de conocer a Howard Carter en Egipto y fue invitado a conocer la tumba de Tutankamon. Tardó más tiempo que los demás en morir. Enfermó de fiebre aguda y se desplazó al Hotel Winter Palacio, de Luxor, donde conoció al profesor La Fleur, que daba clases de literatura inglesa en una universidad canadiense. El literato se interesó en la tumba, a pesar del peligro que podría correr.

Tuvo mala suerte. Visitó la tumba y la noche siguiente no era ya de este mundo. No tuvo el aguante de Breasted, quien siguió arrastrando sus males durante unos años más. Regresó a Estados Unidos pero jamás logró sanar de la fiebre maligna. Murió en 
1935.

Cuarenta años después sigue vigente la maldición

Estas muertes sucedieron hace más de cuarenta años. Sin embargo, la maldición faraónica ha seguido cobrando víctimas. Y estas víctimas han tenido que ver, en todas las ocasiones, con Tutankamon o con algún otro faraón.

A fines de 1966, el gobierno egiç cio tenía intenciones de enviar a Pal rís una colección de arte faraónico con algunas piezas que pertenecieron a Tutankamon. Al frente del proyecto estaba Mohammed Ibrahim, director de Antigüedades Egipcias. quien unos días antes de ser firmado el documento oficial de préstamo de la colección con los representantes del gobierno francés tuvo un suceso extraño.

Unas voces le decían que debía ne garse a autorizar el envío de las obras de arte a París. Si no obedecía a aquel aviso, sufriría un severo castigo. La mañana siguiente se encontró Mohammed Ibrahim con los france ses y les contó el sueño, medio en se rio y medio en broma, para ver que. comentarios suscitaba. Como los extranjeros se burlaron de sus temores.el funcionario egipcio se decidió finalmente a estampar su firma al pie del documento, no fueran a acusarlo de supersticioso y de muchas cosas más. Era el 19 de diciembre de 1966.

Ibrahim sonrió casi a la fuerza cuando los franceses le dijeron que tal vez sería la siguiente víctima de 1a maldición. Se despidió de todos,abandonó la sala, llegó a la calle y al, disponerse a atravesarla un automóvil se le hechó encima. Un par de días más tarde moría en un hospital el que fue en vida director de Antigüedades Egipcias. 
¿Murió este hombre de resultas dei la maldición faraónica? ¿Fue debido a la casualidad que un vehículo cuyo conductor manejaba pensando otras cosas transitase por la calle aquel momento? ¿Iba tan distraído. Ibrahim, pensando en el sueño, que no prestó atención al tránsito?

Claro que sería interesante saber si estas preguntas acerca del azar y las coincidencias podrían ser válidas en las otras muertes.

¿EXISTE UNA EXPLICACION CIENTIFICA PARA LA MALDICION?

Sería bueno saber si únicamente se han producido muertes a partir del hallazgo de la tumba de Tutankamon o si hay noticias de que antes de este memorable acontecimiento pareciesen los arqueólogos o viajeros en circunstancias misteriosas, después de penetrar en una tumba, o templo o cualquier edificio antiguo.

Relación tan larga como en el Valle de los Reyes

Juan Francisco Champollion soñó desde niño en descifrar algún día la enrevesada escritura de los egipcios. En los últimos años del siglo xviii llegó a Egipto la expedición francesa que finalizó con el asesinato del general Kleber. Poco después era hallada la piedra trilingüe de Rosetta, a corta distancia de Alejandría. Era la clave tan buscada para solucionar el problema de los jeroglíficos.

El 27 de septiembre de 1822. después de largos años de duro bregar con la piedra de Rosetta, Champollion informaba a la Academia de Bellas Artes de París que acababa de traducir el texto. A partir de entonces quedaba abierto el camino para conocer mejor la historia antigua de Egipto. Fue premiada la labor de Champollion con el nombramiento de conservador del Departamento de Egiptología en el Museo de Louvre. 
En 1830 viajó a Egipto. Más le hubiera valido quedarse en casa. Regresó enfermo y murió sin que ningún médico supiese diagnosticar su mal. Tenía cuarenta y dos años de edad.

Algo semejante le sucedería al italiano Giovanni Belzoni, arqueólogo aficionado. Al abandonar la pirámide de Kefrén sintió aguda fiebre que fue seguida de fuerte delirio. No volvió a sentirse bien durante el tiempo escaso que le quedaba de vida. Tampoco su muerte, acaecida el 3 de diciembre de1823, siendo todavía joven, pudo ser aclarada por la ciencia médica. ¿Fue acaso una víctima más de la maldición faraónica? 
Un eminente profesor de la Universidad de Estrasburgo, Jean Dumiche, viajó a Egipto para conocer sus templos y dibujar unos croquis. No tardó en delirar y en mostrar síntomas de esquizofrenia. Tal parecía que hubiese ingerido una droga alucinante, como el actual LSD.

Entre la actual población de Egipto sigue causando estragos una enfermedad tropical llamada bi/harzia, producida por un gusano trematodo de un centímetro de longitud. En algunas momias de la xx Dinastía se han descubierto huevos calcificados de este parásito, que fue descubierto en el siglo pasado por el médico alemán Teodoro Bilharz. Pocas personas saben que este científico murió en Egipto a la edad de treinta y siete años, después de visitar la tumba de un faraón. ¿Causó su muerte la maldición de los faraones?

Se alarga la relación de muertes misteriosas

En 1858, cuatro turistas europeos que visitaron las pirámides de Gizeh 
y el Valle de los Reyes, donde se habían realizado ya importantes hallazgos, murieron a los pocos días, en circunstancias que no lograron adararse. No se hablaba todavía de maldiciones faraónicas, tal vez por que a nadie se le había ocurrido, o porque no se inventaba todavía la prensa sensacionalista. Los médicos hicieron la autopsia a los cuatro infortunados turistas, a petición de sus respectivos cónsules. El diagnóstico fue muy sencillo: peste acompañada de pulmonía, o al revés. 
El duque Ernesto II de CoburgoGotha, uno de los grandes de Alemania, visitó las pirámides y el templo de Luxor, cuatro años más tarde. A una buena parte de los interesados en el arte egipcio nada les había sucedido, pero el duque no tuvo la suerte de figurar entre ellos. Sufrió violentos escalofríos al abandonar las pirámides y llegó a Luxor sintiéndose francamente mal. Lo atendieron el Dr. Latuner y el Dr. Bilharz, que Nada pudieron hacer para salvar la vida al aristócrata.

Resulta impresionante la lista de víctimas correspondiente al siglo pasado. Los médicos, no sabiendo qué hacer ni qué decir, optaban por UflO de estos cuatro diagnósticos: fiebre violenta acompañada de delirio, pulmonía, peste o ataque cardíaco. Si pensaron en otro mal, se lo callaron.. porque es norma establecida entn los médicos no confesar jamás su ignorancia. Si uno de ellos pensó en algún tipo de maldición, calló también, para no tener problemas con la clientela.

Llegó el siglo xx y surgió el episodio de la tumba de Tutankamon, cor los avisos y amenazas para los insensatos que penetrasen en el interior. Muchas personas atribuyeron los decesos a causas naturales, perfectamente explicables. Fueron los menos. Otras dieron explicaciones de carácter sobrenatural. Y comenza.] ron a recordar las muertes del pasado y a relacionar unos acontecimient extraños con sucesos dramáticos r esclarecidos. Y entre éstos estuvo e hundimiento del Titanic, sucedió e 4 de abril de 1912 a mitad de camino entre Inglaterra y Estados Unidos. 
Nadie, entre quienes tuvieron sueños premonitorios la víspera acen del lujoso transatlántico, sabía que viajaba a bordo una momia egipcia. Pero de verdad, no era una momia falsificada, como tantas que comen_I zaban a circular por el mundo - engañar a los aficionados ingenuos. 
Esta momia era auténtica y perte necía a Lord Canterville, colecci nista inglés que la llevaba a Nueva York, donde esperaba venderla.

Pertenecía al sexo femenino. Había sido en vida una clarividente, especie de hechicera que vivió en la corte del faraón Akhenaton y que debió ser tan buena en su profesión que los habitantes de la ciudad de Minieh levantaron un templo en su honor, para que trabajase a gusto. La momia cargaba varios amuletos, pero el más impresionante estaba en la cabeza y tenía la siguiente inscripción: «Despierta del sueño en que te sumiste. La mirada de tus ojos triunfará sobre tus enemigos.» 
Nunca se sabe lo que puede suceder cuando una momia de esta naturaleza viaja en un barco. Lo peor, muy posiblemente. ¿Fue esta bruja la culpable de la tragedia del Tiianic? ¿Persiguió la maldición faraónica hasta los pasajeros del navío, a pesar de que ninguno de ellos la tocó y muy pocos tuvieron oportunidad alguna vez de penetrar en el interior de una tumba egipcia?

Podemos echarle la culpa a la casualidad, en este caso. Pero en los que se refiere a las muertes suedidas en tierras egipcias. parece ser que comienzan a surgir las explicaciones. unas son dignas de fe y poseen un carácter científico. Otras pertenecen al terreno del ocultismo. A muchas personas tal vez no les agraden. 
Un profesor de medicina y biología de la Universidad de El Cairo, el Dr. Ezzedine Taha, convocó el 3 de noviembre de 1962 a un grupo de periodistas para decirles que había resuelto el enigma de la maldición faraónica.

Había caído en la cuenta de que gran parte de los arqueólogos y empleados del Museo de El Cairo sufrían trastornos respiratorios ocasionales 
acompañados de fiebre. Descubrió que las inflamaciones eran producidas por cierto virus conocido como Aspergillus niger, que posee extraordinarias propiedades. Este virus puede sobrevivir en las condiciones más adversas, durante siglos y hasta milenios, en el interior de las tumbas y hasta en el cuerpo de los faraones momificados. En su opinión, el virus era el causante de las numerosas muertes conocidas. Quedaba así demostrado que todo eso de la maldición era un puro cuento. Ahora que se contaba con antibióticos, ¿no era curioso que no muriese nadie del mismo mal que condujo al panteón a tantos arqueólogos del pasado? Mejor harían todos en olvidarse de la funesta y siempre desagradable maldición faraónica.

Sin embargo, poco después de hacer esta declaración el Dr. Ezzedine Taha moría en extrañas circunstancias, que nada tenían que ver con virus de ninguna clase. Conducía su automóvil por la carretera que une a la capital egipcia con la población de Suez cuando realizó una maniobra incomprensible. Se aproximaba un auto en dirección contraria. De pronto, el médico dio vuelta a la izquierda, bruscamente, sin saber por qué, y fue a estrellarse contra el otro vehículo. Murió en el acto, mientras los pasajeros del otro auto salían ilesos. La autopsia puso de manifiesto que el Dr. Taha murió perfectamente sano. Su corazón no había sufrido ningún ataque.

Los médicos que deseaban seguir con los pies pegados a la tierra, enemigos de supersticiosas maldiciones como causa de tantas enfermedades y de tantas muertes, recordaron entonces un mal que se manifiesta entre los obreros que trabajan en las 
minas y en los túneles. Recibe el nombre de «mal de los mineros» y se caracteriza por la extrema debilidad de los enfermos, causada por la pérdida de glóbulos rojos, que es acompañada por elevada fiebre. Se descubrió hace unos años que este mal de los mineros es causado por un minúsculo gusano provisto de dos glándulas productoras de una sustancia tóxica que destruye la hemoglobina de la sangre. El resultado es una fuerte anemia. 
Los médicos se aferraron a esta posibilidad, pero tuvieron que rechazarla cuando reconocieron que, aunque el tal gusano causa síntomas semejantes a los que presentan las víctimas de la maldición faraónica, terminan éstas por sanar en su casi tota mayoría.

La ciencia da más explicaciones razonables

En octubre de 1956, el geólogo sudafricano John Wiles penetró una cueva con la intención de estui diar de cerca el excremento de l murciélagos que la habían convertid do en su guarida y ver si habría ma nera de convertirlo en un abono orgánico de primera. La cueva en la región de Karibi, en las monta ñas de Rhodesia. Bien poco pudo ha cer. Eran tantos los murciélagos qt lo rodearon que tuvo que salir corriendo. Y fue una suerte que así sucediera y que se presentase en su casa antes de lo esperado. 
A los pocos días se sintió mal, con fuertes dolores en todo el cuerpo e intensa fiebre. El médico diagnosticó pulmonía, complicada tal vez con pleuresía. Pero como transcurriesen los días sin que mejorase el estado de Wiles, tuvo que ser trasladado a un hospital de Port Elizabeth, donde lo examinó el Dr. Geoffrey Dean, director del centro médico.

El doctor recordó entonces otros casos semejantes, en los que una persona penetró en una cueva habitada por murciélagos. No había duda de que el geólogo sufría de hís:oplasniosis, enfermedad provocada por ciertos hongos microscópicos que existen en los lugares poblados por murciélagos. Quienes han tenido ocasión de penetrar en estas cuevas y han enfermado de este mal saben que es curable. El Dr. Dean aplicó antibióticos a Wiles y éste se salvó, después de una prolongada estancia en el hospital. 
¿Hubieran salvado la vida los viajeros y arqueólogos del siglo pasado, y también Lord Carnarvon y los demás egiptólogos que estuvieron en la tumba de Tutankamon, de haber existido en sus tiempos penicilina? ¿Fue otra la causa de tantas muertes, que nada tenían que ver con las explicaciones científicas mencionadas?

Se ha descubierto que los sacerdotes egipcios realizaban delicadas operaciones con las vendas antes de envolver con ellas el cuerpo del difunto faraón. No sólo las impregnaban de aceites aromáticos, sino también con ácido prúsico. Este despedía emanaciones altamente tóxicas, que conservaban todo su poder mortal a lo largo de los siglos. Conocían el arte de mojar con veneno la mecha de las lámparas, y antes de abandonar una tumba y de sellarla, encendían la lámpara para que el lugar quedase impregnado con el gas mortal. Evitaban así la entrada de los ladrones, pero ¿conocían algún sistema para contrarrestar el efecto del veneno? 
Un eminente egiptólogo ya fallecido, el profesor Zakaria Ghoneim, que anduvo investigando entre las tumbas de Saqqarah, afirmaba que los sacerdotes humedecían las vendas en un líquido con bétun radiactivo traído desde las orillas del mar Rojo. Aquéllos sacerdotes debían conocer los peligros de la radiactividad.

Otras posibles causas de tantas muertes

Los sacerdotes tenían la obligación de preservar el cuerpo del faraón de los destrozos causados por los intrusos. Debieron echar mano de toda clase de venenos animales y vegetales, cuyos poderes conocían a laperfección. Por otra parte, los mismos sacerdotes se ocuparían de dar a conocer los peligros que acechaban a quienes pretendiesen penétrar en una tumba. Ellos mismos crearon tal vez la leyenda de la maldición faraónica. Pero las sustancias tóxicas se fueron diluyendo al paso de los siglos. Al cabo de un tiempo dejaban de ser peligrosas. Pero quienes penetraban en las tumbas seguían muriendo. Aunque no todos. Habían excepciones como las de Howard Carter y su colega el alemán Otto Neubert, que murieron por causas naturales. Como si la maldición no los hubiese alcanzado.

Pudo suceder también que en ciertos casos los monumentos produjesen serios trastornos en los seres humanos. Por ejemplo, cuando en mayo de 1964 visitó Egipto el entonces primer ministro soviético Nikita Kruschev, quiso conocer la Gran Pirámide por dentro. Pero llegó una orden tajante desde Moscú: por ningún motivo podría penetrar Kruschev en la pirámide. ¿Por qué? 
Alguien recordó entonces casos sucedidos en el pasado. Ahí estaba la visita hecha a la Gran Pirámide por Paul Brunton, autor de la obra El Egipto secreto. Insistió en pasar una noche en la Cámara del Rey. Y durante el tiempo que permaneció en aquel lugar vió y escuchó cosas extraordinarias. ¿Bromas de los sentidos? ¿Sufrió su mente ligeros trastornos, por culpa de la Gran Pirámide?

Años más tarde, un norteamericano llamado George A. Reisner quiso trasmitir un programa radiofónico desde la Cámara del Rey. Hablaba ante el micrófono cuando sufrió un desmayo y tuvo que ser conducido al aire libre. Regresó tres años más tarde en 1943, y le sucedió lo mismo. ¿Era este hombre poseedor de una sensibilidad especial, que lo hacía presa fácil de los poderes contenidos en la construcción? Esta vez murió sin haber recobrado el conocimiento. 
¿Sería por esta razón que los servicios secretos soviéticos impidieron a su jefe penetrar en la Gran Pirámide? ¿Acaso existe, además de las ya mencionadas, unas poderosas fuerzas inmateriales, que se manifiestan en ciertas ocasiones?

El destino de las ondas

Es bien sabido que Thomas Alva Edison (1847—1931), el genial inven88 tor a quien debe la humanidad, entre otras cosas, la lámpara de incand cencia y el fonógrafo, logró encern el sonido en un cuerpo sólido ante incredulidad de sus contemporáneos.

Sin embargo, quienes dudaban la posibilidad de conservar el sonido para reproducirlo cuantas veces  venga en gana, deberían saber que en ciertas ocasiones las ondas sonoras penetran en materiales malos conductores de la electricidad, como piedra o la madera, para ser devueltos 
tos más tarde causando la consíguiente sorpresa entre los testigos de semejante milagro.

Hace unos años fue demolido tristemente célebre manicomio de Castañeda, en la ciudad de México Una persona que adquirió un viejo imueble colonial despertó por la noche al escuchar unos lamentos. Pon consejo de un amigo sacó de su casa el mueble y no volvió a tener problemas. Algo semejante ha venido sucediendo en un viejo caserón del s., XVII, por el rumbo de Coyoacán.

cuya antigua capilla fue convertida en teatro. Por las noches se oyen cánticos de iglesia, que nadie sabe de dónde proceden. ¿Son acaso las gruesas paredes de la capilla las que devuelven los cánticos que hace un par de siglos se escaparon de docenas de gargantas? 
Los aficionados a las ciencias ocultas están convencidos de que existe un paralelismo entre los sonidos que surgen de las piedras y la maldición de los faraones.

Afirman que el pensamiento es capaz de adquirir tal fuerza que, al proyectarse sobre los cuerpos cercanos, puede modificar las corrientes de luz astral. Y esta luz astral podían acumularla los sacerdotes egipcios en el interior de las tumbas y en los monumentos de piedra. Era una 
operación que realizaban de noche, cuando el pensamiento actúa de manera más eficaz sobre la materia inerte. Dirigían toda su fuerza de voluntad hacia la piedra o hacia la madera, y los objetos quedaban dotados con un intenso poder, que persistía a lo largo de los siglos.

¿Fue este misterioso poder de la mente sobre la materia inerte el que daría lugar a tantas muertes? Habiendo rodeado a la figura del faraón Tutankamon tan gran cantidad de situaciones dramáticas, como se verá en seguida, ¿no había motivo para que quedase grabado en la piedra el cúmulo de calamidades que lo acompañaríán a lo largo de su corta existencia? ¿Recaería más tarde ese poder maligno sobre las personas que se aproximaron a su tumba?

Esta explicación es una más de las muchas que se han dado para aclarar el misterio de las maldiciones faraónicas. La inscripción hallada en el objeto que Howard Carter ordenó retirar, ¿demostraba que alentaba en la tumba una velada amenaza? Para comprender cuanto pueda existir de verdad en esta hipótesis de carácter esotérico será preciso conocerlo todo acerca de Tutankamon y del medio en que desenvolvió su atormentada existencia.

¿QUIEN ASESINO AL FARAON TUTANKAMON?

El 11 de noviembre de 1925, la sala de autopsias del Instituto de Anatomía de la Universidad de El Cairo estaba repleta de personalidades del mundo de la arqueología y de la medicina. No se habían reunido para presenciar la labor realizada 
por un médico forense cualquiera que hubiese ideado una técnica impecable para descuartizar cadáveres. Sobre la mesa de trabajo estaba tendido un cuerpo humano. Pertenecían los restos a un ser que murió hacía unos treinta y tres siglos, aproximadamente. 
Era, indudablemente, la momia del faraón Tutankamon.

Descubrieron que murió de muerte violenta

Algún tiempo después, las autoridades egipcias regresarían la momia de Tutankamon a su tumba del Valle de los Reyes, de donde jamás debió salir, dijeron, pero aquel día de noviembre se encontraba el cuerpo en Ei Cairo y dirigía la operación Douglas Derry, en presencia de su amigo Carter y del grupo de curiosos.

Fue una tarea más complicada de lo que en un principio se pensó. Las vendas eran quebradizas y, al cortarlas, aparecieron numerosos amuletos. Unos habían sido vistos en otras momias reales y otros eran desconocidos para los expertos que se aproximaron a examinarlos. Eran veintiuno en total y no había duda de que alguien los acomodó en el cuerpo del faraón para protegerlo durante la vida eterna. En el brazo izquierdo tenía seis brazaletes y siete en el derecho, lo que daba un total de trece, número mágico para los egipcios y para muchos pueblos orientales, igual que el siete. 
Realizó Derry mediciones en el cuerpo y determinó la estatura del joven faraón: debió ser de 1,64 metros, aproximadamente. Y dedujo que su muerte tuvo lugar a la edad de veinte años. Descubrió una mancha azulada en la mejilla del faraón, pero 
no le concedió importancia. Tampoco le dedicó atención el resto de los presentes. Tuvieron que pasar otor cuarenta años para que alguien volviese a fijarse en la mancha y llegase entonces a muy interesantes conclusiones.

Sucedió en 1969. El Dr. Ronald Harrison, profesor en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Liverpool, quiso estudiar de nuevo la momia de Tutankamon, provisto de mejores instrumentos y con una técnica que desconocieron sus predecesores. Fue un examen sumamente minucioso el que realizó, tanto en lo anatómico como en lo radiológico y lo serológico, y después de varios días llegó a una importante conclusión: daba la razón al Dr. Douglas Derry, puesto que el faraón murió antes de cumplir los veinte años de edad. Pero no de muerte natural, sino en circunstancias dramáticas. No tenía la menor duda de que la mancha azulada de la mejilla se la provocó el faraón de resultas de una caída o de un golpe. 
Fue muy afortunado el Dr. Harrison. Y también sus colaboradores. No se abatió sobre ellos la maldición faraónica, como había sucedido cuarenta años antes con el Dr. Douglas Derry. con su ayudante Alfred Lucas y con tantas personas más. 
¿Había pasado ya el efecto de las hipotéticas enfermedades contenidas en la momia o en el interior de la tumba? ¿Agradecía el alma de Tutankamon, desde el lejano mundo a donde van las almas de los faraones al llegarles la hora, que el científico inglés fuese a revelar al mundo toda la verdad acerca de la causa de su muerte? ¿Estaba el Dr. Harrison vacunado contra toda clase de enfermedades tropicales?

En nada de esto pensaron Harrison y sus colaboradores. Uno de ellos, el Dr. C. Connolly, estaba muy ocupado estudiando el grupo sanguíneo de Tutankamon. Extrajo una minúscula porción de tejido vascular y descubrió que su sangre perteneció al grupo A. Curiosamente, a este tipo de sangre pertenecían también las momias de nobles incas halladas en las cuevas de Paracas, cerca de la bahía peruana del mismo nombre. Y este tipo A de sangre no era el de los indígenas de la región peruana. Los estudios realizados en estas momias demostraron que pertenecían a la raza escandinava, de cabeza alargada y cabellos rubios. La prueba con el carbono 14 informaría que debieron morir hacia el siglo y antes de Cristo. 
¿Existió una estrecha relación entre los soberanos incas y los faraones egipcios? Es algo que se verá cuando llegue el momento.

Datos de gran interés revelaron las radiografías

Tanto el Dr. Harrison como sus colaboradores tuvieron que desplazarse al Valle de los Reyes, porque los restos de Tutankamon no estaban ya en el Museo de El Cairo. Iban provistos de un estupendo equipo portátil de rayos X. Una vez instalados en la cámara funeraria sacaron unas cincuenta placas, en especial de la cabeza. Y fue después de estudiar las radiografías y de examinar de nuevo la mancha azulada que el Dr. Harrison hizo la sensacional declaración:

Tutankamon murió de un golpe en la cabeza. Pero no quiso hacer más comentarios. 
Estos llegaron más tarde, en la edición del 6 de noviembre del mismo 
año del importante periódico Le Fiaro, que se publica en la capital de Francia. Decía el autor del reportaje que Tutankamon se produjo la mancha al caer hacia adelante, después de que alguien le propinó un par de golpes. El primero lo recibió cuando dormía. Despertó e intentó incorporarse para identificar a su agresor. Así, su espíritu tendría ocasión de asaltarlo más tarde, por el resto de su existencia. 
Pero el asesino no quiso arriesgarse. Asestó el golpe definitivo, en la 
base del cráneo. Tutankamon cayó al suelo, sin que le diera tiempo para reconocer a su victimario, y se golpeó con gran fuerza la mejilla. No lanzó gemido de dolor alguno, porque ya estaba muerto.

Añadía el autor en su artículo que el joven faraón poseía poderes psíquicos, como todos los faraones y sacerdotes iniciados en la ciencia esotérica. En su caso, tales poderes eran impresionantes, razón por la cual le darían el nombre místico de Kheri-Kistu, es decir, el elegido.

y al Cristo latino? Se dice que fue Apolíno de Tiana, filósofo neopitagórico y mago poseedor de excepcionales facultades, quien llevó a Grecia este no’mbre. 
¿Poseía Tutankamon esos poderes paranormales que le atribuían en el reportaje, los cuales debieron ser conocidos por su agresor? Esto podría demostrar que el asesino no era un desconocido, sino un personaje muy cercano al joven faraón, y que se cuidó de rematar al caído, para evitar problemas en el futuro.

drama, ¿cabe la posibilidad de conocer la personalidad del asesino? Todo permite suponer que fue alguien de la mayor confianza de Tutankamon. Es decir, un familiar o un amigo íntimo. Sería muy interesante identificar a este personaje, pero ello nos obligará a abandonar or un momento al joven faraón y dedicár nuestra atención a otro personaje real, cuya identidad permaneció en el olvido, de manera inexplicable, hasta el siglo pasado.

El faraón que surgió de la nada

Durante largos años, los estudiosos de la historia de Egipto habían aceptado como digna de crédito la cronología faraónica redactada en el siglo iii antes de Cristo por el historiador egipcio Manetón. Se creía que la lista de soberanos proporcionada por este ilustre cronista era completa y que no faltaba en ella ni uno solo de los faraones. Y los griegos, tan admiradores de los egipcios, añadirían que este señor Maneton era algo muy serio, digno de toda confianza.

Pero hace exactamente un siglo vino a descubrir que Manetón estaba en un error, no por culpa suya, sino al causa de unas malévolas maniobras 1 realizadas por ciertos sacerdotes 1 unos doce siglos antes de escribir su]cronología. Sucedió en ocasión de realizarse en la localidad del Teil elAmarna, desierto montañoso situado a corta distancia del río Nilo, un hallazgo importantísimo, que vendría a rescatar del olvido a uno de los personajes más fascinantes de la antigüedad y tal vez de toda la historia de la humanidad.

Era una estela con jeroglíficos grabados en su parte inferior, que pudieron descifrar los arqueólogos sin dificultad. Parecían datar del siglo xiv antes de nuestra era. Arriba del texto se veía algo que parecía un sol del que partían varias docenas de rayos. Y al final de los rayos estaban esculpidas unas manos que parecían saludar o acariciar a unos personajes femeninos sentados. Los descubridores de la estela de piedra opinaron que se trataba de damas de la corte conversando. Una de las damas les llamó la atención, por sus abultadas caderas y su busto prominente. Sin embargo. esta figura femenina adornaba su cabeza con el ureus sagrado, distintivo de los faraones. ¡Imposible que se tratase de un hombre!

Fueron entonces en busca de su nombre en la inscripción inferior y se encontraron con algo increíble: el nombre había sido borrado, con toda intención. ¿Por qué? ¿Acaso aquel supuesto faraón, cuyo sexo no lograba ser definido, había cometido un crimen abominable durante su reinado y nadie deseaba que se perpetuase su memoria? 
Por fortuna, otros egiptólogos que se interesaron en este enigma hallarían más tarde parte de la respuesta. El faraón se llamó Akhenaton y, por alguna razón que debía investigarse, dejó de figurar en la relación de soberanos egipcios. Poco a poco fueron apareciendo piezas dispersas del rompecabezas, que permitieron dar forma a la figura de cierto faraón a cuya muerte hicieron sus enemigos todo lo posible por borrar el recuerdo de su figura y de sus obras. ¿Qué terrible pecado había cometido este faraón para que, tanto los sacerdotes como los nobles de la corte y el ejército, quisieran destruir hasta el más insignificante testimonio de su paso por este mundo?

Un hallazgo que provocó encendidos comentarios

Los turistas que van a conocer Egipto jamás dejan de visitar la Gran Pirámide. Se olvidan a veces del Museo de El Cairo, que contiene importantes obras de arte a pesar de que una buena parte de los tesoros nacionales fueron a parar a los museos de Londres, Paris y Berlin.

En el museo egipcio tendrán ocaSión de conocer una estatua colosal, salvada milagrosamente de la destrucción, que representa a este faraón Akhenaton. 
La observarán detenidamente y no tendrán más remedio que hacerse una pregunta: ¿representa a un hombre o a una mujer? Y siles contestan que pertenece el faraón al sexo fuerte, preguntarán a continuación por qué diablos se disfrazaba de mujer. ¿Acaso lo hacía para mejor gobernar a su país, como hizo la reina Hatshepsut, antepasada suya, que gustaba de acomodarse barbas postizas para imponer respeto a sus súbditos?

¿Era un travestista de la época que aparecía con formas femeninas por algunas razones?

En la actualidad se sabe poco acerca de los aspectos este personaje singular, pero su sexo  era tan poco definida provocó discusiones el siglo pasado algunos arqueólogos decían que e tista que esculpió las estatuas y estelas quiso vengar viejos agravios plasmó al soberano como mujer, para ridiculizarlo. Pero, biera permitido esta burla el faraon ¿No sería que le agradaba que lo presentasen con aspecto femenino ¿

El arqueólogo francés Augu Mariette sugería otra explicación personaje en cuestión era un prisionero de guerra que fue castrado  los soldados egipcios. Por esta raza aparecía tan afeminado.

No opina así otro francés llamado Lefébure, para quien Akhenaton era un hombre disfrazado de mujer. Pero entrado el presente siglo se vino a descubrir que estaban todos en un error. Akhenaton no era un hombre castrado ni una mujer disfrazada de hombre, sino un varón con atributos del sexo opuesto. 
Se convirtió el tema de Akhenaton en algo tan delicado que muchos egiptólogos le dieron la espalda a este faraón y se dedicaron a otra cosa. Vivíase entonces en plena era victoriana, cuando el exagerado puritanismo de la época se escandalizaba con los desvíos de Oscar Wilde, pero la prostitución era normal entre las clases menos privilegiadas. 
Surgieron algún tiempo después algunos novelistas que se interesaron en el tema. y entre ellos sobresalió el ruso Dimitri Merejkovsky (1865-1941). autor de un interesante libro sobre la Atlántida y de otro sobre Juliano el Apóstata. donde pretendía conciliar el espíritu cristiano con la herencia del paganismo.

Escribió este ruso un libro sobre Akhenaton, en el que afirmaba que «no era hombre ni era mujer, sino un aborto decrépito, con brazos y piernas espantosamente flacos, hombros de niño y caderas anchas y redondas como de mujer. Sus senos eran prominentes y su vientre hinchado de embarazada, la cabeza enorme, inclinada sobre un cuello largo como el tallo de una flor, la barbilla caída y una sonrisa de loco en sus labios.» 
Parece exagerada la descripción de Merejkovsky y, sin embargo, coincide en gran parte con la que haría el francés Daniel Rops, escritor católico que haría hincapié, en su obra El rey ebrio de Dios, en el cuerpo andrógino del soberano.

Otros autores, de clara mentalidad esoterista, dirían que este faraón Akhenaton quiso representarse a sí mismo con un sexo completamente indefinido, puesto que el dios solar al que quería rendir culto sería un ente abstracto, sin figura. Estos esoteristas irían más allá, al declarar que Akhenaton pretendía resucitar el culto al ser andrógino que existió en los primeros tiempos de la tierra. Este ser andrógino originario sufrió un severo cambio, por alguna razón que se ignora, pero que tuvo que ver con el Sol, y los hijos que producía dejaron de ser andróginos como él, para diferenciarse en dos sexos opuestos: varón y hembra. 
Acerca de esta teoría regresaremos al comentar algún capítulo de la Biblia. En lo que se refiere a Akhenaton, se verá sin tardar mucho que en esta ocasión los filósofos esoteristas no dieron en el clavo.

El incesto estaba de moda entre los faraones

Era normal que los faraones recibiesen con frecuencia de los reyes de los países vecinos, en señal de buena voluntad, lo mismo doncellas escogidas por su belleza que princesas de sangre real. Los faraones las aceptaban de muy buena gana y las convertían en sus concubinas al instante. Pero los hijos que en ellas engendraban no podrían sucederles en el trono. Era costumbre establecida desde hacía muchas dinastías que solamente con sus hermanas tendrían herederos legítimos. De estos cruces consanguíneos. de estos abominables incestos reales, resultaban hijos sumamente débiles, que morían jóvenes o no llegaban a ser gran cosa.

Uno de los faraones que mayor entusiasmo demostró hacía este agradable sistema de mantener la paz aceptando hembras fue Amenhotep III, más conocido por el nombre que le darían los griegos, que todod lo cambiaban: Amenofis III. Pero, si bien Amenofis contó con un número incalculable de concubinas, no tuvo la fortuna de disponer de hermanas dispuestas a todo, afirman los historiadores; tuvo que buscar esposa fuera de casa. Y parece ser que su padre le ayudó bastante.

El faraón Tutmoses III reinó durante çuarenta años, que pasó en su casi totalidad guerreando contra un pueblo sumamente belicoso, de raza aria, que vivía en la Alta Mesopotamia, donde se encuentra hoy Turquía, y amenazaba a todas horas a sus vecinos. Eran los mitanios, que serían rechazados primero por los egipcios y más tarde por los hititas —que también eran arios—, y se convertirían a su vez en una constante amenaza para Egipto.

Tutmoses III, que era hábil diplomático, pensó en hacerse amigo de los hititas. Invitó a los perdedores a enviar varios de sus jóvenes más distinguidos a Egipto. Los casarían con mujeres egipcias y los enviarían más tarde de vuelta a su país de origen, con un cargo oficial. Fueron varios los jóvenes que llegaron a Egipto en aquellos días, y entre ellos se encontraba un tal Yuya, quien no tardaría en convertirse en personaje importante dentro de la corte y hasta en consejero del propio faraón.

En el Museo de El Cairo hay una momia de cabellos rubios. Se trata de la esposa del sacerdote y primer ministro Yuya, y su nombre era Tuya. El matrimonio no regresó a su patria, porque las cosas le iban muy bien en Egipto. La figura de Yuya se ha querido identificar con la de José, que siendo extranjero fama y honores en la corte egipcia pero no existe ninguna seguridad. respecto. Lo que sí es bien conocido., es que este matrimonio tuvo dos hijos: una joven llamada Tyi y un joven muy inteligente de nombre Ay.

El primer ministro Yuya tenía t dominado a Tutmoses IV —hijo dd anterior— que logró del soberano - aceptase a Tyi como esposa de su s cesor. que sería Amenofis III. Yu era un alquimista y mago de primera, y poseía poderes paranormalá ¿Logró por estos medios apoderan de la voluntad de Tutmoses IV, igual que haría más tarde su hija Tyi .

Lo único malo con la reina Tyifit que sólo un hijo varón supo darle su esposo Amenofis III. Los dem fueron hembras, que ningún rol  representarán en esta historia. El hijo de este matrimonio se convirtió e un joven de gráciles formas, en un s melancólico que gustaba de medi y de escribir poemas. Y también el consentido de mamá, como suele  suceder en estos casos en que le gusta ir a cazar fuera de casa — dice que Amenofis III mató unti doscientos leones en la vida y quizas por tal razón recibió el sobrenombre de Nemrod egipcio—. A la muerte dd faraón, el hijo recibió el nombre oficial de Amenofis IV 

Era de esperar que se mostra inexperto en asuntos de gobierno Por fortuna, tenía a su lado a si mamá la reina Tyi, al hermano c ésta, el sacerdote Ay, y a su propi esposa, la bella Nefertiti, con quie había procreado ya seis hijas.

Debía ser un matrimonio muy di-ii choso éste formado por Amenofis IV, Nefertiti y las seis niñas, que aparecen n varias estelas de la época, formando un grupo en perfecta armoflía, besando el rey amorosamente a sus hijas o tomando de la mano a Nefertiti. 
Pero, al contemplar estas escenas de felicidad familiar, no hay más remedio que preguntarse: ¿cómo pudo un ser aparentemente afeminado engendrar no una, sino seis hijas? ¿Qué dicen los científicos para explicar esta curiosa anomalía?

Sufría posiblemente de un mal glandular

Los endocrinólogos —especialistas en enfermedades glandulares— que dedicaron su atención a la figura de este Amenofis IV —quien cambiaría su nombre poco después de subir al trono por el de Akhenaton— estaban convencidos de que el aspecto tan especial que mostraba el faraón en estelas y esculturas no se debía a que mostrase deseos por aparecer de manera romántica o espiritual.

Si Akhenaton se veía casi etéreo, con aquellas formas femeninas tan sospec-hosas, era porque sufría una enfermedad de origen glandular: el llamado síndrome de Frólich, causado por un deficiente funcionamiento de la glándula pituitaria. Este mal provoca una acumulación desmedida de las grasas en los glúteos, el pecho y los muslos, así como un escaso desarrollo de los músculos de brazos y piernas. Fatalmente, el mal conduce a una atrofia completa del sexo. 
Era una hipótesis que no carecía de lógica, pero confirmarla requería de pruebas materiales. Y los restos del faraón jamás fueron encontrados. En 1907 apareció en el Valle de los Reyes una tumba conocida como la número 55. en cuyo interior se encontró un sarcófago casi destrozado. con una momia en su interior. Muchos egiptólogos opinaron que se trataba de la tan buscada momia de Akhenaton. Era un cuerpo sumamente frágil, que parecía haber pertenecido a una mujer. En consecuencia, otros pensaron que se trataba de la reina Tyi.

Los egiptólogos no pudieron ponerse de acuerdo en cuanto a la identidad de los restos y tampoco en cuanto a su sexo. Pero, finalmente. como se determinase que murió a los veinte años, cayó por tierra la posibilidad de que hubiese pertenecido la momia a la reina Tyi o a su hijo Akhenaton, quien murió cumplida la treintena. No había más remedio que esperar a que apareciese otra pieza del rompecabezas.

Pasaron cincuenta años, y en 1963 los doctores II. G. Harrison y A. Batrawi, profesores de anatomía en la Universidad de El Cairo, examinaron los restos hallados en la tumba número 55 con una técnica más precisa y llegaron a esta conclusión: pertenecieron a un joven fallecido a la edad de veinte años, aproximadamente, que tuvo en vida una acentuada tendencia a la homosexualidad, producida por el mal de Frólich. ¿Quién podía ser aquel joven? Un bajorrelieve en el que aparece Akhenaton sentado junto a un joven con características fisicas semejantes a las suyas, vino a sugerir la posibilidad de que se tratase de Smen-ra-ka. hermanastro del faraón, fruto de la unión de Amenofis III y de una concubina.

COSAS TERRIBLES SUCEDIERON EN LA FAMILIA REAL

Si el faraón Akhenaton era incapaz de engendrar hijos, en razón de su impotencia manifiesta causada por la enfermedad glandular, ¿quién fue entonces el padre de las seis princesas a las que con tanto amor contemplaba? 
Resulta curioso observar que Akhenaton jamás se refirió a las seis princesas como si fuesen hijas suyas. Desde el mismo momento de descubrirse en una estela la figura del faraón y de su familia, hubo un malentendido, perfectamente disculpable. Los egiptólogos dedujeron que, si las princesas eran llamadas hijas del faraón, era porque Akhenaton era su padre. Pero quedó demostrado que el joven faraón no pudo ser su verdadero padre, sino que aceptó a las niñas 
como a hijas suyas. Sin embargo, al llegar a este punto cabe preguntarse ¿quién fue, en tal caso el verdadero padre de las seis princesas?

Es al llegar a este punto de la historia de Akhenaton que la situación se vuelve increíblemente delicada y entramos de lleno en los terrenos escabrosos que caracterizaron a esta familia real, con la que llegaría a su fin la XVIII Dinastía. Y la figura central de este drama sin igual sería Ameno- fis III, padre de Akhenaton, un enamorado patológico, siempre dispuesto a buscar nuevas emociones eróticas. 
Se fijó en cierta ocasión en su propia hija Sit-Amon, que pensaba reservar para convertirla en esposa del joven heredero.

Pero al ver que éste no podíra cumplir con sus obligaciones conyugales no vaciló en conducirla a su propio lecho, para ver qué resultaba. 
Resultaron dos hijos que serían nietos suyos al mismo tiempo: 
Smenkh-ra-ka, cuyos restos serían descubiertos en la maltratada tumba número 55. y otro niño enclenque. enfermos del mismo mal congénito que había cobrado ya dos víctimas, que ascendería un día al trono de Egipto con el nombre bien conocido de Tutankamon. 
No contento con esto, Amenofis III dedicó sus atenciones a Nefertiti y engendró en su cuerpo a seis niñas. De estas monstruosas uniones consanguíneas, que iban a acelerar el final dramático de esta familia única en la historia de la humanidad, resultaría que dos primos podían ser al mismo tiempo hermanastro, y que con hasta frecuencia un faraón se convertía por obra de sus abominables actos incestuosos en padre y abuelo al mismo tiempo.

Unas palabras sobre cierta reforma religiosa

Cuando el joven Amenofis IV no pensaba todavía en el trono, los sacerdotes egipcios practicaban la brujería y las ciencias ocultas, hacían uso de la magia negra e invocaban a los esoíritus. Lanzaban conjuros sobre los difuntos y cargaban de magnetismo los amuletos que los acompañarían en su viaje al otro mundo. 
Decía Paul Brunton, autor del libro E! Egipto secreto, que cuando se abrieron las tumbas se liberaron fuerzas de considerable peligrosidad, causantes según él de la maldición faraónica. Tal vez fuese una opinión muy personal de Brunton, pero no existe la menor duda en cuanto a que, en los tiempos anteriores a Akhenaton, proliferaban las divinidades de todo género, en especial las de cabeza de animal. Entre todas sobresa lí

Amon, dios con cabeza de carnero. Es decir, de Aries. 
En tiempos de Amenofis 111, debido a la influencia que sobre él comenzaban a ejercer la reina Tyi y sus familiares, comenzó a cobrar fuerza otra divinidad, que recordaba al símbolo del sol y tenía por nombre Aton. A los sacerdotes de Amon les molestaba la llegada del intruso, que era de origen extranjero. Pero consideraban que era un capricho de la reina y que a la muerte de Ameno- fis III, que se encontraba ya muy enfermo, contaría con la debilidad del hijo para echar por tierra el dios advenedizo.

Murió Amenofis III y ocupó su trono Amenofis IV, dispuesto a gobernar aquel inmenso país donde tan fuertes eran el ejército y el clero, que velaban a su manera por la salud del soberano y del pueblo. El soberano lo era sólo de nombre. Nada poseía. La tierra estaba en manos de los sacerdotes, de los nobles y de los militares. Todos esperaban que las cosas siguieran como antes. Pero sucedió entonces algo que nadie hubiera previsto. 
Se ignora si partió la idea del joven faraón o si le fue aconsejada por la reina Tyi o por el hermano de ésta. Sólo sabemos que el nuevo soberano intentó implantar el culto a Aton. Inició la destrucción de los viejos ídolos con cabeza de animal, erigió templos suntuosos a la gloria del dios solar, cambió su nombre por el de Akhenaton —gloria de Aton— con que es conocido, ordenó a sus arquitectos que trazaran los planos de una nueva capital, que sería conocida como Akhet-Aton —el horizonte de Aton— e inició una revolución que alcanzó hasta al pueblo egipcio y el arte religioso, ante el enojo de los sacerdotes partidarios de los antiguos dioses.

Hizo todo lo posible el clero por oponerse a la reforma de Akhenaton. Se entrevistaron los sacerdotes con algunos nobles que veían peligrar sus propiedades y sus tierras, y con los militares que veían con malos ojos la exagerada afición del faraón por la poesía en aquellos momentos dramáticos en que las fronteras del norte corrían un serio peligro. 
¿Escuchó el romántico faraón los consejos de sus amigos, que deseaban verlo actuar con mano dura contra los enemigos de dentro, así como querían verlo apoyar al ejército en el fortalecimiento del país amenazado por los hititas? Nada de esto hizo Akhenaton, porque estaba demasiado ocupado dando instrucciones a 
los artistas y a los arquitectos y componiendo hermosos poemas al divino Aton.

De todas maneras, comenzó a reclutar a jóvenes entusiastas, partidarios de sus ideas avanzadas, y los convirtió en sacerdotes de la nueva religión. Y siguió derribando monumentos dedicados a los antiguos dioses y los sustituyó por representaciones abstractas de Aton, dios único que carecía de rostro. Porque el verdadero Dios carece de figura. 
Estableció en Akhet-Aton la corte a partir del sexto año de su reinado y juró vivir en ella hasta su muerte. Se dedicó a dar forma a la nueva religión dedicada a Aton, en cuyo honor compuso una liturgia muy especial, que recuerda a la católica, puesto que intervenía en ella una trinidad sagrada. Y compuso himnos que mandó esculpir en la piedra para que resistiesen el paso de los siglos.

Era un himno muy curioso hallado en una tumba

Uno de estos himnos, hallado a comienzos del presente siglo, causó gran revuelo entre arqueólogos y teólogos. Apareció en una tumba cuyo propietario, el sacerdote Ay, tío de Akhenaton. jamás llegó a ocuparla. Era un texto asombroso, porque recordaba a otro que puede leer el lector en uno de los Salmos bíblicos atribuidos al rey David. Este es el texto del Salmo 104, versículos 19 al 24:

Hiciste la luna para señalar los tiempos. 
Pones las tinieblas, es la noche. En ella corretean las bestias de la selva. 
El sol se eleva y todos huyen. 
Yse ocultan en sus cuevas. 
¡Oh, eterno, cuántas son tus obras! 
Hiciste todas ellas con sabiduría. 
Y la tierra se llena de tus bendicio nes. 
¿No recuerda este Salmo, de manera sospechosa, al atribuido a Akhenaton, que se reproduce a continuación? 
Cuando te sumes en el horizonte. Cae sobre el país la oscuridad. Y salen entonces los leones de sus madrigueras. 
Alamanecer, cuando subes en el horizonte. 
Ahuyentas las tinieblas y nos mandas rayos. 
Oh, dios único, semejante a ningún otro.’ 
Tú creaste el mundo según tus deseos. 
Cuán certeros son tus designios, seiior de eternidad.

¿Se trata de una simple coincidencia? ¿Copió David el himno de Akhenaton, compuesto cinco siglos antes, y lo hizo pasar por suyo? 
Akhenaton debió ser un excelente poeta, pero un pésimo gobernante. Cuando deambulaba por los corredores de su palacio en busca de inspiración parecía olvidar que no sólo su país, sino también él corrían serio peligro. Los hititas se habían apoderado ya de la provincia egipcia de Siria, ante la pasividad de los ejércitos faraónicos. Se aproximaban a la tierra egipcia. 
¿Qué iba a hacerse para evitar el derrumbe del país?

Fue una solución que condujo al fin

El sacerdote Ay dio a su sobrino el único consejo que se le ocurrió, tal vez para ganar tiempo: debía mandar a Tebas , capital del clero disidente, a su hermanastro Smenkh-ra-ka, para entrevistarse con los enemigos y ver la manera de poner remedio al urgente problema nacional. Los sacerdotes recibieron en Tebas al príncipe 
—que estaba casado con Meryt-Aton, una de las seis supuestas hijas del faraón— con tales muestras de hostilidad que la sensibilidad femenina del príncipe real no lo pudo resistir. Murió al poco tiempo, seguido muy de cerca por su esposa.

Mientras esto sucedía en Tebas, Akhenaton caía en una profunda postración, al ver que todo le resultaba mal y que muchos amigos suyos comenzaban a abandonarlo. Y la situación se agravó aún más cuando, a la muerte de su madre la reina Tyi, su propia esposa Nefertiti anunció su partida porque no deseaba contemplar los cambios que se avecinaban. 
En compañia de Ankhes-en-Aton, la única hija que seguía con vida, y del príncipe heredero, un niño enfermizo de nueve años llamado TutAnkh-Aton. fue Nefertiti a buscar refugio en un palacio situado al norte de la capital. Dos años más tarde, recibiría la noticia: Akhenaton no era ya de este mundo. 
Fue el momento decidido por la viuda del faraón para colocar en el trono al niño de once años. Sólo así podría seguir adelante con la defensa del culto a Aton. Pero el niño no pudo cumplir la promesa. Murió el año siguiente Nefertiti, y el tío Ay tuvo que dar al pequeño soberano el 
único consejo posible, dada la situación: era conveniente que viajase a Tebas y que se doblegase a los deseos del clero hostil. Era la única manera de salvar la dinastía.

Así como los malvados sacerdotes de Amon hicieron la vida imposible a Smenkh-ra-ka —a cuyos restos dieron sepultura, a pesar de todo—, aceptaron las disculpas del niño. Pero, como primera medida de buena vyluntad, debía cambiar de nombre. Abandonaría el odioso Aton y lo sustituiría por Amon, que si era un dios de primera. Se llamaría a partir de entonces Tut-Ankh-Amon. Y le aseguraron que sería el soberano más brillante de toda la XVIII Dinastía.

A continuación, se dedicaron a destruir las estatuas, los bajorrelieves, las estelas y toda inscripción donde se mencionase el nombre de Aton y también el de su efimero profeta en la tierra. Y no contentos con esto. violaron la tumba el mobiliario y quemaron al aire libre el cuerpo. Sólo así se librarían para siempre del maldito reformador y de su obra. 
Pero no sucedió como esperaban. La figura de Akhenaton fue a confundirse con la de Khufu-Keops, a quien atribuirían más tarde los ignorantes sacerdotes crímenes que posiblemente jamás cometió. Se quiso eliminar del mundo el nombre de Akhenaton, pero quedaron cabos sueltos y, finalmente, se hizo la luz sobre este faraón sin igual, autor del primer cambio religioso acaecido en la historia de la humanidad. 
En cuanto al joven Tutankamon, como se le conoce ahora, nada importante realizó durante su breve reinado. y si es hoy ampliamente conocido su nombre es gracias al fabuloso descubrimiento de su tumba, realizado hace medio siglo por H. Carter, y por cierta maldición que pesó sobre las personas que intervinieron en el hallazgo de su tumba.

¿Quién asesinó al joven Tutankamon?

Cuando el pequeño Tutankamon aceptó todo lo que le pidieron los sacerdotes y toleró el ultraje cometido en la persona de su pariente tan cercano, ¿Lo hizo sin protestar? Y si se prestó a las maniobras del clero, ¿cómo iba éste a eliminarlo, puesto que lo había ganado a su causa? No había ninguna razón para que el clero de Amon asesinase al nuevo faraón. ¿Quién tenía entonces interés en quitarlo de en medio y por qué? 
Sólo una persona de la entera confianza del faraón. que conociese sus poderes mágicos, podía ser el culpable. Una persona que tuviese libre acceso a la alcoba real podía cometer el crimen, después de pasar a un costado de los guardianes armados, que lo verían pasar sin concederle importancia. ¿Qué persona. en la corte de Egipto, poseía esta prerrogativa de penetrar hasta el lecho donde dormía el adolescente? 
Una de estas personas era la reina Ankhes-en-Amon, quien debía sentirse algo molesta al ver que su esposo había sido capaz de traicionar a los suyos, con tal de salvar la vida. Pero, ¿es posible imaginar a una joven tan frágil, como debieron ser las princesas egipcias, con un mazo de madera o con una cachiporra en la mano, dejándola caer con terrible fuerza sobre la nuca del durmiente? Era una tarea que sólo un hombre de gran fortaleza fisica podía realizar.

En consecuencia, el asesino de Tutankamon debió ser su tío Ay. con la complicidad de la reina, arrepentida ante la pasividad del soberano entregado en cuerpo y alma a los enemigos. El sacerdote Ay tenía fe en la dinastía a la que pertenecía, así como conservaba un grato recuerdo del faraón Akhenaton, a ¿luien consideró su discípulo. Añádase a esto el fracaso del matrimonio real, que no tuvo hijos —muy posiblemente por culpa del esposo, puesto que se conocían ya dos casos de impotencia en la familia—, y se comprenderá la actitud del sacerdote. Veía que la gloriosa XVIII Dinastía, que iba a cambiar al mundo, se extinguía. Y tenía que hacer algo para impedirlo.

Penetró una noche en la habitación donde dormía Tutankamon. Le asestó un primer golpe para dejarlo inerme, y siguió un segundo más fuerte, cuando el faraón comenzaba a incorporarse y todo permitía suponer que despertaría del todo para buscar al agresor. Y para reconocerlo. Pero no alcanzó a ver a nadie. El segundo golpe llegó en el momento de abrir los ojos. Cayó sin vida y se golpeó un pómulo contra el suelo. Resultaría la mancha lívida que treinta y dos siglos más tarde descubriría un médico observador y deduciría de ello que el faraón murió asesinado.

Fue un inútil intento salvar la dinastía

No fue demasiado complicado declarar más tarde que el muy querido sobrino falleció apaciblemente mientras dormía. Había sido siempre un niño enfermizo y no era de extrañar que le diese un golpe de sangre o que el corazón dejase de pronto de funcionar, en especial si se tomaba en cuenta los malós momentos que sufrió el difunto en los últimos años. Tal vez quiso levantarse para llamar a la guardia, pero la muerte se presentó presurosa y se lo llevó consigo.

¿Aceptaron los sacerdotes de Amon la explicación del tío Ay o hicieron como que la creían, en espera del momento de ajustar cuentas con él y castigarlo como se merecía? Como el sacerdote Ay no era ningún tonto, tal vez adivinó la jugada, y como contaba con la ventaja de la sorpresa aprovechó el desconcierto inicial para convertirse en el nuevo faraón.

Tomó por esposa a la joven viuda —que era también su nieta y quién sabe cuántas cosas más— y dispuso todo para que diese un heredero al trono sin tardar demasiado. Pero no hubo manera de perpetuar la dinastía. Fracasó el intento de Ay. Y el general Horemheb, que representaba a las clases dominantes, apareció de pronto y le quitó el puesto. Se impuso con el apoyo del clero y de sus compañeros militares y se casó también con la desdichada Ankhes-enAmon.

La reina no pudo soportar por mucho tiempo los estilos tan diferentes de hacer el amor de los tres sucesivos esposos. Murió al poco tiempo, sin dar frutos su vientre. Y al abandonar este mundo la reina Ankhes-enAmon llegó también a su fin la XVIII Dinastía, de manera por demás trágica. 
En cuanto al tío Ay, jamás tuvo oportunidad de ocupar la tumba que con tanto esmero había preparado desde sus años de bonanza. Tuvo que salir corriendo para salvar la vida. 
Y a partir de entonces nació su leyenda, que será ampliamente comentada en los capítulos dedicados al Antiguo Testamento. 



  
publicado por masallaesoteric a las 11:15 · 3 Comentarios  ·  Recomendar
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publicado por viki, el 27.02.2014 09:04
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publicado por jeanne perez, el 21.07.2017 18:26
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